GRACIAS A TODOS LOS QUE HAN DEJADO COMENTARIOS.
NEFI. NO PUEDO HACER MARATÓN SI YA ESTAMOS EN LOS ULTIMOS CAPÍTULOS. SORRY.
JUDEVALMONT. TU COMENTARIO SOBRE SPIDERMAN ME HIZO REIR MUCHO.
Y GRACIAS EN VERDAD A LOS ANONINOS QUE DEJARON COMENTARIOS EN EL CAPÍTULO ANTERIOS Y EN CASI TODOS LOS CAPÍTULOS.
Capítulo 55
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Rapidez, urgencia, miedo, sorpresa tal vez. Eso y más pasaba por la cabeza de Regina cuando bajaba las escaleras de H&C para llegar lo más pronto posible a la primera planta. ¿Elevador? No tuvo cabeza para esperar a que subiera, creía la opción de bajar por la escalera corriendo era mucho más rápido. No podía hacerse una idea exacta de lo que quería hacer James en Dijon, la razón que lo había llevado a esto debía ser sumamente importante como para no hacer uso de otros medios como una llamada o una webcam, al contrario, había cruzado el océano para verla.
La visión que tenía de su alrededor estaba volviéndose lenta, miró sus manos y las notó borrosas, las líneas de las cosas empezaban a dispersarse lo que sería normal si tuviera problemas de la vista. Cuando llegó al último escalón en la primera planta, divisó la figura desgastada de James pero fue incapaz de ir hacia él, el dolor más grande incluso más que el del accidente pudo sentirlo en su pecho. Abrió la boca en una perfecta "o" y casi como si su cuerpo tuviera vida propia empezó a sollozar ¡¿Pero qué demonios?! El dolor estaba apretando casi literalmente su corazón, la molestia traspasó su cuerpo y se aferró de su alma con uñas y dientes para torturarla. Los empleados que pasaban cerca la vieron tirada de rodillas en el suelo con las manos en su pecho izquierdo mientras esos sollozos dejaban de ser sollozos y se transformaban en un llanto desesperado.
-¡Está sufriendo un infarto!-. Chilló una recepcionista a otra, estaban buscando un teléfono para llamar de emergencia a una ambulancia.
¡Pero no era un infarto! Quería decirles ¡No lo era! ni siquiera sabía lo que tenía pero no podía parar de llorar con pena como si estuviera perdiendo algo en su vida. Estaba agachada así casi en posición fetal hasta que una voz hizo callar a las demás.
-Déjenla en paz, por favor déjenla-. James sin esperar permiso de nadie la ayudó a pararse sujetándola de costado –Necesito una sala para hablar en privado con ella, ahora...
-Pero tiene...-. Regina seguía llorando.
-NO... TIENE... UN... INFARTO-. Bramó James entre dientes, la mujer dio un respingo a ese hombre con sus ojos húmedos, parecía muy peligroso.
Minutos después Regina no supo en qué momento se vio envuelta en silencio, en qué momento ese episodio de angustia cesó y sus lágrimas se secaron. Alzó la cabeza y vio una taza de té humeante que sostenía James Swan hacia ella, no dudó en aceptarlo y beberlo para calmarse un poco. Estaba acostada sobre un sofá de cuero negro tapada hasta la cadera por una manta de polar, no tenía vergüenza de parecer una niña desamparada que alimentaban con leche caliente o un cachorrito mojado, compañía le venía muy bien y no podía despreciarla. Pasó el dorso de su mano por el resto de lágrimas que creía tener pero sus mejillas ya estaban secas, mas, el dolor en su pecho no había cesado pero sí disminuido.
-No te preguntaré que fue eso porque yo mismo sentí que tendría un episodio así cuando llegaste al primer piso... ¿El motivo? No sé pero agradezco a Dios estar aquí a tu lado...-. Regina apenas pestañeó, el dolor en los ojos de James le decían tantas cosas como a la vez ninguna. Ese hombre tenía pena desde hace años y se le notaba pero a diferencia de cuando lo vio en New York esta vez Regina no sentía la rabia descontrolada hacia él –Perdóname si estoy aquí de forma imprevista, perdóname por no tener la mejor apariencia del mundo-. Tocó su barba y las pocas canas que habían en ella –Pero no me he sentido bien desde hace varios días y es porque cuando uno ve sufrir lo que ama, también sufre-. Regina tembló porque sabía a lo que se refería –Simplemente vine a hacer algo que debí hacer hace tanto tiempo pero que no tuve las agallas de ello... estás hecha una mujer en todos los sentidos-. Sonrió arrugando sus ojos, una sonrisa nerviosa porque temía ser rechazado –Eres dueña de tu propia empresa y marca, pronto crecerás mucho más cuando decidas expandirte... no sé si sea apropiado expresarme de esta manera pero estoy orgulloso de eso-. El cuerpo de Regina no estaba crispándose como antes, estaba calmado escuchándolo mientras aferraba sus manos a la taza de té –De que pudiste salir adelante a pesar de todo, a pesar de la pérdida de tu madre...-. Los ojos de James se llenaron de lágrimas, lágrimas que cayeron cuando cerró los ojos por unos segundos porque el dolor crecía en su mente –No voy a perdonarme nunca no haber estado allí cuando sucedió todo-. Susurraba –No haber estado con la pequeña Violet, haberles dado lo que necesitaban, haberlas amparado bajo el manto de mi familia...
-Pero no me caí-. Susurró Regina con pena.
-Lo sé, lo sé y eso me alivia un poco-. Torció la mandíbula –Cora era alguien importante en nuestra vida, no puedo compararme contigo porque sé que todo lo que pasaste es mucho más grande que lo nuestro pero... enterarme después de 10 años que ella está muerta y que no podré pedirle perdón por actuar como un cobarde, me duele y me desespera pero así estamos ahora, yo a tu lado conversando de lo que pasa...
Se quedaron en silencio no porque no supiera que decir sino porque necesitaban reflexionar de lo que querían, lo que sentían, lo que pasaba y se decía. Regina dejó la taza vacía sobre una mesa de vidrio ubicada al medio de ambos cuerpos, luego miró a James unos segundos. Sí, el famoso magnate y prácticamente el rey del imperio comunicacional de Estados Unidos parecía un hombre común y corriente sin mucho arreglo y a punto de largarse a llorar. Si él estaba así y quizás hasta su esposa Ingrid igual, no quería imaginar cómo estaba Emma, porque había venido con esa intención ¿No?
-Aún te debes preguntar exactamente por qué estoy aquí, por qué viajé... No me corresponde decirlo pero mi hija no está bien aunque quiera hacerme creer lo contrario.
-¿Qué le pasa a Emma?-. Dijo de inmediato.
-¿Quieres la verdad? Me gustaría saber tu parte...-. No dijo nada, la mujer de ojos marrones delante suyo estaba muda –Sé que ambas sufren, lo sé porque una vez pasé por lo mismo.
-¿Qué?-. Regina no puedo entenderle ¿A qué se refería?
-Sabes que antes de todo el dinero que tengo fui pobre, también pasé por el cuento de "Cenicienta" al fijarme en alguien de un "status" mucho más alto que el mío-. Esa mujer debía ser Ingrid –Pero no me rendí y tuve lo que quise... yo no quiero que mi hija no alcance lo que desea y aunque tiene su trabajo le hace falta una sola cosa para ser feliz, aunque diga que está bien y que se ha perdonado no es así... Regina-. Su nombre sonó como un ruego –No te pido que nos perdones porque eso solo lo sabrás tú pero como padre te pido una cosa... sé sincera con tus sentimientos, la omisión está matando a mi hija por dentro, Emma no está bien y temo que algo le pase y sea demasiado tarde para rescatarla...
-Es difícil ser sincera... las cosas no pueden volver a ser color rosa de una noche a la mañana.
-¡¿De una noche a la mañana?!-. James preguntó sorprendido –Han pasado 10 años Regina, han pasado días donde se han visto y no se atreven a decirse lo que sienten, porque yo no soy imbécil, vi las fotos de la producción de Vogue, del desfile, si nadie se da cuenta que hay algo entre ustedes es porque no lo desea ver... Estás terminando por cavar tu fosa y enterrarte en ella, pero Emma hace lo mismo... tengo miedo de perderla-. Susurró desesperado –Por favor, no perderás nada con ser sincera con mi hija, no perderás nada que no hayas perdido ya... ambas necesitan terminar con este sufrimiento de una vez por todas.
La conversación de pronto se vio interrumpida por la figura de David que entraba apurado con una Tablet a mano, quién al ver a James Swan abrió sus ojos muy sorprendido. Después de tanto tiempo lo veía en persona ¡Vaya!
-Yo...-. Tendió su mano para saludarlo –Disculpen si interrumpo la conversación pero, bueno...-. Les pasó la Tablet –Estaba navegando por internet cuando salió esta noticia como urgente, de hecho ya todos acá en la empresa están viendo la TV y los "Breaking News"-. Parecía ansioso y es que la noticia no era para menos.
-No puede ser-. Susurró impactado –A... ¡¿Ataque terrorista en Nueva York?!-. Miró la hora en el reloj e hizo el cálculo con la zona horaria de NYC –Necesito saber de mi familia, Dios, no... no... no, sé que Emma está en el canal a esta hora, sé que ella y mi mujer están bien, lo sé-. Lo decía cada vez menos seguro –Un atentado en New York-. Gimió con sus ojos húmedos, era horrible imaginar muertes de personas inocentes a manos de otros enfermos.
Regina a su lado estaba pálida, las palabras no salían de su boca y las ganas de llorar volvían tan fuertemente que tapó sus labios para darse unos segundos y respirar profundamente. Miró a su alrededor, miró al cielo, ella no la había perdido ¿O sí? Ese dolor y llanto de golpe cuando bajó no tenía relación alguna con Emma ¿O sí?.
-Dígame que está bien-. Susurró al borde del colapso –Dígame que Emma está bien...
...
La enfermera miraba de reojo al hombre que sujetaba su cabeza con ambas manos, hace unas horas llegó gritando al sector de urgencias con una mujer pálida y flácida como gelatina entre sus brazos. ¿Sería oportuno acercarse para pedir los datos del ingreso? Todos se movían rápido, la noticia se había esparcido como la plaga y de igual forma llegaban los heridos por una atención oportuna. Gracias al cielo no habían colapsado aunque ya habían dado el aviso para que mandaran ingresos a otros hospitales de Nueva York. Con cautela se sentó a su lado y tocó su hombro para llamar su atención, cuando la observó pudo ver de más cerca esos ojos marrones que se habían tornado oscuros, ese cabello castaño ensuciado por escombros al igual que su ropa.
-Necesita verse usted también-. Murmuró la enfermera empática pero con cuidado –Podría estar herido.
-No lo estoy-. De hecho no sabía el motivo de estar a salvo, excepto por un dolor en su espalda y unos magullones en las piernas, el resto estaba en buenas condiciones ¡Era un milagro! –No lo necesito.
-Pero sería bueno sí.
-¡He dicho que no lo necesito!-. El hombre se exasperó pero la profesional a su lado no perdió la calma, ella sabía que era totalmente comprensible su reacción y reconocía haber cometido un error con insistir –Digo... Dios-. Volvió a barrer las manos en su cabello castaño, la ansiedad terminaría por acabar con él luego –Por poco morimos todos, fue... fue horrible ver personas tiradas en las calles llenas de sangre, gritos, polvo ambiental, escuchar el derrumbe de un edificio... mi... mi cafetería-. Se le estranguló la voz con el nudo en la garganta –Mi cafetería...
-¿La mujer con la que llegó era su pareja?-. Él negó de inmediato.
-Es una mujer que vi entrar, una mujer que no se podía mover del pánico y... y que antes de que estallara una bomba cerca la vi tirada en el suelo desangrándose por unos golpes en el cuerpo... me paré a su lado, la miré, me miró-. Sonaba muy preocupado –Atiné a cubrirla con mi cuerpo antes que unas mesas y paneles cayeran sobre nosotros, parece que no fue suficiente porque creo se rompió unas costillas-. Era ese el motivo de su dolor de espalda, pero las ganas de saber sobre ella eran mucho más fuertes que lo demás –Por mí no hay problemas de verdad, la traje para que no se muriera, llamé a mi mujer para decirle que yo estaba bien pero... Emma no está bien-. La enfermera le tomó delicadamente sus manos para hacer contacto visual y llegar a él de una u otra forma.
-Usted sabe su nombre ¿No?... Necesito que me ayude a llenar información porque no queremos que esté perdida para los demás ¿Cierto?-. Asintió como un niño asustado a pesar de sus 33 años –Dime su nombre completo o lo que más sepas de ella-. El hombre cerró los ojos tratando de hacer memoria.
-Emma... Emma Swan, es importante, sus padres son los famosos Swan que...-. Pausó un momento –Son personas relacionadas con las comunicaciones, no me sé su edad exacta... no sé si es alérgica a algo, somos desconocidos salvo por dos o 3 veces que la vi hace muchos años porque en esos tiempos hice muy malas relaciones con alguien de apellido Jones-. Sabía que esa información última no era relevante, solo que no podía callar su boca.
-¿Cuál es su nombre?
-Neal, señora, Neal Mills.
-Señor Mills, le prometo que están haciendo todo para salvar a la señorita Swan y quede con las menores secuelas posibles, ojalá sin ellas-. Aún, a pesar de esas palabras de aliento el pobre hombre tenía el mismo rostro como si fuera a llorar o desmayarse, algo por el estilo –Sepa que lo último que sé de ella es que las costillas rotas perforaron su pulmón derecho, quédese con la idea que si hubiera corrido antes solo por su vida y no se hubiera detenido por la señorita Emma, quizás no estaría si quiera viva...
Ese comentario de la enfermera levantó su ánimo un poco pero no fue suficiente para sentirse mejor, estuvo a un segundo de su muerte y casi no podía explicarse como había sobrevivido solo con magullones en la espalda. Las bombas que detonaron estuvieron en el famoso edificio del frente y no el del lado como supuso Emma antes de caer inconsciente. La ola expansiva rompió vidrios y puertas, incendió algunas estructuras aledañas e hizo añicos lo que estuvo a su paso. Su cafetería, su dulce y pequeña cafetería que había puesto con tanto esfuerzo junto al de su esposa estaba en las ruinas, quizás se lo merecía por haber sido un imbécil cuando joven pero no ella que siempre fue una mujer encantadora. ¿Acaso estaba pagando la pérdida de su primera inversión por todo el comportamiento del pasado?
Ahora vendría a verlo al hospital porque sabía que no podía salir de allí hasta que terminaran la intervención quirúrgica con Emma Swan. Su rostro le fue familiar apenas cruzó la puerta de su cafetería, después de unos segundos se había dado cuenta que la vio dos ocasiones antes cuando frecuentó en una turbia amistad con Killian Jones. Si esa rubia de rostro perdido no fue capaz de moverse, tampoco él de dejarla allí a su suerte para que los escombros la mataran.
...
James miraba con notoria angustia la televisión en la oficina de Regina, ambos más David a su lado no podían creer como la mente del ser humano era capaz de maquinar un meticuloso plan asesino contra gente que no tenía la culpa de ciertas acciones que tomaban sus políticos. Todos los noticieros del mundo estaban con un enlace a Nueva York y la imagen del centro de la ciudad hecho un caos, el edificio Empire State en el suelo y los escombros que derrumbaron otras propiedades cercanas. Los analistas calculaban el número de muertes en al menos 1.500 personas, más de 300 heridos y la cifra seguiría aumentando.
-¿Por qué no llama para cerciorarse que están bien?-. Pregunto Regina, James sostuvo su teléfono, por suerte tenía cobertura en Francia.
-Lo están, sabrás que lo están cuando llame a Ingrid-. Marcó de inmediato a su esposa, no pasaron más de dos tonos hasta que ella contestó –¡Amor!
-James ¡Dios! La ciudad está hecha un caos-. Lloraba, el Time Warner Center quedaba a 11 minutos en vehículo del famoso Empire State, el ruido se había escuchado poderosamente cerca, el temblor también y la inseguridad dominaba a todos en el país –¡Necesito que vengas, necesito que vengas! ¿Has podido comunicarte con Emma? No contesta su teléfono, no contesta nada, llamé al canal y dijeron que salió a tomar un café...
-Quizás aún no llega-. Gimió, la pena que tenía en el cuerpo no era por eso –Mi vida, llamaré a mis contactos, encontraremos a Emma bien, debe estar por llegar de vuelta... No apagues el teléfono y por favor, ve a casa a estar segura.
-¿Pero cómo volverás? Cerrarán todos los vuelos de ida y vuelta, volverá a pasar el caos del atentado del World Trade Center... adiós amor-. Murmuró Ingrid acongojada con toda la fe que algo saliera bien.
Cuando cortó la llamada James marcó de inmediato a su equipo de seguridad, dio la orden de buscar a Emma donde fuese porque su presentimiento no era bueno, estaciones de policía, en los lugares de usualmente frecuentaba, en hospitales del país, que ingresaran a los sistemas si era necesario pero no le importaba ¡Quería saber de su hija ahora! Regina por su parte empezó a hacer lo mismo, como era conocida tenía su red de contactos, que buscaran a una Emma Swan de casi 28 años en cualquier parte de Nueva York si fuera necesario pero que le trajeran resultados.
Quizás estaba en camino a su trabajo de vuelta y ellos se preocupaban demasiado, de todas formas querían ubicarla solo para cerciorarse que estaba bien.
Pero la espera era traicionera muchas veces como las falsas ilusiones, 3 horas después de varias tazas de café, ojeras y desesperación llamaron de FOX para comunicar la preocupación de la desaparición de Emma, si realmente estuviera bien habría llegado de vuelta para refugiarse y no preocupar a los demás.
Regina comenzó a sollozar entre sus manos sin poder evitarlo, no quería imaginarse en un parque lleno con flores en su mano y escuchando el relato de un sacerdote sobre las bondades que tuvo Emma cuando estuvo viva, no quería verla pálida como Blanca Nieves dentro de un féretro y observar el descenso de este bajo tierra, todo eso si encontraban su cuerpo. Lo peor ¡No quería que muriera sin poder pedirle perdón! Rascaba sus brazos nerviosamente, las lágrimas caían una tras otra mientras en su interior le rogaba a Dios que le diera una segunda oportunidad para hacer las cosas bien, para tener a Emma al frente, tirarse a su pies y hablar de una vez por todas de lo que sentía.
Justo después de decirlo llamaron a James de vuelta. Ambos se miraron en un preciso segundo donde el mensaje fue claro "Es sobre Emma". Con temor cogió su teléfono móvil, su mano era torpe pero hizo todo el esfuerzo posible para no dejarlo caer.
-Señor Swan, localizamos a la señorita Emma...-. Le dio una mirada rápida a Regina para asentirle que lo habían hecho –Sin embargo...-. Esa palabra rompió toda esperanza de poder llorar de alegría –Sin embargo fue en un hospital y en peligro de muerte...-. A James se le estranguló la garganta.
-Pero... pero-. Murmuró al borde del llanto.
-Solo dijeron que un hombre la llevó a urgencias, tuvo una hemorragia interna porque parte de sus costillas rotas perforaron su corazón... Es necesario y más que urgente que llegue al país, conseguiremos los permisos necesarios con las autoridades para su ingreso en el jet privado.
-Regina Mills, in... inclúyela también a ella por... por favor.
Sus ojos estaban en el suelo pero cuando los levantó hacia la "Evil Queen" bastaron para decirle lo que tampoco quería oír, su Emma estaba en el limbo entre la vida y la muerte. Regina gritó, pateó las mesas y tiró sus pertenencias al suelo mientras lloraba descontroladamente. ¡Malditos terroristas! ¡Malditos enfermos! James se acercó a ella, la sujetó de los hombros antes de estrecharla contra su cuerpo en un abrazo para brindarle un poco de paz casi como si fuera su propia hija. Como una niña perdida Regina lloraba, balbuceaba el nombre de Emma cada dos segundos, James también lo hacía pero buscó en esa agonía un segundo de paz para tomarle la cara con ambas manos.
-Mírame, por favor Regina mírame.
-No quiero que se muera, no quiero-. Decía Regina descontroladamente –¡NO QUIERO!
-¡Si sigues así va a morir!-. La morena con las pestañeas empapadas en lágrimas lo miró –Vámonos a Estados Unidos, vamos a verla... por favor vámonos ahora.
...
Jueves 12 de diciembre 2019 marcaba el calendario, un día después del atentado al Empire State.
La información que todos manejaban a nivel mundial era la siguiente, desde hace unas semanas El Estado Islámico amenazaba al gobierno de Estados Unidos para que retirase sus tropas de Afganistán e Irak (los que estaban allí con el propósito de llevar la "libertad" al pueblo islámico), si no lo hacían finalizando el mes de noviembre tomarían serias represalias contra el pueblo de USA. El gobierno por supuesto no había tomado esa amenaza como seria porque constantemente grupos de rebelión hacían llegar sus descargos contra los políticos y sobre todo el actual presidente del país. Lamentablemente se estaban ganando enemigos más la fecha se había cumplido y como no lo creyeron verdad, un grupo de terroristas del Estado Islámico se sacrificó para hacer volar el Empire State detonando bombas en varios pisos.
El pánico se hizo colectivo en todo el país, las personas caminaban con desconfianza por las calles y temía subir grandes edificios. Una vez más los vuelos nacionales e internacionales fueron cancelados por lo que los aeropuertos habían aumentado su seguridad rastreando posibles bombas en sus estancias. Canales de televisión se dedicaban todo el día a hablar de la noticia, el pueblo norteamericano lloraba la pérdida de tantas personas en el accidente, se iniciaron desde ayer labores de rescate para cuerpos y personas vivas. ¡Todo el mundo estaba pendiente de lo que había pasado!
Por supuesto que solo unos pocos tuvieron la autorización del gobierno para entrar al país y uno de ellos fue James Swan acompañado de su guardaespaldas y Regina Mills. David (anteriormente apodado "Charming") había quedado a cargo de H&C porque era la única persona en la que realmente podía confiarle un cargo tan importante. Violet iba camino en auto hacia Nueva York apenas se había enterado de lo sucedido, quería acompañar a su hermana en lo que serían las siguientes horas más terribles después de la muerte de su madre.
Fue así como una preciosa limusina llegó hasta el hospital donde la rubia estaba internada. No se dieron cuenta cuando una horda de periodistas los bañaron en un mar de flashes y micrófonos pidiendo respuestas sobre el estado de la famosa lectora de noticias Emma Swan.
Pasaron de largo sin responder una sola pregunta o molestarse en espantar a los demás, el único fin era encontrar a Ingrid que estaba aquí e ir juntos a ver a la rubia. Prácticamente corrían en los pasillos, la necesidad de tener a Emma era más poderosa que la dignidad.
Se detuvieron en seco cuando vieron a Ingrid llorando desconsoladamente en los brazos de un hombre al que no se le podía ver el rostro porque estaba de espaldas. James gimió pensando lo peor ¡¿Emma había muerto?! Una enfermera se acercó a ellos que se encontraban en medio de la sala de espera en urgencias. Regina creyó que su suministro de lágrimas se había agotado, pero con la sola idea de que habían llegado tarde comenzó a llorar de nuevo en silencio.
-Buenas noches señor Swan, soy la enfermera de turno, estoy desde ayer cuando su hija fue ingresada en este sector del hospital...
-No me diga que murió... por favor-. La mujer se quedó unos segundos analizando su rostro afligido, el de la mujer morena a su lado era peor –No...
-No murió señor Swan, aunque no está internada en esta unidad sino en UCI, sé bastante de lo que le pasó... una perforación al pulmón es algo muy grave, fue operada también de las costillas apenas ingresó pero solo sabrán que tan exitosa fue la operación cuando pasen al menos 48 horas.
-Mi niña-. Gimió Regina pasando una mano por su cabeza, no tenía en absoluto la apariencia de una multimillonaria ni diseñadora de ropa. Imaginársela sola y aterrada esperando lo que sería quizás su muerte, le partía el corazón. Era muy fuerte pensar que Emma rasgó los límites de la muerte y no entró en ella por suerte ¡Estuvo a punto de perderla! Y no, no podía cantar victoria.
-Ese hombre que está allí fue el que la salvó... créanme, si hubiese llegado unos minutos más tarde la señorita Swan ya estaría muerta-. Le tomó las manos a ambos –Nadie puede contar eso dos veces.
Ingrid escuchó la voz de su esposo y de inmediato se separó del desconocido para lanzarse a sus brazos llorando desesperada por la hija de ambos ¡Quería a su niña ahora! No podía concebir la idea o la imagen de Emma llena de máquinas por todas partes tratando de ser estabilizada.
James escondió el rostro en el cuello de su esposa para estallar en un llanto amargo. ¿Por qué la única hija de ambos tenía que pasarle esto? ¿Por qué la gente estaba tan enfermera para hacerlo?
Regina tembló por completo cuando se dio cuenta que tenía que acercarse a ese hombre y agradecerle con el alma lo que había hecho, un agradecimiento monetario era lo mínimo que podía hacer, pero también se encargaría de sonsacarle toda la información del cómo encontró a Emma, por qué hizo todo. Con cuidado tocó su hombro para llamar su atención, pero apenas pudo rozarlo a ambos les dio una corriente eléctrica desde la nuca a los tobillos. Fue así como un desgastado hombre se volteó sabiendo que tenía que hablar con el resto de la familia de Emma.
-Oye-. Susurró Regina.
Pero la sorpresa fue tal que ambos abrieron sus bocas enormemente. Neal miró a su hermana de pies a cabeza al mismo tiempo que recibía toda su energía cargada de angustia. Su rostro estaba con ojeras marcadas, era evidente que no pudo descansar desde donde fuera que venía. Podían pasar 10 años, incluso más desde que no se veían pero no habían cambiado demasiado como para no darse cuenta que tenían a su hermana frente a él.
-Tú... Ne... Neal-. Quería gruñir de rabia contra ese infeliz pero no tenía fuerzas, además su cabeza daba vueltas por todas partes, la sorpresa era obvia y no sabía si emocionarse o ahorcarlo con sus propias manos –Neal ¿Eres tú?
Los ojos marrones de Neal comenzaron a llenarse de lágrimas acompañadas de un gesto evidente en su boca de que quería llorar. ¡Regina estaba hablando! Lo único que pudo hacer fue agachar la cabeza y asentir sin que su hermana menor viera cómo las lágrimas se escurrían por sus mejillas, quería abrazarla, quería gritar pero había sido un infeliz con toda la familia y sobre todo ella, porque si había alguien a quién debía pedirle perdón en esta vida... era Regina.
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