Capítulo 56
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James se desprendió de los brazos de Ingrid un momento dándose cuenta que Regina miraba fijamente al hombre que había salvado a su hija. En ese instante se acercó otra enfermera a él para comunicarle de forma discreta que Emma ya podía recibir visitas. No quería interrumpir el ambiente entre ambos pero debía contarle lo que le habían dicho y así lo hizo tocando el hombro de Regina.
-Regina, Emma ya puede recibir visitas pero... bueno, solo pueden entrar dos personas-. La morena lo miró y luego lo hizo con Ingrid, su respuesta estaba clara y no podía ponerse por delante.
-Es oportuno que lo hagan ustedes primero porque son sus padres, yo me quedaré aquí-. Miró de reojo a Neal –Hablando con él-. Pudo ver la duda marcada en los ojos azules de James pero no le daría explicaciones en una situación tan fuerte como lo era estar en el hospital –Cuando tengamos un tiempo a solas le explicaré todo...
James volvió a mirar a la persona que estaba tras Regina y no había que ser genio para darse cuenta que algo tenían en común. Asintió en silencio, sostuvo a su mujer de lado y caminaron por donde la enfermera los estaba guiando.
Después que Regina los viera desaparecer, se volteó hacia Neal y con la mandíbula tensa le hizo una señal hacia los asientos más apartados de la sala de espera. No podían conversar en un café o parque afuera porque estaba atestado de periodistas, además si se apartaba unos pocos metros del recinto hospitalario corría riesgos de no estar al lado de Emma en caso que ocurriera una emergencia. La incomodidad era palpable en el ambiente pero quién tenía mayor control de la situación era ella porque Neal estaba sentado muy tenso con la mirada en el suelo, parecía como si le temiese y no era para menos, su comportamiento en el pasado había sido tan aborrezco que ni siquiera merecía que le estuviera hablando ahora. Pero todo cambia con el simple hecho de haberle salvado la vida a Emma. Se dio unos segundos para apreciar su cambio en 10 años. Neal llevaba barba de unos días, su espalda estaba encorvada hacia adelante por la posición en la que estaba, no parecía tener lesiones en la cara pero ¿Tendría en otras partes de su cuerpo? Cerró los ojos un instante para pedirle en silencio a sus padres que la ayudaran mucho, no quería gritarle ni golpearlo pero perdonar o escuchar como si nada era bastante difícil.
-¿Por qué tú?-. Regina susurró –Dentro de todos los millones de estadounidenses tenías que salir tú para salvarle la vida a Emma.
-Porque simplemente tenía que hacerlo yo-. Dijo Neal en un tono bajo –Apareció, la vi sola y si…
-Y si no te hubieras quedado a salvarla hubiera... muerto-. Se le quebró la voz. Necesitó más de 10 segundos para calmar su garganta –Por eso digo ¿Por qué tenías que salvarla tú? Después de 10 años apareces de esta forma, porque si no hubiera pasado esto no estarías acá frente a nosotros ¡¿Por qué esperas que pase una tragedia?!
-Yo no busqué esto-. No parecía un hombre de 33 años con su hermana de 28, más bien lucía como un niño siendo reprendido por su madre, el tono de su voz era triste –Y sé perfectamente el perro que fui desde adolescente con mi propia familia, pero no tienes idea de lo que he cambiado...
-Como si eso fuera a regresar a mamá-. A Regina las lágrimas le corrían con una rabia muy grande –¡Cómo si eso le fuera a regresar las noches que lloró sin saber nada de ti! ¡Y se murió así sin más!
Neal que había estado guardando las ganas de llorar desde que vio a su hermana allí parada, simplemente estalló contra sus manos. Regina no tenía idea las cosas que habían pasado para que madurara, todas esas cosas que le acabó de decir no eran nuevas pero que se las dijera ella era enormemente doloroso, además sentimentalmente no estaba bien cuando estuvo el día de ayer a punto de morir y dejar abandonada a su esposa en este mundo sin la cafetería que instalaron juntos. Tenía tantas cosas mezcladas en el corazón y la cabeza que no podía verbalizarlas ahora, lo único que necesitaba era llorar.
Regina podía ser rencorosa, podía estar tremendamente dolida y hasta "odiar" a Neal pero verlo llorar era algo nuevo y sorprendentemente no le gustaba que estuviera así. ¿Qué cosas pasaban por su cabeza? ¿Qué lo hizo cambiar y llegar a ser un hombre "maduro"?
No interrumpió su llanto, simplemente esperó a que se calmara mientras ella también se secaba las lágrimas que escurrían por sus ojos recordando la madre de ambos que ya no estaba. Neal rascó ansioso su barbilla pero fue incapaz de levantar la mirada hacia ella, no quería ser juzgado aún aunque lo mereciera.
-Sí, sé perfectamente que mamá falleció hace casi 10 años atrás, sé que no pude pedirle perdón por cómo me comporté, por cómo me avergoncé de mi familia... pero lo he estado haciendo todos los meses frente a la lápida de ella y papá allá en Los Ángeles-. Regina entrecerró los ojos –Una vez al mes viajo allá y estoy todo el día conversándoles, arreglándoles las lápidas y poniéndole las mejores flores...-. Se le quebró la voz –La vida no nos regresará a nuestros papás pero es lo mínimo que merecen.
-¿Y crees que por eso mereces el perdón?-. Decía Regina raspando sus dientes.
-¿Te lo estoy pidiendo?-. Neal la miró a la cara –Si te sirve, lamento cada mierda que te dije cuando no podías hablar, cada cosa que dije o no estuve presente a su lado, pero no pediré perdón por ello porque no lo merezco, mi propio castigo ya lo he tenido todo este tiempo...-. Cuando dijo eso recordó las muchas veces que Emma le dijo que ella y su familia ya habían tenido el "castigo" por no creerle, mierda, eso dolía.
Regina se paró nerviosa a mirar por la ventana que daba vista a un precioso jardín fuera del hospital, un jardín que claramente no reflejaba los sentimientos de las personas que podían estar en una sala de espera. No podía perdonarlo porque él no quería recibirlo ni pedirlo, aun habiéndolo pedido tampoco iba a hacerlo de una noche a la mañana.
-Me... ¿Me podrías decir que pasó cuando viste a Emma? Las cosas, por qué estás aquí, todo...-. Pidió Regina, su hermano cerró los ojos porque recordar era doloroso.
-Yo tenía una cafetería que estaba al frente del Empire State, la puse con mi esposa-. Regina pestañeó sorprendida ante esa confesión ¡Así que su hermano tenía esposa! Pero no quiso interrumpirlo –Nos costó demasiado conseguir ese lugar porque era muy solicitado pero lo conseguimos... ayer estaba revisando que todo estuviera en orden cuando la vi entrar, parecía tranquila pero no la reconocí al principio... cuando ocurrieron los estremecimientos, los sonidos de bomba, cuando todos huían... yo… bueno, también correría pero me di cuenta que alguien quedaba todavía-. La morena apretó los labios angustiada imaginando a Emma aterrada allí –Ella no podía moverse, miraba todo como si se tratara de un sueño, le dije que se moviera... luego con la fuerza de la ola expansiva de una de las bombas ella se cayó al suelo, corrí a su lado, la miré por un segundo antes que me diera cuenta que nos caerían mesas y paneles encima... ahí la cubrí por completo con mi cuerpo pero no fue suficiente, se rompió algunas costillas del lado derecho y se le perforó el pulmón, tuvo una hemorragia interna y...
-Ella no merecía esto-. Regina ahogó un sollozo –Estando allí quizás si tú no estuvieras hubiese... Dios, hubiese muerto-. Neal veía sus expresiones, la forma en la que se expresaba de ella le dejaba muy en claro que tenía sentimientos por Emma Swan –¿Cómo estás tú?.
-Para tu decepción la persona que apenas tuvo magullones fui yo, la persona a quién le cayeron los paneles en la espalda no perdió la consciencia ni sufrió daños grandes... pero ¿Sabes?-. Neal sonrió con pena –Perdí la cafetería que era el principio que tenía con mi mujer-. Regina iba a perder los estribos por decir semejante estupidez cuando divisó la figura de James e Ingrid. Ambos Mills se pararon para recibirlos, los rostros de los Swan no eran muy alentadores sobre todo cuando tenían lágrimas bordeándolos. El alma de Regina se desvaneció por un segundo.
-Queremos hablar con este hombre... pasa a verla Regina-. Ella le dio una última mirada a Neal para darle a entender que tenían demasiado para hablar luego que viera a Emma, esto no iba a quedar así como así. James cuando pasó al lado de Regina le susurró al oído disimuladamente.
-A veces las cosas pasan por algo, si tu hermano llegó ahora necesitan escucharse ¿No crees que Cora y tu padre lo hubieran deseado así?
Sorprendida lo quedó mirando pero no pudo hablar mucho cuando sabía que tenía una de las tareas más fuertes de los últimos días. La enfermera en silencio la dirigió al área donde tenían internada a la rubia, el olor a hospital, el ambiente que se vivía no le gustaba para nada. Cuando la mujer se detuvo tras una puerta el estómago se le contrajo ¿En qué estado se la toparía? ¿Estaría lista para ello? Entró con cuidado a una habitación que no emitía ruido alguno salvo por el monitor continuo que marcaba la frecuencia cardíaca del corazón de Emma. La enfermera murmuró que estaría afuera en caso de emergencia, pero ella no le entendió porque sus ojos estaban puestos en la mujer que suponía era suya. Tenía una mascarilla que cubría su nariz y boca en una ventilación mecánica no invasiva, de su tórax salía un drenaje por donde salía la sangre que comprimió su tórax, en sus brazos tenía vías y sueros con medicamentos, en su tórax seguramente unos electrodos para monitorizar su frecuencia cardíaca que era lo que sonaba, estaba tan llena de cosas que no pudo evitar apoyarse en un borde de la cama a ponerse a llorar. ¡¿Por qué ella?! ¿Por qué no una persona que realmente lo mereciera?
-Gra... gracias Neal-. Apenas caminó para sostener la débil mano de Emma que posaba sobre su abdomen –Dios...-. Apenas rozó su piel cuando el monitor marcó un leve aumento de la frecuencia cardíaca ¡Ella la sentía! –Mi niña preciosa... Emma-. No soportó más de 5 segundos sin ponerse a llorar sobre su mano. Verla débil y totalmente dependiente de los cuidados de los demás era chocante –No te vas a morir Emma, no se te ocurra irte de aquí por favor-. Le daba pequeños besitos sin importarle que las lágrimas mojaran su piel.
¿Qué clase de enfermos mentales eran capaces de hacerles daño a los demás sin algún tipo de culpa o remordimiento? Una mujer que tenía talento de sobra, que era preciosa y amaba su trabajo había acabado en un hospital frágil como el cristal ¿Lo peor? Es que no sabía si tendría consecuencias físicas así también como neurológicas.
Dejó de llorar para volver a quedarse en silencio.
-Vas a recuperarte hermosa, vas a recuperarte y saldrás adelante-. Acarició su frente donde posteriormente dejó un beso –No te vas a ir de aquí ¿Verdad?-. Regina susurró contra su oído, su voz nuevamente volvió a quebrarse –Cenicienta debe decirle a su heredera que la ama con toda su alma-. Besó de nuevo su frente –Que es suya y que no la va a dejar correr de su lado, porque Ceni... Cenicienta no debe pedirle perdón, la... la "Evil Queen" quiere hacerlo por no saber tratarla como se lo merecía-. De su bolsillo sacó una cajita de cristal. El sonido metálico que hizo la cadena dentro le recordó 10 años atrás cuando la compró para Emma ese día navideño. Nunca lo había tirado a la basura porque no se había atrevido ni tampoco fundido para convertirlo en otra joya –Mira-. Susurraba –Esto te pertenece ¿Sabes?-. Era extraño mantener una conversación a solas pero sabía que ella la escuchaba, su ritmo cardíaco parecía alterarse cuando hablaba –No sé si lo puedes llevar puesto pero lo pondré aquí un rato.
Le apartó un poco la bata de hospital delgada que cargaba en su cuerpo, luego depositó la cadena con un dije de helado y otro de galleta de oro sobre su pecho izquierdo donde latía su corazón
-Quiero hacerte una promesa, Emma, el día que salgas de acá todo será diferente para ambas, para todos, solo sal adelante, tómate todo el tiempo que necesites pero no te vayas-. Secó sus lágrimas –No te vayas ¿Lo prometes?-. Besó la cadena así también como su piel y el pecho de ella –Tengo que decirte a la cara que te amo...-. Era como quitarse un tremendo peso de encima –¿Lo entiendes?-. Acercó su rostro al costado de la cabeza de Emma y se quedó así unos segundos recordando toda su esencia y calor, escuchando atentamente el sonido del monitor que era el único signo fidedigno de que su corazón seguía latiendo. Gimió abrumada pensando lo peor, porque cuando Regina viera esa máquina parar, sería el fin de su propia vida.
"No te vas a morir... gracias a Neal" murmuró Regina al besar una última vez su frente. La mujer imponente del mundo de las noticias, esa que tenía carácter para enfrentarse ahora estaba débil dependiente de máquinas y líquidos para estabilizarla. Realmente estaba segura que no se moriría, de todas formas quería hablar con el médico a cargo de ella para que le diera todos los datos relevantes de lo que fue la intervención y lo que le esperaba de aquí en adelante. Le dio una última mirada prometiendo sin palabras que estaría pendiente siempre de ella. Cerró la puerta tras de sí con un gran suspiro lleno de angustia, las lágrimas que cayeron hace unos segundos se secaron de sus mejillas dejando unas marcas. Ella iba a estar bien, las cosas no habían sucedido para terminar en una tragedia ¿Coincidencia que entrara a la cafetería de Neal? ¡Imposible!
Por otra parte allí estaban los Swan mirando a Neal mientras este les relataba la forma en la que había sucedido todo, emocionándolos porque imaginar la escena era vivir las emociones que Neal les describía, era ver a través de su relato lo que sus ojos no pudieron hacer.
-¿Y tú te has hecho exámenes?-. Preguntó James, Neal negó incómodo, no era que no tuviera dinero pero es que tampoco tenía la cabeza para ello cuando el accidente había sido muy fuerte para él –Pues debes hacértelos, voy a costear todo lo que necesites pero si tienes un dolor en la espalda es bueno que te veas...
-No señor Swan, preste toda atención a su hija que lo necesita más que nunca.
-Pero incluso teniendo tus propios problemas estuviste a primera hora de la mañana acá conmigo dándome consuelo... por favor, es lo mínimo que podemos hacer por ti ¿Está bien?-. Habló Ingrid, el hombre asintió sin darse cuenta que ambos Swan se miraban dándose un mensaje secreto. Se enteraron que la cafetería donde estaba Emma y que quedó destruida fue suya, lo siguiente a hacer era obvio. De pronto fueron interrumpidos.
-Señores Swan-. Al lado del médico tratante estaba Regina que fue quién lo trajo para este sitio -Señores Mills, soy Burhan el cirujano que estuvo a cargo de la extensa operación a su hija...-. Nadie allí presente dijo una sola palabra –Sé cuánto quieren saber del estado de ella, qué es lo que le espera, si hay o no consecuencias neuronales con el golpe... aun su hija está en estudio con tac cerebral, angiografía cerebral y ese tipo de cosas para descartar consecuencias, ahora, en cuanto a su pulmón y las costillas rotas, estas últimas ya fueron intervenidas con sujeción de clavos...-. Se extendió en explicaciones lo más simples posibles para que pudieran entenderle, todos asentían pero no podían evitar tener un rostro preocupado –Tendrá reposo de 6 semanas cuando despierte y el drenaje que está en el costado lateral de su tórax elimina líquidos y sangre que quedan después de la operación para que no se asusten...-. Asintieron aún con la duda en el rostro –Quiero que les quede claro que Emma está fuera de peligro, gracias a las transfusiones de sangre y todo lo que se le hizo a tiempo no va a fallecer por si lo piensan, solo necesita tiempo para recuperarse.
Con esas últimas palabras pudo darles un segundo más para ¡Fue quitarse un enorme peso de encima! Luego de que le dieran las gracias se retiró para dejarlos solos esta vez. En una hora más el cirujano y su equipo médico estaban autorizados para dar una conferencia de prensa con el fin de traspasar la misma información a los periodistas, todos merecían saber la verdad del estado de Emma.
-¿Por qué no van a cambiarse, comer algo y si lo desean volver después? Estaré aquí por un rato con mi esposa para arreglar papeleos y ver si podemos trasladar a Emma a una clínica más cercana de nuestra casa...-. Más que echarlos el señor Swan tenía otra intención.
-Tiene razón, trataré de demorarme lo menos posible porque no quiero estar apartada de aquí ni un segundo-. Regina miró a su hermano unos segundos –¿Dónde irás?
-No lo sé-. Parecía ausente de la escena, no podía quitarse de la cabeza la imagen de su cafetería en las ruinas y el pensamiento sobre qué haría para salir adelante –Realmente no lo sé
-¿Me presentarías tu casa y tu esposa?-. Los ojos de Neal brillaron en evidente emoción, James que abrazaba a su mujer no pudo evitar sonreír de costado ¡Esa era su intención con sacarlos unos minutos de acá! –Digo, si no te molesta.
-No, no, al contrario...-. Le indicó la salida un poco torpe, parecía un niño que mostraba sus juguetes a los invitados –Vamos.
Salieron por otro lado con tal de evitarse la marea de periodistas que los asecharon a la llegada. Juntos subieron a un taxi y con las indicaciones de Neal el chofer cambió de dirección. Regina no supo cómo fue que las palabras salieron de su boca antes de pensarlo dos veces, si estaba en NYC y si Neal vivía acá ¿Por qué no conocer su entorno o dónde vivía exactamente? Había mencionado a una "esposa" y la necesidad de saber sobre él era más fuerte que el orgullo que tenía. Necesitaban una conversación más profunda y con la cabeza fría para no decirse todas las estupideces que pasaran producto de años de incertidumbre y rencor, además, aun no sabía que fue exactamente lo que le pasó a Neal para haber cambiado tan drásticamente.
El taxi entró a un pequeño suburbio a la salida de la metrópolis, casas de dos pisos estaban rodeadas de mucho césped y árboles que le daban un toque necesario de paz en una ciudad tan llena de aglomeraciones. Regina miró de reojo como la mano de Neal tocaba en un patrón repetitivo su rodilla, estaba ansioso porque de seguro temía ser juzgado.
-Donde vivo no es un lujo como de seguro vives tú, si hay algo que te molesta esperaría disimularas el disgusto-. Lo dijo tan rápido que apenas pudo entenderle.
-No voy a hacerlo-. Respondió Regina, se miraban fijamente –En serio no voy a hacerlo ¿Se te olvida de dónde venimos?
-Solo temo ver en tus ojos la misma mirada de vergüenza que tenía yo cuando observaba cómo vivíamos, no por favor-. Se le quebró la voz –No quiero volver a esa persona, a lo que fui…-. Sin decir más pagó y abrió la puerta justo cuando el taxi se detuvo frente a una casa de un piso bastante bonita y con un enorme jardín por delante.
A Regina se le apretaba el estómago de ansiedad mientras esperaba a que su hermano abriera la puerta de su casa ¿Cómo sería por dentro? ¿Estaría su esposa allí? Quería explicaciones, necesitaba tantas respuestas pero iría despacio por ellas para no atormentarlo lo suficiente, ya se sentía demasiado agradecida por haberle salvado la vida a Emma solo que no lo decía abiertamente.
Su hermano le indicó que pasara y fue en ese momento cuando cruzó la puerta que se sintió emocionada. La primera cosa que vio colgada en la pared era una imagen de ellos como familia, una de las pocas que se sacaron antes que Henry muriera en el accidente automovilístico. Cora, Henry, Neal, ella y Violet más pequeña estaban sonriendo a la cámara en lo que era un día de pesca exitosa donde los juegos, comida y risas no faltaron. Le tomó unos segundos dejar de observar la fotografía para seguir a su hermano hacia la sala de estar donde se había acomodado en unos sofás de cuero blanco. Todo lo que sus ojos podían abarcar lucía precioso, no costoso pero sí comprado con esfuerzo y decorado de forma tan cálida que le daban ganas de sentarse a estar por horas aquí. No pasó ni un segundo cuando quiso preguntarle algo pero no tuvo tiempo porque una voz femenina clamaba la atención de su hermano, era dulce pero sonaba muy preocupada.
-¡Neal!-. Una preciosa mujer de ojos claros apareció en la sala de estar -Neal mi amor pensé que me avisarías para irte a buscar al hospital, iba a salir y...-. Se quedó mirando fijamente a Regina cortando sus palabras abruptamente, tuvo que pestañear varias veces para darse cuenta de quién se trataba –Ne... Neal, ella...-. Regina no pudo evitar sonreír, si en algún momento pensó en una pareja para su hermano se imaginó alguien con categoría de zorra pero la mujer que tenía al frente estaba en la categoría de dulzura, belleza y de seguro en la de "sensual".
-Hola, mi nombre es Regina Mills y soy her... hermana de Neal-. Su boca quedó abierta en una perfecta "O". Sin dudarlo más se acercó y le tendió una mano para que tuvieran un primer contacto físico –Mucho gusto en conocerte.
-El... el... el gusto es mío-. Miró preocupada a su esposo luego a Regina. Sus ojitos claros estaban llenos de lágrimas –No sabes cuánto habla de ti y su familia-. Susurró confidencialmente –Ha sido así desde hace mucho...-. Neal la abrazó de lado, depositó un beso en su frente y con orgullo miró a su hermana.
- Regina, ella es Aurora, mi esposa...
Regina volvió a tender la mano a la mujer de melena café pero cuando ella la tocó, está la tiró hacia ella para darle un fuerte abrazo. No podía entenderse a sí misma pero necesitaba agradecerle por... ¿Por qué?
-Si amas a mi hermano, si lo has cuidado este tiempo, en el nombre de mis padres y hermanos te doy las gracias, de verdad muchísimas gracias-. Susurró Regina contra su oído. Aurora asentía contra su hombro dejando que las lágrimas cayeran en sus ojos –Tu esposo salvó la vida de la mujer que amo y no sabes cuan agradecida estoy por ello.
-Estuve a punto de perderlo-. Sollozó.
-Pero está aquí para...-. Cerró los ojos sin poder creer lo que estaba diciendo o lo sensible que se sentía con ello –Para nosotras.
-Perdimos nuestra cafetería.
-Van a recuperarla, me tienen a mí... tienen a los Swan, no estarán solos-. La separó solo unos segundos para mirarle bien la cara y hacerse la idea que era su cuñada ¡Su cuñada! –Hablo en serio ¿Sí? No les faltará nada porque no lo permitiré-. La castaña se rompió emocionalmente en una mezcla de emoción pero también de angustia y dolor. Había estado a punto de perder a Neal, el primer negocio que armaron juntos y por lo que se esforzaron tanto quedó hecho añicos, preocupada dejó que él volviera el día de hoy al hospital para ver a Emma. ¿Y ahora se topaba con quién se suponía era su cuñada?
Cuando miraron alrededor no vieron a Neal pero Aurora le murmuró donde podía estar esperándola. Prometió hacerles tazas de café con unos trozos de pastel, pero la charla entre ambos debían tenerla sí o sí ahora. Regina a medida que daba pasos por la casa se prometió a sí misma no permitir que Neal quedara un día más sin recibir asistencia médica, si James se lo había ofrecido lo obligaría a hacerlo.
Tocó la puerta de una pequeña biblioteca que tenía, allí parado estaba Neal con una foto entre las manos que por cosas de distancia no divisaba de que trataba.
-No sé de qué hablaron pero no me disculparé si Aurora dijo algo o si te sentiste incómoda con su cercanía... digamos que es muy cariñosa en su forma de ser, muy de piel y me fascina que lo sea.
-¿Desde cuándo la conoces?-. Le mostró ambas manos –¿Más de 10 años? Eso quiere decir que...
-Regina, es cierto que me avergonzaba del hogar que teníamos porque quería cosas mejores, pero todo "empeoró" cuando la conocí después del accidente de papá y tú... tuve deseos de darle todo lo que veía que a ella le faltaba, de darle esperanzas que podía ir a la universidad a pesar de ser de un estrato igual o peor que el nuestro... me acerqué a Killian, quería ser su socio para tener dinero e invertirlo en cosas para Aurora, sentía rabia del accidente de papá y ver que no podías hablar...-. Gruñó –Fui un pendejo de mierda en un principio sin ninguna razón válida, pero luego me fui de casa porque me dediqué a ayudarla... Aurora no sabía de mi familia y de cómo los trataba, no me lo hubiera perdonado en ese entonces.
-Dios...
-Ella tiene tu edad ¿Sabes?-. Neal rascaba su cabellera nervioso, se paseaba como animal enjaulado –Cuando te insulté fuera de una cafetería ¿Lo recuerdas? Me pedías que volviera a casa pero yo te traté asquerosamente mal, en ese momento yo y ella llevábamos 2 años conociéndonos y teníamos sentimientos el uno por el otro, pero justo ese día... ese día después de nuestra pelea cuando llegué a su casa me contó que estaba embarazada.
-¡Santo Dios! ¿¡Embarazada?!
-Me preguntaba a mí mismo ¿Siendo tan miserable cómo voy a ayudarla con un trabajo? Temía contarle a mi mamá justo en ese momento pero mantuve esto en secreto aunque... cuando tomé 2 años después el valor de acercarme a mamá, cuando más la necesité me enteré que estaba muerta.
-¿Por qué la necesitabas? ¿Por qué no antes y sí en ese momento? ¡¿Por qué?!-. Gritó Regina enfadada.
-Siempre las necesité pero era cobarde para admitirlo y para volver a casa, yo supe que se fueron del país pero no a donde, me hice a la idea que las perdí para siempre pero...-. Miró nervioso sus pies –Si quieres saber que me hizo cambiar Gina fue...-. Cenicienta no decía nada, no quería interrumpirlo –Mi nenita preciosa, mi Lily-. Le tendió la foto para que la conociera –Ella es y será mi más grande amor... ella, tu sobrina Gina, estuvo conmigo casi 2 años de su vida hasta que un bastardo infeliz, un borracho la mató cuando la atropelló-. Lloraba silenciosamente mientras hablaba –Es por ese motivo desesperado quise buscar a mamá, buscarlas para tener consuelo pero me enteré que mamá también estaba muerta y que nadie me podría decir dónde estabas tú... ese es el motivo porque el que no soy el mismo de antes y por el que no lo seré de nuevo, Gina ser padre... aunque fuese por dos años ser padre me hizo madurar.
Regina angustiada miraba la foto de una preciosa niña tan blanca como Aurora, de ojos definitivamente Mills y una sonrisa igual a las de Violet. Esa pequeña niña, su sobrina que ya no estaba viva y que seguramente se encontraba descansando en los brazos de sus abuelos paternos... ¿Acaso necesitaba otra señal?
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ESPERO DEJEN SUS COMENTARIOS.
NEFI. TU SI SABES COMO HACERME REIR (DELE CON LA MARATON)
JUDEVALMONT NO PUEDO DEJAR EL DRAMA ^_^
