Aviso: El siguiente Capitulo es el último.
Llego a su casa cansando y muy entrada la noche.
Hizo todo el recorrido a su habitación, tirándose sin ceremonia sobre su cama.
Flexionaba su brazo con dolor, una sensación punzante pasaba a lo largo de éste, lo que provocaba que maldijera a cierto Mortifago rubio por no avisarle con antelación de lo que iba ocurrir una vez que estuviera enfrente del Señor Tenebroso.
Pero ya no importa; lo hecho, hecho esta.
Observando el cráneo con la serpiente saliendo de su boca y al hacerlo se pregunto; ¿Qué pensaría Primrose si la viera…?
'Estaría llorando, su rostro mostraría preocupación… al mismo tiempo que me diría…'
Severus sacudió su cabeza con violencia.
Estaba confundido. Él nunca estaba confundido. Siempre sabía lo que quería. Nunca antes le había importado la opinión de su ex mujer, ¿Por qué ahora si lo hacía? No tenía sentido.
Pasándose su única mano sana por su cabello, Severus volteo a ver el techo de su frío hogar con cansancio.
–¿Qué demonios me está pasando? –pregunto en voz baja a la nada.
Esperando una respuesta, sus ojos comenzaron a cerrarse antes de que se diera cuenta.
::::_::::
:::-::::
–Te amo Sev. -dijo una dulce voz llena de esperanza. -Te amo desde la primera vez que te vi. Yo…
Recordaba como se le había declarado.
Fue ridículo y molesto. Agradecía que no hubiera personas que estuvieran presentes para verlo.
Lo había citado en uno los jardines más solitarios de la escuela a una hora en el que tenia clases. Estuvo tentado a no ir, pero cuando iba a su salón se topó con Potter abrazando a Lily y su corazón se congeló, no queriendo ser testigo de ello camino sin rumbo por los pasillos.
Antes que pudiera darse cuenta estaba frente a ella.
Su rostro estaba rojo, tan rojo que le recordaba aun tomate, la mirada en sus ojos lo hacía sentir incomodo, provocaba que su corazón estuviera inquieto, mientras que su voz tierna resonaba en sus oídos sin escuchar lo que decía en realidad.
Algo en ella brillaba mientras que le hablaba.
Fue por ello que no pensó demasiado antes de decir: –Esta bien, salgamos.
Entonces, ella lo abrazo como si su vida dependiera de ello, como si temiera que desapareciera si lo soltaba.
El abrazo duro mucho tiempo, lo hacía sentir sofocado y sudoroso, pero aun así no la aparto.
Nunca nadie lo había brazado de esa forma en toda su vida.
No entendía porque se sentía tan bien, ni mucho menos se dio cuenta que le había devuelto el abrazo.
::::_::::
:::-::::
Negó con la cabeza.
¿Por qué de repente estaba comenzado recordar cosas del pasado?
Se sintió molesto con él mismo. El divorcio se había completado sin mayores complicaciones y los papeles ya estaban firmados.
¿Qué necesidad había para que él pensara en esas cosas? Primrose continuaba viviendo con los Potter por lo que sabía, y por lo que le decían no parecía muy afectada por lo ocurrido, y él continuaba con su trabajo de maestro de pociones sin mayores complicaciones.
Entonces, ¿Por qué debía crearlas él mismo?
Siguió caminando, cuando escucho; –El que nace al final del…
Con cautela camino hacia la puerta de donde provenía la voz, ahí se encontró con la curiosa imagen de su antiguo director mirando de forma impávida a una mujer con un desastroso estilo de vestir. Los oídos de Severus se agudizaron mientras que la mujer seguía hablando.
Esto de seguro le interesaría a su señor.
Una vez que consiguió lo que quería se retiro antes que se dieran cuentan de su presencia. Se dirigió rápidamente hacia el callejón Diagon, donde sabía que Lucius y Rabastan lo estarían esperando, cuando la vio…
Vestida con un sencillo vestido violeta claro, Primrose sonreía con dulzura mientras que salía de la tienda de herbolaria con su cabello descendiendo sobre sus hombros hasta más allá de su cintura en suaves ondas. Parecía muy tranquila para alguien que acaba de divorciarse, pero él en seguida noto las bolsas negras debajo de sus ojos que trataba de esconder con maquillaje. Siempre había sido mala en encantos, más el hecho que odiaba usar magia para cosas tan banales, por lo que no le sorprendía que no usara un glamur para esconder esas imperfecciones.
Pero aun así, con todo ello, solo un tonto se atrevería a llamarla fea.
Eso hizo que se estremeciera.
Extrañado, no pudo evitar preguntarse cuando ella se había vuelto bonita.
La siguió observando hasta que se perdió de su vista. Con su mente perdida en memorias que había creído olvidadas hace mucho tiempo.
::::_::::
:::-::::
Primrose siempre fue el tipo de persona que se conmovía por las cosas más sencillas.
Una vez le regalo una flor, solo una, no un ramo, una flor que se encontró cuando estaba caminando, incluso era posible que fuera una mala hierba, pero aun así ella lo había puesto en su florero favorito sobre la mesita que estaba cerca de la puerta y se la presumía a todos sus invitados con gran orgullo.
La gente pensaba que era linda.
Severus solamente podía pensar en la vergüenza que le provocaba.
Siempre ignorando esa sensación calidad que movía su corazón cuando ella volteaba a verlo con sus ojos brillantes.
::::_::::
:::-::::
–¿Eso es todo, Severus?
Pregunto el Que-No-Debe-de-Ser-Nombrado con un tono amable, pero Severus no era estúpido. No se dejo engañar por sus palabras. Sabía que a la menor equivocación se volvería uno más de los innumerables casos de desaparecidos que últimamente eran más que comunes en las noticias del Profeta.
–Si mi Señor. –contesto humildemente.
Observo como el señor Tenebroso hacia un gesto con su mano indicando que la reunión había finalizado.
Todos los Mortifagos se levantaron con una sincronización casi perfecta y comenzaron a retirarse. Unos caminaban más rápido que otros. Pocas eran las personas querían quedarse más de lo debido en ese lugar.
Pero él no.
Ya que fue testigo de como Bellatrix, junto con su esposo, se acercó a su Señor. Por alguna razón, tuvo una mala sensación de ello, provocando que sus pasos se volvieran más lentos.
–Los Potter…
Y el corazón de Severus se detuvo.
Una cabellera bronce apareció en su mente antes que una pelirroja. Unos ojos azules verdosos lo mirando antes que unos esmeraldas.
'Te amo Severus…'
Sin darse cuenta de su propio cuerpo, este ya se encontraba corriendo. Ignorando el nombre que su corazón repetía con miedo.
'¡PRIM!'
