Días. Parte Uno.
-Madre… ¿de verdad tenemos que ir? -La pequeña niña rubia observaba a su madre con ojos expectantes. Esperando ver cómo reaccionaría a su maquillada petición.
-Diana, cariño. Se que no te gustan las salidas inesperadas… y sabes que a mí tampoco. Pero es importante que estemos ahí. Las dos.
-¿Por qué tenemos que estar ahí si no queremos? -La lógica de una niña. Su madre sonrió dulcemente.
-Un día lo entenderás. -La mujer, durante apenas un segundo, se preguntó si de verdad debía ser así. De inmediato neutralizó ese tren de pensamiento. -¿Qué tal esto?: Si vamos con una gran sonrisa, me aseguraré de que puedas asistir a ese espectáculo.
-¡¿De verdad?! -Los ojos de la pequeña se iluminaron.
-Bien… tendré que hacer planes. Quizá tengamos que salir del país. Pero eso no te detendrá ¿verdad?
-¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! -La chiquilla abrazó fuertemente a su madre mientras expresaba su alegría. -¡Eres la mejor! -La mujer sonrió genuinamente ante la reacción de su hija.
-Sólo no se lo digas a nadie ¿bien? -La niña asintió alegremente. -Buena chica. Ahora ve a jugar.
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Diana despertó. Temprano. Como de costumbre. Su reloj biológico no le permitía otro horario. Y su agenda tampoco. Como de costumbre, doce minutos y treinta y tres segundos después estaba vestida y lista para empezar el día. Su puerta sonó como de costumbre; el desayuno había llegado portado por un miembro del personal de la academia. Diana lo recibió y, como de costumbre, agradeció amablemente el servicio del empleado. Como de costumbre preparó ella misma una taza de té para acompañar la comida. Como de costumbre, a las seis en punto ya estaba lista para empezar el resto del día.
Como de costumbre, salió de su cuarto.
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Agobio. Esa era una buena palabra. Le agobiaba estar rodeada de adultos. Más aún de adultos que ni siquiera conocía. Algunos decían ser su familia a pesar de que nunca los había visto. ¿Cómo podían ser familia si no los conocía? O más bien… ¿Cómo podía no conocerlos si eran familia? Solamente identificaba un grupo: Su tía Daryl, el esposo de la misma cuyo nombre no era capaz de recordar y sus primas Maril y Merrill. No eran exactamente alguien con quien Diana deseara pasar el rato, por lo que sus intentos por socializar se vieron bastante mermados.
-¡Diana! -La voz de su madre la llamó. Le habría alegrado si no estuviera tan segura de que era para presentarle a algún otro adulto aburrido. Aun así, obedeció de inmediato.
Después de atravesar algunos grupos de personas que bebían esa sustancia roja y negra a la vez que su madre dijo que los niños no debían tomar, vio como ella mantenía una conversación con alguien que, como no, no conocía.
-Te lo digo de verdad, Bernie. Me preocupas.
-Cumplo con mi deber. Si no quisiera… ¡Oh! Diana. Ven, quiero presentarte a alguien. -La pequeña inclinó la cabeza ante las palabras de su madre. Aunque ya las había oído varias veces esa noche esta vez parecían totalmente auténticas.
-Vaya. Tú debes ser Diana. -El hombre alto se puso de cuclillas para estar más cerca de su estatura. Detalle que ninguno de los presentes había tenido antes. Sus cabellos eran rubios, como los suyos y sus ojos azules también. Su mirada era vivaz y tenía un bigote que Diana no pudo evitar catalogar como cómico. El hombre tomó la palabra antes de que su madre los presentara a ambos como solía hacerlo. -Me llamo Edward. Soy Hermano de tu madre.
-Buenas noches. Me llamo Diana Cavendish. Es un gusto conocerle. -Se presentó formalmente ofreciendo su mano al hombre. Este soltó una risita disimulada y con ambas manos rodeó la suya para estrecharla.
-Es un gusto, Diana. Oye, ¿Sabes que es lo bueno de los tíos? -Le preguntó acercándose más como si le susurrara un secreto.
-¿Qué es? -Preguntó con curiosidad.
-Que nunca llegan con las manos vacías. -Explicó, para luego tomar de una silla una mochila que no encajaba para nada con el resto de su indumentaria. Rebuscó en ella hasta que encontró lo que buscaba. Sacó un pequeño sobre marrón. Su madre miraba la escena con paciencia. -Es para ti. -Diana sonrió ampliamente.
-¿Tengo que esperar a llegar a casa para abrirlo?
-Claro que no. ¿Quién te ha dicho eso? -Contestó divertido. -Solo procura que nadie lo vea.
Con emoción, la pequeña despegó la solapa del papel y vio el interior. Su emoción se mezcló ligeramente con preocupación mientras volteaba a ver al adulto.
-Tu madre me dijo que te gusta coleccionarlas. No te preocupes. Tu secreto está a salvo conmigo.
-¡Gracias! ¡La guardaré como un tesoro! -Exclamó felizmente Diana.
-No es nada, pequeña. También quería que conocieras a alguien más. -Añadió.
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-Ashley.
-Diana. No pierdes las costumbres ¿no? Seis en punto y totalmente lista. -Señaló el chico, recostado contra la pared del pasillo, viéndola de reojo.
-¿Que hay de ti? Hora diferente cada día, lo sé, pero creía que nunca antes de las siete.
-Seeh. Por eso estudiaba por la tarde. -Acompañó la ultima palabra con un ligero bostezo. -Vida nueva, horario nuevo. ¿Algún consejo para no volverme esclavo del café?
-Duerme bien. ¿Por qué has venido? -Finalmente preguntó.
-¿Necesito una razón? -Fingió estar ofendido, pero luego se puso pensativo. -No necesito una cita, ¿verdad?
-Tú, nunca. Pero no habrías venido tan temprano si no quisieras algo. -Ashley sonrió. Se paró derecho frente a Diana y prosiguió.
-Luna Nova. -Puso énfasis en cada sílaba. -¿Recuerdas cuando me dijiste que querías venir aquí?
-¿Decírtelo? Lo dedujiste...
-Cuál Sherlock, sí. No estabas dispuesta a admitir que querías asistir a la misma escuela que Shiny Chariot.
-A diferencia de ti. -Interrumpió.
-Oh, reconoces esta cara. Es mi cara de que reconozco tu cara. -Afirmó el chico sin dejar de sonreír. -Te conozco demasiado bien Diana Cavendish. Es la misma expresión que tenías entonces. Hay algo que no me estás diciendo.
-Hay muchas cosas que no puedo decirte, Ashley. ¿Sabes la cantidad de datos confidenciales que conozco? -Se defendió.
-No. Esa es otra cara. La cara de "no preguntes". Respeto esa cara. Esta es la cara de "¡Pregunta! ¡Por favor!" ¿Quieres que pregunte?
-No. -La vio intensamente por unos segundos. Suspiró.
-Bien. No te lo sacaré a la fuerza. Aprendí la lección la última vez. -Diana sonrió ligeramente. -Ahora si me disculpas aún puedo arañar unos minutos de sueño. -Sugirió mientras se daba la vuelta dispuesto a marcharse.
-Ashley. -El chico se paró y la vio por encima del hombro. -También tienes esa cara. -Diana sonrió sin contemplaciones ante la momentánea pérdida de confianza del chico.
-Esa es mi chica.
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-¿Qué tipo de nombre es Ashley? Es nombre de niña. -El niño que en principio le pareció un encanto resultó ser completamente insoportable. Preguntaba y preguntaba sin cesar y era demasiado condescendiente para su gusto.
-¿Ahora quién es la que habla de más? -Diana no pudo evitar sonrojarse al darse cuenta de que su abrumadora personalidad la había llevado a caer en su juego.
-Y-yo. ¡No me interesa tu nombre! ¡Eres… eres una mala influencia! ¡Yo no soy así! -En cuanto se dio cuenta de su repentino arrebato tapó rápidamente su boca ambas manos. Agradeció haber salido al jardín para ver la fuente como Ashley había sugerido, pues estaban lejos de los oídos de todos. -¡¿Ves?!
-¿Te sientes mejor? -La pregunta repentina la impactó un poco, pero lo hizo aun más el hecho de que, efectivamente, se sentía bastante mejor que hace algunos minutos.
-Yo… sí. -Al ver la confusión en los ojos de su compañera, el chiquillo sonrió amablemente.
-Siento haberte molestado. Mi papá dice que cuando alguien esta agobiado debes darle un pequeño empujón para que se libre de la frustración.
-Tú… ¿Me hiciste gritarte a propósito?
-Claro. Supuse que no querrías hacer una escena así que te traje aquí antes.
-Eres…
-¿Soy genial?
-¡Eres horrible! -Exclamó Diana al darse cuenta de que había sido totalmente manipulada sin siquiera darse cuenta.
-Gracias. -Diana hizo un puchero y le dio la espalda con los brazos cruzados. Ashley se sentó en el borde de la fuente. -Es unisex. Mi nombre es unisex. -Diana volteó por encima del hombro. -¿Quieres preguntar algo más?
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La primera clase del año. Numerología mágica II. Nada que no hubiese leído ya tiempo atrás. Siempre le resultó curioso como en realidad no necesitaba prestarles tanta atención a las clases, pero de todos modos sentía una necesidad natural de hacerlo.
Aun así, se permitió dejar vagar la mente por un momento. Pensó en Ashley; en como resultaría su primer día. Sabía que el muchacho no era para nada ignorante respecto a lo técnico de la magia. Lo que le preocupaba era algo diferente. ¿Qué pensaba la gente? Esa pregunta llevaba persiguiéndola desde hacía tiempo. Ella más que nadie sabía que muchos se guardan sus opiniones en pro de mantener las formas. En realidad ¿qué tan difícil le sería adaptarse?
Antes de que pudiera seguir con ese hilo de pensamiento algo más la distrajo; sus ojos se toparon con aquella cabellera marrón. Notó como la chica luchaba por mantenerse despierta. Esa persona aún le resultaba un gran misterio.
Sin herencia mágica.
Sin conocimiento suficiente.
Sin talento natural.
El cómo lograba mantenerse al nivel. No solo eso. El cómo había demostrado una pasión y potencial más allá de lo que jamás habría imaginado no podía menos que parecerle un tema digno de estudio. Aunque claro.
Tampoco tenía la más mínima intención de rendirse.
Y bueno… también estaba esa otra cosa.
Vio como la chica estaba a punto de caer rendida, pero logró darse a sí misma un par de golpes suaves en la cara para espabilar.
Lo estás intentando de verdad ¿no es así?
Bajó la vista por un segundo. Al volver a levantarla se dio cuenta de que Akko la miraba con ojos extrañados. Antes de poder empezar a pensar en que sucedía lo descubrió de golpe.
-Señorita Cavendish. -La profesora Badcock la llamaba ligeramente desconcertada por su falta de respuesta.
-E-eh… esto… ¿Podría repetirlo? -Se encogió ligeramente en su asiento mientras oía los murmullos a su alrededor. Incluso Hannah y Bárbara la miraban sorprendidas. También alcanzó a ver de nuevo a Akko. Ella le sonreía.
/
-¿Por qué fuiste tan obstinada?
No grites.
-¿Por qué tenías que ser tan obstinada?
No grites.
-Si tan solo me hubieras escuchado.
Está borracha. No. Grites.
-¡Idiota! ¡Eso es lo que eres!
No grites. No grites. ¡NO GRITES! ¡ELLA NO HABRÍA QUERIDO QUE GRITARAS!
-¡Cállese de una vez!
-A-Ashl…
-¡Ashley Cavendish! ¡¿Quién te crees que eres para levantarme la voz! -La mujer dejó bruscamente la foto sobre la mesa y se levantó de golpe. Enfurecida, se dirigió hacia el pequeño mientras levantaba la mano. Él no retrocedió.
-¡Tía Daryl! ¡No!
-¡Mamá!
PLAF
…
-…¿Edward? -El hombre recibió el golpe de lleno en lugar de su hijo. Procurando no mostrar el dolor que sintió, le dedicó una severa mirada a la mujer.
-Daryl. Tenemos que hablar. –Su hermana mayor lo vio con ojos enardecidos que rápidamente se tornaron en culpa al asimilar lo que había estado a punto de hacer. Lágrimas brotaron nuevamente.
-¡Lo siento! ¡Lo siento tanto! -Edward suspiró pesadamente. La rodeó con los brazos y salió con ella de la habitación. Los niños miraban absortos la escena.
-Diana. -El niño se dirigió a su prima. Estaba destrozada; a nada de hacerse un ovillo y mecerse adelante y atrás susurrando incoherencias. -¡Diana! -Ella elevó la vista con ojos suplicantes.
-Y-yo… -Apenas pudo articular esa palabra.
-Diana…. ¿Por qué te haces esto? Llora. Grita. Lo necesitas. ¿Y sabes qué? Yo también. -Diana sucumbió.
Era demasiado.
Demasiado injusto.
Demasiado rápido.
Demasiado cruel.
Por primera vez dejó salir sus sentimientos como un torrente desbordado.
Lloró, gritó.
Ashley la abrazó y la acompañó en su dolor.
Incluso sus primas se unieron a su plañir.
Y… vaya cosa. Se sintió terriblemente mejor.
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-¿Qué fue eso? -Su hermana le evitaba la mirada. No respondió. -Daryl por el amor de Dios, ¿Qué. Fue. Eso?
-Me deje llevar. -Respondió como pudo.
-¿Dejarte llevar? -Quería gritarle. Pero con los niños en la habitación de al lado era lo último que haría a propósito. Suspiró por enésima vez en el día. -Enfrente de su hija. Daryl. Enfrente de Diana. ¿Era necesario?
-No te me hagas el inocente conmigo. Piensas exactamente lo mismo que yo. La estúpida tradición la mató. -Aunque lo deseaba, no era capaz de aplicar furia a sus palabras. Tan solo impotencia.
-¿Crees que yo no me siento culpable? -Por fin lo vio a los ojos. -Daryl. No tienes idea. -Una lágrima se deslizó por su mejilla. -¿Crees que no viviré pensando que podría haberlo intentado más? ¿Qué podría haberla convencido de ver a un profesional? Pero ya es tarde. Y si queremos seguir adelante tenemos que permanecer juntos.
Las palabras se acabaron. Solo quedaban los sentimientos. Ambos se abrazaron. Se consolaron mutuamente. Edward depósito un beso sobre el cabello de su hermana.
-Ya… ya. Vamos a seguir adelante.
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No tenía pensado dividir este capítulo en dos partes, pero se me ha ido un poco el tamaño y no quiero que sea muy pesado de leer.
No ha sucedido mucho. Lo sé, pero me parece que es importante establecer los personajes y sus relaciones. Subiré la siguiente parte en un par de días. Quizá incluso mañana.
¡Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí! Espero que la historia te guste. Estoy tratando de no caer en los clichés típicos que he visto en decenas de fanfics de LWA. (Ojo, mientras esté bien escrita y sea disfrutable me da igual que una historia tenga clichés muy obvios. Simplemente quería intentar algo nuevo.)
Si tenéis sugerencias, comentarios, correcciones o cualquier cosa que consideréis digna de mención podéis dejármela que yo la leeré con muchísimo gusta.
Si os gusta la historia no os olvidéis de darle a follow y compartirla. Os lo agradeceré eternamente.
Y sin nada más que decir…
¡Hasta la próxima!
