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—Sabes, Kyoko, no te fíes de su porte de niño bonito. Cuando él te tenga… — Se detuvo, la miró seriamente, y sus manos se separaron a ambos costados — ¡Zaaasss! — dijo al mismo tiempo que sus manos se juntaban con impetuoso impacto — Te devorará —Gruñó— Y olvídate de tu pureza.

—¡Sho-chan! —decía la escandalizada joven con un fuerte sonrojo — ¡No deberías sólo juzgarlo sin tener…pruebas...

—No seas ingenua, Kyoko, ese tipo debe ser un acosador, un pervertido de menores. Mira que encontrarlo tantas veces no puede ser una coincidencia. Así que si algún día ese tipo de cara bonita y de piernas estúpida y exageradamente largas se te acerca, ignóralo o corre, porque a la primera que tenga su oportunidad y cuando menos lo pienses, se te lanzará, robará tus labios de doncella y hará otras cosas que diste en clases de esta mañana.

¡Escúchame bien, Kyoko! ¡Ese tipo es un lolicon!

...un lolicon!

...lolicon!

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El roce suave de unos labios, hizo que sus ojos se ensancharan exageradamente. Sintió que las manos de él la agarraron de los hombros y la alejaron con rapidez de ese contacto.

Ella se quedó paralizada durante unos instantes. Su trémula mano se levantó hacia su boca hasta rozar con sus dedos sus labios robados. El calor se extendió progresivamente de su rostro hasta llegar a las puntas de sus orejas.

—Kyoko-chan… Lo siento, no fue mi intención. Sólo fue un accidente.

Su mirada llegó fijo a sus ojos, pero luego fue bajando a sus labios. Podía verlos moverse, como si estuvieran articulando palabras. Más fuese su voz o cualquier sonido exterior, su cerebro no alcanzaba a procesarlos. Su mente sólo rememoraba la advertencia procaz que su amigo de la infancia, Sho-chan, le había mencionado.

Su boca comenzó a temblar y soltando un chillido ahogado, fue corriendo por el estrecho pasillo del tren, aunque a solo tres pasos, tropezó y cayó al suelo.

Kuon, que le siguió con la mirada en todo momento, se incorporó de su asiento para ayudarla. Pero como si no hubiera pasado nada, la joven se levantó con rapidez, giró su cabeza para mirarlo, y como si temiera de algo, lo desvió de nuevo al frente, corriendo o huyendo hasta desaparecer de su vista.

Todos, o los que estaban despiertos giraron al unísono una vez ya no la vieron. Lo miraron a él, y Kuon, ante ojos curiosos, sentía como si hubiese cometido un delito, o peor aun, se sentía como un verdadero pervertido.

—No fue nada —dijo — Sólo fue un accidente — susurró, volteando y sentándose para ignorarlos.

Reposó su cabeza hacia atrás, posó su mano en sus ojos y una pequeña risa irónica salió de sus labios...

Tal vez ahora si fuese visto como un pervertido.

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Como si hubiese corrido kilómetros, su corazón bombeaba a mil por minuto. Sentía un cosquilleo en los labios, y eso no le gustaba.

Eran suaves...

Sus ojos chocaron con su reflejo en el espejo, y se horrorizó al verse con expresión de doncella enamorada.

¡Pue-puede ser un pervertido!

Sacudió su cabeza con vehemencia y pegó sus mejillas con ambas manos. Una de las mangas se deshizo en uno de sus brazos, y volvió a remangarlo.

¿Un pervertido puede oler tan bien?

Alcanzó el cuello de la chaqueta e inspiró su perfume con los ojos cerrados. Sus cejas se fruncieron al percatarse de lo que estaba haciendo.

¡Tal vez si sea un pervertido!... Creo que me está...¡contagiando!

Pero solo son cuatro años ¿no?

No puede ser un pervertido...

Pero es imposible que él se fije en una niña como yo... Entonces...

¡No!...Eso...eso...¡Solo fue un accidente!

Convencida con su argumento, asintió con firmeza, se irguió y buscó por debajo de la chaqueta el pequeño paño que tenia en el bolsillo de su abrigo. Lo mojó y lo exprimió con cuidado. Mientras exhalaba un suspiro, se vio una vez más en el espejo, parpadeó unas cuantas veces y se rió. Se quitó la gran chaqueta y quedandose unos segundos más, se decidió en salir.

Fue de nuevo por el pasillo. Miradas curiosas fueron posadas en la jovencita, que iba con pasos cortos y hasta temblorosos si se la veía mejor.

Respiró profundamente, y cuando llegó a su asiento, le vio a él con los ojos cerrados.

Su rostro se tornó completamente rojo. Pasó frente a él para llegar a su asiento y al mismo tiempo pegó su frente con el paño humedecido.

—Auchh — Kuon abrió los ojos, sintiendo a la vez que su chaqueta llegó a su regazo. Ladeó la cabeza, mirándola sentada lo más alejada posible de él. Suspiró y decidió solo ignorarlo — Gracias Kyoko-chan, pero no creo que esto sea necesario. He estado en climas mucho mas fríos que este y nunca me he resfriado.

El silencio fue la respuesta, o al menos él así lo creyó, ya que ella musitó muy bajo.

—¿Kyoko-chan? — La vio dar un respingo cuando la nombró —...Lo de antes —expresó titubeando —, eso fue solo un accidente... Realmente lo siento. —se acercó un poco, tratando de obtener algo de atención, pero ella se encogió más en su asiento.

Unos segundos tardíos pasaron, antes de que ella dijese algo.

—E-e-e-e-esoo so-solo fue un acci-de-dente ¿verdad?

Los ojos de Kuon se agrandaron, sorprendido al oirla sugerir otra cosa. Pero lo que mas le sorprendió fue que no lo haya confirmado de inmediato. Eso... solo fue un accidente.

— U-u-u-usted no está di-diciendo nada — Le oyó decir en un chillido desesperado.

— Solo fue un accidente —Respondió casi exclamando. Y Kuon no se reconoció, vacilando ante una niña y hasta creyendo que lo ocurrido fue una acción hecha por cuenta propia... Y bueno, sí, lo fue. ¿Que razón tan obstinada tenia él por negarlo? ¿Por qué lo había hecho? ¿Ella? Imposible, a él le gustaban las mujeres maduras, de grandes curvas, atractivas y bellas... No es que ella no fuese bella, lo era, solo que...

¡Lolicon!

Su mirada disparó adonde la palabra había sido exclamada.

— ¡Sabía que te gustaba ese tipo de anime!

Sintió que sus mejillas se calentaban de la vergüenza. La vio, ella también había girado a mirar hacia quién exclamó esa palabra.

La joven estaba tan pegada a la ventana que dudaba que sus pensamientos referente a él fuesen buenas.

Pero por favor, no podía ser un lolicon, ella no cumplía con esos requisitos, ella no era del todo una niña...

Kuon tienes que calmarte

El dolor de cabeza aumentó, parecía como si sus otros síntomas se hubiesen también intensificado.

— Hi-Hizuri-san, u-u-usted...

Bien, tal vez ahora seria sentencionado por ella como un pervertido...o peor.

—¿Uh?... ¿Qué...qué...

La miró extrañado decir eso, y entonces oyó a otras personas también murmurar confundidos, dándose cuenta después de lo que estaba ocurriendo.

— El tren... ¿se está deteniendo?

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N/A: Disculpen a ésta humilde escritora. Pero verán, mi laptop murió! O está en coma TnT... Bueno, ocurre que escribí ahí el capítulo, ya tenía más de la mitad y se quedó ahí. Anduve preocupada, ya tenía más de una semana en no publicar y mi laptop estaba lejos, no podía ir a dormir pensando en esto, así que me desperté, agarré un cuaderno y un bolígrafo, y empecé a escribir. A la antigua. Después ya se imaginarán el doble trabajo escribiendo en mi celular... En serio, habrá quienes escriben de esa manera, les veneró. Para mí me es difícil escribir en el celular, es terrible, soy algo lenta.

En fin, lo siento de nuevo, y sinceramente estoy teniendo ciertos problemas en la vida, es por esa razón que me está costando seguir escribiendo.

Espero que les haya gustado, y muchísimas, muchísimas gracias a quienes comentaron y pusieron en favorito mi fic. Soy feliz como una lombriz.