N/A: !Una persona más se ha unido! Si aun no lo han visto, vayan a leer la historia de Allerya Windrunner
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El tren quedó varado. Eran casi las cuatro de la tarde y no se imaginarían que, tan frío sería si fuera de noche o de madrugada.
La nieve caía mágicamente, brillaba, descendiendo lenta y suavemente como si danzará en el aire, todo era hermoso…, todo hasta que el incisivo viento soplaba con tanta fuerza, que podría calar hasta los huesos de quien se aventurará a retarlo.
Mientras eran avisados de que saldrían a caminar para buscar el hotel adonde se alojarían temporalmente, una jovencita miraba abajo con ambas manos unidas enfrente. Sus dedos se retorcían con nerviosismo, manteniéndose siempre lo más cercana a la ventana.
Un escozor de molestia picaba a Kuon por tal comportamiento, pero cuando todos ya se levantaban, él ahogó un suspiro e hizo lo mismo. Un pequeño mareo surgió por un instante, se agarró del asiento y esperó a un costado. Cerró sus ojos y de repente, sintió una ligera brisa pasar a su lado.
— Entonces…me…me adelantó — Oyó su entrecortada voz alejarse, cuando abrió los ojos y miró hacia atrás, ella ya se había marchado.
Creyendo ser discreta, aunque en realidad no fuese nada bien fingida, ella se alejó. Kyoko quiso mirar sobre su hombro, algo preocupada de que él se haya quedado atrás, pero no lo hizo y siguió avanzando.
No podía enfrentarlo, no podía seguir mirándolo, no podía o no tenía que confiar en un desconocido. Después de lo sucedido, su mente seguía vagando en los recuerdos de las palabras de Sho-chan, pero además de eso, se sentía avergonzada; al oír a alguien pronunciar la palabra: Lolicon, su rostro había girado bruscamente hacia esa persona, y le había visto a él también girando. Para su sorpresa y desconcierto, él estaba sonrojado. Fue una tremenda conmoción ver a alguien como él, un hombre apuesto y absurdamente guapo, sonrojándose por lo que sospechaba o intuía era por esa palabra en particular.
La mente dejó de divagar al chocar con una persona. Alzó su rostro y se disculpó de inmediato. Sus ojos miraron después a su alrededor y cuando se encontró con caras ruborizadas y murmullos de oído a oído de algunas..., de casi todas las mujeres, entendió que él estaba atrás.
Kuon llegó a encontrarla rápidamente, pero no se acercó a ella por el momento. Solo la observó con los ojos entrecerrados, de tanto en tanto la miró con sobria expresión. El leve escozor de molestia aumentaba progresivamente por dentro. La distancia que mantenía era una señal que tal vez en sus pensamientos su imagen había llegado a ser para ella la de un pervertido. Tal vez un lolicon como lo escuchó anteriormente de un desconocido.
Algunos fueron a quitar de su valija más abrigos, guantes o gorras para combatir el frío. Pero ella no y eso le resultaba extraño. Él la seguía con la vista, ella había quitado de su cartera una gorra, pero nada más.
Lo pensó y se decidió. Trató de hablarle para ofrecerle otro abrigo sacado de su maleta, pero audazmente, ella fue con celeridad hasta las puertas. Un gran suspiro salió, cansado y ofendido por su comportamiento. Desde la primera vez que vio a "Sho-chan", su criterio respecto a él no fue buena. Ese chico le disgustaba por una y otras razones.
Siguiéndola afuera, él inmenso frío heló de golpe su rostro. Sus ojos la divisaron a unos metros. La llamó, pero la vio adelantarse. Inspiró profundamente tratando de sosegarse y continuó sus pasos. Como si hubiese sido percibido, ella aceleró, aunque sus largas piernas llegaron cerca en un instante.
—Kyoko-chan —su tono no pudo ocultar cierta irritación.
Como si hubiese sido pillada, ella se quedó inmóvil. Kuon fue despacio hasta tenerla de frente, sus ojos se encontraron con los de ella en un imprevisto tratando de escapar de los suyos.
Él esbozó una gran sonrisa, una falsa, tal vez irónica. Se acercó un poco, pero como si fuera una presa cerca de ser comida por su depredador, ella se tambaleó hacia atrás queriendo caer.
Kuon se apresuró, sus manos la agarraron, sin embargo la tendieron arriba sin saber cómo...
— ¿Uh? — él miró confundido. Con los brazos medio extendidos tenía a la joven en sus manos. La movió de arriba a abajo, como si estuviera comprobando su peso y entonces lo entendió. Demasiada liviana para él, casi como una pluma, se decía.
Kyoko lo miró con la cara enrojecida del frío, pero hecho tomate al verse levitar de esa forma.
— Po-po-podrías ba-bajarme...por favor… —dijo con los ojos bien cerrados.
Él la miró detenidamente, percatándose de lo que estaba haciendo. Su boca se entreabrió queriendo salir de él una risa, pero se aguantó y mordió su labio para aguantarse.
La bajó al suelo. La nieve comenzaba a cubrirlos y él, disipando la risa que contenía, estuvo por tomar la palabra, pero ella se adelantó.
— Hay algo...que quiera... ¿Hizuri-san?
Kuon no pudo ocultar un sutil gesto de enojo al verla con la vista baja y hasta retrocediendo unos centímetros más. Aquello le estaba molestando demasiado.
— ¿Me estás evitando?
Los ojos de Kyoko titilaron al alzar su rostro y mirarlo, pero una vez más bajó su cabeza. Sus dedos apretaron de su bolso, poniéndose demasiado tensa.
Quedó en silencio y él la recorrió con ojos serios.
— ¿Por qué? —dijo cortante.
Algunas personas pasaron a sus lados. Comenzaban a partir.
—Kyoko-chan
Él dio un pequeño paso y ella retrocedió otro grande.
Kuon sintió subir un sofocante calor por todo su rostro. Su enojo aumentó sin ya poder controlarlo. ¿Acaso no se habían pasado hablando en casi todo el transcurso? ¿Ella desconfiaba de él y en verdad creía que era un pervertido? Creyó que después de eso, ellos habían creado una relación, tal vez de amistad.
Aunque sabía que él tenía cierta culpa, por alguna razón la ira solo aumentaba, sin entenderse.
— ¿Acaso...piensas que soy...un pervertido?
Kyoko alzó bruscamente su rostro.
— No...,no es así —dijo sacudiendo su cabeza.
Lo oyó soltar una risa y lo miró confusa.
— ¿Quién diría que alguien me llamaría algún día pervertido? —alegó él entre risas, mirando a la nada — Kyoko-chan —Su mirada volvió a ella, sonriendo de medio lado — Lo que paso fue un accidente y nada más. Nunca podría tener intenciones de hacerte algo así. No te pongas nerviosa, eres muy menor, no eres de mi gusto, nunca podría considerarte como una posible conquista, ¿entiendes?
El corazón se le oprimió en su pecho, sintiendo como sus palabras eran dirigidas con tono de burla hacia ella, la lastimaban y la acuchillaban por dentro como frías y afiladas dagas.
Desvió sus ojos de su presuntuosa y sarcástica sonrisa. Apretó un puño agarrando de su bolso, su otra mano se posó en ella, tratando de ocultar cualquier gesto que exteriorizará dolor.
— Sí... — Asintió con la cabeza, mirando sus zapatos — Lo siento mucho...Hizuri-san —Inclinó su cabeza y se mantuvo así durante unos segundos.
Kuon miró hacia un costado, su sonrisa fue desvaneciendo, hasta que sus ojos posaron inexpresivos de nuevo en ella. Mencionó su nombre y la vio erguirse lentamente hasta mirarlo. Pudo ver lo mucho que intentaba no desviar su mirada. Ladeó su cabeza, mirando entonces adonde todos iban yendo.
— Vamos... —susurró— Tenemos que irnos... —se corrigió mirándola por un rato para luego volver su vista en cualquier lado menos en su rostro.
—Sí —musitó ella tratando de tragar el molesto nudo que se le había formado en la garganta. Dando primero un paso lento, se adelantó, tres más y aceleró. Si él no le seguía, entonces no le esperaría.
Hundió una mano helada en su bolsillo, mientras se apresuraba en tratar de escabullirse entre la gente para así perderlo. Herida, sus ojos ardieron, enfadándose entonces por ser afectada con sus palabras. Tenía que estar aliviada, no tenía que estar así, lo que dijo tenía sentido, él no podría sentirse atraído por alguien como ella.
Sintió un peso llegar a sus hombros, y se sacudió por la sorpresa. Giró su rostro y él estaba ahí.
— Si no te abrigas más, puedes enfermarte. Te la prestaré, por favor no lo rechaces.
Kyoko alcanzó con las manos sobre sus hombros, las solapas de una gruesa y grande chaqueta. Sus ojos lo miraron un segundo y luego bajaron. Apretó sus labios y enterró sus dedos sobre la suave y mullida tela.
— Yo...no...
— Te la estoy prestando, puedes devolvérmela cuando quieras — dijo por última vez y luego se alejó.
La de ojos ámbar lo miró alejarse. Sus manos se aferraron a su chaqueta, cálida y llena de su fragancia.
Su mirada no fue la misma que minutos antes le dedicaba, no era una sonrisa falsa, ni tampoco una angelical, no era una de enojo, no era una expresión presuntuosa y sarcástica como aquella que le había hecho tanto daño.
Su mirada fue lejana, una muy distante.
Ella ahora reconocía su culpa.
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N/A: Muchísimas gracias a quienes se detuvieron a escribir un comentario y a todos aquellos quienes votaron por mi historia! :D
Mi laptop vivirá, solo tengo que esperar unos días más para tenerlo en mis manos TnT
