.

.

El viento se volvió más frío e intenso. La nieve caía como una lluvia continua. Mientras que el ocaso del atardecer desaparecía, la penumbra no era suficiente para distinguir el camino.

— ¡Kyoko-chan!

Gritó desesperado. Alzó su brazo sobre su frente, tratando así de vislumbrar lo que tenía adelante. Con los ojos entrecerrados la notó a unos metros, corriendo sin dirección alguna.

—¡Kyoko-chan!

Gritó una vez más, pero su voz no parecía alcanzarla. Luchó contra el viento que lo trataba de inmovilizar, sus entumecidas y casi congeladas piernas llegaron a rastras hasta ella.

— Espera, Kyoko-chan —le exclamó estando ya cerca — Detente, allá no es el camino.

La joven paró, pero no giró, ni le dijo nada.

Él volvió a llamarla, y ella está vez giró con brusquedad, mostrándole una feroz expresión de cólera.

— ¡Deje de seguirme, pervertido! —gruñó.

Kuon retrocedió un paso, completamente atónito.

— No —murmuró — ¿Por...por qué…

— No se haga el desentendido —dijo la de ojos ámbar mirándolo directamente —. Lo de hace rato no fue por accidente, señor, sé que lo hizo a propósito.

— No,...no — replicó pasando una mano nerviosa sobre su cabello — Fue un accidente…yo…no lo hice por cuenta propia,...mi cuerpo reaccionó solo,.. yo no tenía idea, fue un imprevisto, no...no me di cuenta,...fue tarde para detenerme, fue...inevitable…

— ¿Inevitable? —rió con sarcasmo — ¿Fue inevitable que me besé? Sé que un accidente puede ser un suceso imprevisto e inevitable, pero lo que usted hizo, señor, no lo fue, no quiera escudarse con esa palabra, porque lo que hizo son los indicios de ser un lolicon.

Kuon se puso pálido, mientras negaba repetidas veces.

— Es el destino, Kuon — dijo alguien a su lado. Giró apabullado, encontrándose con su amigo Yukihito — Siempre lo supe.

—¿Qué? —preguntó pasmado.

Yukihito ladeó la cabeza con una sonrisa maliciosa — Tu destino es ir a la cárcel por pervertido —declaró mirando a cierto punto lejano.

El sonido de un mazo llegó repentinamente a sus oídos.

— El acusado es declarado culpable —dijo alguien con potente voz.

Sintió que unas manos lo agarraron de cada brazo, y seguidamente escuchó un sollozo, giró hacia el sonido de ese conocido llanto, y vio a su madre llorando en brazos de su padre.

— ¡No! —gritó mientras era llevado a la fuerza— ¡No lo hice a propósito! ¡Fue por accidente! ¡No soy culpable! ¡Fue por accidente! ¡Fue por accidente…!

—Hizuri-san…

.

—Hizuri-san…Despierte.

..

— Despierte.

Sus ojos se abrieron de golpe, y desorbitados miraron de un lado a otro, hasta que de repente se encontraron con el rostro de una joven de ojos dorados.

— ¿Está bien? — dijo ella preocupada.

Kuon parpadeó, cerró los ojos y los volvió a abrir. Espabilado, se percató de que lo de antes fue solo una pesadilla.

Se incorporó y la miró. Ella estaba sentada en seiza a su costado, muy cerca sobre una mesita de madera, se hallaba una bandeja que contenía una variedad de platos tradicionales de Japón. Miró esta vez a su alrededor, nadie estaba, y entonces recordó que muy temprano en la mañana, le hablaron, diciendo que cómo no estaba en buenas condiciones para el viaje, él podría ir en cuanto mejore, igualmente no le cobrarían por el boleto.

Su vista volvió sorprendido a la joven. Ella ya no debía estar ahí.

—¿Kyoko-chan? —dijo aún escéptico.

— Sí… —respondió. Sus manos unidas en su regazo se apretaron algo inquietos — Volví…

— ¿Por...por qué? —preguntó confundido — ¿No todos ya se fueron?

Kyoko lo miró detenidamente —Ya son las doce, Hizuri-san —explicó—Hace rato que se fueron.

— ¿Qué? — Kuon observó cómo la joven acercaba la mesita a él. Sus movimientos tan elegantes y dichos de las japonesas que solía ver en películas, lo dejaron embelesados.

— Tiene que comer algo para tomar su medicina —dijo titubeando en su mirada.

— Gracias… —dijo él aún confuso — Pero...Kyoko-chan… ¿Por qué regresaste?... ¿No debías estar…

— Fue para cuidarlo… —respondió.

Sorprendido, él calló durante unos instantes. Pensaría que ella debía estar enojada por lo que dijo o tal vez creyendo que él aún era una pervertido. La pesadilla la tenía muy vivida en mente.

— ¿Por qué? — preguntó él de nuevo.

— Bueno… —dijo ella— Ya me estaba yendo, pero al final…volví para atenderlo, tenía que hacerlo, porque sino me sentiría culpable…, fue mi culpa que usted haya terminado así.

— No, no lo fue —replicó él de inmediato — Además ya has hecho suficiente ayer, y de verdad muchas gracias —esbozó una gran sonrisa, recordando como los huéspedes comentaban el buen cuidado que le había dado su prima. Le asombró que ella hubiera inventado esa excusa, pero más que hubiera regresado — Nunca pensé...que volverías —afirmó. Sus palabras quedaron inconclusas, recordando lo que él le había expresado antes de todo.

— Tampoco lo creí —confesó ella— Pero por una parte...fueron por las palabras de ayer.

—¿Palabras? —preguntó sonriente.

—Sí —musitó sonrojada — Por lo que me dijo usted, Hizuri-san. Supongo que estaba arre… —se detuvo y de repente su rostro se tornó severo. Frunció el ceño y murmuró con voz sombría — No se acuerda lo que me dijo ayer, ¿verdad?

— ¿Ayer? —dijo pensativo. Ocultó el sobresalto que le causó la expresión tan oscura de la joven — ¿Cuando…?

La vio quedarse inmóvil y luego esbozar una extraña sonrisa — Entonces sólo coma, Hizuri-san. No debería hablar tanto que le dolerá la garganta.

— Pero qué era lo que—

— La comida se enfriará —interrumpió— ¿O tiene otra cosa que decir?

Una gota de sudor caía sobre la sien de Kuon, preguntándose qué era lo que tenía que decir. En realidad no tenía apetito, pero tenía que acabar con lo que estaba enfrente. Ella le había servido pensando en su salud.

— Muchas gracias por la comida — dijo sonriendo falsamente, pero lo dicho no parecía ser la respuesta correcta. Por alguna razón, ella sin decir nada lo miró con la misma sonrisa, solo que la comisura de su labio temblaba, y sus ojos se entrecerraban hasta ya no poder verlos.

— Si no le gusta, sólo coma la sopa — murmuró —. Entonces, ya me retiro —Se levantó rápidamente, pero Kuon la detuvo, alzó presuroso un brazo y la llamo.

— Por lo de ayer —dijo cuando ella paró a mirarlo — lo siento mucho, lo que dije fue solo por el enojo…y me arrepentí de eso al instante. Estuve muy mal y me avergüenzo de mi conducta…

Los ojos titilan mirándolo, hasta que da un profundo respiro

—Entonces —dijo ella — ¿Esta diciendo que lo que dijo no fue verdad…o esta diciendo que dijo la verdad por el enojo?

Kuon sintió su corazón oprimirse al escucharla, y sabía que debía ser lo contrario, sus palabras más que lastimarlo le hacían más daño a ella — No es así —repuso — Mis palabras nunca tuvieron sentido, solo lo hice…con intención de lastimarte…, porque me enojó y me lastimó mucho…lo que pensabas, el como me evitabas… Sobre lo que ocurrió antes, en el tren…, fue por accidente, por error moví mi cabeza… Lo siento mucho — Después del sueño, y mucho antes de eso, supo que lo que decía era mentira, pero nunca le diría la verdad, no quería que ella lo viese como pervertido por esa razón.

Kyoko lo miró fijamente, como si le estuviese estudiando — Entiendo —contestó— Si solo fue un accidente no hace falta que se disculpe, y por lo demás, lo perdono, yo también siento lo sucedido — hizo una reverencia, y sin decir más, se retiro.

Kuon comenzó a comer, pero luego paró, llevó una mano sobre su frente y exhaló un suspiró. Las expresiones y las palabras que utilizó, no le parecían y eran distantes a como fue cuando estuvieron en el tren, antes de que todo aquello ocurriese.

.

.

Después de que Kyoko lo haya obligado a dormir la siesta, y después de ir a bañarse, se decidió que la fiebre había bajado notablemente. Agradecieron a la Okami del ryoukan por la hospitalidad, y entonces retomaron el viaje.

Kuon estuvo decidido a pagar por el boleto de Kyoko, pero después se enteró por ella que ya antes, habían llamado al ryoukan para avisarles que no les cobrarían.

Terminaron sentados uno al lado del otro, está vez ubicados así intencionalmente.

El transcurso fue silencioso. Ella le había dicho que hablar no era conveniente mientras su garganta aún dolía. Intercambiaron apenas algunos comentarios, y luego él la vio dormir durante unos minutos.

En casi tres horas de viaje, el tren llegó a su destino. Fueron a recoger sus maletas, y como él ya lo vio desde antes, ella llevó una cartera y una mochila. Se preguntaba a donde se dirigía con tan poca carga, pero antes de siquiera considerar hacer la pregunta, ella comenzó a darle indicaciones y remedios caseros para su cuidado.

Después de salir, permanecieron quietos en la estación de tren. Ninguno de ellos sabía en donde irían, cuanto tiempo estarían, si uno se quedaría, o si tal vez se volverían a encontrar. Por dentro había preguntas por formular, palabras que decir, disculpas por reiterar o agradecimientos que dar, pero ninguno tuvo las agallas para decir lo que querían o necesitaban saber.

Kuon entonces agradeció profusamente el cuidado con el que le asistió, y en ese momento, los recuerdos pasaron simultáneamente, como una ráfaga repentina que lo alumbraba e incitaba a que dijese más, porque no quería alejarse de ella, porque quería encontrarse con ella una vez más... Todo surgió bien hasta ahí, pero luego llegaba él: un muchacho de diecisiete años que desde un principio fue considerado un pervertido, uno que le robó un beso y que luego fue cruel, negando el hecho como si nunca lo hubiese ocasionado.

Él se guardó el torbellino de pensamientos y recuerdos, cuando de improviso ella se despidió. Se fue, se alejó y él quedó solo, al menos así lo pensó, hasta que siguió su camino y la volvió a encontrar. Una gran sonrisa nació de su rostro, y antes de revelar o no su presencia, ella lo notó. La vio mirar atrás de reojo, y una pequeña sacudida de sus hombros le delató que ella si lo había visto.

Aunque quisiese acercarse, no lo hizo, suponía que ella no lo quería así, después de solo haberlo ignorado.

Sus pasos siguieron coincidiendo aún cuando giraban hacia otra dirección, y de nuevo, repentinamente se separaron.

Kuon respiró profundamente, y dedujo que ya no se encontrarían.

Luego de dos cuadras se detuvo a preguntar por una dirección, y entonces dando unas tantas vueltas la volvió a encontrar.

Demasiadas coincidencias lo extrañaron, y como ocurrió antes, ella lo notó, solo que ya no lo ignoró, sino que detuvo sus pasos y volteó a mirarlo.

—No te estoy siguiendo —dijo él antes de que dijese algo — Es el mismo camino.

—Sí, solo… —silenció— es mucha coincidencia —musitó y giró para seguir caminando.

Continuaron uno tras el otro, y ya no soportando el silencio, Kuon decidió hablar.

—¿Estás enojada aún conmigo? — preguntó— Por lo que dije, de verdad, lo siento…

—No lo estoy, Hizuri-san —contestó ella sin mirarlo — Ya lo he perdonado.

—No lo parece —replicó— ¿Hay algo…que aún te sigue molestando?

El crujido de sus pisadas fueron deteniéndose lentamente. Ella giró y lo miró con seriedad.

—Hizuri-san, sé que usted me ha estado mintiendo todo este tiempo.

— ¿Qué? —Kuon paró a un metro. Sus ojos se ampliaron al oírla, en mente sólo recordaba su mentira sobre el accidente —¿Sobre qué? —dijo trastabillando, la pesadilla lo seguía de cerca.

—Sé que sabe a lo que me refiero —bajo su mirada hasta sus manos unidas y luego lo alzó de nuevo a él — Lo hizo a propósito, ¿no?

Lo último que dijo, lo sobrecogió de tal manera que se quedó mudo durante unos segundos —No —negó al despertar del sobresalto— No, no fue a propósito… No sabía lo que… Fue por accidente.

—Tal vez sea una accidente para usted —repuso sería —pero sé cuál es la verdad, y me hubiera gustado que lo dijera tal cual como es.

—¿Qué…qué verdad?

—Lo que dijo esa vez…cuándo nos dirigíamos al ryoukan…sé que era verdad.

—Ahh… —Kuon suspiró de alivio, pero luego quedó perplejo al percatarse de lo que oyó —¿Qué?

—Lo dijo cuando estaba con mucha fiebre, supongo que por lo que dice fue por error…, me habló y me dijo que todo era verdad… Parecía mucho más sincero de lo que fue después…

—Espera —dijo negando con la cabeza— No, no sé a que te refieres, Kyoko-chan, pero no es como lo piensas —Había recordado que esa vez le decía algo, pero no recordaba que.

—No hace falta que lo niegue más —dijo con el entrecejo fruncido— Sé que miente porque está arrepentido, pero no me gusta oír la verdad y luego la mentira como si tuviera lástima de mi. Las palabras no se las lleva el viento, y ya lo entendí, lo que dijo esa vez es verdad y no me importa, usted tendrá sus gustos, no es algo que a mi me concierne, sé que lo dejó claro para que deje de pensar que es un pervertido.

—No, no —refutó mientras se frotaba la sien — No se lo que dije, pero no, no es así… Kyoko-chan, tal vez lo has malinterpretado… No, sé que lo malentendiste.

—Ya no importa, Hizuri-san. Tengo que irme…—dijo dando media vuelta para alejarse.

—Si importa —clamó en voz alta — Dime que dije, te voy a explicar. —sus pasos llegaron tras ella.

—Dijiste…que lo que dijiste fue verdad —trató de ir más rápido, pero no logró poner distancia — Y también decías…cosas extrañas…—confesó sonrojada — No te entiendo… Sólo váyase a donde tiene que ir…No importa.

—A mi me importa —su mano agarró de su brazo, deteniéndola y luego girándola para mirarla a los ojos — No quiero que te vayas con la idea equivocada, si nunca te dije fue porque no quería que pienses que soy un pervertido, pero yo…

Vamos, Kuon. No seas un gallina y dilo.

—Yo…siempre pensé que eras linda…y por alguna razón siempre me atraías… Después de conocerte sé que eres mucho más linda de lo que creí.

Un impecable carmesí fue tomando el rostro de Kyoko, y a Kuon, ya sea por ser contagiado o por las palabras que dijo, las mejillas también se le ruborizaron.

El momento fue interrumpido, cuando una voz se escuchó a unos metros.

—Kyoko-chan —oyeron ambos, y al mismo tiempo giraron la cabeza.

—Okami-san —susurró la joven.

Kuon soltó de a poco el brazo de ella, la mirada oscura y amenazante de cierto hombre lo obligaba.

.

.

.


N/A: ¡Lo siento! Me equivoque, en el primer capítulo la edad de Kuon dice dieciocho, al principio así lo puse pero luego percate que lo correcto es diecisiete, lo cambie pero había sido que no guarde. Por suerte me di cuenta de este gran error, y por eso recalco en este capítulo la edad correcta. Enseguida cambiaré esto del primer capítulo. Lo siento mucho! TnT

Muchas Gracias a todos los lectores y a quienes se detienen a comentar, me hacen muy feliz :3

Ahora estoy mejor, y bueno, aún sigo anotando en el cuaderno y luego escribiendo en mi celular… Ufff, que cansador, pero que más da jejeje

Espero que les haya gustado el capítulo.