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Sus ojos ardieron repentinamente. Sus pies fueron primero lentos y entonces corrieron entorpecidos hasta llegar a los brazos de la Okami. Kyoko no pudo contenerse y unas lágrimas salieron silenciosas, mientras la Okami le sobaba cariñosamente la espalda y le susurraba lo mucho que le había extrañado.

— Querido, ya deja… — Kyoko de repente la oyó murmurar algo, y entonces escuchó que Hizuri-san saludó.

Se alejó de la Okami y, secándose las lágrimas, vio por primera vez al Taisho. La sorpresa fue vasta, al descubrirlo con una mirada oscura y furibunda. Nunca le había visto con ese semblante, expresaba una muy evidente e intensa amenaza.

— Kyoko-chan, ¿por qué no nos presenta a tu acompañante?

La joven miró a la Okami, y luego al Taisho, quien no despejaba sus ojos del individuo inculpado. Siguió su mirada, y encontró a Hizuri-san demasiado tenso. A pesar de la tensión entre aquellos dos, sus mejillas se enrojecieron al recordar lo que éste le había dicho hace solo unos instantes.

— É-Él es Hi-Hizuri Kuon-san… —se acercó un poco a él, pero no lo miró por el bochorno que seguía encendiendo su rostro — Nos conocimos en el tren… —dijo— y co-coincidimos en el camino — terminó, sin añadir más. Había ocurrido muchas cosas: el tren se quedó varado, y ella en vez de retomar el viaje esa mañana, decidió quedarse para cuidar de su resfriado. Tal vez tendría mucho que explicar, pero no esperaba confesarlo todo.

Oyó y vio que Hizuri-san respondía con una reverencia. Su mirada igualmente nunca se dirigió hacia él.

— ¿Y por qué te sonrojas tanto? — sorprendida oyó al Taisho dirigirle la palabra— ¿Él hizo algo que te incomode?

— Querido —interfirió la Okami —, que dices, Hizuri-kun es extranjero y no conoce bien las costumbres en Japón.

Entre unas tantas murmuraciones, Kyoko sentía su cuerpo arder del bochorno. Miró a su lado de reojo, y vio que él se rascaba débilmente su nuca, en sus mejillas podía distinguir un rubor casi imperceptible. Sus miradas cruzaron, y ella sintió su corazón acelerar. Él le sonrió, con un gesto que le pareció tímido pero con cierto toque que denotaba complicidad. Sus labios se movieron, hablaron en silencio, y ella lo entendió como un: ¿me perdonas?. En respuesta, asintió con la cabeza, mirando hacia abajo por la vergüenza.

— Hizuri-kun — después de unos segundos de murmullos, la Okami habló —, si gusta puede visitarnos en nuestro restaurante Darumaya. Si se dirige hacia aquí, supongo que se alojará en algún ryokan u hotel de aquí cerca.

— Así es —contestó con una sonrisa genuina — Muchas gracias por la invitación, definitivamente iré. —concluyó mirando de soslayo hacia la joven.

Después de esas palabras, él se despidió y fue por otro camino. El Taisho aun mantenía una expresión de molestia, más aun después de advertir la mirada que intercambiaron los jóvenes en cuanto se despidieron.

— Querido, ¿no vas a saludar a Kyoko-chan?

El Taisho bajo la mirada en la joven que estaba cabizbaja — Has tenido a todos preocupados —dijo severo — Fuwa-san nos ha llamado, y ya le ha informado a tu madre sobre tu ausencia.

— Lo siento… —respondió mohína.

— Mañana volverás a Kyoto —continuó él —. Si quieres venir a visitarnos, no vuelvas a escapar de casa, o al menos avísanos que vendrás.

— Taisho-san —Kyoko alzó su rostro y él le acarició la cabeza.

— No nos vuelvas a preocupar — dijo con una pequeña sonrisa.

Kyoko asintió firmemente con una muy amplia sonrisa, y después siguieron su camino al Darumaya.

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Eran las siete y cuarenta de la noche, cuando la Okami vio por decima vez que la joven miraba hacia la puerta. Su expresión retornaba a una de decepción al ver quien entraba, y dando un suspiro, volvía a sus deberes.

— Kyoko-chan —la llamó sonriente — Ven conmigo un momento arriba.

— ¿Eh? Pero Okami-san… Hay muchos clientes ahora y aun me falta—

— No tienes porque ayudarnos, los empleados se harán cargo, ven, quiero darte algo.

Kyoko le siguió arriba, y entrando a una habitación, la Okami abrió su armario y quitó una gran caja de color rosa pastel con lazos dorados.

— Okami-san… Eso es...

— Es tu regalo de cumpleaños, Kyoko-chan. Ábrelo.

— Pero aun no es…

— Será en unas horas, es por parte de ambos — dijo dándole la caja en sus manos — Mañana te irás de nuevo…y hoy quiero verte con el regalo, estoy segura que él también lo querrá.

Kyoko dejó la caja a un lado de la mesa y abrazó a la Okami — Muchas gracias —susurró.

— Lo siento, Kyoko-chan —dijo acariciando su cabello — No nos despedimos cuando nos mudamos, y tampoco no nos hemos contactado mucho — La joven negó con su cabeza, musitando que no era así — ¿Has tenido problemas…con tu madre? —preguntó.

— No — refutó alejándose — Ella se fue de nuevo en un viaje de negocios… Les extrañaba…y quise venir a visitarlos…Mañana temprano volveré, mi resfriado no puede durar tanto, tengo que ir a la escuela.

La Okami esbozó una triste sonrisa y asintió — Abre tu regalo, Kyoko-chan —dijo nuevamente.

La joven agarró la caja y desató el lazo que lo enlazaba. Sus ojos se ampliaron y brillaron como si un cielo de estrellas se contuviera en ellos.

— E-es he-hermoso… —tartamudeó— Pe-pero nunca había tenido esta clase de ropa…y también están los zapatos… E-e-es de-dema…

— Es muy juvenil y dicen que muy pronto estará a la moda en Japón. — sonrió complacida — Pruébatelo, quiero verte con él.

Kyoko agradeció repetidas veces, hasta que la Okami salió y le dijo que la esperaba abajo.

Cuando se vistió todo, bajó por las escaleras, apenada al escuchar como la Okami elogiaba lo bien que le quedaba.

Iba vestida con un vestido de color magenta oscuro, de cuello ojal, y mangas largas, falda acampanada que comenzaba de la cintura y terminaba cinco centímetros por arriba de su rodilla; llevaba puesto unas medias largas de color negro, y se abrigaba con una americana de hilo de lana color añil; abajo, calzaba unas botas negras que llegaba hasta sus tobillos, con cordones y tacón de tres centímetros. Era un estilo casual pero elegante.

— ¿Y la bufanda, Kyoko-chan? —preguntó la Okami al no verla con ella.

— Deje la bufanda y la gorra —contestó, con sus mejillas ruborizadas— Es que…solo íbamos a estar aquí dentro…

— Está bien. Ven —cuando Kyoko se acercó, ella le quitó la liga de su cabello y la peinó con sus manos — Has crecido mucho. Estas muy linda — dijo con una gran sonrisa — Tienes que pedirle a Shou-kun que te acompañe en algún lugar para así presumir de tu vestido… Tal vez hasta se enamore de ti.

— ¿Eh? —repuso confusa — Okami-san —dijo con una risa a medias — Eso no sería nada factible.

Siguió riendo, hasta que de pronto se dio cuenta de que la Okami la llevaba afuera, en dónde se encontraban los clientes.

— E-e-espera, Okami-san —dijo deteniéndose justo cerca de la puerta — Ahí están los clientes, no...no puedo salir así.

— Vamos, Kyoko-chan. No seas tímida.

Con una fuerza que no sabe de donde la sacó, la Okami la haló hacia afuera y la encaminó hasta donde el Taisho estaba. Se relajo al ver que los clientes que se hallaban enfrente, solo estaban pendientes de comer, pero luego la Okami habló.

— Querido —lo llamó mientras éste se encargaba de sazonar la sopa— Mira aquí por un momento.

El Taisho miró de reojo hacia arriba, y luego volvió su mirada en la cacerola. Estuvo muy concentrado revolviendo, hasta que de repente se percató de lo que vio. Alzó con sorpresa su rostro y la miró.

— Mu-muchas gracias por el regalo, Taisho-san — dijo Kyoko con una reverencia.

— ¿No le queda muy lindo, querido?

El Taisho se quedó mirándola durante unos segundos, y después volvió su vista a su tarea.

— Sí —musitó con el ceño fruncido.

Kyoko ladeó la cabeza con confusión al notarlo de esa manera. La Okami a su lado se rió y luego se acercó a su oído — Es que te ves muy linda, Kyoko-chan —le murmuró— Cuando preguntamos por una prenda para alguien de tu edad, él dijo que eras demasiado joven para este tipo de vestido.

— Okami-san —Llamó un cliente que se sentaba en una mesa cercana— ¿Quién es la hermosa dama? Mi hijo está muy interesado en ella.

Kyoko volteó a ver, y notó que un joven cercano a su edad, la miraba muy abstraído aun cuando ella lo hubiese percatado. Sonrojada, giró su cabeza hacia otro lado, y entonces, repentinamente, escuchó un golpe seco. Brinco por el susto, y volteó a mirar hacia el Taisho; le podía oír murmurar algo sobre la edad.

La Okami, sin saber que decir, solo le comentó que ella no estaba disponible.

El cliente ya captando la negativa del chef, agarró del rostro de su hijo, para desviar la renuente mirada que le dedicaba a la jovencita, sin siquiera darse cuenta de lo que sucedía.

Durante unos segundos todo permaneció en silencio, hasta que un pequeño grito hizo que todos voltearan hacia la entrada.

— No puede ser...¡¿Ella es Kyoko-chan?! —exclamó con un extraño acento, una bella mujer de cabellera rubia — ¡Es tan linda, Okami-san! —dijo ésta mientras se acercaba — ¡Le queda perfecto!...¡Y ella es la noviecita de mi Kuon! ¡Tan linda!

Un nombre y una palabra hicieron que el Taisho desatendiera su tarea para girar a mirar a esa persona.

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N/A: Los nombres de los dueños del Daruyama son desconocidos, y en realidad, no quise inventarlos, así que solo lo deje en el anonimato como lo hace en el manga.

Como siempre, muchísimas gracias a los que votaron y comentaron por esta historia :D