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Cuando Hizuri-san, la madre de Kuon, le preguntó en inglés si es que quería salir con ellos en alguna parte, se sorprendió, y lo aceptó, queriendo ir a pasear en las calles para ver los montajes de luces navideñas.

Una vez terminaron con la cena, ambos padres pidieron permiso a los dueños de Darumaya para salir a pasear con Kyoko. Unas cuantas palabras, límites en horario, y número de teléfonos fueron necesarios para convencerlos. La Okami lo aceptó con más facilidad, pero el Taisho no le gustó mucho la idea, lo consintió porque iba con los padres, pero aún no podía confiar en cierto muchacho rubio que parecía interesado demás en la joven de ojos ámbares.

Kyoko fue arriba para llevarse la gorra y la bufanda. Bajó rápidamente por las escaleras, y vio a la Okami esperándola.

— Kyoko-chan—dijo acercándose— Él dice que tengas cuidado de no quedarte a solas con Hizuri-kun —expresó riendo entre dientes— Pero yo te doy mi consentimiento. Él parece un buen chico, y sus padres son buenas personas. Pueden pedirles para ir después por separado, vayan a pasear en dónde te comenté.

— Pero, Okami-san, yo no tengo problemas en ir con sus padres —comentó inocente.

La Okami le sonrió y le acomodó su cabello para ponerle la gorra — Mañana te irás y después ya no podrán verse. Quedarse a solas por un momento no es una mala idea, pueden hablar más cómodamente e ir a otros lugares —arregló su bufanda y se alejó para contemplarla— Estás muy linda. ¿No piensas que él te estaba viendo mucho? Pienso que él gusta de ti.

— ¿Eh? —Kyoko se ruborizó y negó con la cabeza —Ese chico solo estaba mirando mucho porque el vestido es demasiado bonito.

— ¿Quién chico? —la Okami rió al entender lo que ella entendió — No habló del chico de hace rato, habló de Hizuri-kun.

— ¡¿Qué?! —exclamó tornándose como un tomate — No, no, imposible. Qui-quiero decir Hizuri-san solo gu-gusta de mí co-como amiga… Solo eso.

La Okami solo asintió divertida, viéndola después partir muy sonrojada. Añoraba esos tiempos en los que en la juventud, se despertaba esos sentimientos de un primer amor.

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La mirada que su madre le daba cada que lo pillaba mirando a la joven, lo abochornaba, culpa de las insinuaciones que sabía profería en su mente. No hubo minuto en el que ella no le hiciese pasar vergüenza, pero cuando solicitó que se separaran, hubo un alivio que lo soltó con un suspiro silencioso. Aquello lo tomó de sorpresa, luego de haber salido a solo tres cuadras de Darumaya. Así que sin más reparo lo aceptó de inmediato.

—Sé que sabrás cuidar de una linda damisela—dijo su madre seria—, pero ten cuidado de no alargar una mano por accidente.

Y eso fue el detonante, para que dos caras estallaran con un rojo intenso.

— ¿Uh? ¿Qué pasa? —decía Julie mirando con curiosidad. Kuu a su lado, no atendía mucho, mientras comía de papas fritas sacadas de algún lugar mágicamente.

— Ma…por favor —de todo lo que dijo, lo de ¨por accidente¨ era lo que más le avergonzaba, ya que traía consigo recuerdos muy frescos a la memoria — Regresaremos en una hora — dijo despidiéndose para evitar más bochornos. Agarró a Kyoko de la mano y se largó rápidamente.

— ¡Pueden regresar unos minutos más tarde! —vociferó antes de que desaparecieran— Mi Kuon está tan lindo. Es la primera vez que lo veo así con una chica —decía emocionada a su esposo.

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— Hizuri-san…Espere…

Kuon giró hacia ella, y con tardía, se percató de que iba demasiado rápido y agarrando de su mano.

— Lo siento—dijo soltándola— Es que mi madre…

— Lo entiendo —asintió. Después de solo minutos, lo que dijo antes sobre no tener problemas en ir con sus padres, lo retractó al sentirse avergonzada de las palabras que Hizuri-san, la madre de Kuon, decía.

Kuon miró hacia las calles, viendo a dónde podían seguir.

— Okami-san me dijo sobre un lugar que es muy lindo… —le dijo ella— Podemos ir allí.

— ¿Sí? —él la miró con una sonrisa— Entonces tú serás mi guía.

El rostro de Kyoko se encendió, y no sabía por qué, tal vez sería por su sonrisa inútilmente bella y angelical, o tal vez porque desde hace rato ciertas personas parecían querer emparejarlos.

Caminaron uno al lado del otro, y Kyoko notó como siempre, que él llamaba mucha atención de las personas, en especial, de las mujeres. Frunció el ceño al ver demasiadas parejas, y de repente, un rayo de luz iluminó su cerebro.

Nochebuena, día especial en pareja.

Miró a Hizuri-san a su lado.

Su rostro comenzó a bullir, tanto, que parecía salir humo de ella.

— Kyoko-chan

— S-sí

— ¿Es cierto que tienes catorce?

— ¿Eh?...Ah, no… Quiero decir, estoy por cumplirlo.

— ¿Cuándo?

— Mañana…

— Oh… ¿Navidad?

— Sí.

Él quedó en silencio, pensando.

— ¿Y cuándo regresas? —preguntó.

— Regresó mañana…a la mañana.

Kuon escondió su asombro — ¿Tan rápido? —dijo calmo.

— Sí, en realidad… —miró abajo algo avergonzada— Escapé… Tengo que ir aun en la escuela.

— Es cierto, en Japón las clases terminan en marzo —dijo pensativo.

— ¿No…me vas a preguntar por qué escapé?

— ¿Uh? —él meneó la cabeza con una sonrisa— No, yo siempre lo hice.

¡¿Él es del tipo rebelde?! —pensó estupefacta.

— ¡Ah! ¡Kyoko-chan! —mirando hacia algún lugar, él agarró de su mano— ¡Tenemos que irnos rápido!

— ¿Eh? —sin darle tiempo a reaccionar, fue obligada a correr junto a él.

Mientras se acercaban, Kyoko se percató que adonde iban era en una joyería que estaba a punto de cerrar.

Estaban por apagar ya las luces, pero él entró con rapidez junto a ella, disculpándose, y diciendo si es que podía atenderlos antes de cerrar.

La señora no pareció gustarle del todo, lanzó un suspiro, pero cuando volteó a ver al cliente, su rostro se iluminó al encontrarse con un joven bien apuesto.

— ¿En qué puedo servirle joven? —atendió, observándolo. Su vista bajó y descubrió que él cogía de una mano — ¿Es un regalo para la señorita? — Observó a la chica que estaba a su lado. Interiormente pensaba en lo agraciada que debía ser ella para estar con alguien tan apuesto y detallista, y además, él era mayor.

— Sí —respondió él— ¿De qué tipo prefieres, Kyoko-chan? — soltó de su mano y observó en la vitrina.

— ¿Qué? No, no, no debe regalarme nada —dijo sacudiendo su cabeza.

— ¿Qué te parece un brazalete? Mira éste, ¿no es lindo?

— Hizuri-san, de verdad no de…—su mirada bajó adonde él señalaba y sus ojos centellearon al ver uno con delicadas flores y pequeñas perlas que se extendía por en medio, la cadena al parecer de oro — Es hermoso…

— Entonces éste estará bien.

— No, no —dijo con la boca temblorosa— No debe—

— ¿Éste no? —interrumpió, viendo de nuevo la vitrina— ¿qué te parece estás con zafiro?

— S-son hermosos… —tartamudeó al ver uno con una forma en singular que parecía salido de cuentos de hada.

Kuon miró adónde la vista de la joven apuntaba.

— ¿Ésta te gusta? —apuntó al de uno con zafiro azul.

— Siii…Qui-quiero decir…no…

— Entonces éste—

— Es-espera…— intervinó— No acostumbró llevar brazalete ni joyas…Se me caen fácilmente… Tengo miedo de perderlo —se excusó para tratar de detenerlo de comprar.

Él calló durante unos instantes, y Kyoko pensó que él ya desistió.

— ¿De verdad? —dijo mirando en otro lado de la vitrina— Entonces será mejor una cadena.

— ¡¿Eh?!

— Ésta —señaló por una parecida al brazalete anterior— Ésta está bien.

— Esa es de una marca de Mermaid Palace (Palacio de Sirena) —la encargada sonrió al ver la divertida situación— Es una cadena de plata —explicó — la piedra está tallado en forma de gota, es un zafiro de agua. A la señorita le quedará muy bien. Y estando en el cuello, no supondrá problema como con las pulseras, éstas se suelen perder una vez que te la quitas para hacer algo, pero con la cadena en el cuello, ese problema no habrá, y la mantendrás más seguro.

— Es muy lindo, y a ella le gusta mucho —respondió él, sin hacer falta de la opinión de ella. Sabía que a la jovencita le gustaban de ese tipo que parecían salidos de cuento de princesas y hadas— Llevaremos ésta—dijo con una sonrisa.

— Hi-Hizuri-san, espere, no puedo aceptar que…

— ¿Sí?

— No puedo aceptar que me regalé algo así…y…

— ¿Por qué no? Sí a ti te gusta.

— Po-porque…

Las palabras murieron en su boca, cuando vio su cara: Sus cejas ligeramente fruncidas transmitía pena, mientras sus ojos parecían mirarla como un triste perrito que pide ser consentido, sus labios se fruncían hacia abajo, como si estuviera decaído. Toda su cara expresaba lamento, tanto, como pedir ser mimado.

— Kyoko-chan… —musitó mustio— ¿Acaso no te gusta mi regalo? —bajó su cabeza y luego lo levantó lentamente mirándolo triste.

El corazón de la joven y también el de una señora que lo miraba, se aceleraron tanto, hasta casi dar un paro cardíaco.

— E-e-eso…Me...me gusta —tartamudeó ella completamente ruborizada. Nunca le hubiera creído con esa expresión.

— ¿Entonces…aceptarás mi regalo?

— Lo…Lo acepto. —dijo rindiéndose a su gesto de perrito compungido.

El rostro de Kuon se transformó al de uno sonriente. Una sonrisa tan angelical que solo hizo aumentar el pulso de las presentes.

Se dirigió hacia la vendedora, y compró la cadena.

Cuando ésta estuvo por envolverlo, él pidió que solo lo deje así, y entonces, desabrochando el broche, y pidiendo permiso, le colocó cuidadosamente el collar a la joven.

La vendedora se ruborizaba y hasta podía suspirar por ese joven muchacho. Si tuviera unos años menos y no tuviera esposo, él sería alguien a quien nunca dejaría marchar de su tienda. Absolutamente.

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Siguieron caminando uno al lado de otro. Kyoko estaba lo suficientemente sonrojada, hasta el punto que su voz fallaba al solo hablar. Ya le había agradecido por el regalo, pero después no pudo decir nada más. Cada que veía su sonrisa, o recordaba su anterior expresión, su corazón daba un gran salto. Un asesino—pensaba mientras se sonrojaba aún más— ¿por qué es tan…tan…y porque hace esa cara tan…tan…

— Es aquí, ¿verdad, Kyoko-chan?

Salto, al escucharlo repentinamente, pero cuando alzó su rostro y vio el lugar en dónde se encontraban, sus ojos brillaron.

Toda la calle estaba repleta de luces. Los árboles se iluminaban con guirnaldas luminosas; los locales, especialmente restaurantes y reposterías seguían abiertos, con montajes de diferentes tipos de iluminaciones, decoraciones, y músicas navideñas; cerca había un parque grande, en donde muchas parejas se detenían a contemplar los diseños de estructuras metálicas que resplandecían en sus diferentes formas, desde ángeles y trineos tirados por renos. En el centro de todo, una estructura de varios metros se forjaba, formando un sonriente muñeco de nieve.

— ¡Es hermoso! —exclamó ella extasiada. Antes nunca había tenido la oportunidad de ir a pasear de noche en la calle en nochebuena ni menos en Navidad. Los padres de Sho-chan se encargaban de ella ya que su madre lo pedía, al nunca estar esos días. En los últimos años, su amigo se escapaba unos minutos en la noche, siempre la dejaba sola, y en cambio, ella se pasaba encerrada en el ryoukan,curiosa de los noches luminosas que siempre oía comentar de los huéspedes o de sus compañeros de clases.

— ¡Vamos, vamos allá! —decía Kyoko emocionada, estirando de la chaqueta de Kuon.

Kuon al ver lo entusiasta que estaba, sonreía sin percatar, así como en las mayorías de las veces que tampoco se dio por aludido.

La siguió siempre a su lado, tratando de mantener su ritmo constante de agitación. Ella daba saltitos mientras descubría otro, más otros diseños; estrellas, flores, mariposas eran sus favoritas. Su emoción llegó al tope, cuando en lo alto se iluminaban sobre ellos luces que imitaban un cielo estrellado.

Él rió entre dientes, y la joven lo miró sonrojada y con el ceño fruncido.

— Es que es muy lindo…—murmuró ella.

— Lo es —dijo él mirándola a los ojos y esbozando una sonrisa.

— Ugh…Va-vamos allá…—volteó rápidamente para esconder su sonrojo. Su corazón parecía doler de tanto acelerarse, y temía por ello.

— Kyoko-chan —la detuvo de súbito— Me esperarías aquí por un rato.

— Eh…Sí —se fue antes de que pueda preguntar adónde iba. Se quedó sola, y recién dejando de vista las luces navideñas, se fijó en las parejas que iban de un lado a otro, algunos iban en grupo de amigos, y otros en familia. Todos parecían felices, y ella ese día, también lo estaba como nunca antes.

Pasaron unos minutos, hasta que él llegó, y la dirigió en una de la milagrosa banca vacía. Se sentaron, y él le pasó en su regazo una caja, le pidió que lo abra, y Kyoko sorprendida, lo abrió, hasta que el contenido hizo que sus ojos se agrandaran. Se quedó congelada, y luego escuchó unos murmullos, alzó su rostro y miró como algunos le miraban entre sonrojados, enternecidos, celosos, celosas, criticando… El rojo comenzó a subir a su rostro, y tapó la caja con sus manos.

— ¿Qué pasa? —preguntó Kuon confundido, percatándose también de las miradas.

— E-e-es un pastel —dijo abochornada.

— ¿No te gustan?

— No, es solo que es…Christmas Cake

— Sí…Es por tu cumpleaños de mañana.

— Gra-gracias…

— ¿Ocurre algo?

— Sabes…en Japón…Nochebuena y Navidad…es un día que más bien…se festeja…en pareja…

— Oh…

— Y el pastel…es algo…chico…para dos…

Kyoko lo miró de reojo, y se sorprendió de verlo algo tímido.

— Me preguntaba —dijo él— porque había tantas parejas…y porque tantos nos miraban…Lo siento.

— No, no —negó agitando sus manos— Muchas gracias por todo…El regalo me ha encantado…El collar…y el pastel… y también que paseáramos hasta aquí… Me ha hecho muy feliz.

Kuon la miró durante unos instantes y luego le sonrió. Muchas mujeres quedaron prendidas de esa sonrisa, sonrojadas por lo guapo que era. Kyoko bajó su rostro para no mirarlo; comenzó a comer el pastel con los utensilios que estaban en la caja.

— ¿Vas a comerlo ahora? —preguntó él.

— Ehm…Sí —dijo algo avergonzada. En realidad se había excusado de eso, para tratar de tranquilizar a su corazón — Cómelo también… Este pastel se echa a perder rápido… Es por eso que solo se venden hasta el veinticuatro…—agarró de un pedazo de fresa y cuando lo llevó a su boca, su rostro se iluminó de felicidad — Está riquísima.

— Entonces comeré contigo — se acercó un poco más, y agarró del tenedor de plástico para comer.

Mala idea. Kyoko sintió los nervios al tenerlo demasiado cerca. Su corazón latía rápido, y le asustaba que él pudiese oírlo.

— ¿Pa-pasarás la Navidad con tu novia? —farfulló ella cerrando con fuerza sus ojos. Fue lo único en lo que pensó para calmarse, y si oyera de su novia creía que lo haría— ¿O es que ella vive lejos como para ir a visitarla?

— ¿Novia?

— Sí... Cuando estabas enfermo tú la llamaste… Elly.

— ¿Qué? —casi se atragantó con el pedazo de torta, pero luego logró tragarlo de una— No…no es mi novia —dijo.

— ¿Eh?

— Es…mi mascota.

— Ah… —bajó su cabeza. Por alguna razón se sintió feliz — El pastel pensé que era chico como para comerlo los dos…pero creo que me estoy llenando… Tal vez podamos invitarles a tus padres.

— ¿A mis padres?

Los dos comenzaron a pensar en ellos, y cuando pensaron en Julie Hizuri, un escalofrío les recorrió el cuerpo entero, pensando en cómo les avergonzaría con el pastel que más bien era uno para pareja.

— Pienso que yo podré comerlo todo —dijo Kuon con el rostro oscurecido.

— No…Yo te ayudaré —repuso Kyoko decidida a terminarlo.

Los minutos pasaron y mientras hablaban y comían forzados, lo terminaron con el estómago a punto de reventar.

Fueron de vuelta. Kuu y Julie le encontraron con expresiones extrañas. El rostro de su hijo Kuon parecía fúnebre mientras se agarraba del estómago.

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N/A: El próximo capítulo será el final! Muchísimas, muchísimas gracias a aquellos que comentan, me hacen super feliz y me da energía :D Espero que les haya gustado.