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Cuando la mañana llegó, una pequeña celebración se inició en el Darumaya. A Kyoko le era difícil dejar de sonreír; ya desde que despertó sintió como las comisuras de sus labios parecían ligeramente tensos, se imaginaba que hasta en sus sueños no pudo dejar ese afán de sonreír al rememorar los acontecimientos del día pasado.
Para su pesar, desde temprano tuvo que prepararse para retornar a un largo viaje camino a casa, y sabía que con su regreso, el regaño que recibiría sería severo. Aunque igual lo sabía, la sonrisa seguía tallada en su rostro. No importaba cuántas veces lo pensará, nunca se arrepentiría de mentir y escapar de casa; los pocos días que pasó fuera, fueron unos de los días más felices en su vida.
Alistó la última ropa en su cartera y deslizó el cierre con cuidado. Miró la habitación por última vez y, con una profunda respiración, salió, se detuvo en la puerta, y tanteó con sus dedos la piedra azul en su cuello. Su boca se extendió en una amplia sonrisa, recordando que él le había dicho que iría a despedirse en la estación de tren.
Mientras el Taisho y la Okami la acompañaban para ir a la estación, atravesaron una calle en dónde el recuerdo de él surgía incesante en ella. Las sensaciones que experimentaba le traían a la más absurda sonrisa, sintiendo un extraño cosquilleo en el estómago, y un rubor tan conocido que calentaba toda su cara al repetir en su mente la voz y las palabras que por primera vez escuchaba de los labios de un hombre.
"Siempre pensé que eras linda"
Su corazón se le saltó un latido y aceleró.
"Por alguna razón siempre me atraías"
Podía sentir sus palpitaciones en los oídos.
"Después de conocerte sé que eres mucho más linda de lo que creí"
Con esa oración algo dentro parecía haber explotado. Se le dificultaba respirar, y no entendía como antes, cuando le había dicho tantas palabras mortíferas para el corazón, no murió en ese momento.
— Kyoko-chan, ¿te encuentras bien?
Miró a la Okami y al Taisho, que la miraban con extrañeza. Parpadeó un par de veces y sin saber cómo, se encontraba parada frente a la estación, con la mano apretándose cerca del pecho, en donde su corazón antes parecía querer saltarse fuera de su cuerpo.
— Es-estoy bien— dijo ruborizada, sí es que podía más.
Antes de que pudiera pagar por su boleto, el Taisho se adelantó y pagó por ella. Le agradeció profusamente, y luego se quedaron esperando afuera los minutos que faltaban para que el tren marche.
Buscó con la vista en todas partes, esperando a que él apareciese de cualquier lugar. Mientras los minutos pasaban y no le veía, la ansiedad hacía su cuerpo fuese de un lado a otro, retorciendo sus dedos sobre la tira de su cartera, tocándose el cabello una y otra vez, y mirando de nuevo a su alrededor para buscarlo.
La espera le era peor que esperar los resultados de un examen que pensaba había fallado.
Una última mirada a otra esquina y lo vio, los latidos de su corazón se apresuraban cada que le veía dar otro paso más cerca de ella, corría, y sonreía al verla, haciendo que los nervios y el aleteo de mariposas en su estómago se intensificaran.
— Lo siento, llego tarde —él se detuvo frente a ella, respirando profunda y silenciosamente por el cansancio. Saludó al Taisho y a la Okami con una pequeña reverencia. Al parecer la Okami le persuadió a su esposo para que se alejarán, y así pudieran darle un momento a solas.
Quedaron en silencio, a Kyoko se le hacía difícil mirarlo, su sonrisa parecía tener el poder de derretirla.
— Mis padres no pudieron venir —dijo él, cortando el silencio—, pero te enviaron esto.
Le pasó una bolsa de cartón con moño dorado. La joven sorprendida, sonrió y lo agarró con las dos manos, pidiendo que les agradezca por el regalo.
— Kyoko-chan…
— Sí —ella alzó su rostro y lo miró a él sonriente.
— Feliz Cumpleaños.
Cuando le vio bajar hasta su rostro y ladear la cabeza para presionar suavemente sus labios en su mejilla, sintió que el mundo daba vueltas, sus ojos se agrandaron y de repente hacía calor en pleno invierno.
Él se alejó y le sonrió. Kyoko sentía que su rostro se encendía y el corazón se le agitaba como loco.
— Tienes que entrar, el tren marchará enseguida—una voz asustó a ambos. El Taisho se encontraba enfrente, mirando a Kuon con el ceño fruncido de forma amenazadora. La Okami venía a unos metros para alcanzarlos.
Kyoko miró que atrás las personas comenzaban a entrar, desviando de nuevo la mirada en frente, bajó su cabeza que aun la tenía roja como un tomate.
— E-entonces ya me voy —tartamudeó ella.
La Okami de pronto la abrazó y le deseó de nuevo un feliz cumpleaños. Kyoko sonrió, y luego le oyó al Taisho también despedirse. Sus ojos fueron vacilantes adonde él estaba, y éste le devolvió una pequeña sonrisa.
— Adios, Kyoko-chan.
Ella con algo de tardía se despidió de él. Volteó y fue a pasos cortos, sintiendo como cierta tristeza surgía progresivamente en su interior al saber que ya no los volvería ver después de un largo tiempo. Estuvo por pasar las puertas, pero la exclamación de su nombre hizo que girará atrás, vio a Hizuri-san sonreírle, y ella no sabiendo cuando, también esbozaba una amplia sonrisa.
— ¡Vuelvo en un mes! —vociferó Kuon, y ella sintió que su pecho se henchía de una felicidad que no supo se la devolvería en tan solo un instante. Asintió tratando de contener la sonrisa boba que estaba por esbozar, y luego agitando una mano en el aire se despidió por última vez y entró.
A pocos minutos, el tren cerró las puertas y comenzó a andar.
Kyoko sentía el corazón bombear como un tambor, la comisura de sus labios se estiraban y temblaban de tanta emoción. La persona a su lado le miraba extraña, pero no le importó, su felicidad no podría apaciguarse aunque ella quisiese así disimularlo. Ese sentimiento la tomó intensamente sin que pudiese controlarlo. No podía dejar de pensar en él, y ansiaba que ese un mes pasará volando.
Sabía de qué se trataba, tenía que admitirlo. Estaba enamorada de Kuon Hizuri.
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Las severas reprimendas y las palabras que siempre dolían, no la afectaron tanto cómo siempre lo hacía. Recibir un castigo de su madre, era nuevo, y le sorprendía, porque cuando de ella se tratase solo acabaría con unas reprensiones y una mirada fría. Terminó siendo castigada con venir directo a casa después de la escuela, sin nada de desviarse del camino junto a Sho-chan. Su madre no estaría en algunos días, pero sabía que les encargaría a los padres de Sho para que la controlaran. En realidad, aquello no le parecía un gran castigo, ya que la mayoría de veces solo estudiaba o ayudaba en el ryokan; ella no la podía castigar de mejor manera, por esas causas.
Los días pasaban lentos, mientras marcaba en el calendario, ansiosa, porque pasase otro más. En algunas ocasiones pasaba en los lugares en donde habían coincidido, recordándolo, tratando de adivinar la razón del porque él andaba por ahí. Pero entonces, después de veinte días se alarmó. No sabía si un mes podría significar treinta días o solo un intervalo inexacto de tiempo.
Un día como cualquiera, según así ella lo trataba de imaginar para calmar su ansiedad, su amigo de infancia, Sho-chan, decidió tratar de preguntarle sobre lo que desde hace tiempo venía notando, y más al descubrir la piedra que recién lo había visto en la totalidad colgando de su cadena.
— Kyoko, ¿qué es eso? —preguntó, acercándose y tomando la piedra de su cuello— ¿Y eso desde cuando lo tienes?
— Fue un regalo —dijo ella quitándole la mano de su collar y poniéndolo de nuevo dentro de su ropa— Por mi cumpleaños —añadió.
— Hey, desde que llegaste ese día has estado… —se detuvo y resopló. Estaban en el receso del medio día, a la hora del almuerzo. Últimamente le notaba cambiada, ella ya no le prestaba atención como antes, y andaba siempre en su mundo, sonriendo y riendo repentinamente. Solo días antes, su apariencia también había cambiado, arreglaba más su cabello con peinados que aprendió de revistas, utilizaba un labial que dejaba sutilmente más rojos sus labios, cuidaba más de sus manos y sus uñas después del trabajo en el ryokan, si es que acertaba su falda estaba más corta, pero dudaba ya que también parecía que solo había crecido — ¿Te acortaste más la falda? —preguntó con el ceño fruncido.
— ¡Sho-chan! Cla-claro que no...—susurró avergonzada— Crecí un poco más…
— Uhmm —él la observó una vez más. Ella no parecía la de antes, no quería admitirlo, pero estaba "solo un poco linda". Dos de sus compañeros querían que le presenten a ella, los chicos parecían mirarla más, y eso ya le estaba irritando— Hey, ¿Quién te dio ese collar? ¿Acaso tienes un novio a escondidas? —le preguntó con un tono y una sonrisa sarcástica— ¿Es por eso que de repente te arreglas tanto?
La joven se tornó roja, y él abrió grande los ojos.
— ¿Qué significa eso? —exclamó Sho escéptico.
— Na-nada —dijo ella bajando su rostro— Solo me lo dio un amigo… —agarró de una lo que sobraba de su comida y se lo metió en la boca— Me voy a clases —farfulló levantándose y dejándolo solo.
Kyoko fue rápido a su aula, preguntándose si él se dio cuenta de que tenía a alguien que le gusta. No quería que él se enterase, después de lo que le había mencionado sobre Hizuri-san.
Mientras estaba en clases, su mente no podía prestar atención a lo que el profesor enseñaba. Su cabeza estaba llena de pensamientos de Kuon, porque sabía que cerca de uno de esos días podía tal vez encontrarlo de nuevo.
Las clases terminaron de pronto, y sin saber cómo.
Soltó un gran suspiro, agarró su mochila y, ruborizada y con una sonrisa en sus labios, salió. Pasó cautelosa en donde estaba la clase de Sho-chan, viendo con alivio que él tardaría mientras algunas chicas le rodeaban para tenerlo junto a ellas por más tiempo.
Cuando apenas salió por los portones de la escuela, sus pasos se alargaron, yendo con algo de celeridad por las calles, y mirando de cuando en cuando a sus costados. Se detuvo abruptamente al verlo, sintió su corazón acelerar y desvió de inmediato por otro camino.
— ¡Kyoko-chan! —su voz llegó de súbito a sus oídos y se paralizó. Giró vacilante y lo vio a él acercarse. Para su mala suerte también veía tras de él a una chica seguirlo, la misma a quien le había visto pegada en su brazo.
— Bue-Buenas, Hizuri-san. Ha pasado mucho… —Había practicado tanto para ese día, y ahora se reprendía por el tono y las palabras que utilizó para saludarlo. Miró de reojo tras de él, y vio a esa mujer, alta, de larga cabellera castaña y ondulada, ojos avellanas, y cuerpo de modelo. Sí, la clásica chica por la que todos los hombres babean, pensó Kyoko, y al instante quedó desconcertada por el pensamiento grosero que nunca creyó podía tener.
Antes de que él pudiese hablar, la mujer se abalanzó y rodeó su brazo, pegándoselo como anteriormente lo vio.
— ¿Quién es ella, Kuon? —dijo ésta cariñosamente— ¿Alguien que conoces?
— ¿No me dijiste que debías ir a casa? —contestó él con una falsa sonrisa, liberándose metódicamente de su agarre.
— Hola —saludó ella, tomándole de nuevo del brazo— Soy Elly Hanazawa, la novia de Kuon.
Kyoko quedó en silencio, mirando invariable a la repentina revelación. El dolor y el enojo comenzaron a ascender por dentro— Ah, Hanazawa…Elly… Buenas Tardes…—dijo mirando a él— Hizuri-san, supongo que podrá ir a visitar a su mascota después de tanto.
— ¿Eh? Kuon, ¿tienes una mascota? —dijo ella pegándose más a él. Kyoko no pudo evitar entornar sus ojos, mientras miraba el brazo que agarraba.
— Kyoko-chan, no es lo que piensas —Kuon se zafó de su brazo nuevamente— Te voy a explicar.
— No tengo tiempo, tengo que irme ahora — volteó, pero luego sintió que él le agarró del brazo.
— Espera, solo dame un momento, te explicaré —repuso inquieto, mirándola a los ojos.
— Tal vez cuando nos volvamos a ver, Hizuri-san —estiró sutilmente su brazo y él la soltó— Ahora de verdad no tengo tiempo —miró por un instante más sus ojos, luego giró y se marchó.
Fue con pasos firmes y rápidos, hasta que volteó en una esquina, y sus piernas flaquearon. Apoyó la mano en una pared, y dejó escapar un resoplido.
—Mentiroso, pervertido, playboy —sus manos se hicieron puños, ceñuda, siguió caminando hasta llegar en el ryokan e ir a la habitación en el que dormía mientras no estaba en su casa.
Echó su mochila a un lado, y se tiró en el piso de tatami, mirando arriba, hacia el techo. Su cara se contrajo en un gesto de aflicción, apretó los dientes y sacudió la cabeza.
— Mentiroso…Idiota —musitó y rodó para quedar boca abajo.
— ¡Kyoko! —oyó que la puerta se deslizaba, y los pasos siguieron acercándose— ¡Hey, porque no me esperaste!
Ella se mantuvo en la misma posición. No respondió durante segundos, tragó saliva y habló— Pensé que no querías que te acompañe más — paró al notar su voz débil. Carraspeó y siguió— Tú no me sueles esperar y te vas en otro lugar con alguna chica —acentuó la última frase con enojo. Nunca le había reclamado sobre eso a él, pero el enojo por lo que antes sucedió, hacía que lo hiciera.
— Puedo ver bajo tu falda.
Sus ojos se abrieron de par en par, rodó velozmente su cuerpo, alcanzó su mochila y lo tiró a él.
— ¡Hey! ¡No tengo la culpa de que se te vean las bragas!... ¿Estás...llorando? —Sho comenzó a ponerse pálido al ver sus lágrimas deslizarse en sus mejillas.
— ¡No! ¡Solo estoy sudando bajo los ojos!
Él se quedó inmóvil, mirándola y sin saber que hacer.
— Si solo vas a quedarte así —dijo ella volteando— mejor vete.
Sho hizo una mueca, miró abajo y salió en silencio.
Cuando Kyoko oyó que sus pasos se alejaban, dejó salir un sollozo y las lágrimas brotaron sin más retención.
Al cabo de unos segundos, se sobresaltó al oír que la puerta se abría, contuvo la respiración y se quedó quieta.
— Te...Te estoy dando el pudin que te robé de la otra vez...—deslizó dentro un plato con pudín— Puedes comer los míos cuando quieras.
— No estoy llorando por el pudin.
— Ya lo sé...Solo...Solo te lo decía.
Estuvo por cerrar de nuevo la puerta, pero ella habló.
— Hey...Sho-chan...¿Qué...qué piensas de mí? —dijo aun de espaldas.
— ¿Heh?
— Na-nada.
— No eres nada linda, y usas bragas de corazoncitos.
— Shotaro... —su voz se tornó oscura.
— Pero por alguna muy extraña razón...a algunos chicos parece que le gustas...
— ¿Eh?
— Solo estas...un poco linda...
Kyoko se dio la vuelta, secándose las lágrimas. Le vio a él desviar su mirada, avergonzado.
— ¿Le gustó...a alguien? —dijo ella aun incrédula— ¿Piensas que soy un poco linda?
— Ugh —él giró, pero ella se adelantó y le agarró del brazo.
— Dime a quien le gusto.
Después de insistir unas cuantas veces, él se rindió y le contó todo.
Hablaron, hasta que la hora de la cena llegó.
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N/A: Dividí el capítulo en dos porque no me gusta que quede muy larga :p y bien, el último estará para mañana, ya que quiero corregir y reescribir algunos puntos. Siento la demora!
A los que ponen en favoritos esta historia, muchísimas gracias! Siento por no poder responder de continuado a los comentarios, pero los leo y como siempre soy feliz y estoy agradecida por ello.
Espero que les haya gustado (≧◡≦) Saludos, besos y abrazos imaginarios.
