Coloco su plato sobre la mesa, con un estruendoso ruido, antes de levantarse y salir del comedor, como osaba Ford, a decir esas palabras, era un estúpido, en si quiera pronunciarlas, subió a la habitación que compartían y saco su cobija y una almohada, no compartiría la habitación con un idiota como su hermano.

La casa estaba silenciosa, demasiada silenciosa, para ser a penas las ocho de la noche, dejo la revista que leía sobre la cómoda y se paró para salir de la habitación.

¿Paso algo? — pregunto Dipper dejando su modelo a medio armar sobre la mesa.

No es nada cariño— respondió la chica sonriéndole, mientras le mandaba un beso, al instante de que Dipper sentía sus mejillas teñirse de leves tonos de rojo.

Tomo a Stanlee, entre sus brazos, mientras sonreía, era obvio que se fuera a acostar dentro de la biblioteca, a un que Dipper, no aceptaría eso de buen grado, ese era su sanctum sanctorum, sonrió mientras acomodo un libro al revés, era tan sutil, que su esposo, andaría como loco una semana, diciendo que algo estaba mal en esa habitación.

No pienso dormir con el— gruño Lee, despertándose violetamente entre los brazos de su madre.

¿Sucedió algo? — pregunto la castaña inclinándose a su altura, mientras depositaba a su hijo en el suelo.

Un sí, seguido de un no, seguido de un sí, y así durante unos minutos, le dieron algunas ideas, tomo al pequeño de su mano, y bajo a la cocina, observo a su esposo, intentando armar ese Galeón, una leve sonrisa, de felicidad cruzo sus labios, adoraba que a un fuera un niño.

Ford me odia — contesto el pequeño tomando un vaso de leche, con algunas migajas de galletas sobre sus labios.

Él no te odia – respondió su madre seriamente, mientras limpiaba maternalmente los labios de su hijo mayor.

Tiene un nuevo amigo — inflo sus mejillas con desprecio — Kyle — y valla que si era desprecio — es un nuevo chico en química — Mabel, miro a Stanlee, y un leve recuerdo, cruzo por su cabeza, negó un poco no era parecida la situación, no lo era ¿verdad?

Que tiene ese pelirrojo presumido que no tenga yo— y el recuerdo se hizo un poco más fuerte, un recuerdo, de ella pegándole a cierta Llama, que insistía en seducir a su hermano menor.

Acaricio levemente la cabeza de Stan, y lo insto a irse a dormir, le dejaría usar el cuarto de invitados, y tendría que hablar seriamente con su marido, a un que era sentimientos encontrados al respecto, pero lo último que quería, en esa casa, era encontrar a sus hijos, desnudos en el recibidor en alguna situación comprometida, se sonrojo poderosamente, malditos recuerdos de su niñez.