Era un simple juego de cartas, sin más que ellos dos en una tarde lluviosa de jueves, jugando a las cartas, o al menos eso podría pensar la mayoría, porque para los gemelos Pines las cartas era una forma de comunicación en sí misma.
Odiaban sentirse vigilados por sus padres, sin poderse demostrar el cariño o afecto que sentían el uno por el otro, al menos su viaje a Maine estaba próximo, serian dos gloriosas semanas la región de nueva Inglaterra, lejos de sus padres, y del mundo que los conocía como los hermanos pines.
Mabel dejo ver su mano sonriendo — Rueda — susurro triunfante, mostrando Cinco, cuatro, tres, dos y el As de su mano, era la mejor jugada de la noche y posiblemente de la partida, si su gemelo no tenía nada mejor, ella sería la voz cantante en esas noches frías del norte del país, y valla que disfrutaría jugar con el pequeño dippersause.
Su hermano sonrió al apostar dos galletas más de vainilla, lo que aumentaba en sí mismo las posibilidades de ambos, en esas salidas para ellos dos solos.
— — Flush — susurro el chico mostrando las cinco cartas del mismo palo, derrotando a su gemela, la cual miro resignada su jugada, mientras el chico tomaba posesión del total de las galletas.
Ambos se miraron leyendo sutilmente los movimientos de sus labios — doble o nada dijeron a la vez — sonriendo ante el simple hecho de ser casi como una sola persona.
El juego subía de nivel, después de todo, era el uniforme de capitán de futbol, contra el de bibliotecaria, y con ello una semana de fantasías sin límites.
