Advertencia: este capítulo puede tener ciertos temas delicados.
Lado Rebelde: Sew, Distrito 8
Mierda, nos descubrieron. Nos descubrieron. No puede ser coincidencia que yo haya salido cosechado. La cara de pánico que pone Timmy a mi lado me dice que piensa lo mismo. Subo rápido al escenario, no necesito que los Agentes de la Paz vengan y me hunda aún más.
Cuando me doy cuenta ya nos empujan dentro del Edificio de Justicia. Ni siquiera le dan tiempo a la alcaldesa de dar sus cursis palabras finales.
-Realmente están asustados- pienso. Es tonto pero al menos me anima saber que le temen a los rebeldes.
La habitación para mis despedidas es bastante elegante y colorida. Los diferentes estampados solo me hacen pensar en el decadente exterior, en el distrito repleto de fábricas y humo que hace al cielo constantemente gris.
Estoy a punto de ponerme a despotricar cuando entran mis padres entran y me abrazan. Siendo la parejita sentimental que son era de esperarse que se deshicieran en lágrimas. Por primera vez en mucho tiempo decido simplemente dejarme llevar por ellos. Si supieran lo mucho que me estoy preocupando por ellos en este momento. ¿Los castigarán también? ¿O les bastara con matarme en la arena?
Por este tipo de cosas es que me uní al grupo. El Capitolio nos esta matando. Los Juegos del Hambre no son los únicos juegos; no, todo es un gran juego. Un juego en el que cambian las reglas a su propia conveniencia y, aunque las sigamos a la perfección, siempre nos apuñalaran por la espalda.
Supongo que me iré sin confesarles que sobre la agrupación rebelde de la que soy parte.
Se le acaba el tiempo a mis padres y ellos aún no se han compuesto. El siguiente en pasar es Timmy. En realidad se llama Thimble pero yo le digo así desde que lo conocí hace seis años. A veces me pide que lo llame Tim porque Timmy suena muy infantil pero probablemente le siga llamando Timmy hasta que me muera.
-¿Por qué tenias que ser tu?
Antes de poder digerir lo que acaba de decir se lanza hacia mí de la misma forma que mis padres hace unos minutos. Y como ellos, él llora. La diferencia es que esta vez no imito su comportamiento. No quiero mostrarme débil frente a él. Además, a diferencia de mis padres, él sabe lo que está pasando.
-Creo que podemos imaginarnos porque- le susurro al oído.
- Eres mi único amigo ¿sabes?- dice entre sollozos, completamente ignorando lo que dije.
Timmy. Antes de conocerlo lo veía como otro compañero de clase más pero escuchaba los que los demás decían. Nadie aguantaba estar con él; era retraído, paranoico y solía decir varios de sus pensamientos en voz alta. Lo que nos unió fue un proyecto de historia y todo lo que me habían dicho sobre él me pareció asombroso. En esa época yo no tenía amigos, simplemente tenía "gente con la que pasar el rato". Timmy era diferente, podíamos hablar honestamente entre nosotros. Cuando empezaron los movimientos de rebelión, no dude en contarle mis planes para unirme y él no dudo en apoyarme y seguirme.
Apenas sacan a Timmy aparece Pidge. El sí que es una sorpresa. No lo conozco muy bien pero sé que es algo así como el asistente de Fabric, uno de los líderes rebeldes, aunque sea solo un par de años mayor que yo. Trae consigo un paquete envuelto en un desgastado papel de colores.
-Lamento tanto que te pase esto, fuiste de los mejores compañeros en la fábrica.
Ugh, como detesto el lenguaje en clave. Sin embargo tengo que seguirlo.
-Gracias, no sabía que me tenían tanto aprecio.
-Queríamos darte esto. No te lo dejaran llevar a la arena pero queríamos que lo tuvieras.
Me entrega por fin el paquete el cual abro con mucho cuidado. Es una bufanda amarilla que, por la forma en la que esta doblada, sé que tiene algo dentro. Lo que queda del tiempo nos la pasamos mirándonos entre nosotros.
Jean es la primera persona que me encuentro cuando me sacan del Edificio de Justicia. Ella da un saludo muy tímido al que respondo. Me cuesta pero me doy cuenta que tiene puesta una pañoleta que definitivamente no llevaba hace unos minutos. ¿Se la dieron como regalo? Seguramente pero me extraña la calidad de la misma, muy superior a la ropa que esta usando incluso más que mi bufanda.
Apenas me subo al tren, desdoblo la bufanda y me encuentro un sobre que abro sin demora.
"No tengo mucho tiempo así que seré breve. Hay un plan para comenzar una rebelión pero para eso Katniss Everdeen debe vivir. La sacaremos de la arena junto con todos los que colaboren. Palabras clave: pan (comida) y fuego. D: 3,4,6,7 y 11. Por algún motivo Haymitch pidió que sus los de 12 no se enteraran. PD: quema esto luego"
Así que era esto. Releo la carta sin terminar de creermelo. Un plan de verdad; una revolución de verdad. Jean se me acerca cautlosamente.
-Supongo que ahora somos un equipo... digo, si esta dispuesto.-me dice.
Ahora entiendo su regalo, a ella también la metieron. Me alivia saber que por lo menos quiere colaborar, eso hara las cosas menos incómodas.
-Seamos equipo.
No estamos mucho más tiempo solos ya que entra Cecelia al vagón.
-Bien chicos ¿Listos para comenzar?
¿Listos? Yo ya estoy preparado desde hace mucho. Es la oportunidad para crear un lugar mejor para mis padres y para Timmy. Ahora se que hay esperanza para nosotros, hay esperanza para Panem.
Lado Juegos: Reiki, Distrito 5
-¡Voy a morir! ¡Voy a morir!
Ni Rouge ni Lucian ni siquiera mi abuela tratan de negarlo. De repente Porter habla.
-Vais a morir los dos, yo soy carne de cornucopia.
Porter, la vencedora con aparato ortopédico. Mi abuela me contó una vez que realmente no lo necesita y solo lo usa porque la hace sentir mejor. La verdad preferiría que no lo usara, me da repelús.
-Oh vamos Porter, no seas TAN dramática.- dice Rouge, el escolta. Rouge ha sido el escolta desde incluso antes de que naciera y en todo ese tiempo solo lo he visto respetar a una persona en el Distrito 5: mi abuela. Para él, los otros vencedores son una especie de secretarios a los que realmente no hace mucho caso. Por mi parte, a mi me trata como a una mascota; me frota la cabeza para despeinarme, me pone cosas en el pelo, me obliga a hacer deberes para luego darme una galleta (a las cuales, por lo general, les pone algo que las hace saber raro), etc. Antes, cuando era más pequeño, utilizaba su aspecto para asustarme. El es extremadamente alto, siempre tuvo uñas y pelo largo (aunque actualmente lo tiene de rojo carmín) y tiene tatuadas una serie de telarañas negra por todo el cuerpo salvo la cara.
-Yo me niego a morir.
Esta no podía ser otra que Ángela. Supongo que podría considerar a Ángela mi única amiga porque es una de las poca personas de mi edad con las que la abuela me permite interactuar, y sospecho que para ella es igual. Su padre, el alcalde, solo quiere lo más perfecto y nunca dejaría que su hija estuviera con "la plebe".
La verdad es que me da pena, en un año normal tal vez tuviera chances; este no. Porter es demasiado débil y yo no soy mucho mejor.
-¿Ves percherito? Esta pueblerina tiene más coraje que tú, debería darte vergüenza como vencedora.
¿Sabe Rouge que ella es la hija del alcalde? La verdad dudo que le importe, si bien lo trata con cierta cortesía cuando no esta en su presencia suele burlarse de él.
-R-Rouge, no ssseass asssí de dur-ro. Per-ro tiene r-razzzón en cierto punto- Lucian es el que habla esta vez.
Estamos así un buen rato; Porter dice algo, Ángela se lo contradice, Rouge mete cizaña, Lucian intenta mediar, Porter refuta el argumento de Lucian y vuelven a empezar.
Es mi abuela quien termina la discusión. De su bolso saca su fusta de cuero y mientras juega con ella entre sus arrugados dedos dice:
-Es hora de que vayamos a ver las repeticiones.
Y así vamos derechito los cinco a verlas. Tanto Porter como Lucian conocen, al igual que yo, esa fusta. Según lo que sé, la uso cuando los mentoreo en sus respectivos juegos y la siguió utilizando posteriormente. En cuanto a mí, he vivido toda mi vida con ella.
Pese a que todos podemos entrar en el sofá, solo Rouge y la abuela se sientan en el. Ángela se sienta en un pequeño sillón a la izquierda del gran sofá mientras que Lucian y Porter toman unos que se encuentran a la derecha del mismo. Me habría sentado con Ángela pero la abuela señala su regazo y termino sentándome ahí.
Las repeticiones solo me afirman lo jodido que estoy. Los que parecen más débiles tienen vencedores que los compensan; como es el caso del uno que salió Cashmere, y del cuatro que sale Finnick. Los del dos son profesionales hechos y derechos, no tengo dudas. Solo espero que Enobaria no me mate a dentadas. Sale Beetee en el tres y me hallo deseando que sea una arena al aire libre para que no pueda usar sus conocimientos. Los tributos se me hacen llamativos; la chica parece muy atlética para ser del tres mientras que el chico es extremadamente bajito y dice unas palabras bastante raras cuando sube.
Seguimos nosotros, y damos mucha pena, especialmente yo. Mientras Ángela es impávida frente al destino que le espera, yo lloro, grito, huyo; soy un total cobarde. Claudius se enjuaga una falsa lágrima mientras dice:
-¡Ahí va uno de los niños favoritos de Panem!
¿Niño favorito? Sí, claro; apenas salgo de mí casa.
La mayoría de los otros distritos sacan tributos convencionales. Del seis sale Rials que parece que quiere usar la estrategia de los amantes que usaron los del doce el año pasado. Tanto Rouge como la abuelo hacen comentarios sobre lo bajo que ha caído. Honestamente yo tampoco creo que le funcione. Vencedoras fuertes aparecen en el siete, con Johanna (a la cual supongo habrán censurado alguna grosería), y en el diez con Mikan, que pese a su edad se mantiene en forma. Del ocho sale el viejo Woof y sus tributos no sean la gran cosa, aunque tal vez el chico tenga una chance.
El nueve me da miedo. La chica es horrible a tal punto que Rouge la comparo con un espantapájaros diciendo que probablemente se gane así la vida. El chico tiene una risa espantosa que me hiela la sangre y que me erizo los pelos. Y Jano... es Jano, el vencedor que da más miedo sobrio que ebrio.
Al grupo de compensaciones le sumo el once. Chaff es un buen luchador pero los chicos son bastante mediocres. Le pregunto a la abuela sobre la piel de la chica; aparentemente es un padecimiento llamado vitiligo. Me hago una nota mental de no acercarme a ella.
Katniss del doce es la única a la que no conozco en persona más que nada porque gano el año pasado junto a su compañero. A la abuela no le gusta mucho, la considera chusma. Aun así sé que es buena, era una por las que apostaba. La chica que sale tiene mi edad se me hace raro que la cortaran justo cuando un montón de niñitos salen a abrazarla cuando esta apunto de subir. Pero lo peor es el chico, debe ser uno de los más altos de la edición y no le costaría aplastarme la cabeza. Rouge apaga el televisor apenas Claudius menciona a los trágicos amantes de Distrito 12.
Lado Checkpoint: Lycaon, Distrito 12
Eso no me lo esperaba. Primero los Agentes de la Paz nos obligan a subirnos al tren apenas termina el discurso del alcalde. Luego los mentores prácticamente nos abandonan para internarse en el tren por su propia cuenta. Effie es la única que se queda para guiarnos. Nos muestra nuestras habitaciones junto a la recomendación de que descansemos. Al final tanto Hestia como yo nos aburrimos y empezamos a charlar.
Todavía le sigo dando vueltas a que no nos hayan dejado despedirnos. Decido comentárselo.
-Sinceramente, lo tomo como una señal de que algo importante se acerca.- dice ella- De todos modos pienso que es de mal gusto no dejarnos despedirnos de nuestros conocidos, aunque dudo que les inquiete nuestro bienestar.
-Bueno, yo no podría enfrentarme a mis padres...
No sería capaz de enfrentarme a mis deprimidos padres o a la rudeza de Charlie. Son las pequeñas cosas que me detienen a acabarlo todo. Por ejemplo, las quejas nocturnas de Charlie evitan a que me meta en el bosque a esperar que me mate algún animal o como las cámaras evitaron que me haya voluntariado en lugar de Peeta el año pasado. Durante todos los juegos me decía a mí mismo "Ese podrías ser tu" "Ese deberías ser tu" "Peeta no se merece eso" "Si muere sera tu culpa".
Supongo que mi "triste historia" comienza en mi tierna niñez. Era invierno y tenía seis años cuando, de algún modo, contraje alguna gripe rara. Por supuesto me mandaron a reposo a mi casa. Sin embargo, esto no evito la gripe se esparciera porque mi mamá me comento que Peeta y Delly también se habían enfermado. En es momento no le dí importancia, estaba más preocupado por mí dolor. Fue cuando me volví a la escuela que note que algunos niños de la Veta con los que solía jugar no estaban. Asumí en ese momento que los contagié y estaban en reposo, pero los meses pasaron y no vi ni rastro de ellos. Empece a preguntar por ellos hasta que obtuve la respuesta verdadera: habían muerto de la gripe.
Era la primera vez que me encontraba con una respuesta como esa y me pregunte si todas las respuestas verdaderas eran así. Después de eso, todo fue cuesta abajo. No es agradable darse cuenta que vives en un mundo que no merece existir y que sabes no va a cambiar. Así que decidí que el que se iba era yo, pero un suicidio convencional no me convencía, solo sería otra muestra de mi patetismo.
-¿De dónde saco la raciones de teselas?-dice de pronto Hestia.
La miro patidifuso y ella se da cuenta.
-Ya sabe, las que repartió en la escuela.
-Primero que nada no me trates de usted;- no me lo merezco aunque eso no se lo digo- segundo, las saque yo. Por favor no se lo digas a Peeta.
-¿Por qué harías algo así?- ahora la confundida es ella, no la culpo la verdad ¿por qué el aprendiz de la carnicera pediría teselas?
-Porque no aceptaban voluntarios este año y tengo que ir a estos juegos sí o sí porque este es mi último año y quiero morir ahí porque soy una basura de persona que tiene gente que no merece en una basura de mundo y...
-Equilibrar la balanza supongo- termino respondiendo. No es una mentira tan grande, como no sabía que hacer con tantas raciones las regale a varios de mis compañeros de la Veta; los cuales tampoco se opusieron tanto. De repente se me cruza una pregunta por la cabeza- ¿Cuantas teselas sacaste tu?
Ni siquiera me mira. Vaya Lycaon siempre la andas cagando ¿Por qué diablos le preguntas eso?- Cincuenta y cuatro. Me hicieron tomar cincuenta y cuatro.
¿Cincuenta y cuatro? Demonios si no fuera porque yo pedí un número incluso mayor, no me creería que alguien pudiera tomar tantas.
Estamos un rato en silencio, ella parece molesta y yo tengo miedo de seguir arruinando las cosas. Sin embargo parece que esta incomodidad no le gusta por lo que decide seguir hablándome.
-En La Casa de la comunidad siempre nos han de hacer sacar cuatro teselas; dos para nosotros y dos para los encargados. No obstante, debido a las recientes dificultades, hubimos de sacar dos por cada niño y cuatro para ellos.
-Si eres de la Casa de comunidad ¿Quienes eran los niñitos que fueron a abrazarte cuando salió tu nombre?
Hestia sigue sin querer hacer contacto visual conmigo y aun así puedo ver preocupación en su rostro.
-También son de ahí. Me encargo de ellos.
-¿No eres un poco joven para eso? Quiero decir, debe haber chicos mayores ahí.
Se le forma una sonrisa socarrona-A los mayores los dirijo;- dice- carecen de convicción.
Ambos reímos un poco. Carecemos querida, carecemos.
