LA CELEBRACIÓN:
-Sakura- Kakashi recién se separaba de la mujer que tenía entre sus brazos para ir detrás de su alumna que ya salía de la habitación -Espera-
La joven no se detuvo y el ninja tuvo que correr por el pasillo para alcanzarla.
-¿Qué sucede? - le preguntó poniéndose frente a ella para evitar que siguiera caminando. Le fue imposible no recorrerla de arriba hasta abajo, tenía un vestido y le quedaba de maravilla.
-Nada, Naruto me ha pedido que viniera a asegurarme que todo marcha bien- Sakura ya no lucía afectada por lo que acababa de ver, incluso le dedicaba una ligera sonrisa -Lamento mucho haber interrumpido, debí tocar antes...-
-¿Sólo querías verme para eso?-
-Sí- la joven parecía ser sincera -Será mejor que me vaya, Naruto me espera-
Ni siquiera le dio tiempo para una despedida porque su alumna se dio vuelta rápidamente y se alejó con decisión.
Cuando Kakashi estaba compartiendo aquel beso con su pareja, vio la expresión de Sakura, sus ojos llenos de algo, no de reproche, sino de desilusión. Eso fue lo que lo incitó a alejarse de esa mujer y salir corriendo detrás de ella, pero cuando la alcanzó, Sakura ya estaba completamente repuesta, en sus ojos ya no había otra cosa que no fuera incomodidad por haberlo interrumpido. Era lógico que no se quedara a ayudarlo con su atuendo, no después de lo que había visto, pero quizá ni siquiera recordaba que prometió ayudarlo, probablemente sí venía por un simple encargo de Naruto.
-¿Todo está bien?- le preguntó su pareja cuando volvió a la habitación.
-Sí-
Hanare, ese era su nombre, se acercó y lo volvió a abrazar.
-Será mejor que comiences a vestirte, no falta mucho para que comience la ceremonia-
El ninja asintió y dejó que ella le ayudara con el atuendo. Era una buena mujer, era amable y muy cariñosa, además de bonita. La había conocido después de la Guerra, cuando cenaba con Guy, ella se había acercado y parecía ser muy amigable y paciente con su actitud tan reservada. Además le recordaba a una mujer que hacía tiempo había conocido, con el mismo nombre, su aspecto era también muy similar, excepto por el cabello, pero su rostro, su complexión, su sonrisa tranquila y su blanca piel... Después de algunas semanas de cenas e invitaciones a salir, se podría decir que oficialmente eran pareja. Ella sería quién lo ayudaría con todo el asunto de ser Hokage, se había ofrecido y parecía entusiasmada con la idea, Kakashi no tenía a nadie más así que terminó aceptando.
Era momento de intentar reconstruir su vida, de olvidarse de su pasado y buscar una oportunidad. No tenía que pasar el tiempo solo y aislado, podía elegir la compañía de alguien más y destruir un poco su soledad. No era la mujer que hubiera querido, ni las circunstancias, pero ella realmente parecía interesada en él. No estaba seguro de que funcionara, pero por lo menos lo intentaría.
Comenzó a vestirse, ya lo estaban esperando y había prometido dejar la impuntualidad atrás. Hanare lo ayudó pero salió antes de que terminara de colocarse el haori, quería estar entre el público para presenciar el esperado acontecimiento.
-Luces atractivo- le dijo cuando se despidió con un suave beso contra su máscara.
Esa frase lo dejó pensando, nunca se había considerado especialmente interesante para las mujeres, era bastante silencioso y con poco humor, pero Hanare lo encontraba atractivo, quizá ella no era la única, y no es que él estuviera buscando ser admirado por todas las mujeres de la Aldea, pero sí tenía un particular interés en conocer la opinión de cierta mujer...
...
La ceremonia había terminado y ahora todos se encontraban reunidos y celebrando su nombramiento. Todos reían y charlaban muy animadamente, estaban sus compañeros, líderes de otros equipos, parte de ANBU y ninjas al servicio, además de todos los alumnos que formaban los equipos, Shino, Kiba, Ten Ten, entre muchos otros.
Pero Kakashi sólo veía a su equipo, en especial a Sakura. No había dejado de notar lo hermosa que lucía, la forma en la que ese vestido se ajustaba a su figura y la marcaba de forma perfecta, además el color de la tela resaltaba lo blanco de su piel y sus ojos jade, contrastaba con su cabello rosado y se veía aún más especial. Lucía tan fresca y llena de vida. Era imposible no verla, que no destacara entre toda la multitud. Claro que ya antes había notado la belleza de la joven, lo había impresionado mucho durante la Guerra, no creía que hubiera una mujer más fuerte, que se hubiera desempeñado de forma tan sorprendente. Ya no era una niña, y admitía que le gustaba en la mujer en la que se había convertido, con una chispa especial, aunque nunca lo hubiera dicho en voz alta.
Su alumna hablaba con todos a su alrededor, con sus compañeros y amigos, reía despreocupadamente y parecía más animada de lo usual. El ninja podía notar esa pequeña oscuridad que la Guerra dejó en Sakura, la veía sumirse en los recuerdos y en el dolor y lamentaba profundamente que pudiera ser un daño irreversible, pero cuando la veía de ese modo, tan vivaz y sonriente, como en esos momentos, surgía la esperanza de verla recuperarse.
Algunos ninjas se acercaron a felicitarlo, parecían complacidos con su nombramiento y se tomaban el festejo muy en serio. Entre ellos Guy.
-Estoy muy orgulloso de ti, Kakashi- le dijo su eterno rival medio abrazándolo. Parecía que había encontrado el sake -Ahora sólo falta que encuentres una bonita compañera-
-Guy...-
-¡Ah!, pero tú ya la encontraste. Eres muy afortunado, Kakashi- le guiñó el ojo torpemente a modo de complicidad y se alejó complacido con sus propios comentarios.
No había dejado de recibir felicitaciones del mismo estilo.
-Será un gran Hokage, Kakashi-sensei- Naruto estaba frente a él y unos poco pasos atrás, Sakura -Cuenta con mi apoyo total, estoy a sus órdenes- su alumno parecía realmente comprometido con sus palabras. Era evidente lo mucho que había madurado. Se dieron un fuerte apretón de manos a modo de firmar un nuevo pacto entre ellos.
-Gracias, Naruto- Kakashi posó la vista en Sakura, aún faltaba su felicitación.
-Felicidades, Hokage-sama- aunque la médico lo dijo con una sonrisa y con un tono sincero, sonaba distante. Quizá era porque no lo había llamado "sensei", o porque él esperaba un abrazo y una felicitación más personal, más cálida.
-¿Te irás mañana?-
-A primera hora- la joven no titubeó ni un poco al responder. Ella de ninguna forma pensaba quedarse y nada podía hacerla cambiar de opinión. Seguramente ya extrañaba a Sasuke.
-Ten cuidado- fue lo único que pudo decir. La joven estaba pocos pasos de él y se veía aún más preciosa.
-Lo tendré- le dedicó una sonrisa, pero ya no parecía tan cómoda con él como antes, como de que lo encontrara besando a otra mujer, de ninguna manera eran celos, debía ser una señal de respeto hacia Hanare, pero con Naruto no actuaba de la misma forma, a él lo abrazaba, aunque estuviera con Hinata, debían ser casos diferentes. Para ella, él nunca había dejado de ser su sensei, y menos ahora que se convertía en el Hokage.
Los vio alejarse y volver con su grupo. La verdad era que no quería que Sakura se fuera, le gustaba tenerla cerca pero no tenía un solo motivo válido para retenerla, aunque estuviera seguro de que fuera lo mejor para ella. Su alumna necesitaba un descanso, sentirse en su hogar y rodearse de buena compañía. No es que pensara que Sasuke no lo era, pero le costaba imaginar la actitud de Sakura estando con su compañero, le costaba imaginarla como en ese momento, sonriente y fresca, con ojos luminosos y movimientos naturales, sin cohibirse ni un poco, sin callar lo que su mente pensaba, no podía imaginarla del mismo modo junto a Sasuke. Probablemente sólo eran pensamientos suyos y su alumna era la mujer más feliz a su lado.
Había estado a punto de pedirle que se quedara, que lo ayudara en la Torre Hokage, pero Sakura no había titubeado ni un poco para marcharse de nuevo, estaba seguro de que se negaría y no quería sentirse mal con su negativa. No es que prefiriera las cosas como estaban, era que las aceptaba. De ninguna forma él podría cambiarlas.
-¿Te diviertes?- le preguntó Hanare apareciendo a su lado.
-Sí. Es bueno tenerlos a todos aquí reunidos-
La mujer se quedó junto a él pero no tomó su mano ni nada parecido, su relación no era secreta, Guy lo sabía, pero tampoco era aún del dominio público, no creía que nadie más pudiera saberlo y estaba cómodo con esa situación. Se tomaría las cosas con calma, tenía que asegurarse de que funcionaría.
-Estoy emocionada- admitió su pareja en un susurro -Poder ayudarte en lo que necesites, trabajar con el Hokage- ella parecía tan feliz que Kakashi no tuvo más remedio que mostrarle una sonrisa.
-Deberías ocupar tu tiempo en algo menos aburrido, no creo que Shizune considerara muy emocionante el trabajo en la Torre-
-Tal vez, pero es muy diferente. A mí me gusta estar contigo, eso es mucha emoción para mí-
-Gracias- no era muy bueno regresando los cumplidos así que mejor se quedó en silencio.
-Tengo preparada una celebración, sólo para nosotros dos- le susurró con tono seductor.
Se dio cuenta de que Sakura los estaba observando, a lo lejos, sus ojos jade los estudiaba con curiosidad. Pero después de unos segundos apartó la vista. Debía de reconocer a la mujer que estaba con él. Era natural que los observara extrañada, él nunca había demostrado interés por nadie, nunca presentó a alguna pareja, ninguna fue tan importante, así que debía sorprenderla verlo acompañado.
La celebración siguió por un par de horas más, parecía que todos estaba disfrutando y nadie quería que terminara. Kakashi también estaba disfrutando del buen rato, y aunque nunca fue muy dado a celebrar, la compañía de Guy y de Yamato fue todo lo que necesitó para reír. No lo trataban como el Hokage y él lo agradecía, ni siquiera se sentía como uno, no todavía. Además, las formalidades nunca fueron su estilo.
-¿Cuándo se irá Sakura?- le preguntó Yamato. Kakashi no estaba seguro del interés del ninja hacia la joven, pero supuso que sólo se trataba de simple curiosidad.
-Tengo entendido que mañana a primera hora-
Sin darse cuenta, el pequeño grupo de tres ninjas desvió los ojos hasta donde estaba Sakura, estaba de pie y parecía divertirse, su vestido verde ondeaba tranquilamente con el viento y también despeinaba su melenita rosada. Se veía más pequeña, más frágil, y también más hermosa.
La noche anterior ella había dicho que quería verse bien para la ceremonia, pues lo había logrado. No era el único que no la dejaba de ver, sus compañeros, o incluso uno que otro ninja distraído, la veían con atención.
-Fueron grandes discípulos- comentó Guy con un dejo de tristeza. Aún le dolía la pérdida de Neji. Sabía que él, como encargado de un equipo, y durante la Guerra, había tenido suerte de conservar a su grupo intacto, e inclusive recuperar a uno más, a Sasuke.
-Sí. Aún no me acostumbro a verlos tan independientes, cada uno formando su propia vida- comentó Yamato con una sonrisa- Me parece que algunos tendrán su familia antes que nosotros- rio con cierta preocupación. Pero era cierto.
Se quedaron charlando un rato más mientras la celebración se diluía y los invitados comenzaban a marcharse. Hanare había desaparecido entre la multitud, seguramente la vería más tarde. Sakura seguía charlando con Naruto y un grupo de ninjas más, pero el viento ya comenzaba a soplar y su vestido delgado dejaba entrar frío viento, se abrazaba a sí misma y dejaba al descubierto, sin proponérselo, su delicada figura. Se preguntó si Sasuke sabía lo afortunado que era, ella no era cualquier mujer, era especial; debía ser más especial despertar a su lado o poder tocar su piel que parecía suave y tersa, tenerla tan cerca.
-¿Qué sucede, Kakashi?- le preguntó Yamato, parecía que se había quedado en silencio más de lo usual.
-Sólo pensaba que Sasuke y Naruto son muy afortunados- ambos estaban más cerca de ella, de lo que él nunca estaría.
Kakashi se la ingenió para ir a la Torre Hokage, ya era tarde y la celebración había llegado a su fin. Se suponía que debía ir a su casa y descansar, pero no le apetecía estar ahí en ese momento, tenía muchas cosas en la cabeza, quería recorrer los pasillos de la Torre y acostumbrarse a ellos, después de todo, ahí pasaría mucho tiempo. Trató de impregnarse del recuerdo de los anteriores Kages, Minato, el Sandaime, la misma Tsunade, todos habían estado entre esos pasillos, preocupándose por el bien de la Aldea, procurando siempre hacer lo correcto, y ahora sería su turno. No le había dicho a nadie lo aterrado que estaba, tenía miedo de arruinarlo, aún después de todo, ¿qué ocurría si no era capaz de proteger a la Hoja? ¿si no estaba a la altura de las expectativas? Ya no era tan fuerte, el Sharingan ya no estaba para ofrecerle seguridad y talento.
Recorría los pasillos con tranquilidad, se acostumbraba a cada habitación y trataba de memorizarlas, para algo debían de servir. Se había quitado todo el atuendo Hokage, ya había pasado mucho tiempo con todo eso puesto.
No estuvo seguro de cuánto tiempo pasó allí dentro, pero el sol estaba a poco menos de una hora de esconderse por completo, la oscuridad comenzaba a ensombrecer todo, quizá era tiempo de salir. Mañana tendría tiempo de dar algún otro recorrido, o quizá no, quizá los deberes serían tantos que no podría poner un sólo pie fuera de esa oficina hasta el final del día. Pero antes de salir, entró a una habitación, una cualquiera que resultó ser sólo un lugar para almacenar pergaminos de información, ni siquiera se molestó en prender alguna luz, los últimos rayos del día delataban los rollos de información que estaban acomodados en grandes estantes. Se quedó en ese lugar hasta que se oscureció por completo, hasta que las formas y siluetas se perdieron y casi le fue imposible ver su propia mano, la habitación sólo contaba con una diminuta ventana y eso dificultaba su iluminación.
Estaba a punto de salir, pero escuchó que la puerta se abría. No esperaba que alguien más quisiera ver lo que pudiera contener esa habitación y dudaba seriamente que fuera su pareja, que, aunque había prometido buscarlo para celebrar, no era posible que adivinara el escondite en el que se había metido. Apenas era capaz de distinguir una sombra oscura, ni quiera sabía si era hombre o mujer, pero nadie prendió la luz para delatarse. Se quedó quieto y esperó la oportunidad para poder salir, tenía una idea de dónde estaba la puerta y pensó que podría rodear al extraño sin que este se diera cuenta. No le apetecía que, quien quiera que estuviera en esa habitación, se diera cuenta de que el Hokage rondaba por los pasillos y se encerraba en habitaciones oscuras, no era la clase de reputación que quería formar. Lo mejor era salir sin ser visto.
Dio un par de pasos en completo silencio, era evidente que alguien más estaba en la habitación y si su olfato no le fallaba, debía ser una mujer, su perfume llegó hasta sus pulmones, pero no era el mismo que el que usaba su pareja, era distinto, más dulce, más suave, ligeramente familiar. Eso lo distrajo lo suficiente como para que se enredara en el camino y terminara por chocar con la extraña. Ahora estaba seguro de que era una mujer, su cuerpo la delataba. Sus manos rozaron los brazos de la misteriosa mujer y le fue inevitable no darse cuenta de la suavidad en su piel, del aroma que la rodeaba, estaba frente a ella, la sentía tan cerca que sólo bastante inclinarse un poco para poder tocarla; cuando la misteriosa mujer sintió el contacto, en lugar de gritar por la sorpresa o el susto, suspiró de una forma tan provocativa que lo paralizó. Terminó por revolverle las ideas. No sabía por qué parecía tan tentador quedarse en esa habitación a oscuras, con ella.
La mujer tampoco retrocedía, no decía una sola palabra, en cambio escuchó otro largo suspiro de su parte. No era de temor, ella no tenía miedo, parecía estar sintiendo lo mismo que él en ese momento, la sofocación de estar solos en la oscuridad, el hecho de que fueran desconocidos y sentir tan cerca al otro.
Estaba mal, Kakashi lo sabía, ella podría ser cualquier mujer en la Aldea, pero olía jodidamente bien, su piel parecía ser de seda, y no retrocedía ni siquiera un centímetro, ni quiera hablaba para aclarar la situación, tampoco prendía la luz, estaba tan confundida como él, tan hipnotizada por el momento como para actuar y negarse. Y Kakashi necesitaba sacar un poco de tensión. Había estado pensando mucho, no había podido dejar de verla a ella...
Se acercó, no se equivocaba, estaba tan cerca que enseguida tocó su cuerpo. Escuchó como la mujer exhalaba profundamente, era una especie de jadeo que le calentó la sangre de forma involuntaria, era un sonido perfecto, suave y sedoso, embriagante. Antes de poder controlarse y pensar las cosas con calma, sus manos ya bajan su máscara, la deslizaron suavemente y sin dilatación. Se acercó a la mujer, se inclinó un poco, era evidente que ella era más pequeña y cuando sintió su aliento contra sus labios, que le ocasionaron placenteras cosquillas, ni siquiera titubeó en besarla.
La besó con decisión, con demasiado derecho, como si la conociera y le perteneciera, pero ella tampoco objetó. Una de sus manos la tomó de la nuca y la apretó contra sus labios, casi con fuerza, pudo sentir su pelo, era corto y suave. Su otra mano llegó hasta la cintura de ella y la acercó a su cuerpo, tenía una cintura pequeña, la tela que la envolvía era ligera, sus dedos se deslizaban con facilidad, estaba casi seguro de que tenía puesto un vestido, y debía quedarle de maravilla, casi imaginaba el resto de su cuerpo.
El beso se extendió por varios segundos, los labios de la mujer eran dulces, delicados, pero le correspondía con firmeza, y besaba de manera exquisita, se fundía en él, era ella quien marcaba el ritmo y lo podría haber puesto de rodillas si hubiera querido. Sus delicadas manos se enredaron en su cabellera gris, aunque la oscuridad no dejara ver su color, y despertaron sus sentidos, sus dedos jalaban ligeramente algunos mechones de cabello, pero lo hacían con la fuerza necesaria, debía saber exactamente lo que estaba ocasionando porque no se detuvo.
Estaba besando a una completa extraña, pero no podría detenerse, aunque lo quisiera, lo tenía bajo su control, entre sus labios y su cuerpo. No era una jovencita, las delicadas curvas en su cuerpo delataban su madurez, pero reconocía que debía ser mucho menor que él, su piel era fresca al igual que sus labios, su cuerpo tierno pero ya formado, la acariciaba como mejor podía, por toda la espalda, hasta bajar a su cintura y juguetear con bajar más. En un intento de retomar el control, la acorraló contra la puerta, la acercó tanto a él como era posible, hasta que sintió el pecho de la mujer contra el suyo, hasta que sus piernas se enredaron en las suyas y la escuchó jadear contra sus labios. Estaba demasiado excitado como para detenerse, y ella debía estar sintiendo lo mismo. Comenzó a subir su vestido, la tela era demasiado ligera y no ocupó de mucho esfuerzo para dejar sus piernas al descubierto, para poder explorar la suavidad entre sus tibios muslos, para rozar la tela de sus bragas. La mujer se movía un poco inquieta pero no se apartaba, lo besaba con más ímpetu y se aferraba con más fuerza a él, podía sentir el deseo que los recorría, que los incitaba a seguir; no era capaz de controlar sus manos que ya estaban por todo el cuerpo de la mujer, que lo recorría sobre la tela y comenzaban a hacerlo bajo la falda del vestido. Estuvo tentado de bajar sus bragas que ya se enredaban entre sus dedos, pero primero bajaría sus pantaloncillos que estorbaban desde hacía interminables minutos.
Pero entonces ella se apartó de un solo movimiento, abrió la puerta, que estaba su espalda, y salió tan rápido que apenas le dio tiempo de reaccionar. Su pulso seguía elevado, su corazón seguía resonando en su pecho y, por supuesto, seguía estorbándole el pantaloncillo, su miembro palpitaba dolorosamente pero no lo quedó más remedio que dejarla marchar, se recargó en la puerta y le tomó varios minutos poder tranquilizarse. Analizar lo que acaba de suceder, intentó por todos los métodos no recordar los últimos minutos, sino lo imprudente de su comportamiento, se acababa de convertir en el Hokage y el mismo día, besaba y manoseaba a una extraña. Había estado a punto de bajar su pantaloncillo y las bragas de esa mujer, si ella no hubiera salido, habría llegado hasta el final, la habría...
-Vaya que serás bueno, Kakashi- se dijo a sí mismo reprochándose su conducta. Se subió la máscara y evitó pasar los dedos por los labios, el sabor de la mujer seguía allí, endulzándole el paladar -Tienes que controlarte- se advirtió.
Respiró hondo, se arregló la ropa y el pelo y salió de la habitación. Los pasillos estaban completamente vacíos pero iluminados por algunas luces, tampoco se oía un solo ruido. Era como si aquella habitación los hubiera mantenido completamente aislados del resto de la Aldea. A una extraña y a él.
Tenía que salir de ahí, y esperó no cruzarse con ninguna mujer, no estaba seguro de querer averiguar quién había sido "ella", y esperaba que "ella" tampoco supiera quién era él. Tenía que olvidarse completamente de los últimos minutos, u horas, ni siquiera sabía cuánto tiempo había durado ese excitante encuentro.
-¿Dónde te habías metido, Kakashi?- su pareja estaba frente a él y lo veía con curiosidad. Aún debía lucir confundido. El ninja se fijó en la ropa que traía puesta Hanare, pero ella llevaba una simple blusa y una falda, y estaba seguro de que la otra mujer vestía diferente -¿Estás bien?- le preguntó cuando el Hokage se quedó en completo silencio.
-Sí, es sólo que no me di cuenta de lo tarde que es- Kakashi sintió una terrible punzada de culpa, aparte de la vergüenza y el arrepentimiento, ahora que recordaba a su pareja, se llenó de culpa. ¿Qué clase de hombre era?
-¿Discutiste con Sakura?-
-¿Qué?-
-Sí, hace unos minutos la vi salir de aquí, parecía realmente confundida. Pensé que habían discutido por algo-
-No, no la he visto por aquí-
-Casi salió corriendo. La reconocí por su cabello y su vestido-
En ese momento Kakashi se quedó completamente helado. Una idea surgió en su cabeza.
-¿No viste salir a nadie más?- no le importaba con quién había estado, le importaba descartar la idea de que no hubiera sido su alumna.
-No, a nadie. Además, ¿qué estabas haciendo aquí?-
-Pasé a dejar el atuendo- se inventó al momento.
Su cabeza daba vueltas, la sangre comenzaba a hervirle de nuevo, su corazón latía con más fuerza, su mente le recordaba el cuerpo que había tocado, su piel y cada curva que había recorrido. ¿Podría haber sido ella?, No, de ninguna manera podría haber sido ella. Aunque su cabello corto, tenía un vestido, su estatura concordaba y su cuerpo... No, se negaba a creer que la mujer que casi lo volvía loco de placer en esa oscura habitación, hubiera sido su alumna. No podía ser verdad, no podían ser sus labios, su aroma, su cuerpo...
