NOT TODAY:

Sakura estaba sentada en la pequeña mesa de su habitación, tenía un papel blanco y tinta que comenzaba a secarse. No se le ocurría nada qué escribir, había decidido que no le respondería a Sasuke, pero después de lo que había pasado con el Hokage tenía que recuperar un poco de lo que sentía por Sasuke, tenía que recordarlo y volver a sentir esa emoción juvenil de imaginar una vida juntos. Siempre había querido estar con él y ahora apenas le interesaba contestar su nota.

Pero era tan difícil, en especial cuando se enteraba que definitivamente no estaba embaraza, ese lazo que pensaba que podría unirlos, ahora se convertía en un verdadero alivio. Además disminuía mucho la culpa, pensar que estando embarazada de Sasuke se había entregado al Hokage, honestamente la avergonzaba en extremo. Había sido demasiado descuidada y tuvo mucha suerte de no enfrentar más consecuencias que su propia vergüenza y culpa. Había hecho lo correcto al no decirle a Sasuke sobre la tentativa de embarazo.

-Maldición – la tinta se había secado. Arrugó el papel y lo tiró en un cesto, dejó de intentarlo. Se levantó y salió de su habitación, necesitaba un poco de aire fresco. Necesitaba dar un paseo y dejar de pensar en su sensei. Tenía que dejar de preguntarse si ella hubiera sido capaz de conquistarlo. No había muchas diferencias entre Hanare y ella, la más notable era la diferencia en las edades y quizá esa era la más importante, la que dificultaba cualquier aspiración que pudiera tener. Eran demasiado años y sin embargo, eso no había sido demasiado para detenerlos aquella noche.

Había escuchado algunas historias sobre Kakashi, todos sabían lo solitario que era, pero eso no impidió que llegaran hasta sus oídos lo mujeriego que podía llegar a ser. Por esa misma razón le había sorprendido verlo tan comprometido con Hanare. Sin embargo Sakura nunca le había prestado atención a esa historias, él se comportaba con ella de forma sumamente caballerosa y eso era todo lo que le importaba.

No era tan tarde cuando salió a dar un paseo, terminaba su trabajo en la biblioteca temprano así que le quedaba el resto de la tarde y de la noche para ella, para salir con Ino y Tenten, y en ocasiones con Naruto. Y vería a las dos ninjas más tarde, así que por eso mismo necesitaba un poco de tiempo a solas, de otra forma no sería capaz de disimular su turbación y ellas comenzarían a suponer que se trataba de Sasuke y Sakura no tenía ánimos para hablar de él, para fingir que era la causa de todos sus problemas.

Un pequeño paseo era todo lo que necesitaba y en las orillas del bosque conseguiría la soledad que estaba buscando. Desafortunadamente se paseó también por enfrente de la Torre Hokage, aún desde la distancia pudo ver a su sensei, estaba parado frente a la ventana pero no creía posible que pudiera verla, comenzaba oscurecer.

Sakura suspiró un poco pensativa, terminó por bajar la mirada y seguir su camino. No tenía sentido ver lo que no podía tener, lo que no debía tener, lo que era imposible que tuviera.

-¿Pakunn, qué haces aquí? – Sakura no llevaba más que cinco minutos en las orillas del bosque cuando escuchó un ruido y el niken terminó por delatarse - ¿Hokaga-sama está bien? –

-Sí, Kakashi está bien. Sólo vine a dar un paseo, tomar un poco de aire fresco – la invocación se acercó reclamando su atención y ella estuvo feliz de acariciarlo, se sentó en el suelo sin importarle lo frío que estuviera - ¿Desde cuándo lo llamas "Hokage-sama"? –

-Desde que lo es, debo respetar su posición –

-A Kakashi no le gusta que lo llames así – aseguró Pakunn, era evidente que él no había estado aquella noche. Sakura se le enrojeció todo el rostro de sólo recordarlo – Él te tiene mucho aprecio y no le importaría que lo siguieras llamando "sensei" –

-Siempre es bueno verte, Pakunn, y saber que Kakashi-sensei te deja salir de vez en cuando –

-También me alegra verte, el resto dice que has cambiado mucho, pero yo apenas y lo he notado. Te veo tan seguido que no veo ninguna diferencia, sólo ese pequeño diamante en tu frente –

-¿Pero qué dices, Pakunn?, casi nunca nos vemos – el nikenn pareció nervioso y no dijo nada más, claramente estaba pensando en algo qué decir.

La joven estaba a punto de preguntarle a qué se refería cuando levantó la vista y se encontró con el responsable de esa invocación. El ninja la veía atentamente y Sakura sintió que se le erizaba la piel, su mirada estaba fija y parecía recorrerla con detalle, centímetro a centímetro. Su pulso se aceleró y trató de adoptar una pose un poco más atractiva, puso un mechón de pelo detrás de su oreja pero se arrepintió inmediatamente, dejaba en evidencia su sonrojo. Mejor desvió la vista hacia el Pakunn, el niken la veía curioso y su sonrojo se intensificó, no se le ocurría ninguna justificación.

No fue necesario que siguiera pensando, la innovación despareció en una diminuta nube, hubiera sido un alivio, pero sólo consiguió ponerse más nerviosa aún. Su corazón latía con más fuerza a cada paso que daba el ninja, se estaba acercando. Su mente le ofrecía demasiados escenarios a la presencia de él, era evidente que la estaba buscando, quizá tenía algo qué decirle, algo muy importante, o quizá sólo quería verla. Cualquiera era una buena opción. Y sin embargo, sentía que más que nunca estaba traicionando a Sasuke, más incluso que aquella noche, porque ahora ansiaba la presencia de alguien más, porque ya no lo esperaba a él.

De pronto lo sintió junto a ella y le ofrecía su mano para ayudarla a incorporarse. Su piel estaba fría.

-No deberías estar aquí, mucho menos sola – Kakashi soltó su mano inmediatamente. Había ido hasta allí con un solo propósito y debía cumplirlo.

-No estaba sola, Pakunn... -

-Pakunn no podría protegerte si lo llegarás a necesitar – su tono brusco la asustó, pudo notar la confusión en su hermoso rostro.

-En todo caso no necesito que nadie me proteja – ese tono tan altanero que le fascinaba – Puedo cuidarme sola – se cruzó de brazos y se apartó de él, aún más.

-Lo que sucedió en la oficina... se metió las manos en los bolsillos – Sólo quería decirte que no volverá a ocurrir, fue un gran error aprovecharme de ti cuando estabas tan vulnerable –

-Pero... -

-No tienes qué decir nada, eres mi alumna, una década menor y ambos tenemos a alguien que nos espera, por lo menos yo sí la tengo – se quedó callado para que la joven asimilara lo que acababa de decir – No quiero arruinar mi relación con Hanare por un error de una noche, ella es perfecta para mí, es de mi edad... -

-Lo entiendo – la joven le ofreció una sonrisa, fue más doloroso que cualquier reclamo o grito -No se preocupe, Hokage-sama, nada saldrá de mi boca – una sonrisa más y se fue. Así de fácil de había acabado.

Kakashi la vio alejarse con paso seguro y sin titubear ni un poco. Era por el bien de ella, para facilitar las cosas. No era hombre para ella, y el principal problema era la diferencia de edades. Sakura era muy joven, era indiscutiblemente hermosa y por lejos la mujer más interesante que hubiera conocido, pero sabía distinguir entre algo imposible y algo ridículo, y pensar en intentar algo con su alumna, era ridículo. No era imposible, claro que no, la había visto reaccionar a sus caricias, se había entregado completamente y probablemente lo haría de nuevo si él lograba seducirla, había visto un brillo especial en sus ojos cuando lo veía y eso era peligroso, la forma de amar de una joven así era apasionada y ciega, terriblemente ciega. Sakura comenzaba a cegarse pero él no, él no era el hombre que ella quería. No siempre era tan atento, ni cuidadoso, o fiel en el peor de lo casos, no tenía problemas en admitir sus defectos, pero el gran problema era que Sakura no estaba viendo eso y él también se comenzaba a olvidar de sus errores. Pero había puesto los pies en la tierra, aceptando su pasado un tanto turbulento, mujeres y noches fugaces y Sakura no podía formar parte de esa lista.

Era simple, lamentaría romper el corazón de Hanare, pero no soportaría dañar a Sakura, no resistiría verla sufrir como sufrió con Sasuke. Ahora ella tenía que encontrar un hombre bueno, alguien que estuviera a su altura y que no fuera ajeno. Le encantaba la forma en la que ella lo veía, le fascinaba y lo volvía loco, pero le iría mejor sin él. Más de una ocasión había asegurado que Sakura no era asunto suyo, y así era, pero no era por ella, era por él, la había tratado con indiferencia para recordarse qué era lo correcto. No era el bueno, y aunque ella sacara su mejor versión, esas ocasiones en que trataba de ayudarla, cuando se interesaba por sus problemas y cuando intentaba protegerla, eso no era suficiente, tarde o temprano terminaría por comportarse como era siempre, desinteresado. Tarde o temprano terminaría por arruinarlo.

Era un idiota, sí, pero por lo menos sabía cuándo una mujer valía la pena. Así que prácticamente se la estaba entregando a Sasuke. Tenía una debilidad muy grande por Sakura, sería absurdo negarlo, su alumna despertaba su interés de una forma muy fuerte, más que cualquier otra; sabía que la trataba de forma especial, que le prestaba más atención de la necesaria, algunas veces la favorecía de forma descarada, la cuidaba aunque ella no lo supiera, siempre estaba atento a lo que pudiera necesitar, pero qué sucedería cuando perdiera el interés, así terminaban todas sus historias, y no sería ensayo y error con Sakura.

Había tomado la decisión justo después de que Sakura saliera de su oficina, ella le había dicho que no era clase de hombre, que no lo arruinara por ella, pero se equivocaba completamente. Él sí era esa clase de hombre, y aunque con ella se comportara de forma distinta, no podía prometerle que siempre sería así. No era el bueno en la historia.

Él era el Hokage, todos esperaban una conducta apropiada y decente, esperaban a una mujer de su edad, y Hanare cumplía con los requisitos, además de ser muy bella, era la adecuada para él, para intentar domarlo un poco, o por lo menos para intentarlo.

Demasiado jodido para una mujer así.

(...)

Sakura estaba en la biblioteca, hacía un par de semanas desde la última vez que había visto al Hokage. No mentiría, estaba molesta, él había sido brusco, grosero y un auténtico idiota, y no quería dar crédito a los comentarios de mujeres resentidas pero parecía que realmente lo era y más que molesta, estaba decepcionada. Decepcionada de ella misma porque parecía estar irremediablemente enamorada del hombre equivocado, quizá por segunda vez. Por lo menos se había dado cuenta a tiempo.

Claro que lo había estado evitando, y todo lo que podía, no se paseaba por la Torre Hokage ni de broma, ni por cualquier otro lugar donde pudiera estar él, ni de chiste volvería a acercarse a él.

-Sakura – Yamato seguí apareciéndose diariamente para saludarla -Te llegó una carta –

-Gracias – la joven tomó el sobre. Era evidente de quién era y como no había prisa por abrirlo, lo dejó en la mesa y siguió con su trabajo – ¿Cómo les fue en el entrenamiento?, ¿Naruto está bien? – su compañero comenzaba a reanudar su actividad física y Sakura había estado preocupada desde el inicio.

-Él está bien, es más fuerte de lo que crees –

-Conozco su fuerza, y no es eso lo que me preocupa – suspiró y le dedicó una sonrisa al ninja – Naruto es un poco... obstinado. Usted lo conoce –

-Tranquila – Yamato se acercó y tomó su mano – Yo me encargo –

-Lo sé, y se lo agradezco –

La puerta se abrió y apareció el Hokage. La joven dio un último apretón a la mano de su antiguo Capitán y la soltó. Siguió con su trabajo como si la máxima autoridad de la Aldea no estuviera frente a ellos, la joven supuso que buscaba a Yamato, era la única explicación para que estuviera en la Biblioteca, con ella nada tenía que tratar.

-Sakura – ese tono tan insípido, hubiera preferido que no dijera su nombre - ¿Qué noticias tienes de Sasuke? –

-Los dejaré solos –

-Lo veré después, Capitán Yamato – le dedicó una sonrisa de agradecimiento – Tenemos mucho de qué hablar –

Apenas estaba terminando de salir cuando Kakashi volvió a hablar.

-¿Ha dicho si todo está bien? – Pero Sakura siguió ordenando los libros y aunque sí le respondió y aunque pudo contestarle con el mismo desinterés que demostraba él, no lo hizo, le respondió como si no hubiera sucedido nada entre ambos, como si aún fueran sensei y alumna, como en los buenos tiempos.

-La carta está sobre la mesa, Hokage-sama – habló con una sonrisa -Puede leerla – un minuto de silencio y luego él habló:

-Aún no está abierta –

-No, pero puede abrirla. Sasuke es muy limitado con las palabras – rio al recordar su falta de talento poético.

-Esperaré a que tú la abras –

Sakura interrumpió su trabajo y dejó el resto de los libros en una mesa cualquiera, más tarde terminaría. Kakashi estaba parado frente a ella, parecía incómodo así que ella le dedicó una sonrisa. Definitivamente le estaba costando mucho fingir que nada había pasado, pero era más fácil así.

Tomó la carta y la abrió contralando el temblor en sus manos. Ni siquiera sabía por qué estaba nerviosa.

Te veré en una semana

Cerca de la Arena

No recibí ninguna respuesta, espero que estés bien.

S

-Volverá en una semana – le entregó la carta al ninja que la veía con cierta curiosidad.

Sakura se dio vuelta y tomó los libros que antes había dejado en la mesa, tenía que seguir trabajando.

-Vendrá más pronto de lo que suponía –

-Sí, lo sé. Naruto estará feliz con la noticia – acomodó un par de libros más – Cada semana me preguntaba lo mismo. Espero que no afecte su recuperación, que no intente apresurar su entrenamiento. Supongo que debo hablar con Hinata y pedirle que lo vigile más...- estaba hablando de más, había querido fingir que todo estaba bien, pero estaba delatando su nerviosismo con demasiada charla.

-Si recibes alguna otra noticia...-

-Será el primero en enterarse, Hokage-sama – le dedicó la última sonrisa. El ninja ya estaba saliendo cuando dio la media vuelta y le dejó la carta en la mesa – Seguramente querrás conservarla –

-Gracias –

Kakashi suspiró completamente frustrado. No había esperado ver a Sakura de esa forma, tan recuperada y fresca. Era bueno que ella se hubiera dado cuenta del pésimo partido que era él, lo había visto directo a los ojos y ese brillo tan especial había desaparecido. Había hecho lo correcto, lo sabía. Y lo volvería a hacer.

Ella se iría en una semana, volvería a viajar con Sasuke y sólo la vería ocasionalmente. Un par de veces al año y después de algún tiempo, volvería casada o con un nuevo integrante del clan Uchiha, sólo era cuestión de tiempo.

En cuanto a Kakashi, bueno él también terminaría por sentar cabeza, quizá con Hanare o alguna otra. Alguna que fuera capaz de soportarlo.

No movería ni un solo dedo por Sakura, él no luchaba por ninguna mujer, nunca lo había hecho.

Volvió a su oficina, tenía trabajo qué hacer y sólo había ido a la biblioteca con el propósito de conocer los planes de Sasuke. Pensó que Sakura no se atrevería a ir a la Torre Hokage, la imaginaba resentida y dolida, pero por lo visto estaba de maravilla. Era de esperar, ella no tenía nada qué lamentar, ella no había hecho nada malo y podía levantar la cabeza y verlo directo a los ojos.

-¿Todo está bien, Kakashi? – Hanare estaba sentada en su escritorio y lo veía con cierta preocupación. Era indiscutible que era una buena mujer.

-Sí. Deberías irte pronto, ya me ayudaste mucho por hoy, ve a casa y descansa –

-¿Estás seguro?, no quisiera dejarte solo – se puso de pie y se acercó a él hasta que lo abrazó. Ella también tenía un aroma distintivo, pero no estaba seguro de qué era, a qué olía, era un poco cítrico, pero nada más.

-Anda, yo estaré bien – había días en que le constaba mucho ser paciente con Hanare, algunas veces su actitud infantil y su forma de llamar de atención lo volvía loco, y no de una forma buena. Era plena tarde, pero quería estar solo, un poco de calma.

-Mejor me quedo para acompañarte –

-No es necesario – le repitió tratando de mantener un buen tono. El ninja tenía la reputación de ser amable, y lo era, pero también necesitaba su propio espacio. Demasiado años en soledad como para compartir todo su tiempo de la noche a la mañana.

Hanare lo seguía abrazando y comenzó a retroceder con él y se las ingenió para entrar a la oficina. Tenía una sonrisa juguetona que él había aprendido a reconocer en el tiempo juntos, más de un mes. Bajó su máscara y lo besó, sus manos se aferraron a sus brazos y se acercó más a él.

Involuntariamente se relajó, sus músculos ya no estaban tan tensos. Correspondió a su beso de inmediato, sus manos fueron hasta su espalda y la recorrieron por encima de la ropa. La tomó de la cintura y la guio hasta el escritorio donde la sentó y se colocó entre sus piernas. Después de todo sí resultaría útil que ella se quedara.

Comenzó a subir su falta y a bajar su pantaloncillo.

...

-Adelante – alguien estaba tocando la puerta. Hacía un par de horas que Hanare se había marchado pero lo esperaría en su casa para cenar, al menos ese era el plan inicial.

-Hokage-sama – Sakura estaba frente a él y lucía un hermoso vestido rosa, del mismo color de su cabello – Shikamaru me ha pedido que le entregue esto – se acercó sólo unos pasos y aun así pudo detectar su peculiar aroma.

-¿Qué es? –

-Tengo entendido que es algo relativo a las construcciones en la Aldea – el ninja tuvo que hacer un enorme esfuerzo por leer el pergamino.

-¿Irás a un fiesta?-

-No, no realmente– la joven le sonrió divertida y acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja, además de morder su labio, ella no debía saber lo sensual que era cada uno de sus movimiento -Ino me ha llevado de compras y este es el resultado- se paseó por toda la oficina, dejando su aroma detrás de ella. Terminó por pararse frente a la ventana.

-Tiene una vista hermosa – dijo ella admirando el paisaje que ofrecía la Aldea.

Kakashi dio vuelta a su silla para observar lo mismo que ella, pero la vista para él era muy distinta.

-Vaya que sí – confirmó él viendo cada centímetro del cuerpo de su alumna. Desde su talón hasta el último cabello rosado. Observaba la sensual cuerva que definía su cintura de su cadera, y aunque ese vestido no era tan ajustado como el último, él ya conocía el perfecto cuerpo que se escondía debajo. Apartó la mirada y volvió a girar su silla, no tenía caso.

Sus ojos encontraron el pergamino justo en el momento en el que la puerta se abría.

-Yamato, ¿sucede algo? – pero el ninja no lo estaba viendo a él, estaba viendo a la mujer que estaba a parada frente a la ventana.

-Hola, Capitán Yamato – lo saludó Sakura caminando hacia él.

-Te ves muy linda –

-Ino hizo un buen trabajo – Sakura tenía sonrojadas las mejillas.

-No creo que todo el crédito sea para Ino – era como si el Hokage no existiera – ¿Te divertiste con "el día de compras"? –

-Sí, fue muy divertido –

-Yamato, ¿necesitabas algo? – interrumpió Kakashi.

-En realidad sólo estaba buscando a Sakura – dijo el ninja con una sonrisa – Shikamaru me dijo que estaría aquí. Quería saber qué tal había estado su día –

-Estaba por ir a comer con Naruto e Ino, por qué no viene y nos acompaña – lo invitó Sakura tomándolo del brazo y encaminándose a la salida, Yamato le abrió la abrió la puerta como todo un caballero pero antes Sakura se giró y le recordó – Deberá enviarle el pergamino firmado a Shikamaru, lo necesita para terminar una construcción. Hanare podría hacerlo, Shikamaru la estará esperando en el centro de logística –

-Se lo llevaré más tarde, Hanare se ha ido a descansar – Sakura pareció sorprenderse y le dedicó una mirada un tanto compasiva. Soltó el brazo de Yamato y se acercó a su escritorio.

-Yo lo llevaré – se ofreció con una de esas sonrisas tan sinceras.

El Hakage asintió y puso su firma en el pergamino para entregárselo.

-Gracias, Sakura –

-Trate de tomárselo con calma, Hokage-sama – le susurró – Está haciendo un gran trabajo – y le guiñó un ojo.

Kakashi se quedó solo tratando de asimilar lo que acaba de pasar, si su instinto no le falla, y realmente dudaba que lo hiciera, Yamato estaba interesado en Sakura. La había halagado, había estado buscándola sólo para preguntarle por su día, qué tan patético era eso. Yamato no tenía oportunidad con Sakura, ella se iría con Sasuke así que estaba desperdiciando su tiempo.

Le fastidiaba la actitud de Yamato porque era precisamente lo que Sakura merecía, un hombre que la halagara siempre, aunque no siempre tuviera un vestido ella era hermosa, alguien caballeroso y atento, cuidadoso y adecuado a su carácter dulce, el indicado para quitar esas pesadillas.

Y para ser franco, no imagina a Sakura junto a Yamato, no parecían una pareja adecuada. Además, él se había apartado para dejarle el camino libre a Sasuke, porque dentro de todo parecían ser la pareja perfecta, así que ahora no era justo que Yamato aprovechara esa oportunidad.

-No es asunto mío – se repitió. Esa frase comenzaba a hartarlo, si no era asunto suyo porque no dejaba de pensar en eso.

Lo único que le faltaba era que Sakura terminara quedándose en la Aldea, y ¡con Yamato!

-¡Joder! – golpeó la mesa con el puño -¡De ninguna maldita manera! –

Sakura, Ino, y Tenten, estaba en la mesa de un pequeño local. Faltaban algunas horas para que el Sol terminara de ocultarse así que bebían un poco de té mientas hablaban animadamente. Naruto y Yamato se habían marchado unas horas antes, cada uno tenía asuntos que resolver así que el día había terminado como una noche de chicas.

-Así que Sasuke vuelve en una semana...- recordó Tenten – Se llevaría una gran sorpresa si pudiera verte ahora, te ves de maravilla, Sakura –

-Es lo que le he dicho – comentó Ino – Eres una de las ninjas más reconocidas, y siempre has sido muy bonita. Tienes que aprovecharlo, lucirte y demostrarle a Sasuke que tiene suerte de tenerte a su lado –

-¿De qué hablas, Ino? Sasuke es bastante atractivo –

-Sí, pero aparte de Karin y tú, bueno... digamos que tú puedes conseguir a alguien mejor, más atractivo, pero Sasuke no creo que pueda conseguir a alguien más bonita que tú, esa mujer de pelo rojo no es precisamente bonita. Creo que subestimas tu belleza, podrías conseguir a cualquier hombre ¡Mírate! –

No a cualquiera, pensó Sakura.

-Ino tiene razón – apoyó Tenten.

-No quiero hablar de Sasuke – terció Sakura. Tenía demasiadas cosas en la cabeza – Ni siquiera estoy segura de a qué viene, no quiera adelantarme a nada –

Pero por el contenido de su carta, parecía que no había cambiado de idea, eso, o era muy bueno fingiendo interés cuando no lo sentía.

Además de todo, y el mayor problema, era que el flechazo por el Hokage aún no terminaba de pasar. Seguía molesta con su actitud, pero cuando lo veía, y a pesar de tenía que fingir una actitud amable, no le costaba porque en el fondo no podía olvidar el cúmulo de emociones que tenía en el pecho y del cual era el principal responsable. Se sentía tan segura en sus brazos y al mismo tiempo tan vulnerable, y lo más grave de todo era que le fascina esa contradicción.

Pero él lo había dejado muy claro, no estaba interesado en ella. Así que lo más sensato sería devolverse con Sasuke, eso suponiendo que nada hubiera cambiado.

Sakura creía que tendría tiempo de pensar la situación, pero resultó que no. Levantó la vista hacia la entrada del local, y Sasuke estaba allí parado, observándola con Naruto a un lado. Se puso de pie y se encaminó hacia él.

-¿Qué haces aquí? – fue la primera pregunta que se le vino a la mente.

-Te dije que volvería –

-Sí, pero en una semana. No te esperaba hoy –

-La carta debió retrasarse – se encogió de hombros como si no fuera importante, y no debía serlo. No era la mejor bienvenida.

-Me alegra verte – Sasuke tomó su mano. Sakura observó cómo Naruto se alejaba disimuladamente.

-Luces hermosa – tomó su mano y la observó atentamente. Debía sorprenderlo verla tan arreglada, con un vestido y el cabello acomodado de forma natural. Ella misma sabía que esa noche se veía mejor que otros días. Había notado cómo algunos ninjas le dedicaban largas y curiosas miradas.

-Gracias –

-Espero que no te arreglaras para nadie más, si no sabías que yo vendría hoy... - Sakura no había notado que detrás de Sasuke estaban sus compañeros de viaje. Incluida Karin.

-El Hokage debe saber que llegaste, también te esperaba en una semana. Será mejor que te reportes – soltó su mano – Te veré después –

-¿Por qué no me acompañas? – Sakura dudó unos segundos pero terminó por acceder. Sasuke tomó su mano de nuevo y comenzaron a caminar a la Torre Hokage. Los compañeros de Sasuke se quedaron parados y pronto se perdieron de vista.

-¿Cómo estuvo tu viaje? –

-No tan interesante. Estuvimos en... -

Sasuke estaba relatando su viaje pero Sakura tenía la mente en otro asunto. ¿A dónde se había ido todo la magia que sentía cuando estaba a su lado?, durante los primeros viajes, Sakura se había sentido en las nubes, y tenía que recuperar esa sensación. A pesar de todos sus errores, Sasuke era un buen hombre, después de tanto, él era el hombre que necesitaba a su lado. No era tan malo estar con él, ¿y qué si no se sentía en llamas cuando lo tenía cerca?, el deseo no lo era todo.

¿Cuánto tiempo más estaría flechada por el Hokage?, lo sentía aún en el centro de su pecho, así que debía irse para enamorarse de Sasuke de nuevo. Podría hacerlo, sólo necesitaba un poco de tiempo.

-Estás distraída... Sakura – la joven levantó la vista y se dio cuenta de que estaban parados frente a la Torre Hokage y Sasuke la veía un tanto confundido por su actitud distante. No había escuchado una sola palabra de su relato.

-Lo lamento, es sólo que... - no se le ocurría ninguna justificación decente.

-No tienes por qué disculparte – dijo antes de besarla.

Kakashi estaba en su oficina, el tiempo a solas sí le había servido para pensar. Ahora estaba un poco más tranquilo, o, mejor dicho, un poco más resignado por toda la situación. Le quedaba una semana antes de que Sasuke volviera y se llevara a Sakura en un viaje sin fin. Quizá podría hacer las pases con Sakura, tratarla con el mismo favoritismo de antes, después de todo podría ser la última vez que tuviera una oportunidad así. Todo hubiera sido más fácil de haber ocurrido aquella noche, podría verla como una mujer prohibida y con un letrero de "no tocar", pero haber cruzado ese límite había sido más peligroso de lo que hubiera podido imaginar. Creía que sólo sentía atracción física hacia ella, pero resultó que no.

Si sólo hubiera sido puro deseo, ya la habría olvidado, pero esa mujer seguía bien clavado en su pecho.

Se puso de pie y observó por la ventana, era la mejor distracción que pudiera tener en esos momentos. De pronto se le revolvió el estómago. No podía creer lo que estaba viendo, sus ojos tenían que estarle jugando una broma. Cerró las manos en puño.

Sasuke, que se supondría volvería hasta dentro de una semana, estaba besando a Sakura, su vestimenta era inconfundible. La tenía sujeta de la cintura y estaba muy cerca de ella. No la besaba, la devoraba, desde la distancia podía ver la urgencia de ese beso, las manos de Sasuke que ya recorrían la espalda de la chica por sobre la tela, su vestido comenzaba a subirse.

Estaba celoso, odiaba ver cómo alguien más la tocaba y había sido él quien buscó esa situación. Se la entregó a Sasuke, pero no imaginó que fuera tan sofocante verlo. Ya antes los había visto besarse, cuando él se despidió, era probable que hubieran compartido más de una noche juntos mientras viajaban, y sin embargo era distinto ahora, Kakashi no quería que Sasuke borrara las caricias que él había dejado aquella noche.

Su propio cuerpo aún estaba marcado con las manos de Sakura, aún podía sentirlas cuando cerraba los ojos.

-¿Esto era lo que querías, no? – se preguntó a sí mismo golpeando la ventana.

¿Cuándo aceptaría que estaba enamorado de Sakura?, que esa era la verdadera razón de todos sus males. Que la había alejado porque era el cobarde más grande en toda la Aldea, porque no soportaba la idea de no hacerla feliz, de no estar a su altura, de lastimarla con sus errores. Su intento de protegerla no era más que cobardía disfrazada.