CON LOS OJOS ABIERTOS:

Sakura estaba acostada en la cama y Sasuke dormía a su lado, no, esa noche no habían hecho el amor. La médico se las había ingeniado para que el ninja se diera cuenta de lo cansado que estaba por el viaje, y no les costó mucho, Sasuke cayó dormido apenas tocó la cama. Ni siquiera había visitado al Hokage, cuando estaban frente a la Torre, habían dado media vuelta y se dirigieron a casa.

Así que ahora él estaba dormido a su lado, antes de dormirse, el ninja le repitió un par de veces lo bonita que se veía esa noche, que le quedaba de maravilla ese vestido y que se había llevado una grata sorpresa al verla tan arreglada, aunque lamentaba que él no fuera la razón por la que ella lo hubiera hecho.

El ninja se veía tan tranquilo a su lado, no se movía y su respiración era tranquila y espaciosa. No podría ser tan malo quedarse con él, la trataba bien, la cuidaba y aunque había sido ella quien luchó por él, parecía quererla lo suficiente y apreciar su compañía, de otra forma no habría vuelto tan pronto. Había vuelto por ella, era una buena demostración, no era una lucha, pero sí una prueba.

Sakura se negaba a cerrar los ojos, seguía teniendo pesadillas y aunque no eran tan frecuentes, esa noche tenía el presentimiento de que tendría una si llegaba a dormirse. Se quedó despierta tanto como pudo, hasta que la oscuridad comenzó a aligerarse y se sintió lo bastante segura para cerrar los ojos, aun así, se despertó una hora más tarde, estaba bañada en sudor y en lágrimas.

No había un común denominador para que las pesadillas se presentaran, las había tenido sin Sasuke y con él a su lado, incluso cuando pasó aquella noche con el Hokage, no había ningún atrapa sueños para ella, sus pesadillas no dependían de nadie, y tampoco la falta de ellas. Era algo que debía solucionar ella misma.

...

-¿Así que Sasuke volvió? – le preguntó Yamato, estaba frente al escritorio y se le veía pensativo – Pensé que tardaría una semana más en volver –

-También yo – los dos hombres tenían el mismo semblante y sus propias ideas – La carta debió retrasarse. Aún no han venido a reportarse, seguramente no deben tardar –

-Vendré más tarde para escuchar el plan de ambos – se encogió de hombros – Mejor buscaré a Sakura yo mismo –

-Terminaría por irse, Yamato – le dijo Kakashi resignado.

-Eso es porque nadie le ha pedido que se quede – escuchar eso lo sorprendió – Cuando escuché esas palabras de la persona se quedará en la Aldea –

EL Hokage se quedó solo en la oficina. Yamato sólo decía eso porque su oportunidad con Sakura se había terminado y tampoco se atrevía a competir con Sasuke por la chica, ambos sabían que él era el indicado para ella.

-Kakashi, - dijo Hanare asomándose en la oficina – Sasuke y Sakura están aquí, ¿los dejo pasar? –

-Sí, hazlo por favor –

No tardaron más de unos segundos en entrar, venía tomados de la mano. Sakura parecía cansada, más que eso, se veía agotada. Debió ser una noche interesante.

-Los esperaba desde ayer – comenzó con un pequeño reclamo.

-Estaba cansado y necesitaba descansar – se justificó el ninja – Sakura me dijo que no me esperaban ayer sino hasta dentro de una semana, la carta debió retrasarse –

-¿Cómo estuvo el viaje? –

-Tranquilo, como todos. En realidad estuvimos la mayor parte del tiempo en la Arena, algunos días en la Roca, pero fue un viaje bastante corto –

-¿Cuánto tiempo se quedarán en la Aldea? – ya estaba dando por hecho que Sakura se iría con él, sólo esperaba que Sasuke no planeara llevar a su anterior equipo también. La médico abrió la boca pero luego la cerró y dejó que Sasuke contestara.

-Nos vamos a quedar en la Aldea – Kakashi se quedó helado cuando escuchó los nuevos planes -Durante un largo tiempo, así que vine a ponerme a las órdenes del Hokage –

-¿A qué se debe ese cambio de decisión? –

-Creo que nos hará bien estar por aquí un tiempo – miró a Sakura antes de seguir hablando – Además, es un buen lugar para sentar cabeza –

Sakura estaba escuchando las palabras de Sasuke y aún no podía creer que se quedarían en la Aldea. Él se lo había dicho esa misma mañana, y aunque Sakura intentó disuadirlo, decirle que ella quería seguir viajando, no hubo manera de hacerlo cambiar de opinión. Estaba convencido de que era lo mejor para ambos, dijo que quería intentarlo y la joven no pudo seguir poniendo excusas. Al final, si iban a ser felices, lo serían en cualquier lugar.

-Aún no estás en condiciones de salir en misión, ¿o sí, Sakura? – le preguntó el Hokage. La médico tuvo que hacer un gran esfuerzo para poner atención a lo que estaban diciendo.

-Está tan recuperado como Naruto, estoy segura de que puede realizar misiones de bajo rango. Karin lo cuidó bien mientras estuvieron de viaje, sus heridas sanaron como es debido –

-Es bueno saberlo, lo tomaré en cuenta – Sakura no había sonado molesta, celosa o dolida, había sido un simple comentario, pero la cara de Sasuke se había convertido en una mueca y el ninja esperaba que ese simple gesto no significara otra cosa. Después de todo, él también era un hombre y podía leer a la perfección ese tipo de detalles.

Cuando la reunión terminó, Sakura le dijo a Sasuke que debía volver a la biblioteca, tenía un trabajo que no debía descuidar, y más ahora que se quedarían en la Aldea. Tendrían una nueva rutina, aunque a la joven le costaba imaginarlos como una de las parejas de la Aldea, como Ino y Sai o Naruto y Hinata, haciendo cosas normales como salir por la noche y comer, ir a casa juntos y dormir en una cama.

-¿Sakura? – era Yamato.

-Capitán Yamato, ¿qué sucede? – comenzó a sacudir algunos de los estantes.

-Escuché que Sasuke volvió – el ninja se sentó una silla disponible, parecía un tanto decepcionado - ¿Cuándo te irás? –

-Ya que lo menciona, Sasuke y yo nos quedaremos en la Adea, indefinidamente –

-¿De verdad? –

-Sí, se lo acabamos de notificar al Hokage –

-Es bueno saberlo, me preocupaba que te fueras ahora que te has acostumbrado tanto a la Aldea y pareces tan tranquila estando aquí – realmente parecía aliviado de escuchar los nuevos planes.

-Gracias por todo, Capitán Yamato – le dijo acercándose y tomando su mano, había sido una compañía valiosa, incluso más que Naruto – No tiene que preocuparse tanto por mí –

-Somos del mismo equipo, además... - se quedó unos segundos - ¿Estás segura de que quieres estar con Sasuke? – Esa pregunta la sorprendió, jamás la hubiera esperando del ninja, era algo demasiado personal – No tienes que responderme, sólo quisiera que te respondieras a ti misma –

La joven asintió totalmente sofocada. Yamato le dedicó una sonrisa y la dejó sola.

-Estaba pensando en que fuéramos a comer – le dijo Sasuke por la tarde, aún estaba en la biblioteca.

-¿Sasuke, pasó algo con Karin durante tu viaje? – se había prometido no preguntar, pero necesitaba saberlo. La expresión del ninja fue la mejor respuesta que pudiera obtener, había desviado los ojos -¿Es por eso que volviste tan pronto? – asintió.

-Pero me sirvió para saber que tú eres la mujer que deseo para que me acompañe. Me di cuenta que tú eres la indicada para mí – tomó sus manos – Estábamos separados... -

-No te estoy culpando, Sasuke y tampoco te reprocho nada – cómo si ella no hubiera hecho lo mismo.

-Después de eso, supe que quería estar solo contigo, ¿lo entiendes? –

-Lo que entiendo, Sasuke, es que estamos muy equivocados – suspiró con fuerza – Creo que hubiera sucedido lo mismo con Karin, aun cuando hubiéramos estado juntos y yo tampoco he sido sincera contigo... -

-¿De qué hablas? –

-Hablo de que así no es el amor, así no es como se supone que debe serlo. No deberíamos estar con otras personas para saber que queremos estar juntos, se supone que cuando estás enamorado no quieres estar con nadie más, no necesitas otro cuerpo. No lo estamos haciendo bien, Sasuke, ninguno de los dos –

-¿Estuviste con alguien más mientras estuve de viaje? – Sakura repitió el mismo gesto que él había hecho, desvió la vista -¿Con quién? – estaba furioso, veía ese destello de disgusto en sus ojos.

-No tiene caso, Sasuke – la joven negó con la cabeza – No me quieres, o tal vez sí, pero no es suficiente, para ninguno de los dos y no tiene caso –

-Eres la mujer para mí, Sakura –

-Pero tú no eres el hombre para mí – el corazón de la joven latía con tanta fuerza que estaba aturdiendo sus oídos – El tiempo separados, lo que sucedió, me sirvió para saber que no quiero estar contigo –

-No se supone que debas decir eso, no después de todo lo que hiciste por mí, por estar a mi lado –

-Te convertiste en un hombre increíble – tomó su mano – Creo que siempre lo fuiste y te quiero mucho, eso jamás cambiará. Fuiste mi primer amor –

-Pero no soy el último... - Sasuke no estaba dolido, estaba sorprendido.

-Encontrarás una chicha linda, una buena mujer – lo abrazó con fuerza y reprimió algunas lágrimas – Pero que no sea Karin – escuchó al ninja reír – Ella no es tan bonita y es una bruja –

-Veré qué puedo hacer – Sasuke le devolvió el abrazo.

Se quedaron en la misma posición durante un largo rato. Sakura no sabía decir exactamente cuándo fue que dejó de amarlo, algún tiempo atrás aún suspiraba con sólo pensarlo, lo había defendido de todos y era la mujer que lo esperaba incondicionalmente, que siempre estaba dispuesta a perdonarlo, a abrir sus brazos y recibirlo como si nada hubiera pasado, se había vuelto más fuerte por él, lo había buscado arriesgando su propia vida, le había dedicado la mayoría de sus pensamientos, se preocupó por él más que ninguna otra mujer, también le lloró mucho, hace algún tiempo lo hubiera seguido al fin del mundo, pero ahora no.

Era ridículo, pero estaba dejando a Sasuke cuando era el hombre que siempre sonó que sería, que siempre esperó. Un ninja reformado, lo había esperado toda su vida, o eso creí, porque de pronto, ya no era él.

¿Estaba haciendo lo correcto?, sí y Sasuke también lo sabía. Aprenderían a vivir como buenos amigos.

Después de unas horas Sasuke se fue de la biblioteca, hablaron mucho, no dejaron de hacerlo. Conversaron sobre todo y como nunca, Sasuke le confesó todo de su vida, incluso las partes más oscuras, las que nadie más sabía, se sinceró sobre su odio y el miedo de que nada le quedara después de su venganza, el alivio que sintió, cuando después de todo, su equipo aún lo esperaba en la Aldea. Incluso le habló de la amargura de su niñez, la soledad que experimentó y que casi lo termina destruyendo, el dolor tan profundo cuando se enteró de la verdad sobre Itachi, el arrepentimiento de sus acciones, de la mayoría, pero la venganza clavada como espina, su búsqueda de fuerza en los lugares equivocados. Le contó todo, y lo hacía ahora que ya no eran nada más que compañeros de equipo, futuros amigos, y confidentes. Se había sincerado con ella como jamás lo hizo mientras compartieron la cama y los viajes.

-Cuando me pediste que te llevara conmigo, la primera vez – aclaró el con una sonrisa nostálgica - ¿lo recuerdas?, cuando me marché de la Aldea, tú me encontraste en medio de la noche. Estabas llorando. Estuve tan cerca de llevarte conmigo –

-¿Qué? –

-Sí, quería ese toque de ternura conmigo, alguien que me recordara que había un poco de luz entre tanta oscuridad –

-¿Y por qué me dejaste? –

-Recordé a Naruto, no podía estar solo. Él también necesitaba esa ternura y luz –

-Así que después de todo, nunca fuiste tan egoísta –

-Me alegra haber hecho lo correcto aquella ocasión. Mira en lo que te has convertido, eres la mejor ninja médico – Sakura lo abrazó con fuerza y se refugió en su pecho – No sé cuáles sean tus planes, pero mientras estuvimos en la Arena, me preguntaron si considerarías pasar un tiempo allá, capacitando a su equipo médico –

-Lo pensaré –

-No me dirás quién es ese tipo, ¿verdad? – la joven negó con la cabeza – Sé que no resultó bien y también sé que quien quiera que sea, es el idiota más grande de toda la Aldea –

Sakura se quedó en la biblioteca hasta que oscureció, se quedó pensando en todo lo que había sucedido en los últimos días. Pensó mucho en Sasuke, era un gran hombre, pensó mucho en la oferta de la Arena. Había intentado viajar, y no era lo suyo, estaba en la Aldea, pero no estaba cómoda, no del todo. Quizá lo que necesitaba era un nuevo inicio, en otro lugar, con otro ambiente. Era momento de afrontar sus miedos, superarlos o hundirse con ellos.

Hanare no estaba custodiando la entrada a la oficina Hokage, esa ya era una ventaja. Tocó antes de entrar, quizá ella estaba adentro e interrumpiría algo.

-Adelante –

El ninja levantó la vista apenas la vio, centró toda su atención en ella y esperó que hablara.

-Kakashi-sensei... -

-¿Sin formalidades? –

-Sasuke y yo nos iremos dentro de un par de días, él me acompañará... -

-Esto no es un juego, Sakura – el ninja estaba comenzando a fastidiarse de su constante ir y venir - Esta mañana dijeron que se quedarían y por un largo tiempo...-

-Esta mañana Sasuke y yo aún estábamos juntos – suspiró con fuerza y desvió la vista – Después decidimos tomar caminos separados. Esta vez es definitivo –

El ninja se puso de pie y se acercó a la joven. Esas palabras eran aire puro, era como quitarse una carga de la espalda. De repente se sentía ligero, su humor había cambiado de un segundo a otro. Saber que Sasuke ya no tocaría a Sakura era la mejor noticia que pudiera haber escuchado, desde el día anterior, cuando volvió y los vio basarse, no había dejado de pensar en lo que sucedería cuando estuvieran solos. Había estado de un humor de perros todo el día y Hanare pagó su genio, se marchó por la tarde y no volvió, estaba molesta y no era para menos, no le había gritado, pero su tono de fastidio y desinterés no pasó desapercibido.

Así que ahora, con su alumna frente a él, y diciéndole las mejores noticias que podría escuchar, sólo podía pensar en una sola cosa. Ni siquiera le importaba las razones por las que la relación entre sus alumnos no funcionó. Tampoco le interesaba que había prometido alejarse de ella, que él mismo la había alejado y que se había llenado de razones para no estar con ella, para no pelear su compañía. Nada de eso importaba, no cuando Sakura estaba frente a él y ahora como una mujer libre.

Sakura se negaba a verlo a los ojos, sabía que se estaba acercando pero parecía molesta y no era para menos. El ninja igenoró su actitud, tomó su delicado rostro entre sus manos y buscó sus precioso ojos jade, tenía ojeras y aun así lucía hermosa, como siempre. Se acercó, bajó su máscara ante la mirada curiosa de la ninja y la besó, sus labios estaban tibios, húmedos y eran suaves. Tenían un sabor dulce y delicado. Sus manos automáticamente se colocaron, una en su nuca y otra en su cintura, la acercaron peligrosamente.

Seguramente Sakura no tenía ni idea de cuán sensual era su cuerpo, que podría volver loco a cualquier hombre que tuviera ojos.

Su sangre comenzó a calentarse, y aunque el beso comenzó lento, de a poco fue subiendo de intensidad. La lengua de su alumna acariciaba sus labios y se enredaba con la suya, sus manos estaban sobre su pecho, aferrándose a su ropa, aceptando ese ritmo necesitado que él imponía. Pero aún quería más, quería todo.

Sus manos se fueron directo a su espalda, a esa curva que la delineaba perfectamente, aún sobre la tela eran caricias que estaba acelerando su pulso cardiaco. Bajó hasta su trasero, la sintió tensarse un poco pero de apoco comenzó a disfrutar de ese íntimo contacto, ella se acercó más a él, a su cuerpo, se pegó tanto como era posible. Kakashi aprovechó la cercanía y empujó su pelvis contra la cadera de ella, fue un roce tan placentero que los hizo jadear.

El ex ANBU, abandonó sus labios para ir directo a su fino cuello, soboreó cada centímetro de ella mientras la seguía empujando contra su cuerpo, mientras su miembro comenzaba a latir dolorosamente, estaba excitado y el placer que comenzaba a sentir estaba dirigiéndose a un sólo lugar. Además, no dejaba de recordar el último encuentro, la forma en la que su alumna lo había tocado, sus caricias tan placenteras en su miembro, sin contar que los ahogados gemidos de Sakura, eran un estimulo extra. Ella siempre era tan apasionada, tan sensible a cada caricia y siempre parecía disfrutar tanto cuando estaba entre sus brazos. Sus reacciones eran tan naturales, era el reflejo del placer que sentía.

Estaba acariciando todo su cuerpo, sus manos pasaron de su espalda y su cintura hasta su vientre y sus delicados senos. Los tocó por encima de la tela, los encerró en sus manos y sintió cómo se endurencian con el paso de los segundos, sus jadeos se volvieron más intensos, su cuerpo se movía inquieto por el placer, sus manos se enredaron en su cabellera gris y lo atrajeron más hacia ella, le imploraba más y él estaría encantado de hacerlo, de satisfacer cada uno de sus deseos. Se quitó los estorbosos guantes , y después introdujo las manos bajo su blusa, acarició su vientre y comenzó a subir hasta que sintió los firmes senos cubiertos por el sostén, metió las manos también bajo esa delgada tela y tocó sus piel desnuda, estaba caliente y era suave. Sabía cuán sensible era esa parte y lo aprovechó para placer de ambos, la acarició con las yemas de los dedos, los cubrió con toda la mano y los apretó con la fuerza necesaria, hizo pequeños círculos sobre ellos y provocó que se endurecieran aún más. Quería que fuera su boca la que probara esa piel, quería deslizar su lengua y succionar hasta dejar una marca, mordisquear hasta escucharla suplicar por más. Imaginarlo ya era bastante placentero.

Ni siquiera se dio cuenta de cuándo fue que dejó de besar su cuello, ahora sólo jadeaba, sus gemidos eran roncos y salían de lo más profundo de su pecho.

Sakura despertaba emociones demasiado necesitadas en él, era como debía sentirse un adolescente en su primera vez, demasiado ansioso para tomárselo con calma. Así era como estaba en esos momentos, acariciando el cuerpo de su alumna con desesperación, ni siquiera había pensado en quitar su blusa, metía las manos y la tocaba como si no fuera un hombre experimentado.

Subió más su blusa y su sostén y se aseguró de que no se bajaran, quería verla, sentirla al descubierto, a su merced completamente, incluso se pasó la lengua por los labios imaginando ese deleite. La giró de un sólo movimiento, hasta que quedó en su espalda, entonces acarició su pecho de nuevo, la joven echó la cabeza hacía atrás y disfrutó del placentero contacto. Kakashi jadeaba contra su oído y empujaba su pelvis contra el trasero de Sakura. Sus manos bajaron hasta su vientre plano e incluso aún más. Llegaron hasta sus muslos, estaba calientes. La acarició por encima de la tela, debía estar húmeda, lista para recibirlo. Frotó su mano contra la intimidad de la joven y la sintió reaccionar, empujar contra ese contacto, mover su cuerpo en sensuales y provocativos movimientos de cadera que chocaban contra su miembro . Estaba excitada y tan necesitada como él. Quería estar dentro de ella en ese momento. Deslizarse en su intimidad húmeda y tibia, embestirla con fuerza y empujar contra su pequeño cuerpo, imaginarlo no era suficiente y sólo lo estaba dejando aún más necesitado. Siguió frotando entre sus piernas, pensando en que pronto sería su miembro, una de sus manos subió y acarició sus senos de nuevo, ella lo agradeció con un movimiento de cadera que lo dejó sin aliento. Tenía que hacer algo, tocarla no era suficiente, ya tenía la garganta seca por sus constantes gemidos. Su miembro palpitaba y no podía estar más firme y erecto.

Sería fácil bajar la falda de Sakura y sus propios pantaloncillos, terminar con la agonía de ambos. Pero quería algo más íntimo, quería llevarla hasta su casa, desvestirla completamente y acostarla en su cama, entre sus sábanas. Verla completamente desnuda y prender la luz para memorizar cada detalle, quería ver sus senos desnudos, su piel blanca, sus largas piernas y su intimidad expuesta. Quería verla acostada y desnuda, ofrecerle comodidad. Sentir su aroma en sus sábanas, que ella dejara su exquisita esencia allí, para que él pudiera recordarla cada vez que viera esa cama, par sentirla cerca. Quería escuchar el colchón ceder bajo el peso de ambos, con cada embestida. Quería hacerle el amor.

Pero estaba tan necesitado de ella que no sería capaz de esperar tanto.

-Sakura- gimió su nombre -Vamos a mi casa, por favor -

Por un momento pensó que ella no lo había escuchado, seguía tan perdida en cada caricia, pero resultó que ella sí escuchó su petición y como respuesta se alejó bruscamente de él.

-¿Y llevarme a donde debe estar ella?- le preguntó bajando su blusa y sostén, comenzaba a arreglar su ropa. Estaba dando por terminado el asunto.

-¿De quién hablas, Sakura? -

-De Hanare- escuchar su nombre fue como recibir un golpe directo al estómago- A menos, que ella ya no deba estarlo esperando...-

Su silencio fue la peor respuesta.

-Sakura...-

-¿No hará nada para que estemos juntos? - la joven no podía creer que de nuevo hubiera caído en sus brazos. Él nunca lo intentaría por ella -Es un cobarde-lo acusó.

-¿Qué hay de ti?, dejaste que te tocara cuando se suponía tenías a Sasuke bien metido en el corazón-

-Por lo menos yo tuve el valor de aceptar mis errores- dio un par de pasos para atrás- Terminé con Sasuke, y no le oculté mis fallas. Pero usted no siente culpa, ni remordimiento. Estuvimos juntos, en esta oficina, estuve desnuda sobre su escritorio, en el mismo lugar en el que Hanare lo visita, ¿Cómo puede hacer algo así?, estuvo a punto de hacerlo de nuevo sin detenerse a pensar en ella. No tiene el valor para terminar con esa absurda relación, y tampoco para intentar algo conmigo. ¿Qué pretende? , ¿Acaso sólo me ve como un simple cuerpo para un rato? Usted dijo que me alejara, que no arruinara su perfecta relación con Hanare, pero es usted quien me busca, quien se acerca a mí. Ya le di todo lo que tenía y eso no fue suficiente... -

-Lo lamento, Sakura -

-Me niego a creer que es esa clase de hombre, que sólo busca pasar el rato, del que tanto escuché pero que a mí siempre me trató de manera distinta, pero quizá, y después de todo, usted tenga razón, no es el bueno...-

-¡No lo entiendes!- pero tampoco le explicó.

La joven mordió su labio inferior con tanta fuerza que sintió el sabor metálico de la sangre. El Hokage la vio unos segundos, abrió la boca para decir algo y luego la cerró, se dio la vuelta y se quedó en esa posición. Sakura sólo veía su ancha espalda.

-Yo también lo lamento. Lamento mucho haberme enamorado de usted-

Kakashi se dio la vuelta, tenía la máscara abajo y la joven podía ver perfectamente su rostro.

-¿Qué fue lo que dijiste? -

-Me voy a la Arena- suspiró con fuerza y lo miró a los ojos -Quieren que entrene a su equipo médico... Me iré en un par de días por algún tiempo, espero que sea suficiente... -

El Hokage no dijo nada, ni una sola palabra. Sólo desvió la vista.

-Suerte, sensei-

Después de eso salió de la habitación. La distancia tendría que ser suficiente, y si no lo era, pondría unos años de por medio también.