EL INDICADO:
-¿Cómo te enteraste? – Sakura comía tranquilamente con Sasuke, era la primera vez, después de dos largos meses en la Arena, que por fin estaba en su Aldea, aunque tendría que volver en un par de días.
-Fue el mismo día en que terminamos – la vio con sus profundos ojos negros, no resentido, pero quizá un poco molesto de que tuviera que ser el Hokage – Te vi salir de su oficina, estabas llorando... no hace falta ser un genio para darse cuenta de lo que estaba sucediendo –
-¿Es por eso que te quedaste?
-Sí, tenía que darle su merecido por robarme a la chica.
-Estás hablando del Hokage.
-Es un asunto de hombres, no de rango – eso mismo había dicho su sensei - ¿Por qué él, Sakura?, debo admitir que llegué a pensar que podía ser Naruto, cualquier otro ninja, pero no él.
-Es más sencillo de lo que crees – la joven dio un sorbo a su té – No es asunto de rango, como tú lo acabas de decir, no importa si es el Hokage, o mi sensei, me cautivó el hombre que es, que siempre ha sido conmigo, si no es él, no es nadie –
Sasuke frunce el entrecejo y desvía los ojos, debe saber qué es lo que intenta decir su compañera, pero no entiende cómo puede encontrar tan fascinante a un hombre mayor, uno que no parecería llamar la atención de las mujeres, no desde su punto de vista.
-Espero que sepas lo que estás haciendo, porque realmente creo que está muy viejo para ti –
Sakura ríe divertida, sabe que su compañero no está hablando en serio, que es su forma de demostrar cuidado, una peculiar forma de mostrar su interés.
-Tranquilo, estaremos bien.
-Lo sé, pero siempre puedo enseñarle otra lección – el ninja sonrió con un poco de malicia - ¿Alguien más lo sabe? –
-Sólo tú, y preferiría que siguiera de ese modo.
-¿Has pensado en lo que dirá Naruto?, desde que nos separamos no deja de preguntarse quién es el misterioso sujeto que logró conquistarte.
La joven negó con la cabeza, ni siquiera quería imaginarlo. Su rubio compañero podía ser un poco exagerado y alborotador, así que seguramente tendría algo qué decir cuando se enterara de la nueva noticia.
-¿Cuándo te regresas a la Arena?
-En dos días, el entrenamiento va muy bien, así que terminaré en tres o cuatro meses más –
-Alguien te busca – dijo Sasuke señalando la entrada del pequeño local de comida. Era el Hokage, estaba apoyado en una pared y los veía fijamente.
-Gracias por la compañía, Sasuke – Sakura besó su mejilla antes de levantarse – Escuché que estás saliendo con alguien – su compañero se sonrojó ligeramente y eso la hizo reír – Hablaremos de eso más tarde, quiero saberlo todo –
-No creo que Kakashi te deje sola un solo minuto –
Sakura se despidió del ninja, estaba realmente aliviada de que Sasuke se hubiera tomado tan bien esa noticia, sin contar el par de golpes que le había asentado al Hokage, todo había resultado bastante bien.
-Espero que no intente convencerte de que no soy un buen partido – le comentó Kakashi apenas la tuvo cerca – Creo que aún espera darme otra lección –
-Estás exagerando – caminan entre las calles de la Aldea, así que mantienen la distancia.
-Hace dos meses que no te veo, Sakura, lo único que quiero es encerrarme contigo en una habitación y cuando te busco, te encuentro cenando con él, besas su mejilla y ríen felices, yo soy el que está loco por ti y debo caminar a tu lado como si sólo fueras mi alumna –
-También te extrañé – Sakura le dedica una sonrisa llena de ternura, ella también quiere tomar su mano y besarlo en ese mismo instante – Te busqué en la oficina, pero Shikamaru me dijo que estabas en una reunión importante, ¿qué sucede? –
-Nada de lo que debas preocuparte – esa respuesta no fue suficiente para Sakura, algo debía estar sucediendo para que no quisiera decirlo.
No debía ser sólo en la Hoja, la seguridad en la Arena también se había intensificado, la habían acompañado todo el trayecto dos ninjas, y aunque ella trató de rechazar la compañía, el Kazakage había insistido tanto, que no le quedó más remedio que aceptar. Algo estaba sucediendo y nadie parecía estar dispuesto a decirle.
-Sé que algo está sucediendo – pero el Hokage no dijo nada más, e incluso cambió de tema.
-¿Cómo te va en la Arena?, espero que el equipo médico esté avanzando pronto – estaban por llegar a la casa del ninja – Quiero tenerte cerca lo más pronto posible –
La joven estaba por responder, pero el Hokage ya la estaba besando. En un solo movimiento se había bajado la máscara y la tenía acorralada contra la puerta de su casa. Extrañaba sus labios, ese contacto tan íntimo que enseguida comenzaba a subir su temperatura corporal.
Kakashi se las ingenió para abrir la puerta y entrar sin dejar de besar a la joven. La había echado mucho de menos. No había día en que no la pensara, en que no deseara tenerla a su lado, esperando en casa cuando él volviera, había extrañado tremendamente sus grandes ojos jade, la ternura que podía reflejar, había extrañado ver una melenita rosada ir de un lado a otro.
Cuando se despidieron, en la Arena hacía dos meses, Kakashi no había dejado de imaginar el momento en que la volvería a tener entre sus brazos. Se podría pensar que esos dos meses le habían servido para pensar claramente las cosas, para darse cuenta de la locura que había sido ir detrás de su alumna, para desencapricharse, pero no fue así, cada día la extrañaba más, cada día su necesidad por ella crecía. Ni siquiera pensó en otra mujer, no necesitaba otro cuerpo que no fuera el de Sakura, no le apetecía otra compañía y eso nunca había sucedido, le bastaba con el recuerdo de ella, de su joven alumna. Podría esperarla el tiempo que hiciera falta.
La tomó entre sus brazos y la llevó hasta el dormitorio. Esa ocasión debía ser especial, quería que Sakura la recordara por siempre.
La depositó cerca de la cama y con mucho pesar tuvo que separarse de su cálido cuerpo. Prendió una pequeña lámpara y por fin pudo ver en su totalidad a la joven, su rostro sonrojado y ojos brillosos, su pequeña falda y su ajustada blusa.
-Eres hermosa – le dijo antes de acercarse y besarla de nuevo.
Esta vez con más lentitud, lo hizo con calma, no había prisas, ella sería suya toda la noche.
La tomó de la cintura, pero sus manos bajaron más, la presionaron contra su cuerpo, por más que quisiera conservar un poco de autocontrol, el deseo comenzaba a crecer en él. Sakura tenía sus delicadas manos sobre su pecho, aferrándose a su camisa.
Su lengua se enredaba con la suya, ni siquiera recordaban que debían respirar, no hacía falta en esos momentos.
Sakura se separó de él, respiraba por la boca, tenía los labios húmedos e hinchados, se veía increíblemente sensual. Kakashi no estaba seguro de por qué se aleja, pero lo averiguó de inmediato. La joven comenzó a desvestirlo y no había sensación que pudiera compararse.
Comenzó con su camisa, la subió y la sacó por completo, el ninja tenía otra camisa, una elástica de color negro, la responsable de cubrir su rostro, también la sacó. Al final, tenía todo el pecho desnudo.
Sakura lo observó sin disimulo, cada centímetro de él, e incluso mordió su labio inferior, esa mirada encendió cada gota de sangre en su cuerpo. La joven no se detuvo ahí, delineó cada músculo con su dedo índice, un escalofrío lo recorrió por completo. Las caricias de la joven lo estaban dejando sin aliento, cerró los ojos para disfrutar de ese contacto, claro que no era la primera vez que una mujer lo tocaba, pero sí era la primea vez que lo deseaba y lo disfrutaba tanto. Pronto, no fueron sólo sus manos, la joven estaba besando su pecho desnudo, él podía sentir la humedad en su lengua que dejaba un rastro en su piel. Esos besos estaban sacando roncos gemidos de su garganta.
La tomó de la nuca, la atrajo más, no quería que se detuviera, sus manos se enredaron en su melena rosa y la pegó tanto a su pecho como fue posible. Sus besos no eran tímidos, eran apasionados y tremendamente eróticos. Sus suaves manos no se quedaron quietas, bajaron hasta su pantaloncillo y comenzaron a desabrocharlo, lo hizo lentamente, como para excitarlo aún más. Escuchó cómo el cierre se bajaba, sintió como la presión en su miembro disminuía y lo aliviaba, pero las manos de Sakura estaban tan cerca que sólo aumentaba su necesidad de que lo tocara. Sus pantaloncillos terminaron por caer totalmente, los dedos de Sakura lo acariciaban sobre la tela, recorrían su miembro erecto y lo hacían gemir involuntariamente.
Pero de pronto se detuvo, se alejó totalmente de él, al ninja le tomó algunos segundos recuperar la respiración, y cuando lo hizo, abrió los ojos y el poco aliento que había logrado recuperar, lo perdió cuando vio que Sakura comenzaba a desvestirse.
Estaba parada frente a él, y deslizaba su falda entre sus largas piernas, lo hacía sensualmente, con suavidad y cuidado, hizo lo mismo con su pequeño short negro, esas dos prendas quedaron tiradas en el suelo dejando al descubierto sus largas y torneadas piernas, estaba sólo en bragas. Kakashi quería acercarse, acariciar su piel tibia, sus muslos, quería sentir sus piernas alrededor de su cadera. Y estaba por tocarla, pero Sakura no había terminado, enganchó los dedos a su blusa y comenzó a subirla. Primero quedó al descubierto su vientre y unos segundos después, le mostraba su pecho cubierto por un sostén rosado. El ninja se quedó totalmente embobado viéndola, y lo hizo descaradamente, recorrió cada centímetro de ella, y se pasó la lengua por los labios, saboreado su piel, su sabor dulce, imaginando lo que vendría a continuación.
Se acercó a ella y en sólo unos segundos ya estaba devorando sus labios, sus manos ya recorrían su cuerpo semidesnudo, ya comenzaban a desabrochar su sostén y lo hizo con una rapidez de tiempo récord, por fin su espalda quedó totalmente desnuda.
La recostó en la cama y se colocó sobre ella. La vio directo a los ojos jade, se topó con su mirada luminosa y llena de deseo, ambos jadeaban, la habitación se llenaba del ruido de su apresurada respiración. Kakashi podía sentir el pequeño cuerpo de su alumna bajo el suyo, podía sentir sus senos desnudos empujar contra su pecho firme, sus largas piernas enredadas con las suyas, su cadera empujar su pelvis.
La besó con más desesperación de la que hubiera querido, ya no tenía nada de autocontrol. Dejó sus labios para bajar hasta su cuello, apoyó todo su peso en un solo brazo para poder acariciarla. Sakura enseguida comenzó a jadear, sus gemidos eran delicados, eran suaves y mucho más eróticos de lo que pudiera pedir. Bajó más, bajó hasta que sus labios sintieron una piel más suave y cálida. Su lengua saboreó sus senos, succionó con fuerza, necesitaba exprimir cada gota de ella, la sintió elevar su pecho en busca de más caricias, de un contacto más firme, y él le ofreció todo lo que buscaba, la hizo moverse inquieta, desesperada por sus caricias, aferrarse a su espalada y cabellera, enterrar las uñas en su piel demostrando el placer que estaba sintiendo.
Siguió bajando, depositó largos y húmedos besos en su vientre plano y cubierto de una ligera capa de sudor, bajó más hasta que llegó a la línea de las bragas. Las mordió y las deslizó entre sus piernas, Sakura levantó la cadera así que pudo hacerlo con facilidad.
Ahora su alumna estaba completamente desnuda, el ninja se tomó unos minutos para observarla, para verla recostada en la cama, dejando su aroma en las sábanas, impregnando todo de su esencia, cómo él siempre había querido que fuera. Los últimos dos meses, no hacía más que fantasear con el momento en el que por fin la tendría de esa forma, en su cama, haciendo el amor.
El Hokage terminó de bajar su ropa interior, ya no podía seguir esperando, quería sentirla cerca, lo necesitaba. Una sensación de alivio lo invadió, ya no había nada que pudiera estorbar. Hubiera querido alargar más el momento, pero ya no lo soportaba, y estaba seguro de que Sakura tampoco, necesitaba hundirse en su cuerpo.
Se colocó de nuevo sobre ella, no era la primera vez que estaban juntos, pero la pasión y el deseo seguían intactos, eran tan fuertes como aquella tarde, rodeados de pergaminos, cuan él aún no sabía que era ella la que despertaba un deseo casi incontrolable.
Comenzó a deslizarse en su intimidad, estaba húmeda y lista para recibirlo, ambos contuvieron la respiración, pero Kakashi no dejó de verla ni un solo segundo. Un escalofrío lo recorrió cuando estuvieron completamente unidos, se tomó un par de segundos antes de moverse, quería disfrutar de la sensación tan única de estar en su interior, la forma en la que sus piernas se aferraban a su cadera, nada podía compararse a ese momento.
Las embestidas fueron lentas al principio, suaves y cadenciosas, pero con el pasar de los minutos, la fuerza y la velocidad aumentaron, estaba desesperado. La cama comenzó a crujir bajo el peso de ambos, los jadeos de ambos se volvieron más ruidosos y una capa de sudor los cubrió a ambos. El ninja no podía detenerse, no podía frenar el ritmo brusco de sus embestidas, no podía controlar la fuerza en su pelvis y no estaba seguro de si la joven estaba cómoda con esa rudeza. Pero Sakura no le pidió que se detuviera, en lugar de eso, clavó las uñas en su espalda y dejó que el la embistiera a placer, estaba disfrutando tanto como él. La humedad que compartían, el calor, la intimidad, el hecho de que su cuerpo desnudo chocara con el suyo, sentirla tan entregada, soportar sus embestidas, él había pensado exprimir cada gota de ella, pero era su alumna la que absorbía cada gota de él.
Ese ritmo fuerte e intenso, duró lo necesario para dejarlos agotados a ambos, Sakura se entregó por completo a su último orgasmo y lo llevó con ella. Kakashi terminó exhausto, respirando sobre el pecho desnudo de la joven, aún estaban unidos y una sustancia blanquecina corría por los muslos de su alumna.
-¿Estás bien? – le preguntó cuando pudo recuperar el aliento, con mucho pesar salió de ella pero se quedó recostado sobre su pecho, le gustaba esa sensación, sentirla tan cerca.
-Me siento de maravilla – la joven lo envolvió en sus brazos. Su aroma, dulce y suave, llegó hasta sus pulmones.
-No regreses a la Arena, les diré que ha surgido una emergencia y que debes quedarte aquí – la joven sonrió ante su petición e intentó peinar su rebelde cabellera gris.
-¿Cuál sería esa emergencia? –
-Que el Hokage te necesita cerca, muy cerca –
-No creo que eso cuente como emergencia – la joven cerró los ojos, se veía increíblemente hermosa – Además, prometo volver en un mes, tampoco me gusta estar lejos de ti –
-Ten mucho cuidado.
-Siempre lo tengo, Hokage-sama.
Durmieron juntos esa noche y todas mientras Sakura se quedó en la Aldea, hicieron el amor en más de una ocasión, disfrutaron de la compañía del otro, aunque fuera en secreto. Valía la pena, realmente que sí, tendrían que esperar otro largo mes, quizá más, para volver a estar así de cerca.
-Estaba pensando...- comenzó el Hokage que seguía recostado en la cama, aún era temprano, pero era el último día que estarían juntos, esa mañana Sakura debía partir hacia la Arena – Quizá, cuando el entrenamiento médico termine, pensé, que... tal vez te gustaría ayudarme en la oficina Hokage... -
-Estaba por pedírtelo – la joven lo besó suavemente en los labios – Espero que no te aburras de mí, podría cansarte de tenerme cerca todo el día –
-No sueño con otra cosa – el ninja la tomó de la cintura y la colocó sobre él – Me gusta cómo te queda esa camisa – vestía su propia camisa, una de manga larga – Deberías llevártela a la Arena, así tendrás algo para recodarme –
-Como si me fuera posible olvidarte – Sakura se acurrucó en su pecho y el ninja la rodeó con los brazos.
No había mejor sensación, tenerla descansando tan cerca, sentir su corazón latir al compás del suyo. Nunca había experimentado tanta tranquilidad, algo dentro de su pecho lo impulsaba a ser el bueno de la historia, él hombre correcto. Esta vez lo sería.
-Esperaba que te quedaras más tiempo – le dijo Ino abrazándola con fuerza – No tardes mucho en volver –
-No lo haré – observó al pequeño grupo que la despedía – Cuídate mucho, Naruto, no te esfuerces, aún tienes que recuperarte –
-Cuando vuelvas, estaré totalmente recuperado, Sakura-chan –
-Lo sé – le dio un abrazo y después habló con su otro compañero -También ten mucho cuidado, Sasuke, tómatelo con calma –
-Es bueno verte tan feliz – en medio de un abrazó le susurró: Es bueno saber que él está haciendo un buen trabajo – la joven se sonrojó un poco, pero logró controlarse a tiempo. Su relación con Sasuke estaba mejor que nunca, era un amigo más.
-¿Segura que no quieres que te acompañe, Sakura? – Yamato también la despedía. Lo había visto el mismo día de su llegada, y el ninja realmente parecía feliz de verla allí, aunque fuera por unos días.
-Sí, no pasa nada – le ofreció una sonrisa agradeciendo todo su apoyo – El Kazakage dijo que un grupo me estaría esperando –
-Pensé que el Hokage estaría aquí, despidiéndote – la joven se sorprendió por el comentario de Yamato – Estuvo esperando tu regreso, desde que volvió de la Arena, no dejaba de ver el calendario – la médico observó a su alrededor pero el resto de los ninjas estaban enfrascados en su propia discusión y no le prestaron atención a las palabras del también, ex ANBU.
Sakura se quedó sin palabras, Kakashi no le había dicho que alguien más lo supiera, y sin embargo, Yamato le giñó el ojo a modo de complicidad.
-No deberías dejarlo solo tanto tiempo – su rostro enrojeció completamente, un calor se extendió desde su cuello hasta las orejas. El ninja debía saberlo.
Terminó de despedirse de todos, pensaba partir a primera hora de la mañana, pero fue casi antes de mediodía cuando comenzó su camino. No había esperado que el Hokage fuera a darle el último adiós, él se había despedido esa mañana, cuando despertaron juntos. Era más fácil así, además, no podrían despedirse como si sólo fueran ex sensei y exalumna, había un lazo entre ambos que podría volverse muy notorio, ella no podía decirle un simple "adiós", como al resto. Apenas había logrado separarse de sus brazos esa mañana, abandonar su calor con una fiel promesa de regresar pronto.
Así que emprendió su marcha, con un paso tranquilo y una sonrisa en el rostro. Nada podía salir mal, no después de un día así. Mientras caminaba, esperó que el siguiente mes pasara volando, no veía la hora de volver a ver al Hokage.
No llevaba ni media hora de camino, cuando sintió que alguien la seguía. De no haber estado tan distraída pensando en Hokage, recordando los últimos días juntos, y sonriendo como boba, se habría dado cuenta mucho antes. No tenía sentido fingir que no se había dado cuenta, además, mientras más se alejara de la Aldea, bueno sería peor.
Se quedó parada, esperando, tenía confianza en su propio potencial, había mejorado mucho desde la guerra, y quizá, cuando quien quiera que la estuviera siguiendo, se diera cuenta de que era ella, la dejaría tranquila y podría seguir con su camino.
No tardó mucho en aparecen un ninja, la joven se desconcertó por su vestimenta, tenía un poco de todas las Aldeas, incluso de la hoja, tenía el sello del país del Fuego, pero aún conservaba la manda que se había creado exclusivamente para la Guerra.
-¡Qué suerte la mía, encontrarme con la médico más famosa! – Sakura no se intimidó ni por un segundo, era solo uno.
-Yo no lo llamaría suerte- la joven sabía que no era un ninja amigo, podía reconocer su actitud, el aura que despedía, así que lo mejor era prepararse para cualquier cosa.
-Lo llamaras así, una vez que vengas con nosotros –
Así que después de todo no estaba solo, tendría que terminar con él antes de que su apoyo los alcanzara. De sus manos comenzó a fluir chakra verde y luminoso, sintió cómo una descarga de adrenalina recorrió su cuerpo, pero en lugar de motivarla, la sofocó, en el fondo sabía que no estaba preparada para pelear de nuevo, no le gustaba sentir que debía proteger su vida otra vez, ya no le gustaba el peligro. Intentó no transmitir su inseguridad.
El ninja la observaba con una sonrisa burlona, de su espalda sacó una estrella bastante grande, y cuyo filo podía verse aún a la distancia. Se acercó a Sakura, era más veloz de lo que ella imaginaba, pero nada que no pudiera controlar, lo esquivó de un solo movimiento. Se abalanzó de nuevo contra la médico, aquella estrella afilada era muy grande y él parecía no estar acostumbrado a usarla, se le veía incluso un poco torpe, intentó atacarla de nuevo, pero ni siquiera la rozó. Sakura aprovechó ese momento, era claro que ese ninja no era muy habilidoso, lo tomó de un brazo, lo giró y ocasionó que su propia arma terminara por herirlo a él.
La joven se quedó helada, tenía sangre en el rostro y en parte de su ropa, estaba paralizada, sentía sus manos comenzar a temblar y su corazón latía con tanta fuerza que dolía. El ninja aún intentaba recuperarse, tenía una gran herida en el pecho, su ropa estaba manchada y pequeñas gotas de líquido rojo estilaban y caían al suelo, ya había formado un pequeño charquito.
Sakura cerró los ojos intentando apartar esas imágenes de su cabeza, pero sólo veía sangre, incluso la olía, escuchaba los ahogados gemidos de dolor del ninja, era como estar de nuevo en la Guerra, no podía dejar de temblar, sentía su cuerpo helado y no podía respirar, sus pulmones no se expandían.
-¿Así que le temes a la sangre? –
-¡Aléjate de mí – le gritó Sakura al casi moribundo ninja que se arrastraba hacia ella, le mostraba sus manos ensangrentadas, se reía de ella.
-Será más fácil de lo que pensé – el ninja comenzaba a incorporarse.
La médico dio un par de pasos hacia atrás, debía alejarse, volver a la Aldea, de todos modos él estaba tan herido que no sería capaz de alcanzarla. Se limpió la cara con la mano, sintió que la sangre húmeda dejaba un rastro en su piel y eso le revolvió el estómago, talló su cara con más fuerza de la necesaria hasta que no sintió nada más, pero su aroma, ese aroma tan peculiar metálico, estaba por todos lados, estaba en su ropa.
Estaba por darse la vuelta y marcharse de allí, pero su adversario la salpicó de su propia sangre, de nuevo estaba en su rostro, en su ropa, incluso en su cabello rosado. Y él no se detuvo, siguió salpicándola, siguió acercándose.
Sakura sólo estaba concentrada en quitarse la sangre de su rostro, quería alejarse y salir corriendo, pero su mente no estaba funcionando bien, sus instintos de supervivencia parecían dormidos. Ya ni siquiera retrocedía, ni siquiera se daba cuenta de lo cerca que estaba ese hombre.
No había funcionado nada, y realmente Sakura lo había intentado todo, pero el miedo a la sangre seguía latente, en la Arena había intentado ayudar en el Hospital, pero apenas había comenzado y no estaba lista para afrontar su miedo de una forma tan grotesca.
Vio que esa estrella filosa se abalanzaba sobre ella, la veía estilar sangre, veía una de sus puntas completamente roja y húmeda, y se estaba acercando.
Cerró los ojos, no pasó mucho cuando sintió que algo caía sobre ella, era demasiado pesado, era una persona.
Abrió los ojos y lo primero que vio, fue una cabellera gris, una conocida y rebelde cabellera gris. De su garganta salió un grito desgarrados, lleno de miedo y dolor, su corazón se rompió en ese momento. Siguió gritando, lo hizo con tanta fuerza que su garganta ardía, estaba segura de que debió escucharse hasta la Hoja.
Kakashi estaba apoyado sobre ella, protegiéndola, su rostro estaba entre su cuello, escondido. Sakura podía ver la gran estrella afilada clavada en su espalda, lo había atravesado completamente, podía sentir la punta sobre su propio vientre, podía sentir cómo la había llegado a cortar, era sólo una pequeña herida, ella estaba a salvo.
El Hokage no reaccionaba, ni siquiera con el tremendo grito que ella había vociferado, y estaba a punto de caer sobre su espalda, recibir la estocada final, si no es que ya la había recibido, pero Sakura no lo dejó caer, se aferró a su cuerpo y comenzó a sollozar.
-Sensei... - pero no hubo respuesta – Por favor, sensei... - Nada.
Sakura sintió una punzada en el centro del pecho, era un dolor físico, era su corazón roto, parecía insoportable y la puso de rodillas con el cuerpo del Hokage entre sus brazos. La joven tenía el estómago revuelto, había aun nudo gigantesco en su garganta, dolía tragar saliva, estaba respirando muy agitadamente pero no podría tranquilizarse. Sentía que ya nada más importaba, gruesas y pesadas lágrimas resbalaban por sus mejillas salpicadas de sangre, no tenía fuerza, y no hacía nada más que sollozar y aferrarse al Hokage.
Tenía su cuerpo bien pegado al suyo, aún podía sentir el filo del arma rozar su vientre y herirla con cada movimiento, pero no sería capaz de sentir más dolor. Abrazaba a ese hombre con desesperación, era muy tarde para que el chakra curativo saliera de sus manos y lo ayudara, no había nada que pudiera hacer, no hubo tiempo para despedidas, todo había acabado.
El tiempo se había acabado, era muy tarde.
Sakura volvió a gritar, con más fuerza, con más dolor, desconsolada.
Su sensei comenzaba a perder su calor corporal, el que esa misma mañana la había envuelto y acobijado, su aroma tan peculiar se había perdido y mezclado con la sangre, ya no que había fuerza en sus brazos que colgaban de manera trágica, su corazón no palpitaba contra el suyo.
Muy tarde.
