EPÍLOGO: LAS HUELLAS DE LA TRAGEDIA

DIEZ MESES DESPUÉS:

Sakura estaba terminando de ordenar algunas cajas, la mudanza sería pronto, en unos días solamente. Debía terminar de arreglarlo todo, pero el timbre sonó y tuvo que levantarse y abrir la puerta. Suspiró con un poco de cansancio y se encaminó hasta la entrada.

-¿Necesitas ayuda? – le preguntó su rubia e incondicional amiga rubia mientras la abrazaba con fuerza, ahora era mucho más cariñosa.

-¿Segura que puedes ayudarme? – Sakura observó el apenas abultado vientre de Ino, sólo cuatro meses.

-Claro que sí, además estoy cansada de quedarme en casa.

-Gracias – la médico la invitó a entrar – También necesitaba un poco de compañía.

-Has avanzado mucho – Ino observó a su alrededor y notó la casa casi vacía.

-En realidad no hace falta mucho, tan sólo las fotografías y algunos pequeños detalles –

-Entonces me alegra haber venido.

Sakura e Ino se dedicaron a seguir guardando todo, algunos floreros y platos de la cocina, los envolvían cuidadosamente en papel y luego los acomodaban en una caja marcada con "cocina", era el típico trabajo de mudanza.

-¿Guardamos las fotografías también? – preguntó Ino mostrándole un preciado recuerdo.

-No, prefiero hacerlo después – Sakura se acercó hasta un pequeño mueble donde había varias fotografías, pero una en específico le ocasionó un pinchazo justo en el corazón.

La tomó entre sus manos temblorosas, aún no era capaz de controlarse, después de tanto tiempo. Sospechaba que nunca podría hacerlo.

Observó ese retrato cuidadosamente, sus dedos acariciaron el vidrio que la cubría.

Se escuchó el llanto de un bebé.

-Déjalo, yo iré – se ofreció Ino apretándole el hombro de forma reconfortante.

Sakura le agradeció mentalmente a su amiga y se quedó ensimismada en sus propios pensamientos, esa fotografía tenía muchos recuerdos, pero cada vez que la veía sucedía lo mismo, se ponía terriblemente sentimental. Esa ocasión no sería distinta.

-Creo que Sakumo necesita a su mamá – Ino había vuelto y traía entre sus brazos a un pequeño bebé de cabellera gris con unos grandes ojos verdes, tenía los ojos adormilados y un poco hinchados por su reciente llanto, su siesta había terminado. Era un bebé precioso, todos se lo habían dicho y ella lo creía, tenía su melenita gris y facciones delicadas y finas, sería todo un galán cuando creciera, pero por el momento era completamente adorable. Era toda una sensación en la Aldea, seguramente cuando creciera, todas las miradas estarían sobre él, había mucha expectativa sobre el talento que podría haber heredado.

Sakura cargó entre sus brazos a su primogénito. El bebé aún terminaba de jadear por su reciente llanto. La joven lo arrulló suavemente y le tarareó una cancioncilla inventada, una simple tonada que terminaba de calmarlo. Le fue imposible no sonreír, no había sensación que pudiera compararse, nada era igual cuando abrazaba a su bebé, en su pecho parecía no haber suficiente espacio para el profundo amor que le profesaba a Sakumo, todo era distinto desde su llegada hacía dos meses. Sakura aprendía cosas nuevas cada día, aprendía a ser una buena madre, la mejor. Besó los delicados cabellos plateados del bebé.

Abrazó al pequeño y lo meció tranquilamente, pero aún tenía la fotografía en una mano.

-Tienes que dejar de culparte – le dijo Ino que observaba la escena conmovida.

-Pero sí fue mi culpa, Ino – observó la fotografía. Era el Hokage, tenía su atuendo y su misteriosa máscara bien puesta. Tenía ese semblante pensativo y misterioso que lo caracterizó desde el primer día, su rebelde cabellera gris, la cual había heredado a su hijo – Debí superar mi miedo a tiempo, nos hubiéramos ahorrado mucho dolor – le dio otro beso a Sakumo, eso siempre la tranquilizaba.

-No, no lo fue. No fue tu culpa que te atacaran, que él quisiera protegerte – su amiga le quitó la fotografía y la dejó en su lugar – Además, le agradezco que lo hiciera, de otro modo no estarías aquí, ni tú, ni Sakumo –

-Lo sé – estaba embarazada en el momento del ataque, quizá de haberlo sabido no se hubiera ido de la Hoja aquel día, se hubiera quedado sana y salva, junto a su sensei, hubieran estado a salvo los dos, o, mejor dicho, los tres.

-Fue un buen detalle escoger ese nombre, Sakumo –

-También lo creo, a él le habría gustado –

Hacía diez meses del ataque que habían sufrido. No era más que un grupo de ninjas rebeldes, ni siquiera eran talentosos o peligrosos, los capturaron unos días después de emboscarla. Era un pequeño grupo de cinco, revoltosos y fanfarrones que pretendían ganar poder después de la Guerra, intentaban capturar a los protagonistas, a Naruto, Sasuke o a ella, a cualquiera que pudiera servirles para sus idealistas planes. Pero eran ninjas débiles, eran ruidosos, y claro que causaron preocupación en las Aldeas, la seguridad se reforzó, los Kages estaban hablando del asunto y planeando cómo resolverlo cuando la atacaron.

Fue un pergamino de emergencia de la Niebla alertando a la Hoja, tenían información de que el grupo renegado merodeaba por la Hoja, pero el aviso llegó tarde, media hora tarde.

El Hokage salió sin dar muchas explicaciones, él mismo se internó en el bosque y siguió a su alumna. Naruto y Sasuke fueron tras los pasos del ex ANBU, pero aún con toda su fuerza y habilidades, ni siquiera pudieron igualar la velocidad de un ninja que iba tras el amor de su vida. Cuando el apoyo llegó, todo había sucedido, encontraron un baño de sangre y a Sakura llorando y aferrándose al cuerpo del Hokage. El atacante estaba muerto como el ex ninja que copia.

Atraparon al resto días después, cuando iban tras Kankuro de la Arena, no fue difícil capturarlos, sin habilidades especiales, nada excepciones, por eso tanta culpa de Sakura, por eso tanta recriminación, hubiera podido acabarlo en segundos, sin un solo rasguño, evitar tanto dolor y sufrimiento, si tan solo hubiera podido enfrentar su miedo, ese terror a la sangre.

Ino y el resto decían que no era su culpa, pero así se sentía. Después de eso se metió de lleno en el hospital, lo hizo hasta que fue capaz de ver sangre, hasta que sus manos lograron curar una herida abierta, hasta que se recuperó, pero lo hizo muy tarde. Se recuperó siete meses tarde.

Su rubia amiga se marchó unas horas después, su compañía le hacía bien, además ahora era su turno de apoyarla durante el embarazo, así como ella lo había hecho, cada día. Ocasionalmente ella era quien la visitaba, pero debido a la mudanza apenas tenía tiempo de salir, cuando todo el ajetreo terminara podría reanudar su rutina, dar pequeños con Ino y con su hijo.

No pasó mucho tiempo hasta que el timbre volvió sonar, sabía perfectamente quien era. Sólo había una persona que la había apoyado más que Ino, o Naruto, o Sasuke y ese era el hombre que estaba frente a ella, que la visitaba siempre que podía.

-Guy-sensei, pase por favor – él había sido el primero cuidarla y protegerla cuando su embarazo salió a la luz, le ofreció su completo apoyo, la apartó de las habladurías, dio la cara por ambos y la defendió siempre que hizo falta, no fue fácil, estaba embarazada del Hokage, muchos habían dudado que realmente fuera su hijo, no lo creían posible, pero siempre estuvo Guy a su lado, callando chismes y dudas. Y cuando hubo que pensar en algún padrino para Sakumo, la respuesta fue sencilla.

-Sólo vine a asegurarme de que estuvieran bien –

-Estamos bien – la joven le ofreció a su pequeño sobrino postizo y el Jounin lo abrazó gustoso – Estaba a punto de comer –

-Lo sé, además sé que no te gusta comer sola –

Sakura le ofreció una sonrisa agradecida y le sirvió un plato de comida. Durante los últimos días, Guy había venido sin falta a verla, para asegurarse que no necesitara nada, para acompañarla, aunque fuera sólo un rato. Se negó a soltar al pequeño bebé, incluso mientras comía lo sostenía y se las ingeniaba para mantenerlo quieto y entretenido.

-Lo extrañas – afirmó Guy observándola fijamente con esa mirada comprensiva y alentadora.

-Sí – admitió la joven viendo a su hijo jugar con el rostro del hombre que lo sostenía, se había acostumbrado a su presencia.

-¿Sabes?, cuando me enteré de que tendrías un hijo de Kakashi, bueno, debo admitir que era el más sorprendido, pero cuando reflexioné sobre el asunto... - dio un sorbo a su té – Supongo que era bastante evidente, la forma en la que te veía, siempre te trataba de forma especial y en más de una ocasión me pidió que cuidara de ti durante alguna misión, pero sólo me pedía por ti, nunca por el resto – ambos sonrieron con complicidad.

-Gracias por venir, Guy-sensei –

-Le prometí a Kakashi que cuidaría de ustedes y eso haré. Además, no perdería oportunidad de ver al pequeño Sakumo – elevó al bebé sobre la mesa – Serás un gran ninja, como tu padre y como tu madre... -

-Tendrá al mejor sensei... -

-Por supuesto, guiaré a este pequeño hasta convertirlo en el mejor de todos. Tendrá la llama de la juventud – Sakura sonrió ante las palabras del ninja, su hijo no podría estar en mejores manos – Será un honor entrenar al hijo de mi eterno rival -

Guy se quedó cerca de una hora más, hablaron un largo rato, eran conversación tranquilas y simples, pero Sakura se sorprendía de la confianza que había llegado a tenerle a ese hombre. Lo conocía como sensei, habían compartido varias misiones juntos, pero ahora era un amigo, era una gran compañía.

Sakura abrazó con más fuerza a su hijo que se aferró a su ropa, con sus pequeñas manitas agarró su blusa y se relajó en sus brazos. Su melenita gris le ocasionaba cosquillas, pero no había mejor sensación. A la médico le alegraba que tuviera el cabello de ese color, le gustaba que tuviera mucho de él, era perfecto de esa forma. Era un recordatorio de las cosas importantes, era la prueba de un amor inmenso, uno que les había salvado la vida.

Observó las fotografías, había muchos momentos que le hubiera gustado tener en esos marcos, pero estaban en su memoria y tendría que conformarse con eso. Todavía conservaba ambas fotos del equipo siete, la primera y la segunda, observó atentamente a Naruto y a Sasuke, había sido muy importantes durante los primeros meses después del ataque, en especial Sasuke, se había comportado como el amigo que nunca fue, la apoyó y cuidó de ella, todavía lo hacía.

Dejó al pequeño bebé en su cuna, lo hizo con sumo cuidado, temía que se rompiera, aún dudaba la mayoría del tiempo, le preocupaba cuando lloraba, estaba aterrada de verlo enfermo, pero hacía su mejor intento y siempre lo haría.

El pequeño Sakumo la observó desde su cuna y agitó los brazos en el aire, le mostró una de esas sonrisas tan adorables que le devolvían la vida.

-Serás igual a tu padre – su corazón se oprimió – Ojalá estuviera aquí, con nosotros-

Se quedó con él un rato más, hasta que se quedó profundamente dormido. Entonces pudo seguir guardando el resto de las cosas. Dobló la ropa en los armarios, entre sus cosas encontró la vieja camisa que solía usar Kakashi cuando era el Jounin encargado del equipo siete, con las marcas en los hombros del país del fuego. Sakura la pegó contra su cuerpo, aún tenía su aroma, aún podía sentirlo cerca. La dobló con mucho cuidado y la dejó sobre la cama, era su pijama, una muy especial que sólo usaba en contadas ocasiones, no quería desgastarla, pero esa noche la usaría.

Cuando terminó de organizarlo todo, se metió al baño, se daría una ducha rápida aprovechando que el bebé dormía profundamente, se bañó en minutos porque todavía no se acostumbraba a dejarlo solo, temía que algo pudiera sucederle, que pudiera necesitarla de un momento a otro. Sin embargo, cuando salió de su rápida ducha, el pequeño Sakumo seguía tan dormido como al principio.

Sakura se vistió con unos pequeños shorts y la camisa. Aún faltaban algunas horas para que la noche cayera, se sentó en la mecedora, un regalo de Yamato, y se balanceó un poco mientras se aseguraba que su hijo siguiera descansando, ella también estaba un poco cansada, pero no se dormiría...

Escuchó que la puerta se abrió, alguien había entrado a su casa, se puso de pie y antes de que terminara de salir de la habitación y averiguar quién era, él estaba frente a ella.

-Te extrañé – le dijo abrazándolo.

-Lo sé, también te eché de menos –

La médico se dejó envolver por los brazos del Hokage, dejó que su calor y aroma la envolvieran. No quería moverse, ni siquiera un centímetro, quería quedarse siempre en sus brazos.

-¿Cómo han estado?, ¿qué tal tu día? –

-Estamos bien, Sakumo duerme tranquilamente, no tardará en despertarse y exigir que lo abraces, estoy segura de que también te ha extrañado –

-Soy el hombre más afortunado, te tengo a ti, la mujer más hermosa y talentosa, que me ha dado un hijo, que me ha dado una familia, que ha hecho de esta casa un hogar – levantó su rostro – Te amo, Sakura – y se acercó para besarla.

Entonces despertó, se había quedado dormida en la mecedora. Le bastó un vistazo para asegurarse de que su hijo seguía durmiendo tranquilamente.

-Sólo ha sido un sueño – se repitió intentando calmar la agitación que sentía en su pecho. Tenía ganas de llorar, era tonto, lo sabía, pero así era ella, había quedado demasiado sensible y aún no se recuperaba.

Observó a su alrededor y comprobó que estaba sola, de todos modos, era imposible que alguien entrara, era más imposible que fuera precisamente él quien entrara y la envolviera en sus brazos. Por eso los sueños eran aún más difíciles, los últimos días no había dejarlo de soñarlo, cada noche, en cada siesta, no podía sacarlo de su cabeza y cuando todo parecía tan real, cuando estaba en sus brazos y recordaba lo que se sentía, entonces despertaba y se daba cuenta de la realidad, que no había nadie más en la casa, que no aparecería nadie más.

Lo extrañaba mucho.

Se puso de pie y buscó un poco de agua, debía calmarse, controlar un poco más sus emociones, en poco día comenzaría su nueva vida y debía estar preparada para ese momento.

Volvió a su dormitorio y se observó en el espejo, algunas ojeras pero valían la pena, Sakumo era un tanto inquieto. Peinó su cabellera rosada, ya no era tan corta, la había dejado crecer un poco pero quizá ya era tiempo de un despunte.

Quería pensar en otra cosa, pero le era difícil. Su corazón aún estaba acelerado por el reciente sueño, latía con fuerza e irregularmente. Nunca se acostumbraría, ella lo sabía, no había forma de que se habituaría a estar sin él.

Un viento frío se coló por la ventana abierta, la noche estaba cayendo y dentro poco, los últimos rayos de sol terminarían por desaparecer.

Se quedó contemplando las fotografías que aún se negaba a guardar, lo haría hasta el último día, cuando ya no le quedara más tiempo.

Fue hasta la ventana y la cerró, esa corriente fría podría enfermar al pequeño que dormía profundamente, nunca se era demasiado precavida. Entonces escuchó la puerta abrirse, Sakura se giró enseguida, no esperaba a nadie y aún se asustaba un poco cuando la sorprendían, en especial estando sola. Cuando se dio cuenta de quién era, su corazón se detuvo por una fracción de segundo. Se acercó inmediatamente hasta él, todavía cojeaba ligeramente, y lo abrazó con tanta fuerza como le era posible sin lastimarlo. Inmediatamente su aroma lo invadió y entonces, después de cinco largos días, pudo relajarse.

Kakashi abrazó a Sakura con fuerza, ignoró ese pinchazo de dolor que lo atravesó a la altura del pecho. La había extrañado tanto, a ella y su pequeño y casi recién nacido hijo.

Tuvo que salir de la Hoja, una reunión de los Kages, nada importante pero tampoco pudo evitarlo, debía estar allí, debían verlo sano y fuerte, confiar que la Hoja seguía tan fortalecida como siempre. Se suponía que la reunión debía durar dos días más, él no debía volver hasta dentro de tres días, pero no podía estar lejos de Sakura, ni mucho menos a su primogénito, para su fortuna el resto lo entendió perfectamente. Era todo un acontecimiento que algún Kage tuviera descendencia, sin contar que la madre del pequeño era una de las médicos más reconocidas en todos los países, sin duda que eran una pareja bastante famosa y que el pequeño Sakumo lo sería aún más.

El ninja la guio hasta el dormitorio del bebé, lo hizo sin soltarla, no quería dejar de sentir su calor, su perfume, sentir su corazón latir contra el suyo. Observó a su hijo dormir tranquilamente, acarició sus despeinados cabellos grises mientras evitaba derramar algunas lágrimas, había estado muy cerca de perderse tanta felicidad.

-Creí que no volverías hasta dentro de unos días – Sakura se refugió en su pecho y también observó al pequeño. Había ocasiones en las que se pasaban horas enteras sólo viéndolo.

-No me gusta estar sin ustedes, ya me perdí mucho – había estado en coma durante cinco largos meses, y todo ese tiempo Sakura enfrentó el embarazo sola, aún se le oprimía el corazón cuando lo recordaba – Los extrañé mucho – besó su cabellera rosada y trató de tranquilizarse, ya estaba en casa.

-También te extrañamos –

Kakashi levantó el rostro de la joven, se veía cansada y seguramente él tenía el mismo aspecto, no les iba bien cuando debían separarse y ambos lo sabían. Observó sus hermosos ojos jade, los mismo que lo habían enamorado, que aún lo ponían de rodillas. La besó con delicadeza, sus labios estaban un poco fríos, pero tenía ese sabor dulce tan peculiar, tan propio de ella.

La amaba profundamente, como jamás amó a otra mujer y como jamás lo haría. Sakura y su hijo eran su vida entera, después de una vida solitaria y llena de pérdidas, de excesos, de tragos amargos y mujeres fugaces, después de tanto, obtenía su propio final feliz, la mujer de sus sueños, la que le había dado una familia y un hogar.

Mientras la besaba tranquilamente, sin prisas, el miedo parecía retroceder, las dudas y el pasado se borraban. La tomó de la cintura y la acercó a su cuerpo, seguía volviéndolo loco como la primera vez.

Además, debían reponer el tiempo perdido, todas las noches desperdiciadas, aprovechar que Sakumo dormía profundamente.

¿Cómo había logrado recuperarse?, mejor dicho ¿Cómo había logrado volver a la vida después de perderla en aquel ataque?, de la misma forma en la que Naruto y Sasuke se recuperaron después de su última batalla. Habían sido las mismas células las que lograron devolverle la vida.

Naruto se lo contó todo, lo encontraron muerto en los brazos de Sakura, lo llevaron de inmediato a la Hoja, pero en el Hospital sabían que ya era muy tarde, que no había otra cosa qué hacer más que resignarse. Sakura no se dio por vencida, buscó a Tsunade y le contó sobre la posibilidad de usar las células regenerativas de Naruto y Sasuke, una idea demasiado arriesgada pero la última que tenían, era la última esperanza.

Murió durante dos horas, pero entonces su corazón volvió a latir. La herida en el pecho era demasiado grande, había perdido mucha sangre y su cuerpo apenas tenía fuerza para seguir respirando, aunque había logrado devolverle la vida, no era suficiente para que se recuperara de la noche a la mañana. Durmió durante cinco largos meses, apenas aferrándose a la vida, con latidos tan superficiales que nadie hubiera apostado a que sobreviviría, no creyeron que lo lograría, no pensaron que tendría la fuerza necesaria para despertar, pero lo hizo, y lo hizo por Sakura y su, en aquel entonces, futuro bebé.

Esos cinco meses fueron una completa tortura, no le había dicho a Sakura que durante todo ese tiempo escuchaba cada palabra. Escuchó a Sakura disculparse cada día, entre lágrimas amargas y voz quebrada, pedirle perdón por no poder cuidarse sola y dejarlo apenas vivo en una cama de hospital, la escuchó lamentarse y culparse, su llanto desesperado y el dolor que parecía infinito, la escuchaba cuando entre lágrimas le contaba sobre el embarazo, cuando le detallaba día con día los nuevos síntomas, cómo crecía su vientre y el tamaño del pequeñísimo bebé que se desarrollaba en su interior, le aseguraba que todos la cuidaban, que no la dejan sola ni un instantes y que la apoyaban siempre, pero su voz sonaba tremendamente triste, inconsolable. Parecía un poco más recompuesta cuando hablaba sobre el bebé, pero después se ponía a llorar y le pedía, le suplicaba que se recuperara, le insistía que debía sobrevivir para ver a su primogénito. Lo más doloroso, lo más amargo y desalentador fue no poder hacer nada, no ser capaz de apartarla de tanta tristeza, dejarla sola cuando más frágil estaba.

Cuando despertó, Sakura ya tenía un hermoso vientre abultado y unas terribles ojeras bajo sus hermosos ojos jade. No hacía falta que le dijera nada, él ya lo sabía todo, su mente estaba intacta, igual que su amor por ella, incluso había crecido, cinco meses en coma no le impidieron amarla.

Ahora era su turno de cuidarla, de reponer el tiempo perdido y hacerla feliz, borrar esa tristeza y soledad que sufrió durante cinco meses. Sabía perfectamente que Sakura aún se sentía culpable, que ocasionalmente lloraba, pero es que él nunca la había culpado, no le reprochaba nada, no había nada qué decir, Kakashi lo haría todo de nuevo y lo volvería a hacer sin pensarlo. Haría de todo para proteger a su familia, valió la pena, cada sufrimiento, cada dolor y cada día en esa cama por verlos a ellos dos a salvo. Recibió una segunda oportunidad, y la aprovecharía. Aún seguía recuperándose, tardó un mes más en dejar esa cama, ponerse de pie fue un reto, pero lo repetía, y lo seguiría haciendo: valió la pena. Además, tenía a la mejor médico que pudiera pedir, una que lo cuidaba de día y de noche.

El beso se profundizó, la tomó entre sus brazos, la llevó hasta la cocina y la sentó sobre la mesa. Sakura había salvado su vida en más de una forma. Comenzó a acariciar sus piernas, ella vestía un pequeño short y esa camisa que siempre le había quedado de maravilla y de la que se adueñó por completo, en conjunto lucía sensual, lo volvía loco, seguía sediento de ella más que nunca. Se acomodó entre sus piernas, lo más cerca que pudo y disfrutó del íntimo contacto. Las manos de ella se aferraban a su camisa y atraían con cierta fuerza. Ambos estaban necesitados, no era para menos, diez meses sin hacer el amor, demasiado tiempo, primero por el avanzado embarazo de Sakura y después porque él aún estaba demasiado débil, y todavía no se recuperaba, se suponía que debían esperar, pero las reglas podían romperse ocasionalmente, en especial cuando la recompensa era tan placentera.

-Deberíamos esperar un poco más, podrías lastimarte –

-No importa, extraño tu cuerpo, extraño tocarte y sentirte cerca –

Comenzó a besar su cuello, no habría forma de que lo detuvieran. Sakura iba a protestar, pero de su boca sólo salió un ahogado gemido, era todo lo que necesitaba para continuar. Kakashi comenzó a subir su blusa, a acariciarla bajo la ropa, se acercaba tanto como era posible, besaba su piel con desesperación. Las manos de la joven llegaron hasta su pantaloncillo y ya comenzaban a desabrocharlo. El ninja estaba excitado y necesitaba que ella terminara de bajar sus pantaloncillos porque su miembro erecto punzaba de deseo. No los soportaría mucho, sus manos ya se enredaban en el short de la joven y comenzaban a bajarlo. Era cuestión de minutos para que pudiera deslizarse en su interior, para sentir su humedad y comenzar a embestirla, ya podía imaginarlo. Llevaba meses fantaseando con lo mismo, desde que despertó no había noche en que no deseara hundirse en ella.

Sakura casi terminaba, su pantaloncillo no tardaría en caer. Entonces se escuchó el llanto de un pequeño bebé que reclamaba la atención de sus padres.

Se separaron con una gran sonrisa en el rostro, era una buena interrupción. Se tomaron unos segundos para recuperar el aliento.

-Yo iré – Kakashi dejó a Sakura sentada en la mesa y fue hasta el dormitorio.

Un pequeño bebé de dos meses lloraba y se movía inquieto en la cuna. El ninja lo tomó entre sus brazos y lo meció suavemente. No podía explicar lo que sentía cuando sostenía a su hijo, una calma tan profunda, en ocasiones no podía creer que se hubiera convertido en padre, a excepción de Asuma y Kurenai, ningún otro de sus colegas y amigos, tenía hijos, había sido un ninja élite de ANBU por la misma razón, porque nunca consideró que alguien le importara si al final del día llegaba bien a casa. Ahora todo era distinto, tenía dos prioridades, mantenerlos a salvo, protegerlos, y mantenerse con vida para disfrutar de su compañía. Ya no le llamaban las misiones peligrosas y llenas de adrenalina, no echaba de menos su antigua vida sin obligaciones porque ya no se imaginaba su vida sin ellos.

Sakumo se acurrucó en sus brazos, sus cabellos plateados brillaban con los últimos rayos de sol, y aunque sus ojos jade estaban ocultos, Kakashi jamás podría olvidar su peculiar color, como el de su madre. Era una combinación de ambos, era perfecto.

-¿Todo está bien? – le preguntó Sakura acercándose. A esa mujer le quedaban todas las facetas, la de reconocida médico, la de ninja fuerte y segura, la de joven sensual y provocativa, y la de madre, era perfecta siempre.

-Todo está perfecto - el ninja se las ingenió para abrazarlos a ambos – Gracias por escoger el nombre de mi padre para nuestro hijo, a él le hubiera gustado –

-Es tu viva imagen, la de tu padre también, merecía un nombre igual de honorable –

-Me gustaría que el siguiente tuviera tu color de cabello – Sakura le mostró una luminosa sonrisa al ninja.

-¿No crees que te estás adelantando mucho?

-No, en absoluto, creo que deberíamos intentarlo esta misma noche, las veces que sean necesarias –

-Es una oferta tentadora – concordó Sakura depositando un tibio beso en sus labios. No hacía falta decir otra palabra, ella sabía perfectamente cómo seducirlo.

-Creo que Guy apreciaría tener dos discípulos – le besó el cuello – Ya le ha dicho a todo el mundo que será el encargado de entrenar a Sakumo.

-Lo sé, estuvo aquí por la tarde, nos visitó cada día mientras estabas fuera... dijo que te prometió que nos cuidaría.

-Sí, y por eso creo que nuestro hijo no podría estar en mejores manos – besó su cabellera rosada – Me alegra que no te dejen sola.

-Somos toda una sensación en la Aldea.

-No es para menos, eres la mujer del Hokage, la madre de su primogénito. Eres la mujer más importante – Sakura lo golpeó cariñosamente en el pecho.

Sakura aún se preguntaba cómo Kakashi había arriesgado tanto para salvarla, era el Hokage, debía preocuparse por toda una Aldea y no sólo por su antigua alumna, pero la respuesta era tan sencilla, él no podría vivir sin ella, no lo conseguiría, no era tan fuerte, no soportaría vivir sin verla, sin verse reflejado en sus ojos jade, sin el calor de su cuerpo y los besos, las caricias, las palabras, las noches, todo, sin ella nada, sin ellos nunca.

-Espero que te gusta la nueva casa – la había comprado para su mujer y su hijo, era momento de tener un espacio propio. Sakura había alquilado esa pequeña casita cerca del Hospital cuando él aún estaba en coma, pero ahora todo era diferente, él ya estaba bien y listo para ofrecerles una nueva vida, la que se merecían.

-Donde estés tú y nuestro hijo será perfecto –

-Eres la mujer de mi vida, Sakura, siempre lo fuiste –

-Te amo- la joven se refugió en pecho, al lado de su hijo y el ninja nunca se había sentido tan completo.

-También te amo –

Era todo, por fin tenía una auténtica familia, una bella mujer, y pronto su esposa, que lo esperaba en casa después del trabajo, que lo ayudaba a ser un gran Hokage, que lo cuidaba como jamás nadie lo hizo, era la mujer indicada, aunque fuera su alumna, aunque hubiera sido esa niña asustadiza e insegura y él un hombre desinteresado por casi todo, metido en su propio mundo. Quizá era extraño verlos juntos, verlos pasear con un bebé en brazos, pero Kakashi sabía que así era como debían ser las cosas, se sentía correcto de esa forma, juntos. No importaba el final que cada uno había planeado para su propia vida, todo era como debía ser, con Sakura en sus brazos, con su hijo, Sakumo.

Ahora era el bueno de la historia y sólo había necesitado a la mujer indicada, la que sacaría su mejor versión, a la que amaría incondicionalmente, al final resultó que su vida se resumió en su alumna y en lo que llegaría a ser por ella: el mejor hombre y el mejor padre.

-Veo que aún no has quitado las fotografías.

-No, quiero seguirlas viendo hasta el último minuto – la joven se aferró a su hijo y a él – Hay recuerdos muy importantes.

-Quizá quieras agregar uno más – dejó de abrazarla para sacar de su bolsillo una cajita - ¿Estás lista para convertirte en mi esposa? – le preguntó ofreciéndole una cajita envuelta en papel rosado con un gran moño verde que guardaba cuidadosamente un anillo y un final feliz.

FIN