CAPITULO 3
PIRATAS HEART
Se quedó sentada en el suelo sin moverse, mientras el capitán daba su última orden y cerraba la puerta. Anelisse estaba aterrada. ¿Cómo fue que terminó en esa situación? ¿Qué iba a pasar con ella? El pirata que había intentado tocarla dos veces volvió a acercarse. Se agachó para quedar frente a ella y nuevamente tocó su hombro.
-Anelisse-chan…
No pudo resistirlo por más tiempo.
-¡AAAAAAH!
Gritó como nunca lo había hecho. Podía sentir sus propias lágrimas recorrer sus mejillas. Sabía que el hombre delante de ella se estaba tapando los oídos con las manos, pero no podía verlo claramente porque su vista ya se había nublado.
Gritó hasta quedarse sin voz. Se quedó callada, quieta, respirando con dificultad, pero las lágrimas no dejaban de salir.
-Vamos, Anelisse-chan –dijo el pirata-. Tranquilízate, todo va estar bien.
Anelisse trató de secarse las lágrimas para mirarlo a los ojos.
-Por favor –si no iban a obedecer una orden suya, estaba dispuesta a suplicar con tal de regresar a su casa-. Sólo quiero volver con mis padres…
Se acercó al hombre y se acurrucó en su pecho sin dejar de llorar. Él se mantuvo inmóvil.
-Por favor… –insistió ella.
-N-n-no po-podemos desobedecer al capitán –tartamudeó él.
-Ayúdenme. No le voy a decir a nadie que estuve con ustedes…
-E-ese no es el problema.
El hombre que había hablado con ella se acercó.
-Anelisse-chan… Si te tranquilizas tal vez puedas hablar con el capitán.
El resto de los presentes se acercaron poco a poco rodeándola y apoyando a sus compañeros.
-Es cierto…
-Seguro que el capitán te escucha si le hablas con franqueza.
-Seca tus lágrimas y sonríe.
-Anelisse-chan, anímate.
Anelisse se secó nuevamente las lágrimas para ver a los muchachos que se encontraban a su alrededor. Entonces, el enorme oso se acercó abriéndose paso entre el grupo.
-Anelisse-chan, el capitán no es tan malo como todos dicen.
La imagen que Anelisse tenía de los piratas era de sujetos perversos y crueles. Ella había escuchado hablar a sus padres de Trafalgar Law, uno de los hombres más crueles de Grand Line. Por lo tanto, no entendía qué hacían los miembros de su tripulación sonriéndole y dándole palabras de consuelo.
¿Acaso se trataba de una trampa para que bajara la guardia? ¿De qué serviría? Estaba claro que ella no podría luchar contra todos ellos. Sin mencionar el hecho de que se encontraban sumergidos en un submarino.
Definitivamente no podía confiarse, en cualquier momento esos piratas podrían hacerle algo. Se esforzó por contener las lágrimas.
-Es cierto –dijo de pronto el hombre que estaba más cerca cuando ella logró su objetivo de no seguir llorando delante de los piratas-. No nos hemos presentado contigo… Puedes llamarme Penguin… Él es Shachi –empezó a señalar a sus compañeros-. El oso es Bepo… Uni y Clione… Tom… Nino… Hiro… Tanaka… Yuno…
-Como seremos compañeros a partir de ahora, puedes contar con nosotros para lo que sea.
Anelisse se pasmó y miró a ese pirata Shachi sin estar segura de lo que acababa de decir. ¿Cómo que serían compañeros a partir de ese momento? El capitán había ordenado que la lanzaran al mar. Ella no iba a ser compañera de esos sujetos. Movió la cabeza de un lado a otro negándose a la idea y se puso de pie. Caminó entre los hombres hasta la puerta. No iba a quedarse en ese lugar, en algún momento el submarino tenía que emerger, entonces ella saltaría al mar. Prefería mil veces morir ahogada que vivir rodeada de piratas. Oyó una voz lejana preguntar "¿A dónde vas?". Sin embargo, cuando estaba por llegar a la puerta, esta se abrió y entró un hombre gigantesco seguido de otros tres.
-¿Por qué hacen tanto escándalo? –preguntó uno de los recién llegados.
Ellos dirigieron su mirada a la chica y se sorprendieron. Anelisse volvió a gritar y corrió hacia uno de los rincones, se sentó en el suelo y cerró los ojos. Las lágrimas volvieron a brotar.
-¿Quién es ella? –preguntó alguien.
-Estaba en la caja que robamos.
-¿La marina esconde chicas en sus cajas? Bueno, no me sorprende mucho.
-No, pensaba viajar al Nuevo Mundo.
-¿Está loca? Ellos no lo perdonarían. ¿El capitán ya lo sabe?
-Sí. Amenazó con lanzarla al mar.
-Lo diría de broma, ¿no?
-Debo confesar que la mayoría de las veces no entiendo al capitán.
De repente se dejaron de escuchar voces. Los piratas comenzaron a hablar en susurros que Anelisse no lograba comprender mientras las lágrimas seguían saliendo.
Un rato después, Penguin se dirigió a ella.
-Anelisse-chan, ¿no quieres dormir un poco? Ya es tarde y deberías descansar. Busquemos un lugar para ti.
-Lo que quiero es irme a mi casa.
-Vamos.
Penguin hizo el intento de agarrar la mano de la chica para levantarla, pero ella se resistió y abrazó sus rodillas para no moverse del lugar. Varios suspiraron de resignación.
Llegó un momento en que Anelisse dejó de escuchar otros ruidos. Mantenía la cabeza entre sus brazos con los ojos cerrados deseando que su pesadilla acabara. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que la descubrieron en la caja y no le interesaba saberlo. Una parte de ella comenzó a maldecir a Seiichi, sabía que él no había tenido la culpa, pero si no la hubiera tentado a emprender ese viaje, en ese momento estaría al lado de sus padres y no dentro de un submarino lleno de piratas. Además, detestaba a ese horrible capitán.
Finalmente, entre el susto vivido y el montón de emociones que la estaban atormentando, el cansancio logró vencerla y poco a poco se fue quedando dormida.
Despertó sobresaltada debido a la serie de pesadillas que había tenido, donde el capitán del submarino realmente la lanzaba al mar mientras el resto de la tripulación reía y cantaba canciones extrañas. Abrió los ojos y se deslumbró por los rayos del sol que entraban por una ventana, el submarino había emergido. Anelisse miró decepcionada a su alrededor. Había deseado que todo se tratara de un sueño, pero realmente estaba en el suelo de una cocina que ella no conocía. Observó a los hombres de la tripulación dormidos a su alrededor, acomodados en sillas o en el suelo como ella. El enorme oso parecía muy cómodo desparramado en el suelo. Alguien se había tomado la molestia de cubrirla con una manta.
Se cubrió la cabeza y se tiró al suelo hecha bolita. Le dolía todo el cuerpo.
De pronto escuchó un tintineo. Se sentó asustada y buscó el origen del ruido. El capitán la observaba de pie, cerca de la mesa, con una taza en la mano. Por mucho que la tripulación insistiera en que Trafalgar Law no era tan malo como las noticias decían, Anelisse sentía pánico ante su presencia. No soportó su mirada y se cubrió con la manta, esperando que el capitán se decidiera ir a tomar eso a otro lado. Sin embargo, escuchó pasos hacia ella y sintió que alguien le jalaba la manta. Trafalgar Law no le quitaba los ojos de encima. Él era altísimo. Percibió un curioso aroma a plantas y otras sustancias que conocía gracias a su tío Nao, que sabía algo de medicina. Que a Trafalgar Law lo llamaran "Cirujano de la Muerte" tenía sentido, él olía a doctor.
-Lo siento –fue lo único que se le ocurrió decir. Después de haberlo abofeteado la noche anterior, creía que lo correcto era disculparse si quería tener una oportunidad de regresar a casa.
El capitán suspiró y se agachó hacia ella. Con una mano quitó algunos mechones de cabello y le tocó las mejillas y la frente. Luego volvió a cubrirla con la manta.
-¿Tienes hambre? –preguntó.
Anelisse negó con la cabeza, encogiéndose en su rincón.
-Anelisse-ya –dijo el capitán-. Si enfermas por dormir en el suelo no voy a curarte.
Anelisse se limitó a mirarlo. La frase lo había confirmado, él era doctor. ¿Por qué un doctor se había convertido en pirata? ¿No era obligación de los doctores salvar vidas? Entonces Anelisse fue consciente de la variedad de aromas que había en ese lugar. Cada uno de los hombres presentes tenía un olor diferente, ella podría identificarlos incluso con los ojos cerrados.
-¿Qué sucede? –preguntó el capitán mirando a su tripulación con curiosidad.
Sin darse cuenta, Anelisse había inclinado la cabeza para mirar a aquellos hombres con mayor atención. Anelisse volvió a negar con la cabeza y se acurrucó con la manta.
El capitán miró a sus hombres hasta que empezaron a levantarse estirando los brazos y bostezando. Lanzó una última mirada a la chica y se puso de pie, caminando hacia la puerta.
-Si no la alimentan va a enfermar –dijo antes de salir.
Anelisse esperó a que el capitán cerrara la puerta para levantarse. Entonces el oso Bepo se acercó sigilosamente con una sonrisa amistosa.
-Te dije que el capitán no era tan malo –exclamó.
-Me das miedo –se sinceró Anelisse.
-Lo siento –respondió Bepo agachando la cabeza y tan deprimido que Anelisse sintió culpa.
-Pero eres muy lindo –trató de consolarlo dándole palmaditas en la espalda (o más bien en el codo porque ella era tan pequeña que no lo alcanzaba).
-Anelisse-chan…
Bepo abrazó a Anelisse tan fuerte que casi le hace daño mientras sonreía feliz. La chica era tan pequeña que el oso no tardó en cargarla y mecerla de un lado a otro ante las protestas de la tripulación.
A pesar del susto Anelisse sentía la sinceridad del oso. Y, por primera vez desde que se había metido en esa caja, sonrió con confianza. Era cierto que ellos no parecían ser malas personas.
Bepo soltó a la chica cuando Shachi lo regañó diciendo que ella necesitaba comer algo porque había pasado una noche difícil. Anelisse no sentía la confianza necesaria para decirles que estaba hambrienta, pero ellos le acomodaron un sitio en la mesa y se sentaron a su alrededor para desayunar. A los pocos minutos, los hombres que estaban encargados de otras tareas aparecieron y también se sirvieron (incluido el hombre gigantesco cuyo nombre era Bart). A Anelisse se le hizo curioso que todos conversaran y rieran como si fueran una familia.
Se le formó un nudo en la garganta pensando en sus padres, sus tíos y Seiichi que tuvo que reprimir tomando su taza de té. Y entonces recordó algo.
-Por cierto –a pesar de hablar en voz baja, los muchachos guardaron silencio para escucharla-, gracias por la manta.
Los chicos se miraron entre ellos sin comprender.
-Ese fue el capitán –respondió Bepo-. Dijo que estabas a punto de congelarte.
