CAPITULO 4
BIENVENIDA A LA TRIPULACIÓN
Terminando de comer Bepo llevó a Anelisse a un paseo para que conociera el submarino mientras le contaba anécdotas de la tripulación. La chica se encontraba cansada por haber pasado la noche durmiendo en el suelo de la cocina y tenía más ganas de ir a dormir que de dar un paseo, pero sospechaba que, aunque se acostara en una cómoda cama, sería incapaz de conciliar el sueño porque aún se encontraba demasiado asustada como para relajarse en ese lugar.
-Esta es la Enfermería –dijo Bepo señalando una de las puertas-. Pero es mejor que no entres aquí, el capitán tiene un montón de instrumentos delicados que es mejor no tocar…
Anelisse pasó de largo frente a la puerta de la Enfermería, no tenía ningún interés en la Medicina. Además, en ese punto difícilmente podía entender algo de lo que Bepo hablaba.
-Y entonces, tuvimos que dar la vuelta y regresar por Yuno, que seguía sentado en el bar… -seguía hablando Bepo.
El submarino era mucho más grande de lo que Anelisse había imaginado. Sin embargo, no había un solo lugar que a ella le llamara la atención. Cada vez estaba más ansiosa de regresar a su casa, que era mucho más iluminada.
Después de una extraña e incomprensible historia en la que Yuno se perdía en un bar, Bepo guió a Anelisse a la zona de habitaciones. Le explicó que la tripulación dormía en grupos y que Law, como capitán, era el único que tenía una habitación para él sólo.
-¿No te parece injusto eso, Bepo? –se atrevió a preguntar Anelisse.
-No –respondió el oso-. La verdad es que dormimos bastante cómodos. Y haciéndonos compañía nos divertimos mucho.
-Claro, como es el capitán el sujeto tiene los mayores privilegios. Tiene sentido –murmuró Anelisse pasando enfrente de Bepo, quien se quedó parado sin comprender lo que la chica había dicho.
Antes de llegar a la última puerta del pasillo, Anelisse percibió el aroma a plantas y sustancias medicinales de la mañana. Esa era la habitación del capitán.
La tripulación le había dicho que si hablaba calmadamente con el capitán, existía la posibilidad de que él la ayudara a comunicarse con la marina. Anelisse se vio tentada a tocar la puerta, ¿estaría muy ocupado? ¿Se enojaría mucho si lo molestaba? ¿Qué estaría haciendo ahí encerrado él solo?
Entonces recordó el momento en que el capitán había amenazado con cortarla en pedazos y entró nuevamente en pánico. Quería irse de ahí pero sus pies no le respondían y sus manos temblaban sin control. Ya no escuchaba la voz de Bepo.
De repente, sintió la mano del oso sobre su hombro y reaccionó. Se dio la vuelta, tropezó, cayó al suelo y gritó. Bepo se quedó quieto, mirándola.
Aún respiraba con dificultad cuando la puerta del fondo se abrió y Trafalgar Law hizo acto de presencia.
-¿Bepo? –preguntó el hombre.
-Creo que Anelisse-chan acaba de lastimarse –respondió el oso.
Anelisse miró al capitán caminar hacia ellos. Se puso de pie y corrió a esconderse detrás de Bepo.
-Anelisse-chan, deja que el capitán te revise –sugirió el oso.
-Estoy bien –exclamó la chica-. ¿Puedes llevarme al exterior? Necesito aire fresco.
-Claro –aceptó Bepo.
El oso se dio la vuelta mientras Anelisse caminaba hacia atrás, procurando ocultarse del capitán. Sin embargo, Trafalgar apresuró el paso hasta llegar a un lado de su amigo.
-Voy con ustedes –dijo con una también necesito aire fresco.
Anelisse no dejó pasar la expresión de burla que el hombre tenía en el rostro cuando se puso al lado de ella. La chica se dio la vuelta y trató de caminar con normalidad, pero como iba volteando a todas partes, no tardó en estrellarse con una pared cuando dieron la vuelta.
Bepo se dispuso a ayudarla inmediatamente. Entonces, Shachi apareció corriendo.
-Bepo, ¿dónde estabas? Necesitamos tu ayuda en la Sala de Control, me parece que nos desviamos de nuestro curso.
Bepo miró un momento a Anelisse y luego a su capitán.
-Ve –ordenó Trafalgar-. Yo acompañaré a Anelisse-ya.
Anelisse sintió el pánico recorrer su cuerpo. De ninguna manera iba a quedarse sola con aquel sujeto despreciable.
-Yo ayudo –exclamó levantando una mano.
-De ninguna manera –intervino el capitán-. Tú eres una invitada.
Trafalgar tomó los hombros de la chica y la encaminó escaleras arriba mientras los otros dos bajaban a la Sala de Control. ¿Qué tendría en mente? ¿Realmente la tiraría al mar?
Una vez afuera Anelisse procuró alejarse de los barandales y mantenerse en el centro, aunque estaba segura de que a Trafalgar no le costaría nada empujarla por la borda.
Él sólo la miraba recargado en la pared junto a la puerta.
-¿Tienes algo que decirme? –preguntó.
Anelisse negó con la cabeza.
-Bien.
El capitán se dio la vuelta y regresó al interior del submarino dejándola ahí parada muerta de miedo.
Pasaron algunas horas desde que Law dejó a Anelisse en la cubierta del submarino. Ahora él se encontraba sentado en medio de algunos de sus hombres comiendo tranquilamente. No sabía si Anelisse había regresado al submarino o todavía se encontraba plantada donde la dejó, pero era un alivio no tener que escuchar sus lloriqueos.
La puerta se abrió y entraron Bepo, Shachi, Penguin y Bart.
-Por fin –exclamó Shachi estirando los brazos y jalando una silla para sentarse.
Penguin y Bart imitaron a su compañero y buscaron un lugar donde sentarse para empezar a comer. Bepo se quedó bajo el marco de la puerta mirando a su alrededor.
-Capitán –dijo de pronto-. ¿Dónde está Anelisse-chan?
-Creí que había ido a buscarte –respondió Law-. Yo la dejé en la cubierta.
-¡Capitán!
Bepo salió corriendo a buscar a la chica. Law se quedó en su lugar disfrutando del almuerzo.
-¿Capitán? –intervino Shachi-. ¿Dejaste a Anelisse-chan sola en la cubierta?
Law se limitó a mirarlo fijamente.
-Capitán –soltó Penguin-. ¿Y si hubiéramos sumergido el submarino?
-No es mi problema –dijo Law.
-¡CAPITÁN! –protestó la tripulación.
Bart miró a su capitán un largo rato antes de hablar.
-Hubiera sido más fácil para ti si la hubieras regresado enseguida.
-La botaremos en la primera isla que encontremos donde haya una sede de la marina –indicó Law.
Dio el último sorbo de té y la puerta volvió a abrirse. Bepo llevaba a Anelisse en brazos como a una niña pequeña. Se levantó y cruzó la mirada con la chica, que enseguida se volteó y se acurrucó en Bepo.
Salió de la cocina, pero antes de cerrar la puerta Bepo lo detuvo.
-Espera, Capitán. Discúlpate con Anelisse-chan.
Law volteó a ver a su tripulación. Ellos lo miraban enojados y empezaron a protestar.
-Sí, Capitán.
-Discúlpate.
-Eres muy cruel.
¿Qué pasaba con esos sujetos? Esa niña llevaba 24 horas en el submarino y ya estaban muy encariñados con ella. No se los iba a perdonar.
-No lo voy a hacer –exclamó Law. Salió de la cocina y cerró la puerta con fuerza para que dejaran de molestarlo.
Entró a su habitación y cerró la puerta con llave. Tomó un libro cualquiera y se sentó delante de su escritorio para tranquilizarse.
No habían pasado ni dos horas cuando alguien llamó a la puerta.
-Capitán –era Bepo-. Creo que Anelisse-chan está enferma.
Law gruñó decidiendo si contestar o no.
-¿Qué tiene? –preguntó de mal humor.
-Tiene fiebre –respondió Bepo.
-Revisen si se trata de un resfriado –indicó Law-. Eso lo pueden manejar sin mi ayuda.
-No creo que se trate de un simple resfriado –se escuchó la voz de Shachi.
¿No iban a dejar de molestarlo? Se estaban volviendo un fastidio.
-Capitán –insistieron sus nakamas.
Decidiendo que botaría a la chica en la primera isla que encontraran, Law golpeó el escritorio con furia antes de levantarse y salir. Sin mirar a sus compañeros se dirigió a la enfermería.
Casi toda la tripulación se encontraba alrededor de una de las camillas, donde Anelisse estaba sentada con la cabeza agachada y su largo cabello cubriéndole la cara.
Law se acercó y retiró el cabello de la chica para revisarla. Ella reaccionó retirándose inmediatamente. Se bajó de la cama y corrió junto a Penguin, quien se sonrojó rápidamente. El cabello húmedo de la chica le indicó a Law que acababa de darse un baño.
-¿Eso que trae puesto es mío? –preguntó a Penguin. Anelisse llevaba puesta una de sus sudaderas, la que por cierto, le quedaba tan grande que parecía vestido.
-No trae ropa y todo le queda enorme –respondió Penguin apartando la mirada-. Fue idea de Bepo –agregó evitando hacerse responsable.
A Law no le agradó que tomaran sus cosas sin permiso. Sin embargo, se abstuvo de hacer algún comentario cuando vio a la chica caer de rodillas al suelo, como si le faltaran fuerzas.
Caminó nuevamente hacia ella y la sostuvo fuertemente del brazo para tomar su temperatura. No tenía fiebre, su cuerpo estaba incluso más helado que la noche anterior, cuando la cubrió con una manta.
Trató de levantarla para sentarla de nuevo en la camilla, pero ella luchaba contra él. Era evidente que estaba aterrada ante su presencia porque su cuerpo temblaba sin control. Se estaba comportando como una niñita. Sus nakamas tenían razón, Anelisse se encontraba en ese estado por su culpa.
Empezando a sentir un poco de remordimiento, se esforzó por revisarla adecuadamente. Al final, se dio cuenta de que ella no estaba enferma, sólo tenía un ataque de nervios. Por supuesto, una niña mimada que había sido apartada del mundo que conocía, rodeada de desconocidos y un capitán que la había torturado sólo para divertirse. Law comprendió que eso había sido un golpe muy duro para ella. Tal vez podría tenerle un poquito más de paciencia y esperar a encontrar una isla con una base de la marina en ella en lugar de botarla en el primer lugar que encontraran.
-Bepo –se dirigió al oso-. Dale un calmante y llévala a la habitación que está vacía para que descanse. Si no se recupera me hablas.
-Sí, capitán –respondió Bepo.
-¿Comió algo? –preguntó Law. Bepo negó con la cabeza. Justo lo que imaginaba-. Hiro, prepárale algo que le guste e intenta hacer que coma un poco.
Se levantó y se dirigió a la puerta sin decir más.
-Gracias, capitán Law –exclamó la tripulación.
-Sí.
Salió pensando en lo afortunada que había sido Anelisse en toparse con esa tripulación de idiotas. Otros piratas ya le hubieran hecho algo desagradable. Mientras imaginaba todo lo que pudo haber sufrido en manos de cualquier otro, se le revolvió el estómago. No se podía negar que la chica era bonita. Con ese cabello bien cuidado, su piel suave y ojos llamativos no pasaba desapercibida para los hombres. Y Law conocía lo suficiente de sus nakamas para saber que estaban encantados de tener a una mujer entre ellos. Sin embargo, por mucho que les gustaran las mujeres, Law sabía que esos sujetos no eran capaces de lastimar a una. Así que Anelisse estaba más segura entre ellos que en cualquier otra parte.
Anelisse llevaba casi una semana sin salir de la habitación que le habían ofrecido. Ni siquiera se interesó cuando atravesaron la barrera que los separaba del Nuevo Mundo, lugar por el que había intentado colarse en un buque de la Marina. Durante ese tiempo, Law fue a verla dos veces, una para revisar su salud y la segunda para informarle que estaban a punto de llegar a una isla. A la chica le brillaron los ojos de emoción hasta que Law le explicó que era una isla desierta y sólo pararían ahí por provisiones.
Los muchachos habían arreglado la habitación limpiando, sacudiendo y acomodando un montón de mantas en forma de colchón. Anelisse se pasaba el día entero encerrada, acostada entre las mantas. Law empezaba a preocuparse por su salud. Él había evitado pasearse por ahí para que ella saliera tranquila pero nada funcionaba. Si seguía así, iba a enfermar de verdad. No le quedaba otra opción, tenía que sacarla de ahí.
Se dirigió a la habitación de la chica y tocó la puerta sabiendo que no recibiría una respuesta. Law había escuchado de Bepo que Anelisse parecía saber quién se acercaba a su puerta porque les respondía a todos los miembros de la tripulación menos a él. Aunque nadie podía comprender cómo lo hacía.
Abrió la puerta y se encontró con Anelisse envuelta en las sábanas. Se acercó y se sentó en el suelo al lado de ella.
-¡Hola, Anelisse-ya! –saludó a pesar de que estaba seguro de que ella no respondería-. Vine a hacer las paces contigo. Te traje un regalo.
Anelisse se mantuvo quieta, como si quisiera hacerle creer a Law que estaba dormida. Law jaló las sábanas que la cubrían, pero ella se mantenía impasible. Como estaba de espaldas, Law se puso de rodillas y pasó sus brazos alrededor de ella.
-¿Me estás escuchando? –le susurró al oído-. Es un jabón nuevo con olor a menta. Bepo me dijo que querías un nuevo jabón porque no te gusta el que tenemos. Es para ti sola –Anelisse no respondió-. De acuerdo, no es jabón. Es un libro, ¿te gusta leer? Es de mi biblioteca personal, uno de mis favoritos –y no estaba mintiendo, colocó el libro que había llevado a un lado de la chica, pero ésta no quería ceder-. Bien, si no me respondes en este momento, te besaré. Y tú no quieres que un apestoso pirata te bese, ¿verdad?
Anelisse volteó a verlo y se encontraron cara a cara. A Law le parecía divertido asustar a la chica. Sin embargo, si seguía empeorando su estado depresivo, la tripulación no se lo perdonaría jamás, así que se alejó para que Anelisse pudiera sentarse.
-Prometo que no seguiré molestándote –comenzó Law-. Si tú prometes que saldrás de aquí y tratarás de llevar una vida normal hasta que encontremos una base de la marina dónde dejarte.
Anelisse lo miró extrañada.
-Tampoco tienes que hablar conmigo si no lo quieres –agregó Law.
Law agarró los brazos de Anelisse y la obligó a levantarse.
-Como ya eres miembro temporal de esta tripulación, tienes que ir y ayudar a Hiro a hacer la cena.
Tomó sus hombros y la empujó fuera de la habitación.
-Yo no quiero ser pirata –dijo Anelisse en un susurro mientras Law la encaminaba. Al fin le dirigía la palabra.
-Mientras no tengas una recompensa no tienes nada de qué preocuparte –explicó Law-. Además, nadie consideraría como pirata a una niña como tú.
-¿Tengo que llamarte capitán? –preguntó la chica.
-Tú decide –respondió Law.
Anelisse no volvió a hablar hasta que llegaron al pasillo donde se encontraba la cocina.
-Hiro no está ahí dentro.
-Claro que está ahí dentro, él es el encargado de los alimentos.
Law se llevó una sorpresa cuando abrió la puerta y vio a Jean Bart frente a la estufa cocinando. Hiro no se encontraba por ningún lado.
