CAPITULO 5
EL MISTERIO DE ANELISSE
Law se despertó la mañana siguiente con la respiración agitada. Había tenido pesadillas relacionadas con un pasado que nunca había compartido con nadie, ni siquiera sus propios nakamas. Apartó las cobijas y se levantó de mal humor. Esas pesadillas que lo atormentaban desde niño siempre lo ponían susceptible. Pensó en sus nakamas, que siempre tenían que pagar por él cuando se encontraba en ese estado y pensó en Anelisse, que acababa de salir de esa habitación en la que se había encerrado. Así que regresó a la cama y decidió volver a dormirse hasta sentirse mejor.
A los pocos minutos se dio cuenta de que era imposible conciliar el sueño. Cerró los ojos y pensó en la noche anterior. Había pasado gran parte de la cena jugando con Anelisse haciendo que adivinara a los miembros de la tripulación con los ojos cerrados. Por supuesto la chica se había divertido y reído mucho, pero él sólo la estaba probando, y efectivamente no falló ni una vez.
Law se estaba preguntando si ella era una usuaria de akuma no mi cuando escuchó que alguien tocaba la puerta. Durante un momento fingió seguir durmiendo, pero entonces tocaron con mayor fuerza.
-¿Quién? –preguntó.
La puerta se abrió de improviso y respondió una voz de mujer.
-¡Capitán Law!
Law se sentó en seguida haciendo las cobijas a un lado. Anelisse entró a la habitación con una taza en la mano. La chica lo miró con una sonrisa que se desvaneció en un segundo, se puso completamente roja y se dio la vuelta. Claro, él no traía camisa, debió prevenir su reacción. Se levantó y tomó su sudadera del suelo. Anelisse caminó hacia atrás acercándose al escritorio y colocó ahí la taza mientras Law se vestía.
-¿Siempre duermes desnudo? –preguntó la chica.
-No estoy desnudo –respondió Law-. Ya puedes darte la vuelta –le indicó antes de sentarse en la cama-. ¿Qué haces aquí?
Anelisse volteó y sonrió encantada.
-Te traje un té –dijo señalando la taza y dando saltitos de alegría.
-Entonces dámelo –exclamó Law como una orden.
Anelisse lo miró extrañada, volvió a tomar la taza y se la dio a Law. Entonces se sentó a su lado.
-¿Te di permiso de sentarte? –dijo Law con burla.
La chica se levantó en seguida.
-Lo siento.
-Era broma.
-Capitán Law, dijiste que no ibas a seguir molestándome –se quejó Anelisse-. No puedo adivinar si estás de buen humor o estás enojado.
-Siéntate –ordenó Law-. Quiero platicar un rato contigo.
Anelisse sonrió como si le acabaran de dar un premio y volvió a sentarse a su lado sin dejar de mirarlo. Law se sorprendió por la confianza que la chica podía llegar a tener. Menos de veinticuatro horas antes, estaba encerrada en una habitación aterrada de lo que un grupo de piratas podían hacer con ella, y en ese momento se encontraba a su lado sonriendo como si fueran los mejores amigos.
-Capitán Law –dijo Anelisse sin despegar la mirada-. ¿Dormiste bien? Estás algo pálido –para sorpresa de Law, la chica alargó una mano y tocó su frente-. Espero que no enfermes.
Durante un momento, Law la miró sin reaccionar.
-No tengo nada –exclamó apartando la mano de la chica. Entonces sintió su rostro arder. ¿Se había sonrojado? Tenía que evitar que ella se diera cuenta. Giró la cabeza hacia otro lado y le dio un sorbo al té. Estaba frío y demasiado dulce-. ¿Tú hiciste el té?
-Sí, yo solita –contestó Anelisse orgullosa de sí misma.
Law no estaba seguro si debía decirle que su té estaba horrible.
-Gracias –dijo-. Pero la próxima vez, pregúntale a Hiro, él ya sabe cómo me gusta.
Al no oír una respuesta o queja por parte de Anelisse, Law volvió a mirarla, ella no había despegado sus ojos de él. Esa expresión en el rostro de ella no le gustaba, era como si estuviera tratando de leer su mente.
-Capitán Law –habló Anelisse-. ¿Anoche tuviste pesadillas?
Law soltó la taza que tenía en la mano, se estrelló en el suelo y se rompió. ¿Cómo podía ella saber que tuvo pesadillas toda la noche? ¿Era capaz de leer la mente? ¿Así identificaba a cada miembro de la tripulación? Si era eso, tenía que sacarla del submarino antes de que descubriera demasiado.
-¿Quieres que te cante una canción? –continuó la chica volviendo a sonreír-. Cuando yo tengo pesadillas, mi mamá me canta. Yo lo haré por ti. Dame tu mano.
Anelisse sostuvo la mano de Law y se disponía a cantar algo cuando el chico reaccionó, se soltó del agarre y cubrió la boca de ella.
-Tienes absolutamente prohibido cantar –ordenó.
Anelisse lo miró sorprendida sin mover ni un músculo.
-"Si puedes leer mi mente, sal de aquí en seguida o te cortaré en pedazos" –pensó Law mirándola a los ojos.
Durante un momento que pareció eterno, los dos se miraron fijamente a los ojos. Finalmente, Law se dio cuenta de que ella no estaba leyendo su mente, porque si lo hubiera hecho ya habría salido llorando. Suspiró aliviado y la soltó lentamente. La había lastimado. Anelisse tenía una marca roja rodeando sus labios y sus mejillas. Sin embargo, ella no se quejó, únicamente se apartó un poco aún mirándolo con curiosidad.
-¿Puedes recoger eso? –preguntó Law señalando los residuos de la taza-. Dormiré un poco más.
La empujó suavemente para que se levantara y él se lanzó a la cama dándole la espalda y jalando las cobijas para cubrirse. Los pasos de Anelisse eran tan suaves que casi no se escuchaban cuando ella se movía de aquí para allá, así que no estaba seguro de lo que estaba haciendo. Entonces sintió hundirse el colchón de la cama y a la chica inclinarse hacia él.
-Capitán Law –susurró ella-. Me he cortado.
Law volteó a verla. Ella señalaba el dedo índice de su mano derecha, que sangraba. Law se incorporó para revisarla. La herida no era grande, pero sí profunda. Law se levantó y caminó hacia el escritorio, preguntándose por qué ella no había llorado aún. En uno de los cajones siempre guardaba instrumentos básicos de curación. Tomó la silla y la acercó a Anelisse para empezar a trabajar. Hasta ese momento, sólo había conocido a una persona con ese tipo de manos, pequeñas pero suaves y frágiles. Y ese recuerdo le provocaba un nudo en el estómago.
-Anelisse-ya –comenzó a hablar haciendo lo posible por distraerse-. ¿Cómo puedes saber quién está cerca de ti sin verlo?
Anelisse miró al techo pensativa, como si ella misma no supiera con exactitud la respuesta a su pregunta.
-Cada uno tiene un aroma diferente –explicó.
-¿Aroma? –entonces ella definitivamente no podía leer la mente. Eso era un alivio, podía relajarse. Aunque no entendía por qué tenía ese olfato-. ¿Has comido una akuma no mi?
Anelisse negó con la cabeza.
-Siempre ha sido así –comentó ella-. Pero nunca había sido tan consciente de eso…
Si no se trataba de una akuma no mi, ¿entonces qué era? Si hubiera sabido que esa niña tenía ese potencial, hubiera aprovechado su "enfermedad" para hacerle unos análisis completos. Si lo sugería ahora, ella podía volver a desconfiar de la tripulación. Y no tenía ganas de escucharla lloriqueando por todo el submarino mientras sus nakamas le lanzaban improperios a él.
Guardaron silencio hasta que Law terminó de limpiar la herida.
-Así que tu mamá te enseñó a cantar –comentó Law con una sonrisa burlona.
-En realidad fue Kendra –sonrió Anelisse-. No recuerdo muchas cosas de ella pero sé que ella me enseñó a leer, escribir y cantar…
Su mirada de ensoñación se desvaneció cuando miró la expresión curiosa del capitán. Law no lo había expresado en voz alta, pero era evidente que algo no encajaba ahí. ¿Por qué una mujer que no era su madre y de la que recordaba muy poco le había enseñado a leer y escribir?
-¿Quién es Kendra? –quiso saber Law.
-Ahora que lo pienso, ¿por qué tienes tantos tatuajes? –Anelisse se apresuró a cambiar el tema-. Yo me hice uno en el tobillo y mi mamá enloqueció... –En su intento de evitar que Law siguiera preguntando, levantó su pierna derecha y la puso sobre la rodilla del capitán para mostrarle el tatuaje-. Es más bonito que los tuyos.
Law examinó el tatuaje al que no había prestado atención. Dos corazones entrelazados rodeados por espirales… Claro, corazones para una chica…
-¿Quién es Kendra? –insistió Law. Si Anelisse se había puesto así de nerviosa debía haber una historia turbia. O tal vez tenía que ver con su deseo de viajar al Nuevo Mundo.
-Capitán Law, ¿no vas a contestar mi pregunta?
-Sólo si tú respondes la mía.
-Es algo personal, no puedo hablar de cosas tan personales delante de un pirata…
-Entonces regresemos a los tatuajes… ¿Qué significa el que tienes en el hombro?
Por supuesto, Anelisse podía sentirse orgullosa del tatuaje en su tobillo, pero el que le interesaba a él, era el del hombro.
-Capitán Law, creo que el día de hoy te sientes triste…
Law se sorprendió nuevamente. Esa niña podía ser capaz de jugar sucio. Como el tema del tatuaje no había funcionado, regresaba al tema de las pesadillas. Si quería jugar así, él no estaba dispuesto a perder.
-Tienes razón, Anelisse-ya –exclamó Law. Se levantó de la silla, rodeó a la chica con su brazo y se tumbó en la cama al lado de ella-. ¿Por qué no me haces compañía?
Anelisse lo miró con la cara completamente roja.
-Creo que debería ir a ayudar a los muchachos –dijo Anelisse intentando levantarse.
Law aumentó la fuerza del agarre. Era divertido ver la expresión de desconcierto en el rostro de la muchacha.
-¿Ellos te agradan más que yo? –se atrevió a preguntarle.
-Por supuesto que no –respondió Anelisse cada vez más nerviosa-. El capitán es mi favorito… Pero creo que deberías descansar un poco y yo te estoy estorbando…
-Si me abrazas, no estarás estorbando –le susurró al oído.
-Capitán, tu broma no me está gustando…
-No estoy bromeando, Anelisse-ya…
Anelisse usó toda su fuerza para deslizarse hacia arriba forcejeando con Law para soltarse. Finalmente, Law la dejó ir. Anelisse saltó de la cama y corrió a la puerta. Salió y la cerró con fuerza, su cabello se atascó y tuvo que volver a abrirla para liberarse.
Law se quedó tumbado sin moverse. Tenía ganas de reír. Acercarse a Anelisse era la mejor forma de librarse de ella.
Se incorporó lentamente con la intención de levantarse para desayunar algo cuando tocaron la puerta.
-Capitán Law –era Anelisse, que habló detrás de la puerta-. Olvidé decirte que Bepo me mandó para informarte que llegaremos a tierra dentro de unas horas.
Esa inútil había guardado la única información que le interesaba para el final. A pesar de su don extraordinario seguía sin servir para nada.
-Capitán Law –volvió a escuchar la voz de Anelisse-. Gracias por el libro.
Bueno, al menos lo había ayudado a olvidar la difícil noche que había pasado.
