CAPITULO 6

ADAPTÁNDOSE A LA TRIPULACIÓN

Cuando Law entró al comedor para reunirse con sus nakamas, Anelisse se encontraba sentada en medio de ellos comiendo. Inmediatamente dejó de reír con los chistes de Shachi y bajó la cabeza, no asustada, sino avergonzada.

Law no pudo evitar sonreír ante el gesto de esa chica. Se sentó enfrente de ella y jaló un plato de arroz. Bepo no tardó en acercarse.

-Capitán –el tono que usó le provocó a Law un mal presentimiento-. Golpeaste a Anelisse-chan…

De la sorpresa Anelisse dejó caer la taza que traía en las manos, esparciendo su contenido por toda la mesa. Law volteó a ver a su nakama.

-¿Por qué dices eso? –preguntó.

-Trae un moretón en la mejilla…

Law miró a la chica. Anelisse agachaba la cabeza y su cabello le cubría el rostro, pero Law pudo adivinar de qué moretón estaba hablando Bepo. Sí, era verdad. Él la había lastimado, pero había sido un accidente. Sin embargo, una vez lanzada la queja, el resto de la tripulación no tardó en protestar.

-¿Le pegaste, capitán?

-¡Qué cruel!

-¡Cómo pudiste!

Law se levantó enojado. Estaba harto de ser atacado por sus propios nakamas.

-No le he hecho nada –trató de defenderse-. Pudo haber sido cualquiera de ustedes.

Los muchachos se miraron entre ellos como buscando una segunda opción que explicara lo que había pasado. Anelisse levantó cautelosamente la cabeza para fijar sus brillantes ojos en él. Su expresión decía: "¿Cómo puedes culparlos a ellos?"

¿Trataba de hacerlo sentir culpable? ¿Y por qué lo estaba consiguiendo?

-Bien, lo hice yo –confesó Law haciendo lo posible por evitar la culpa-. Fue un accidente… Pero, ¿por qué soy el primer sospechoso?

-Eres el único que la ha molestado… -exclamó Penguin.

-Tu ropa tiene los cabellos de Anelisse-chan, capitán –acusó Bepo.

Law miró su sudadera. Le tomó media hora quitar los cabellos que se atoraron en su cama, en su puerta y en el suelo, pero no había visto los de su ropa. La próxima vez que le jugara una broma a esa niña, pensaría dos veces qué tanto debía acercarse a ella.

-Eso no prueba nada –insistió-. También están en mi comida…

Le mostró a Bepo el plato sacando un cabello larguísimo que estaba en medio del arroz.

-Eso tenemos que admitirlo –intervino Shachi mirando al suelo-. Yo también tengo uno en mi comida…

Law soltó el plato y se dio la vuelta dispuesto a salir de ahí. No iba a seguir tolerando que su propia tripulación lo atacara para defender a una niña a la que acababan de conocer una semana atrás. Anelisse se levantó y corrió para alcanzarlo.

-¡Capitán Law! –exclamó. Al llegar a su lado, lo tomó del brazo para detenerlo-. Por favor, discúlpame…

Law miró su rostro colorado y sus ojos sinceros. Parecía que no le gustaba la forma en la que estaban peleando, y se sentía completamente culpable.

-Regresa a comer con nosotros… -susurró Anelisse-. Ayer todos estaban muy contentos… Por favor, no peleen… No quiero que peleen por mi culpa…

-Pero Anelisse-chan, el capitán te pegó –soltó Yuno.

Anelisse negó con la cabeza.

-No lo hizo… Fue un accidente…

Se abrazó a Law y escondió su cara. Law colocó su mano sobre la cabeza de Anelisse.

-Anelisse-ya, vamos a comer.

Anelisse levantó la cabeza para mirarlo. Lo soltó sonriendo y regresó a su lugar en la mesa. Sí, ella era una niñita mimada.

-Anelisse-chan es tan buena… -exclamó la tripulación entera con lágrimas en los ojos.

Law se quedó parado en el mismo lugar, cerca de la puerta mientras los demás regresaban a su habitual alboroto. Miró la mano que había puesto en la cabeza de la chica. Realmente era agradable la textura de ese cabello.

Al llegar a la isla donde recogerían provisiones, Anelisse bajó del submarino riendo, saltando y corriendo de aquí para allá. A diferencia de la niña asustada que había salido de la caja robada, en ese momento parecía un verdadero miembro de la tripulación. Ya no se limitaba a escuchar las historias que le contaban los muchachos, ella también hablaba de su vida en Marineford al lado de sus padres, sus tíos y el tal Seiichi, que en algún momento empezó a salir en sus conversaciones y era de quién más hablaba. Por lo que Law había entendido, Seiichi era algo así como su novio. Seiichi tenía que ser una persona con mucha paciencia.

Una vez en la isla, Law se dispuso a repartir las tareas de sus nakamas. Anelisse de inmediato se apuntó para estar en su equipo aferrándose a su brazo. Afortunadamente, Bepo intervino en la formación de grupos y terminó llevándose a la chica con él, Hiro y Yuno a recolectar frutas. Otros grupos se encargaron de la pesca, la cacería y de llenar los barriles con agua. Él fue con Shachi y Jean Bart a recolectar algunas plantas medicinales que le hacían falta.

La tripulación volvió a reunirse en la noche. Acamparon al aire libre cerca de la costa. Después de cenar, Anelisse acomodó sus cosas a un lado de Law. El capitán observó a la chica acomodar un par de mantas como colchón, luego fue bañado por un perfume que ella roció a su alrededor.

-¿De dónde sacaste ese perfume? –preguntó Law.

-Yo lo hice –respondió Anelisse-. Con tus plantas y un poco de alcohol…

-Y esas plantas…

-Las tomé de tu escritorio, tienen un olor bonito.

Si la tripulación entera no estuviera presente, Law hubiera matado a Anelisse en ese instante. Ya tenía a todos encantados con ella, paseaba de aquí para allá como si fuera la dueña, usaba su ropa y ahora tomaba sus cosas. ¿Cuándo fue que ella ganó esa confianza?

Los muchachos la miraban con una expresión que decía: "Es adorable".

-Anelisse-ya, ¿piensas dormir a mi lado? –se dirigió a ella.

-Por si tienes pesadillas otra vez –sonrió Anelisse. Algunos de sus nakamas voltearon a verlo desconcertados, seguramente se estaban preguntando por qué Anelisse sabía algo que ellos no. Ella ya estaba sentada, estirando las mantas para acostarse.

-Anelisse-ya –susurró Law acercándose a la chica para que sólo ella lo escuchara-. Si no te vas de inmediato al otro extremo del campamento, voy a cortarte en mil pedazos.

Law sonrió con burla cuando la chica palideció. Haciendo todo lo posible por disimular el momento, Anelisse se levantó casi corriendo y jaló sus mantas hasta el otro extremo, justo al lado de Bepo.

Law suspiró satisfecho y se tumbó en su espacio sin dar la mínima explicación a sus nakamas. Estaba dispuesto a pasar por alto los errores que Anelisse acababa de cometer y dormir tranquilamente, aunque tenía que repetirse continuamente que ella pronto se iría y todo regresaría a la normalidad.

El silencio se apoderó de la isla. Sólo se escuchaba el murmullo del viento sobre los árboles, el movimiento del mar y algunos insectos cantando. Era eso lo que Law andaba buscando: paz. Sin embargo, todos sus planes se vinieron abajo cuando Shachi preguntó:

-Por cierto, Anelisse-chan, ¿quién te enseñó a hacer esos perfumes?

Por supuesto, Anelisse comenzó una interminable plática sobre una capitana de la Marina que era su tía, antes de regresar al tema de Seiichi. Law se dio la vuelta entre las mantas y se cubrió la cabeza en un intento de apagar la voz de la chica, lo que fue imposible, consiguiendo únicamente sentirse asfixiado. En él estaban despertando unas inexplicables ansias por matar al tal Seiichi.

Law apenas había cerrado los ojos cuando ya tenía a Anelisse encima tratando de despertarlo porque ya había amanecido. Con ganas de golpearla, Law se levantó haciendo caso omiso de sus quejas y se acercó a Bart. Él era el único que se mantenía apartado de la chica.

No habían pasado ni diez minutos cuando la chica nuevamente corrió hacia él. Bart se levantó en seguida y se dispuso a ayudar a Hiro y Nino con el desayuno.

-¡Capitán Law!

-¿Qué quieres?

- Tengo una astilla en mi dedito.

Anelisse se colgó de Law abrazándolo del cuello mientras lloriqueaba. Law no sabía qué lo desquiciaba más: esas muestras de afecto o el hecho de que la chica lloraba por cualquier tontería. Sacó la astilla, revisó que no estuviera sangrando y se levantó dejándola ahí. No la iba a soportar por más tiempo. Regresaría al Polar Tang.

Sin que sus hombres se dieran cuenta, entró al submarino, se dirigió a su habitación, cerró la puerta con llave y se tumbó en la cama. Prefería las terroríficas pesadillas que lo atormentaban continuamente antes que pasar otro minuto con Anelisse. No tardó en quedarse dormido.

Despertó cuando Bepo tocó la puerta para informarle que estaban a punto de partir.

-De acuerdo –respondió sin levantarse-. Me reuniré con ustedes para la cena.

-Capitán Law –se escuchó la voz de Anelisse. El muchacho se cubrió la cabeza con la almohada-. Deberías salir y comer algo.

-No tengo hambre.

-Capitán, Anelisse-chan tiene razón.

-Ya dije que no tengo hambre.

-De acuerdo.

Se escucharon los pasos del oso cuando se marchó. Por un momento, Law se relajó con el silencio, entonces escuchó nuevamente la voz femenina.

-Capitán Law, te traje un regalo.

-Me lo das al rato.

-No, quiero que lo veas ya.

Con pesar y fastidio, Law se levantó y abrió la puerta.

-Anelisse-ya…

Sonriendo, la chica le entregó un pedazo de papel. Law lo examinó de cerca, era un dibujo muy bien hecho de él al lado de Anelisse.

-Yo lo hice. ¿Te gusta?

Law miró a la chica dar pequeños saltos de niña pequeña. Estaba sorprendido por la exactitud con la que ella había dibujado los detalles. Él estaba ahí con su sudadera amarilla, con su Jolly Roger perfectamente trazado y sus tatuajes perfectamente ubicados, incluso su Katana estaba dibujada sin olvidar el más mínimo detalle. El retrato hubiera sido perfecto si no fuera por la extraña expresión en su propio rostro, con una sonrisa que él no había mostrado en muchos años. Era irreal. Además, aparecía tomando la mano de Anelisse, como si fueran una pareja de enamorados. Ella sí parecía real, inclinada un poco hacia su hombro, con esa enorme sonrisa que siempre tenía en el rostro.

-¿Te gusta? –repitió Anelisse sin dejar de saltar.

-S-sí, gracias –respondió Law evitando herir los sentimientos de la chica-. Ahora necesito descansar, ¿puedes dejarme solo?

Anelisse le dio un breve abrazo que desconcertó a Law y se marchó dando saltitos por el pasillo.

El capitán volvió a cerrar la puerta con llave. Hace un par de días, ella le tenía terror. ¿Cómo había pasado de estar aterrada a hacer un dibujo donde los dos aparecían como una parejita normal?

-Esto se va a terminar pronto… Esto se va a terminar pronto… Esto se va a terminar pronto…

Los días siguientes empeoraron para Law. Había ordenado que sumergieran el submarino para evitar que les siguieran el rastro hasta la siguiente isla, así que era imposible salir a cubierta y toda la tripulación debía buscar la manera de entretenerse, algo difícil ya que en realidad no tenían mucho que hacer por el momento.

Sin embargo, los muchachos ya estaban acostumbrados a pasar ese tipo de situaciones, pero Anelisse no. Con la excusa de que se aburría, la tripulación se había impuesto la tarea de animarla. En el submarino, que antes era muy tranquilo, ahora se escuchaban gritos, canciones y risas a todo volumen, no importaba la hora del día. Law estaba cada vez más ansioso por salir a la superficie y lanzarla al mar.

Pero la peor parte era que Anelisse no dejaba de buscarlo por la mínima tontería.

Apenas un rato después de partir de la isla, a la chica se le ocurrió ayudar a Yuno a lavar los platos. Por supuesto esa era una de las cosas que ella nunca había hecho en toda su vida y terminó rompiendo la mitad de la vajilla.

Horas más tarde, decidió que lo mejor era ayudar a Hiro a preparar la cena. No le fue mejor que lavando platos, provocando un pequeño incendio en la cocina que, afortunadamente, a Law no le costó trabajo controlar. La tripulación fue a dormir ese día sin haber comido nada.

Después visitó la sala de control, donde descompuso el radar y desvió el rumbo del submarino.

Law pudo constatar que Anelisse era excesivamente torpe y que nunca se había dedicado a los deberes del hogar cuando, después del incendio, inundó el baño al tratar de limpiarlo.

Y no sólo estaban sus tonterías. Cada vez que ella arruinaba algo, corría a la habitación de Law lloriqueando, explicando lo que había pasado y pidiéndole que la disculpara. Law no tenía más opción que solucionar el problema y calmarla, asegurándole que no estaba molesto en lo absoluto y que comprendía que ella no estuviera acostumbrada a esa forma de vida, aunque por dentro no sintiera otra cosa más que ganas de matarla.

Además, Anelisse lo buscaba por las mañanas con una taza de té en la mano para despertarlo y preguntarle si no había tenido más pesadillas por la noche.

El estrés de Law llegó a un punto en que el muchacho decidió no darle ningún tipo de tarea a Anelisse para evitar que destruyera el submarino en algún accidente.

Sin embargo, eso no detuvo el alboroto en el que la tripulación entera ya participaba. Así que Law ya no tenía ni un momento de paz para él solo.

Llevaban una semana sumergidos y Law estaba tan harto que dio la orden de emerger. Nunca en su vida había tenido tantas ganas de respirar aire fresco. Salió a la cubierta, donde el sol brillaba deslumbrante y se sentó cerca de la puerta a dormitar.

Para su mala suerte, la puerta no tardó en abrirse. Anelisse salió por ella y se acercó inmediatamente.

-¡Capitán Law! –lloriqueó como de costumbre, lanzándose hacia él y agarrándolo del brazo con una fuerza que no había mostrado antes.

Law estaba preguntándose qué desastre había ocasionado esta vez cuando escuchó la voz de Penguin.

-Anelisse-chan, ven aquí inmediatamente…

A Law le extrañó que su nakama sonara tan molesto, pues Penguin junto con Bepo era uno de los que siempre salían a defensa de la chica sin importarles lo más mínimo qué clase de tontería hubiera hecho.

Penguin atravesó la puerta con una expresión que Law no le conocía.

-Anelisse-chan, no te escondas con el capitán –le ordenó de mala manera-. Ven aquí…

Anelisse se abrazó más a Law sin dejar de lloriquear.

-No lo hice intencionalmente –decía una y otra vez.

Law empezaba a sentir curiosidad por lo que había pasado. Penguin casi nunca se enojaba con nadie. Le lanzó una mirada interrogadora a su nakama, pero este ni siquiera lo notó.

-Anelisse-chan…

-Lo siento…

Penguin se acercó y tomó el brazo de Anelisse para separarla de Law. Ella se sostuvo con tanta fuerza que enterró sus uñas en el brazo del capitán. Entre eso, los gritos y los jalones que habían interrumpido su momento de soledad, Law comenzó a perder los estribos.

Law se levantó tan repentinamente que los dos muchachos salieron volando hasta el barandal de la cubierta.

-¿Qué está pasando? –preguntó dirigiéndose a Penguin.

Penguin miró a su capitán y un escalofrío lo recorrió. Anelisse miraba el suelo sobándose el codo derecho sin enterarse de nada.

-Anelisse-chan destruyó la torre de cartas que estábamos construyendo desde ayer –explicó Penguin sin mirar a Law a los ojos-. Trabajamos muy duro para levantarla. Dile algo, capitán.

Así que estaban peleando por una tontería que a él ni le interesaba. Claro, el submarino podía incendiarse pero lo que molestaba a los muchachos era que sus juegos fueran arruinados… Esos sujetos tenían que ordenar sus prioridades.

-No lo hice intencionalmente –se defendió Anelisse.

-Es que eres más torpe que un pez…

-No soy torpe… Sólo cepillaba mi cabello…

-La próxima vez cepíllalo en otra parte, el submarino es muy grande…

-Pero Jean Bart no quiere hablar conmigo y me prohibieron entrar a la sala de control donde estaba Bepo…

-Tu cabello a veces es una molestia.

-No es cierto, mi cabello es lindo.

Sin poder contenerse. Law activó su "Room", provocando el silencio absoluto por parte de Penguin.

-Capitán… -tembló el muchacho.

-Van a callarse ahora mismo –ordenó Law mirando a sus dos compañeros con furia.

Anelisse, que seguía sin enterarse de nada, preguntó:

-¿Qué está pasando?

-Capitán… -murmuró Penguin lleno de terror.

-Penguin, ¿qué está pasando? –volvió a preguntar Anelisse zarandeando levemente a Penguin.

-¡Huyamos!

Penguin se puso de pie, tomó a Anelisse de la cintura en un intento de cargarla y salió corriendo casi arrastrándola.

Law esperó hasta que los escuchó bajar por la escalera y deshizo el "Room". Suspiró con cansancio y volvió a sentarse en el suelo.