CAPITULO 7

LO QUE OCULTA UNA INOCENTE SONRISA

Después del incidente Penguin mantuvo alejada a Anelisse los días siguientes. Los muchachos se turnaban para mantenerla entretenida y evitar que causara problemas. El ruido en el submarino había disminuido considerablemente, y Law sólo llegaba a tener noticias de lo que la chica hacía gracias a los pequeños informes de Bepo, quien era el que más la consentía.

Law agradecía que todo estuviera regresando a la normalidad. Sin embargo, luego de perder de vista a Anelisse, a quien ya no se encontraba ni en las horas de la comida, el capitán se encontró con otro problema que lo alteraba considerablemente: sin el alboroto de la muchacha, su atención volvió a centrarse en el objetivo que lo había empujado a convertirse en Shichibukai y eso parecía haber provocado el regreso de sus pesadillas. Lo peor de todo era que una parte de él empezó a anhelar la taza de té que Anelisse le llevaba por las mañanas. La charla sin sentido e infantil de la chica lo distraía del futuro nada prometedor que había elegido. La otra parte de él se daba de topes por haber permitido que esa niñita llegara a alterarlo tanto.

Se sentía impaciente por llegar a la próxima isla. Según Bepo era un lugar llamado Lantana, donde existían altas probabilidades de ponerse en contacto con la Marina. Law esperaba que, una vez que Anelisse se fuera de sus vidas para siempre, todo volvería a ser como antes y que incluso las pesadillas volverían a estar controladas.

Durante ese tiempo, el submarino se sumergía por algunas horas y volvía a emerger porque Anelisse estaba mucho más tranquila cuando el submarino navegaba al aire libre. Ese movimiento ponía de mal humor a Law, que tenía que abstenerse de enfrentarse a la chica para no perturbar al resto de la tripulación.

Una de esas mañanas, Law se despertó del peor humor posible. Había pasado una noche terrible soñando una pesadilla tras otra. Durante un par de horas intentó volver a dormirse, pero cerrar los ojos le traía imágenes de su infancia, una que quería olvidar por completo. Se sentía frustrado, enojado y triste. Ni siquiera había respondido a Bepo cuando lo fue a buscar para que desayunara con todos. Dándose por vencido, decidió levantarse y darse un baño.

Dejó su katana en la habitación y salió en silencio. No tenía ganas de hablar con nadie, así que caminó por los pasillos menos transitados con la confianza de que cada miembro de la tripulación estaría ocupado con sus propias responsabilidades.

Su sorpresa fue grande cuando llegó a la puerta del baño. Nueve de sus nakamas se encontraban formados, algunos recargados en la pared otros sentados con cara de aburrimiento. Lo sabía, la tripulación era lo suficientemente grande como para tener mínimo dos baños, pero nunca lo había visto necesario porque nunca se había enfrentado a esa situación.

-¿Qué sucede? –preguntó.

-Anelisse-chan está dentro –respondió Nino.

-¿Cuánto tiempo lleva dentro?

-Un par de horas.

Su tripulación, su ropa, su submarino, su paz, su silencio, su baño… Esa chica estaba apoderándose de todo…

Se acercó y tocó la puerta con fuerza.

-¿Anelisse-ya? ¿Puedes salir?

-No –se escuchó la voz de Anelisse-. Tengo una crisis con mi cabello.

Law tomó aire antes de continuar.

-Si el problema es tu cabello, ¿por qué no lo arreglas en tu habitación?

-No puedo, necesito lavarlo bien.

-Tienes dos minutos para salir, Anelisse-ya. Es una orden.

Law lanzó una mirada a sus nakamas que los hizo temblar y se marchó del lugar. Corrió hasta su propia habitación, entró furioso, tomó su katana y volvió a salir, dirigiéndose de regreso al baño.

Nino se encontraba muy pegado a la puerta tratando de convencer a Anelisse para que saliera "antes de que el capitán regrese". Pero la chica era tan testaruda como torpe y se negaba a salir hasta que su cabello luciera "como debe lucir el cabello de una señorita".

Sin nada de paciencia, Law apartó de un empujón a Nino y abrió la puerta con una patada.

-Capitán Law, podría estar cambiándome de ropa –protestó Anelisse cuando vio al chico entrar sin la más mínima cortesía.

Law tomó el cabello de Anelisse y arrastró a la chica sacándola del baño. A las protestas de la tripulación respondió amenazándolos con cortarlos en pedazos y luego tirarlos al mar si se atrevían a desobedecerlo.

Anelisse comenzó a llorar, no con lloriqueos infantiles como cuando destrozó la vajilla, sino un llanto de terror, como el primer día que llegó al Polar Tang, mientras era arrastrada por los pasillos sin compasión.

Sin soltar el cabello de la chica y seguido muy de cerca por sus nakamas, Law siguió arrastrándola incluso en las escaleras que llevaban a la cubierta.

Una vez afuera, Law soltó a Anelisse.

Ella lo miró aterrada. Tenía raspones por todo su cuerpo y temblaba de pies a cabeza.

Law se agachó hacia ella con la furia reflejada en el rostro y sonrió con burla.

-Yo arreglaré el problema con tu cabello, Anelisse-ya.

Y, desenfundando su espada, volvió a tomar el cabello de Anelisse.

Sin pensárselo dos veces, lo cortó todo.

Se levantó y guardó su espada.

Anelisse dirigió sus manos hacia su cabello, que ahora apenas le llegaba a la altura de los hombros y miró a su alrededor, donde el resto se encontraba esparcido.

La tripulación guardaba silencio. No se atrevían a comentar nada por miedo a que el capitán tomara represalias contra ellos.

Law suspiró tratando de tranquilizarse y se dio la vuelta con la intención de regresar al interior del submarino, cuando oyó gritar a Anelisse. Se detuvo en seco. Podía imaginar lo que vendría después: la chica lloraría durante días encerrada en su habitación y Bepo se pondría furioso.

Entonces Anelisse dejó de gritar.

-Capitán… -murmuró Nino señalando hacia la chica.

Law volteó y se llevó una gran sorpresa.

Anelisse estaba sentada con los ojos cerrados y las manos en su recién cortado cabello en medio de un círculo de luz azul lleno de símbolos que Law no había visto antes. El viento empezó a soplar con fuerza a su alrededor y en el rostro de la chica aparecieron lo que parecían escamas de un color azul brillante.

Los chicos comenzaron a retroceder, algunos entraron al submarino. Law estaba tan sorprendido que no era capaz de moverse.

Mientras buscaba una explicación lógica a lo que estaba pasando, del círculo salió un remolino de agua.

Los tres nakamas que se habían mantenido en su lugar corrieron al interior junto con el resto.

Law activó el Room al ver que el remolino de agua se dirigía a ellos, pero su esfuerzo por evitar el ataque fue inútil. La gran masa de agua deshizo el Room y se movió directamente hacia él. Durante un instante no pudo moverse, el agua había inutilizado su habilidad.

-¡Capitán! –escuchó a sus nakamas.

El remolino de agua seguía rodeando a Anelisse cuando Law pudo volver a respirar. Estuvo a punto de ahogarse, apenas había podido sostener su espada y no podía usar sus poderes. Había sido atacado con agua de mar y el efecto parecía perdurar.

-¡Anelisse! –intentó hablar con la chica-. ¿Me escuchas? ¡Anelisse!

El remolino de agua rodeó el submarino y el mar se agitó con fuerza. Era como si se encontraran en medio de una tormenta. El submarino se mecía de un lado a otro sin control.

De repente el círculo de luz desapareció y Anelisse cayó inconsciente.

La tormenta no cesó y su fuerza aumentaba con cada segundo que pasaba. El Polar Tang estaba a punto de voltearse. Tenían que sumergirse o no saldrían de esa. El resto de la tripulación se sostenía de lo que podía, pero Anelisse estaba inconsciente.

Law se dejó resbalar por la cubierta y logró agarrar el brazo de Anelisse justo a tiempo de evitar que cayera al mar. Todo se agitaba a su alrededor y clavó su espada en el suelo de la cubierta buscando una manera de sostenerse.

El submarino se inclinó hacia delante. Era inevitable: el submarino iba a voltearse y ellos caerían al mar. Para empeorarlo todo, no podría sostener a Anelisse por más tiempo.

Ya estaba dando todo por perdido cuando la tormenta comenzó a detenerse. El Polar Tang se estabilizó regresando a su posición normal, aunque todavía se mecía de un lado para otro.

Law jaló a Anelisse hacia él y los dos cayeron sobre el suelo de la cubierta.

Con la respiración agitada, se sentó para revisar a Anelisse. La acomodó en el suelo y se aseguró de que siguiera con vida. Al ver su cuerpo lleno de moretones y raspones, Law sintió remordimientos. Tocó sus mejillas en busca de las escamas que habían aparecido antes sin encontrar nada, su piel blanca volvió a estar intacta, tan perfecta como el día que la conoció. Ella estaba viva, pero su respiración era lenta. Era urgente que la atendiera o no aguantaría mucho.

-¡Capitán!

Apareció Bepo seguido de Penguin y Shachi.

Ignorándolos por completo, Law cargó a Anelisse y la llevó al interior del submarino.

Más tarde se preocuparía por lo que había pasado. Lo único importante en ese momento era salvarla.