Día treinta y uno, miércoles:
Estuviste muy pensativa en la cena. ¿Estabas considerando el dejar de buscar? Quiero que me entiendas y comprendas que tengo miedo de que lo que pienso. Que lo que me motivó a escribirte fuera una ilusión que se ira al despertar.
Porque siento que es un sueño, que lo que percibí hace treinta y un días fue un mal entendido. Déjame seguir soñando, por favor.
Atte.: Un ser que ruega seguir dentro del paraíso.
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Suspiro al terminar de redactar la carta del día y la observo detenidamente. Me pregunto si es correcto enviarla, como todos los días. Tomo las cosas que están sobre la cama y guardo el papel dentro de mi bolsillo. Es muy temprano, el reloj marca las cinco y medio de la madrugada. Nadie se levanta a esta hora, lo que es un alivio porque puedo ir a dejarle a una lechuza libre —porque uso una diferente a diario— lo escrito.
Me dirijo a paso lento y concienzudo. Evitando a algún profesor o fantasma que pueda hacer encontrarme recorriendo los pasillos temprano y piense que he estado fuera de mi Sala Común toda la noche.
En fin, más rápido de lo pensado, llego a mi destino. Dejo salir el aire contenido para relajarme, estoy en lugar seguro. ¿Cuándo será el día que pueda firmar con mi nombre las cartas? ¿Cuándo te dejarás de esconder Theodore?
Has cometido el error que tu padre te enseñó a golpes a no cometer, enamorarte de alguien indigno. Una tontería enorme, porque el inicuo soy yo. Son mis manos las que están manchadas de sangre inocente, las que mataron por placer en su tiempo.
Manos que estuvieron punto de matarla, pero nadie supo. Nadie fue consciente de que encontré la guarida del Trío Dorado en el bosque. Que levanté la varita contra ella mientras un hechizo desilusionador me cubría, porque sabía que sin ella no serían nada. Sin ella el bando de los buenos no ganarías.
Entonces, imaginé un mundo gobernado por Voldemort. Vomité de imaginar la desgracia que caería sobre el resto de los vivientes, seríamos esclavos. Sólo que los muertos vivirían en paz y nosotros pagaríamos la condena en vida. Por esa razón, evité que los carroñeros los encontraran las primeras cuatro veces. A la quinta ya no pude hacer nada, pero los ayudé a ser rescatados de la mansión Malfoy.
No logré llegar a tiempo para que la enferma de Bellatrix le hiciera esa espantosa marca en el antebrazo, no obstante, llegué para salvarle la vida.
Ahí supe que había caído ante ella. Su sencillez me sedujo y su personalidad me atrapó.
—Era mejor esclavizarme a ti, que ser esclavo de él —digo con suavidad a la nada.
O no tan nada.
—Theodore Nott. Eres tú el que me envía las cartas, ¿cierto? —pregunta una voz mandona detrás de mí.
Cierro los ojos y deseo tener tanto poder para hacer magia sin varita y transportarme a otro lado. Los puños los tengo apretados y me niego a voltear, quizás es un espejismo.
Oigo que se mueve, se detiene cerca de mi espalda, posa su mano sobre mi hombro y me gira a enfrentarla. Su rostro no muestra nada, pero hay un brillo en sus ojos al que no sé cómo nombrar.
—¿Estás sordo? —exclama. Considero seguir guardando silencio, pero es mejor negarlo.
—No estoy sordo. Lo que no entiendo es qué quieres decir con lo de las cartas —hablo con firmeza. Me pudo agarrar a quemarropa, sin embargo, sigo siendo un Slytherin y me recompongo con rapidez—. Llevas días haciéndole al idiota con preguntas a toda la escuela. ¿No te basta con ser marisabidilla en las clases como para tener a todos acosados con cosas extrañas?
Su cara de póker se rompe un poco con duda, como si estuviera reconsiderando su hipótesis. Luego de unos segundos, hay una determinación en su rostro.
—¿No sabes de qué hablo, un hombre conquistado? ¿Estoy acosando a todos con tus palabras idiotas, esclavo de tu amor? ¡Muéstrame la hoja que tienes en tus manos y veremos si soy tan estúpida como insinúas! Porque sé perfectamente que tú eres el que me envía cartas todos los días. ¡¿O es Draco Malfoy?! —grita—. ¡¿Quieres que le vaya a gritar a Malfoy que lo amo y que quiero pasar el resto de mis días con él? ¿De la misma forma en la que ha escrito en cada uno de sus versos? —reta con ímpetu—. Muy bien, Theodore Nott, disculpa el haberme confundido. Solo me quedaban dos en la lista de sospechosos y tú has sido descartado. Por un momento creí… —se interrumpe y niega con desencanto—. Olvídalo.
Es su última palabra antes de dar media vuelta. Mi cerebro está trabajando al cien, procesando todas las palabras que ha dicho y no puedo creer que sean verdad, pero ¡me las ha gritado y veo dolor en sus gestos al negárselo!
¡Deja de esconderte, es para ti! ¡Te ganaste su corazón!
Salgo rápidamente del shock y acorto la distancia que ha puesto entre nosotros. Tomo su mano y la halo hacia mí, su pecho rebota contra el mío y nos observamos en silencio.
Su respiración se hace rápida y superficial, en espera de algún movimiento de mi parte. Así que elevo la mano con lentitud, mostrándole el movimiento para que pueda evitarlo si gusta, pero no lo hace y dirijo la extremidad a uno de sus rizos espectaculares —tan perfectos siendo tan temprano—, para sostenerlo con la punta de mis dedos y hacer lo que siempre he querido.
Estirarlo hasta ver el largo de sus cabellos.
Tan suave como imagine.
Me pierdo en los efectos de color que la luz del sol —que entra por los ventanales de la lechucería— le da a su cabello y sonrío con ternura.
Olvido que estoy con ella.
El simple acto hace que sus ojos se llenen de lágrimas y que un sollozo se escape de su boca.
—Sí eres tú.
—Sí —afirmo. Ya no tiene caso negarlo, no puedo dejar que Draco la desprecie o me quite la oportunidad de mi vida—. Soy el hombre que anhela una eternidad contigo.
—Eres un gilipollas, insensible —reprocha con un puchero de molestia.
—Perdóname. No era mi intención contestarte así, pero me tomaste por sorpresa. Se supone que faltaban días para darme a conocer.
—Es que ya no podía seguir en esto, quería decirte que te aceptaba tal y como eres porque, si eras la persona que creía (que sí fuiste), ya me tenías más que ganada. Siempre te he querido. Llevo años tratando de acercarme a ti y no supe cómo. Hasta que aparecieron…
—Las cartas.
Cabecea en afirmación.
El silencio se hace fuerte entre los dos.
—¿Puedo leer la que ibas a darme hoy? —pregunta. Se la entrego con recelo, algo tonto porque ya fui descubierto. Ella se carcajea un poco y se dispone a leer—. Quiero golpearte por tonto. ¡No es un sueño, Theodore! Es una realidad. Para que veas que no miento, tendremos un día de pareja así como todos los enamorados que irán a festejar hoy su amor.
Frunzo el ceño ante su declaración.
—¿De qué rayos hablas?
—¿No lo sabes? —pregunta con picardía y pasando su lengua por el labio inferior. Sigo la acción con detenimiento, tragado el nudo de deseo que se ha formado en mi garganta por besarla—. Es San Valentín, y seremos parte de esta pantomima como tórtolos que somos. Sin excusas, ¿entendido?
Estoy por refutarle lo absurdo de su argumento, pero habla antes.
—Recuerda que no me quieres hacer enojar, Nott —comenta amenazadora para luego soltar la risa—. Es broma. Pero, ¿puedes besarme ya?
Ni tardo ni perezoso acato su orden-pregunta. Gimo ante el sabor a limón que tiene su boca, la devoro por completo, cumpliendo la amenaza de robarle el aliento.
—El mejor San Valentín de mi vida.
—Y a por muchos más —termino.
Fin
Buuuueno, pues eso ha sido todo. 3 Espero Baruka84 que te gustara el cómo hice tu petición Theomione. Es la primera vez que escribo sobre esta pareja y quise mostrar lo que esconde Theodore Nott y que sólo nuestra con las personas que ama. Quizás fue un poco fuera del cañón su personalidad, pero a veces escondemos nuestro verdadero ser entre capas y capas de cebolla (diría nuestro buen Shrek).
Me gustó hacerlo. Estuve encantada de que me tocatas tú (es la primera vez que te regalo algo) y me siento satisfecha con el resultado. ¡Obviamente! Tienes todo el derecho de aventar tomatazos si no fue de tu agrado. Los recibo.
Gracias a AndyGrangerWeasley por betear la historia.
Feliz San Valentín preciosa y todos los que entraron a leer este pequeño One-shot.
InésUchiha
