CAPITULO 9

LA HISTORIA DE BEPO

Anelisse se encerró en su habitación por el resto del día. Casi anochecía cuando Bepo, Shachi, Penguin y Hiro fueron a buscarla.

Shachi llevaba una bandeja con un plato de arroz y una taza de té que dejó sobre la caja de madera que habían llevado a la habitación. Esa era la misma caja en la que Anelisse se había escondido en su intento de infiltrarse en un barco de la marina. Ella la usaba para sentarse a leer y para guardar sus pocas pertenencias. A parte del colchón improvisado, la caja funcionaba como único mueble.

-¡Hola, Anelisse-chan! –saludó Bepo al entrar.

Anelisse, que estaba sentada en un rincón con las piernas abrazadas, levantó la cabeza y sonrió al ver al oso.

-¿Cómo te encuentras, Anelisse-chan? –preguntó Penguin-. El capitán dijo que aún tenías dolor de cabeza pero que no esperaste a que te diera un analgésico.

-No lo necesito –respondió Anelisse.

Hiro le ofreció la mano para ayudarla a levantarse.

-Arreglaré tu cabello para que esté parejo en cuanto termines de comer.

-Por favor, hazlo de una vez.

-Anelisse-chan, aún estás débil. Tienes que comer algo.

-Comeré todo si tú arreglas mi cabello.

Hiro suspiró resignado y comenzó a trabajar en el cabello de la chica. Ella se sentó sobre la caja y los muchachos se acomodaron a su alrededor.

-¡Qué raro que el capitán haya hecho un corte tan malo! Por lo general es muy exacto en lo que hace –comentó Penguin de repente.

-Debió haber estado muy enojado –respondió Shachi.

Anelisse sintió humedecer sus ojos. El capitán no sólo la había golpeado, sino que ni siquiera se había tomado la molestia de cortar bien su cabello.

-N-no te sientas mal, Anelisse-chan –se apresuró a decir Penguin cuando vio las lágrimas de la chica-. Aún con el cabello corto te ves hermosa.

-Pero a mí me gustaba mi cabello largo –contestó ella limpiándose las lágrimas.

-No digan cosas que hagan llorar a Anelisse-chan –los regañó Bepo-. Anelisse-chan, lo siento.

-No te disculpes, Bepo –dijo Anelisse-. Todo es culpa de ese horrible capitán.

-Vamos, Anelisse-chan. El capitán no es tan terrible –soltó Shachi.

-Es cierto –corroboró Hiro-. El tiempo que estuviste inconsciente no se separó de ti ni un segundo. Estaba muy preocupado. Ni siquiera podía dormir.

-A lo mejor eran sus remordimientos.

-Dudo que el capitán tenga remordimientos… -murmuró Shachi.

Anelisse volvió a derramar lágrimas.

-Que no digas esas cosas –Shachi le soltó un golpe a Penguin.

Hiro terminó de arreglar el cabello de Anelisse y le pasó un espejo para que lo viera. Su lindo cabello ahora le llegaba arriba de los hombros, pero seguía ondulándose en las puntas. Desde su punto de vista, lucía descuidado y alborotado.

-Ese corte te queda muy bien –exclamó Penguin tratando de convencer a la chica.

-Hasta te ves más madura –agregó Shachi.

-Como si hubieras crecido estos días –corroboró Hiro.

-Ahora podremos ver todo el tiempo tu hermosa sonrisa –dijo Bepo.

Anelisse se limpió las lágrimas que aún salían y gradeció la amabilidad de los muchachos. Ellos eran como sus tíos, siempre estaban dispuestos a alegrarle el día.

Más tranquila, tomó el plato de arroz que Hiro le ofreció y se dispuso a comer. A pesar del tiempo que supuestamente había pasado inconsciente no tenía mucha hambre, pero se esforzó en terminárselo todo porque lo había prometido a Hiro.

Un rato después, Hiro salió de la habitación con los trastes vacíos porque tenía tareas pendientes y Anelisse se quedó con Bepo, Shachi y Penguin.

Todo se quedó silencioso después de un rato.

Anelisse observó a los chicos. Ella no acababa de comprender por qué personas tan buenas habían terminado siendo piratas. Además, ellos no se parecían en nada al terrible capitán Law, que era un amargado, cruel y despiadado.

-Quisiera saber algo –dijo de pronto. Ya no aguantaba la curiosidad, les preguntaría todo.

-Dinos, Anelisse-chan.

-¿Por qué decidieron seguir a Trafalgar Law?

Se miraron sorprendidos entre ellos. Luego, Shachi y Penguin fijaron sus ojos en Bepo, quien se sonrojó un poco y decidió contar la historia.

-Verás, Anelisse-chan. Yo era un pequeño e inocente osito cuando decidí salir de mi tierra natal siguiendo a mi hermano mayor. Me embarqué en un barco que se dirigía al North Blue y llegué a la Isla Swallow. Todo fue horrible a partir de ahí.

Bepo se había puesto de pie y movía exageradamente los brazos en su intento de representar la escena.

-Dos matones empezaron a perseguirme –continuó Bepo con tono dramático. Anelisse se escandalizó con la historia.

-¡Hey! No es para que exageres –dijo Shachi.

-Lo siento –se disculpó el oso.

-¿Y qué pasó después? –preguntó Anelisse.

-Esos matones me persiguieron un buen rato. Se burlaban y me lanzaban cosas –Anelisse se levantó por los nervios y se acercó a Bepo-. De pronto apareció un niño.

-¿Un niño?

-Peleó contra los matones y los derrotó con mucha facilidad, aunque ellos eran más grandes que él.

-No los derrotó tan fácilmente –lo contradijo Penguin.

Pero Anelisse estaba tan impresionada que el comentario del chico pasó desapercibido.

-¿En serio? Cuéntame más, Bepo.

-Sí. Él me defendió de esos horribles matones.

-¡Qué niño tan valiente! ¡Me agrada!

- Yo estaba tan cautivado con su valentía que decidí seguir a ese niño.

-¿Ah?

-Y juntos fundamos a los Piratas Heart.

Anelisse dejó de considerar bonita la historia cuando comprendió que el niño que había defendido a Bepo de los dos matones no era otro que Law. Shachi y Penguin también se levantaron y se lanzaron contra el oso.

-Olvidaste mencionar a los otros dos fundadores de los Piratas Heart.

Mientras ellos peleaban, Anelisse se sentó nuevamente.

-¿Y ustedes por qué están con Trafalgar? –les preguntó Anelisse.

Shachi y Penguin se miraron entre ellos poniéndose nerviosos.

-Bueno… Nosotros éramos esos matones –confesó Shachi con la cabeza baja. Penguin miraba a otro lado.

Y ella pensando que Shachi y Penguin eran buenas personas…

Anelisse se sintió más decepcionada aún. ¿Qué pasaba con esas personas? Entonces detalló en una parte de la historia.

-¿Trafalgar era pirata desde niño? ¿Por qué un niño se convertiría en pirata?

Los muchachos dudaron antes de responder.

-El capitán ha tenido una vida muy difícil –explicó Bepo.

-¿Y sus padres? ¿Dónde estaban sus padres?

-Anelisse-chan… Nosotros somos su única familia…

Anelisse recordó la primera mañana en que buscó al capitán. Él había despertado agitado y triste. ¿Sus pesadillas tenían relación con sus padres? ¿Qué había pasado?

-El capitán nunca habla de eso –respondió Penguin adivinando las preguntas que pasaban por la mente de Anelisse.

-¿Qué hacen? –los interrumpió una voz.

Los chicos voltearon. El capitán se encontraba recargado en el marco de la puerta observándolos.

-S-sólo platicábamos un rato –tartamudeó Shachi.

-Anelisse-ya necesita descansar. Recuerden que no se ha recuperado del todo.

Anelisse evitó mirarlo. Ya no sabía qué pensar del horrible capitán.

-Lo sentimos –se disculpó Bepo-. Sólo le hacíamos compañía.

Law se acercó y se agachó para estar a la altura de la chica.

-¿Te sigue doliendo la cabeza?

Pero al tenerlo tan cerca, Anelisse recordó que estaba muy enojada con él porque había cortado su hermoso cabello. Además, si reflexionaba más lo que había pasado, sus golpes la habían dejado inconsciente durante tres días. Así que se volteó hacia el lado contrario dándole la espalda.

-Anelisse-ya…

-Anelisse-chan, nosotros nos despedimos –intervino Shachi.

Anelisse se dirigió a ellos con una sonrisa.

-Gracias por contarme su historia.

Shachi, Penguin y Bepo salieron de la habitación (Bepo le dio un abrazo tan fuerte que Law tuvo que regañarlo), y Anelisse se quedó sola con el capitán.

-Voy a dormir –anunció Anelisse después de un incómodo silencio. Ella estaba junto a la puerta y Law se había sentado sobre la caja.

-Bien –respondió el capitán sin moverse de su sitio.

-Vete –ordenó la chica.

-Me quedaré aquí.

-¿Por qué?

-Por si necesitas algo.

-No necesito nada de ti.

-Otra vez estás huyendo de mí. Creí que ya éramos amigos.

-Yo no quiero ser la amiga de un pirata.

-Eres amiga de Bepo y los otros.

-Yo no quiero ser amiga de un capitán pirata.

Law sonreía con burla mientras Anelisse se ponía cada vez más nerviosa. No quería caer nuevamente en sus juegos. Se sentó en el suelo, abrazó sus piernas y agachó la cabeza.

-No quiero verte.

Law se levantó, caminó hacia ella y se sentó a un lado.

-Te ves más hermosa con el cabello corto –susurró en su oído.

Anelisse lo miró molesta y volvió a abofetearlo.

-Me dejaste inconsciente por tres días…

-Yo no…

-Te odio, Trafalgar Law.

Anelisse se levantó y corrió hacia la cama improvisada, donde se tumbó y cubrió con las sábanas hasta la cabeza, esperando que Law se marchara. Las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas, pero intentaba no hacer ruido para que el capitán no se diera cuenta. No admitiría delante de él que todavía le dolía el cuerpo entero y sentía su cabeza a punto de estallar.

Después de lo que parecieron horas, Anelisse escuchó a Law levantarse de su sitio.

-Si necesitas algo, avísame –dijo antes de cerrar la puerta.

Anelisse sacó la cabeza para observar la habitación vacía.

Sólo recordaba haberse sentido tan sola una vez: después de perder a Kendra.