CAPITULO 10

PESADILLAS

Law caminaba solo por las calles de una ciudad en ruinas. Parecía de noche. Sin embargo, no había estrellas ni luna en el cielo. La única iluminación provenía de unos faroles.

El lugar estaba desierto.

Siguió avanzando entre las calles destruidas observando a su alrededor buscando algo, aunque no estaba seguro de qué era. Sabía que lo reconocería una vez que estuviera delante de aquello.

El lugar se le hacía conocido, como si ya hubiera caminado por esas calles. Parecía que la ciudad había sido próspera tiempo atrás, pero ahora todo estaba destruido: casas, calles, plazas…

Una luz apareció en el cielo y la cuidad se iluminó con una luz roja llenándose de humo. ¿Un incendio? Apresuró el paso hasta que empezó a correr. Si no se daba prisa, lo perdería para siempre.

Entonces escuchó un grito.

Era la voz de una niña, y lo estaba llamando.

Law sintió miedo. Ella lo necesitaba. Él tenía que salvarla. Los gritos se escuchaban más cerca. Corrió con más empeño, pero la calle parecía interminable. El incendio estaba extendiéndose, pero él seguía sin poder llegar al final de la calle. A su alrededor se empezaron a escuchar explosiones y disparos. Oyó los gritos de la gente a la que no podía ver. Deseó que todo volviera a estar silencioso. Entendía su dolor, pero si no se callaban él no podía escuchar la voz de su hermana. Si no la escuchaba no sabría hacia dónde ir. Y él tenía que llegar a donde estaba ella.

De repente todo volvió a estar silencioso y fue rodeado por una absoluta oscuridad. Seguía corriendo sin ver nada. Ya no escuchaba los gritos de su hermana, pero no quería darse por vencido. Sentía como si llevara horas corriendo sin llegar a ninguna parte. Tal vez si la llamaba ella le contestaría y sabría a dónde ir.

-¡Lami!

Pronunció el nombre que no había dicho en años.

Y los gritos volvieron a escucharse.

Corrió más y más rápido…

Entonces despertó.

Se incorporó en la cama y miró a su alrededor. Aún era de noche y todo estaba oscuro. Estaba sudoroso, respiraba agitadamente y sentía su cuerpo temblar sin control. Apartó las cobijas y se sentó en la orilla de la cama tratando de calmarse.

Pero seguía escuchando los gritos.

Se oían pasos que iban y venían.

Se levantó aún tembloroso y tomó su espada. Tenía que salvar a Lami.

Estaba a punto de abrir la puerta de su habitación cuando se dio cuenta de que Lami no podía estar gritando porque ella había muerto muchos años atrás.

¿De quién podían ser esos gritos?

Cayó de rodillas completamente confundido.

Alguien tocó la puerta con mucha fuerza.

-¡Capitán!

Entonces comprendió que era Anelisse quien lo necesitaba. Se levantó en seguida y salió corriendo sorprendiendo tanto a Nino que cayó al suelo.

La habitación de Anelisse tenía la puerta abierta y la mitad de la tripulación estaba amontonada en el pequeño espacio, el resto se encontraba corriendo de un a lado a otro gritándose instrucciones.

Se abrió paso y llegó hasta la chica.

Anelisse se encontraba en un rincón con las manos en la cabeza. Gritaba, lloraba y no dejaba que nadie se acercara, ni siquiera Bepo, que era a quién más confianza le tenía.

-Háganse a un lado –ordenó a la tripulación.

Los chicos empezaron a despejar el espacio mientras él se arrodillaba junto a la chica, dejando la espada a un lado.

-Anelisse –intentaba llamarla.

Sin embargo, ella no respondía. Y cada vez que él intentaba tocarla, lo empujaba con las manos y pataleaba. No le quedó de otra más que hacer uso de su fuerza. La tomó de los brazos bruscamente y la jaló hacia él. La abrazó con fuerza tratando de calmarla. Ella siguió forcejeando durante minutos interminables hasta que, agotada, se acomodó en el pecho de Law sin dejar de llorar.

-Quiero a mi mamá… -repetía una y otra vez gritando.

-Te llevaré con ella –respondía Law-. Prometo que te llevaré con ella.

-¿Por qué me abandonó? No lo entiendo…

-Anelisse, ella no te abandonó. Tú te fuiste.

-No. Ella se fue. Yo la amaba pero ella se fue.

Law no entendía nada de lo que estaba pasando. Ella había dicho que quería regresar a su casa con sus padres y tíos. ¿Por qué ahora decía que la habían abandonado?

Law la separó de su pecho para que la chica lo mirara.

-Anelisse, dijiste que querías ir al Nuevo Mundo…

Pero Anelisse se aferraba a él. Seguía llorando y gritando.

-Ellos lo destruyeron todo… No quería estar sola… Yo era feliz con ella…

Anelisse parecía estar diciendo incoherencias. Law intentó separarla nuevamente, pero esta vez la zarandeó con brusquedad buscando la manera de hacer que la chica reaccionara.

-Anelisse, ¿cómo se llama tu mamá? Dime el nombre de tu mamá –ordenó firmemente.

-Kendra –gritó Anelisse-. Kendra se fue dejándome sola…

Dejó que la chica volviera a pegarse a él y la abrazó con fuerza. Empezaba a comprender lo que estaba pasando. Anelisse ya había hablado de Kendra en una ocasión. Kendra le había enseñado a leer, escribir y cantar.

Anelisse siguió gritando cosas sobre monstruos en el cielo, fuego, destrucción y Kendra durante horas. Él no la soltó ni un segundo, dejó que ella se desahogara. Por momentos parecía agotada y dejaba de llorar, de repente volvía a ponerse agresiva y lo golpeaba y rasguñaba. Law temía que el círculo de luz que la había rodeado en la cubierta apareciera de nuevo.

Anelisse se agotó totalmente cuando estaba a punto de amanecer. Cayó completamente dormida en brazos de Law. El capitán esperó un rato más asegurándose de que la chica no volviera a despertarse. Entonces, la cargó con cuidado y la acomodó en la cama improvisada. La cubrió con la manta y se sentó cerca de ella, recargándose en la pared. Estaba agotado, pero no tenía intenciones de dejarla sola.

-Law –lo llamó en sueños, parecía más tranquila-. No me dejes sola… No quiero estar sola…

Law se inclinó hacia ella.

-No lo haré nunca –dijo en su oído.

El resto de la tripulación estaba esparcida por el pasillo y en la pequeña habitación. Bart era el único que no se encontraba cerca, seguramente él había ido a revisar que el submarino mantuviera su ritmo.

Volvió a recargarse en la pared y cerró los ojos. Unos minutos más tarde, escuchó los murmullos de los miembros de la tripulación. Hablaban en susurros sobre lo que había pasado.

-¿Dijo que su mamá se llama Kendra?

-Se supone que su nombre es Samara, ¿no?

-¿Entonces quién es Kendra?

-¿Y a qué se refería con monstruos del cielo?

-También dijo algo de destrucción.

-No entiendo nada.

-¡Pobre Anelisse-chan! En algún momento debió haber sufrido mucho.

Law también creía que Anelisse había sufrido en algún momento de su vida. Y a diferencia de sus nakamas, él podía entender gran parte de lo que la chica había gritado en su trance. Él sabía que muchos poblados, islas enteras, habían sido destruidas por órdenes de la Marina. También sabía que la mayoría de las veces el pretexto era insignificante.

Él podía imaginar perfectamente a una pequeña Anelisse sobreviviendo a uno de esos ataques y siendo rescatada por una mujer de nombre Kendra. Sabía que ella no era su madre biológica porque la primera vez que la había mencionado no había dado muestras de que lo fuera, así que Kendra tenía que ser una mujer que pasaba por ahí. Podía imaginarse a esa niña superando el trauma, tal vez borrándolo por completo de su mente, gracias al cariño y el cuidado de esa mujer. También podía ver a Anelisse aprendiendo a leer y escribir en las clases de Kendra. Seguramente la mujer la felicitaba cuando escribía bien las palabras y la reprendía cuando hacía berrinche y no quería poner atención a las enseñanzas. Seguro que ella la abrazaba por las noches y le cantaba canciones cuando la pequeña despertaba por culpa de alguna pesadilla, como había ocurrido momentos antes.

Sin embargo, Kendra había desaparecido de repente. No le había dicho a Anelisse a dónde iba ni por qué. Anelisse habría vagado por el mundo sin saber qué hacer hasta que otra buena mujer la recogió. Con un pasado como ese a Law no le sorprendía que Anelisse fuera mimada y tratada con todo el cariño del mundo.

A pesar de eso, Anelisse se había empeñado en buscar a su segunda madre, escondiéndose en una caja para infiltrarse en un buque de la Marina. Esa era la razón por la que una chica como ella deseaba viajar a un lugar como el Nuevo Mundo.

Law no lograba comprender qué significaba el tatuaje que llevaba en el hombro, pero sospechaba que tenía mucho que ver con ese pasado que, estaba seguro, ni siquiera ella recordaba.

Desafortunadamente, Law creía que sus esfuerzos eran inútiles. Podía apostar que Kendra, a estas alturas, ya estaba muerta. Si alguien, ya sea la Marina o algún reino vecino, había dado la orden de destruir por completo el lugar de nacimiento de Anelisse, lo normal era que buscaran destruirlo todo. Si Kendra había rescatado a Anelisse de ese lugar o también era sobreviviente y sólo había escapado con la niña, era normal que las persiguieran hasta dar con ellas. Que Kendra hubiera ofrecido su propia vida para defender la de la niña no le sorprendía, pero cómo se lo podía explicar a Anelisse, que parecía muy empeñada en encontrar a su madre.

Law se preguntó qué era lo último que Anelisse había escuchado de Kendra. ¿Había sido un "te amo"?

Alguien se rió sacando a Law de su ensimismamiento.

-¿Estás diciendo que Anelisse-chan derrotó al capitán? –escuchó la voz de alguien.

-Te digo que esa niña esconde algo. Cuando hizo aparecer ese círculo y luego el remolino, el capitán fue incapaz de moverse.

-¿Anelisse-chan es más fuerte que nuestro capitán?

-El agua de mar lo debilita, ¿recuerdan?

-Eso convierte a Anelisse-chan en alguien más fuerte que el capitán.

-Que una jovencita como ella lo venciera debió ser muy vergonzoso…

¿De qué estaban hablando esos sujetos? Las cosas no habían pasado de esa manera. Él no había sido derrotado por Anelisse. Sí se sorprendió al ver de lo que era capaz esa chica, pero no fue derrotado por ella.

-Pobre de nuestro capitán…

Y más risas silenciosas se escucharon.

-¡Hey! Los estoy escuchando.

La tripulación entera palideció cuando vio a su capitán levantarse y mirarlos fijamente. Law echó un vistazo al bulto que era Anelisse y salió de la habitación. Necesitaba una taza de café.