CAPITULO 11
ENFRENTANDO AL CAPITÁN
Anelisse despertó a medio día. Se incorporó en sus mantas y se talló los ojos para aclarar su visión. Había pasado una de las peores noches de su vida. No recordaba haber tenido pesadillas tan terroríficas antes. Pensó en Kendra. Su madre cantaba por las noches para que ella no tuviera pesadillas mientras la acurrucaba entre sus enormes brazos. Las lágrimas volvieron a recorrer sus mejillas. Seguía sin entender por qué Kendra se había marchado sin dar explicaciones.
Miró a su alrededor secándose las lágrimas. Gran parte de la tripulación estaba esparcida por la pequeña habitación, incluidos Bepo, Shachi, Penguin y Nino. La puerta se encontraba abierta. Anelisse pudo adivinar que los que no cupieron dentro de la habitación se esparcieron por el pasillo. Todos dormían profundamente.
Anelisse comprendía lo que habían hecho por ella durante la noche, aunque no recordaba todos los detalles. Ellos habían pasado la noche en vela, vigilando su sueño. Nunca imaginó sentirse tan agradecida con un grupo de piratas. Definitivamente ellos la confundían. No eran las personas perversas que siempre le habían pintado. Ellos eran buenos, a pesar de su fama o su pasado.
Aunque ellos estaban dormidos, había rastros de preocupación en sus caras. Anelisse sonrió agradecida. Se levantó lo más silenciosa que pudo para verlos. Casi todos estaban ahí. Sólo faltaban Jean Bart (quien nunca se acercaba a ella) y Law.
En sus vagos recuerdos, Law había pasado gran parte de la noche abrazándola. ¿Había sido sólo parte de sus sueños? ¿Dónde estaba Law? Ni siquiera había rastros de su aroma. Para que no estuviera su aroma él debía haberse ido horas atrás.
Se sentía cansada, mareada y le dolía cada músculo de su cuerpo, pero se quedó ahí, de pie, mirando la puerta, deseando que Law entrara.
Bepo se removió en su lugar, se enderezó con pereza y estiró los brazos. Entonces abrió los ojos.
-¿Anelisse-chan? –se sorprendió al ver a la chica-. ¿Qué haces ahí parada? ¿Te sientes bien?
El oso se levantó en seguida y, pasando sobre Shachi y Penguin, se acercó a Anelisse. Los dos muchachos se despertaron enfadados.
-Bepo, ten más cuidado.
-Anelisse-chan, vuelve a acostarte –ordenó el oso ignorando a sus compañeros. Tomó a Anelisse por los hombros y la empujó suavemente.
Pero Anelisse se negó a moverse.
Shachi y Penguin se levantaron y también se acercaron.
-¿Qué sucede, Anelisse-chan?
-Quiero ver a Law –susurró.
-Iré a buscar al capitán –dijo Penguin.
-No –lo detuvo Anelisse-. Si no está aquí es porque no quiere verme. Déjalo.
-Anelisse-chan, el capitán estuvo aquí toda la noche. Necesitaba estirarse un poco y salió por un momento. No tardará en volver –explicó Shachi.
-No –negó Anelisse-. Él no quiere verme…
-No digas eso, Anelisse-chan –intervino Bepo-. El capitán estaba muy preocupado…
-Sí –afirmó Shachi-. Iré a buscarlo y…
-No –Anelisse no pudo contener las lágrimas-. Ya no quiero verlo.
Los muchachos empezaron a despertarse poco a poco cuando Anelisse levantó la voz.
-¿Qué sucede?
-Anelisse-chan está llorando nuevamente…
-Que alguien llame al capitán…
Anelisse abrazó a Bepo sin poder controlar el llanto. Sí quería ver a Law, pero él la detestaba, lo había demostrado muchas veces. ¿Lo hacía porque ella era una llorona? ¿Si dejaba de llorar la querría un poco más? ¿O simplemente se trataba de algo de piratas? No lo comprendía.
El alboroto que estaba formándose a su alrededor se detuvo repentinamente. Anelisse dejó de llorar un momento para mirar atrás. Law se encontraba en el marco de la puerta mirando a todos con una expresión severa en el rostro.
-¿Qué hacen? –preguntó con una seriedad que Anelisse no le había visto-. Anelisse-ya necesita descansar. ¿Por qué hacen tanto ruido?
-L-lo sentimos, capitán –se disculpó Clione.
-Si tienen tanta energía como para estar corriendo de un lado a otro, vayan a ocuparse de sus obligaciones –ordenó el capitán.
Algunos salieron apresuradamente de la habitación.
-Anelisse-chan no se siente bien –dijo Bepo.
Law intentó acercarse a la chica, pero Anelisse se escondió detrás de Bepo.
-No quiero verte –dijo ella-. Ve y ocúpate de tus obligaciones, "capitán terrorífico".
Unos pocos de los que se habían quedado ahogaron una risa.
Law suspiró con cansancio.
-Anelisse-ya –dijo impaciente-. Pasaste tres días inconsciente, despertaste y saliste sin permiso, no te has alimentado adecuadamente y tuviste una noche muy agotadora… Necesito revisarte.
-No quiero.
-Anelisse-ya, tienes que obedecerme.
-No. Eres capitán de ellos, no mío.
Law caminó hacia Anelisse, pero ella se movió hacia el otro lado de Bepo. Law la siguió y los dos terminaron caminando en círculos alrededor de Bepo. Hasta que el capitán le dio alcance moviéndose en dirección contraria, tomando el brazo de la chica.
Anelisse soltó un leve grito y forcejeó con Law para soltarse.
-Suéltame.
-Anelisse-ya, deja de moverte.
El resto de los muchachos miraban la escena en silencio, no querían involucrarse sin saber qué reacción tendría el capitán.
Anelisse golpeó a Law un par de veces segura de que no le haría ningún daño porque no tenía la energía suficiente para defenderse.
-¿Qué hacen ahí parados? –soltó Law de repente mirando a la tripulación-. ¿No les dije que fueran a ocuparse de sus obligaciones?
-Lo sentimos –respondió Bepo.
-No les hables así –los defendió Anelisse-. Ellos son buenos.
-El día de hoy están muy holgazanes –los reprendió Law.
-Que no les hables así –volvió a ordenar Anelisse. Entonces la chica reunió sus pocas fuerzas y abofeteó nuevamente a Law. Esta vez estaba segura de que al menos lo había sorprendido.
Sin embargo, Law le lanzó una mirada seria y la agarró de las muñecas, asegurándose de que ella no pudiera utilizar sus manos.
-No me des órdenes –dijo de forma amenazante.
Por un segundo Anelisse lo miró con miedo, pero en seguida cambió su actitud por una desafiante. Estaba decidida a no dejar que Law volviera a intimidarla. Lo enfrentaría con su diminuto tamaño y pocas fuerzas. Si iba a morir lo haría con la cabeza en alto, como Kendra le había enseñado a enfrentar las dificultades. Por primera vez en su vida seguiría cada uno de los consejos de su madre desaparecida. Las pesadillas tenían un lado positivo: habían despertado muchos de sus recuerdos con Kendra. Así que Anelisse miró desafiante al capitán. Y por primera vez, ella vio sorpresa en esos ojos grises.
Entonces Law hizo algo que Anelisse no esperaba que hiciera: sonrió. No era una sonrisa de burla, como las que solía dedicarle. Él sonrió con gusto, como si hubiera visto algo agradable.
-¡Vamos, Anelisse-chan! ¡No te des por vencida! –oyó el grito de Penguin.
-Contamos contigo –lo secundó Shachi.
-Defiéndenos del capitán –terció Nino.
Anelisse los miró sin comprenderlo del todo. ¿Realmente querían que los defendiera? Pero si ellos eran mucho más fuertes que ella.
-Ya suéltame –le gritó a Law jalando hacia atrás para que él la soltara.
Los chicos comenzaron a lanzar porras para apoyarla, pero ella creía que era inútil. Le parecía que Law tenía cien veces su fuerza ya que no se movía de su lugar.
-¿De dónde sacas esa energía, Anelisse-ya? –preguntó el capitán-. Deberías estar acostada, durmiendo.
Anelisse no quería rendirse y como último recurso, pateó la espinilla del capitán. Law se quejó en voz alta lanzando un improperio, soltó una de las manos de Anelisse y casi perdió el equilibrio. Sin embargo, sostuvo la otra mano con tanta fuerza que le hizo daño. Anelisse se aferró a no quejarse y siguió forcejeando una vez que el capitán retomó su posición impasible.
-Es la última vez que lo digo, váyanse –gritó Law a su tripulación cuando sus voces eran tan altas que no se entendía lo que decían.
Ante la expresión seria del capitán, los muchachos se dieron por vencidos y salieron de la habitación dirigiendo una mirada de apoyo a la chica.
Por su parte, Anelisse intentaba hacer que Law la soltara ayudándose con su mano libre. Jalaba y pellizcaba a Law con todas sus fuerzas.
-Anelisse-ya, detente –ordenó Law a Anelisse.
Cuando Law intentó sostener la otra mano de la chica, ella se retiró caminando hacia atrás para que no la tocara, dándole la espalda. Inesperadamente, Law la soltó un segundo para agarrarla de la cintura.
Al verse en una posición que consideraba muy vergonzosa, Anelisse gritó y pataleó con fuerza. Law la cargó evitando que la chica fuera a parar al suelo, perdió el equilibrio y fue él quien cayó.
Cuando Anelisse comprendió que los dos quedaron sentados en el suelo, dejó de moverse. Estaba agotada, respiraba agitadamente y sentía a su corazón latir con violencia. Law la abrazó y ella se acurrucó en su torso.
Con una mano Law empezó a jugar con el cabello de la chica. Anelisse se sonrojó con esas caricias, pero le permitió continuar. En ese momento, se sentía segura. Algo en su interior le decía que Law no iba a permitir que nadie la lastimara, ni piratas desconocidos, ni los monstruos que había visto en sus sueños.
-¿Estás bien? –preguntó el capitán un rato después.
Anelisse asintió con la cabeza antes de moverse un poco para verlo a los ojos. Law tenía rasguños en la cara y cuello. Consciente de que había sido culpa de ella, se sintió avergonzada, así que volteó el rostro y trató de ocultarlo en el brazo con el que Law la abrazaba.
-Lamento todos los problemas que he causado –dijo en un susurro-. Es mi culpa que tus nakamas no trabajaran el día de hoy.
Law dejó de jugar con el cabello de la chica para acercar su rostro.
-En realidad no me importa –murmuró en su oído.
Pasaron otros minutos sin decirse nada. Hasta que el capitán se movió de su lugar.
-Deberías descansar, Anelisse-ya.
Anelisse sintió un vacío en el estómago cuando Law la soltó para levantarse. Anelisse lo miró con cierta tristeza. Law le ofreció una mano para ayudarla a levantarse y la guió al bulto que era su cama.
Anelisse se metió entre las mantas evitando la mirada del capitán.
Law acarició por última vez la cabeza de la chica antes de dirigirse a la puerta.
-Anelisse-ya –la llamó antes de salir. La chica volteó a verlo-. ¿Me has perdonado?
Anelisse se sorprendió con la pregunta. Se sentó para verlo fijamente.
-No –respondió ella-. Nunca te perdonaré.
Law salió sin decir nada más, cerrando la puerta con suavidad.
Anelisse volvió a acostarse y lloró en silencio. No quería a ese terrorífico capitán, pero el día que se separaran para siempre le iba a doler.
