CAPITULO 12
LA ÚLTIMA NOCHE EN EL POLAR TANG
Al día siguiente Anelisse tocó la puerta de la habitación de Law para entregarle unas cinco sudaderas que antes le pertenecían con la excusa de que ya no quería tener nada de él. Law intentó regresárselas porque la chica se había encargado de cortarlas y coserlas como si fueran vestidos antes de usarlas, pero ella se negó a tenerlas nuevamente.
Después le dijo que lo dejaría revisarla porque el fuerte dolor de cabeza no se iba y cuando la invitó a entrar, ella respondió que sólo dejaría que él se le acercara en la Enfermería (donde un doctor debería trabajar), y en presencia de Bepo.
Una vez que él descartó todo tipo de problemas con la salud de la chica, Law supo por medio de Nino que Anelisse se había encerrado en la Sala de Control, donde pasó casi todo el día sentada en un rincón, lo más lejos posible de Bart.
Anelisse seguía riendo con Bepo y el resto de la tripulación, pero en cuanto lo veía a él ponía una expresión severa y de reproche. Law pensaba que esa mirada le daba cierto aire de madurez. Anelisse parecía haber crecido mucho desde lo ocurrido con la luz azul y las pesadillas que la habían atormentado durante horas. Ya no iba de un lado a otro del Polar Tang causando desastres como una niña pequeña. Ella era mucho más fuerte y valiente. Cuando Anelisse salió de la caja como un gatito asustado, nunca se imaginó ver esa mirada feroz en un rostro tan angelical. A Law le agradaba esa parte. Sus cambios eran interesantes. Sin embargo, muy a su pesar, desde que había confundido a Anelisse con su hermana Lami, no le había quedado más remedio que admitir que extrañaba la presencia de la chica, sobre todo esa sonrisa que sólo tenía para él. Anelisse tenía un aire muy tranquilizador.
Law empezó a sentir curiosidad por Anelisse desde el momento en que descubrió el poder de su olfato. Esa capacidad que ella tenía para distinguir el aroma de cada una de las personas a su alrededor e incluso saber en dónde estuvieron, era algo a lo que se le podía sacar tanto provecho como al kenbunshoku haki, esa habilidad que le otorga al usuario un sexto sentido para ver los detalles de su alrededor. También había descubierto que Anelisse tenía un poder de observación fuera de lo común, pues había retratado a la perfección cada detalle de los miembros de la tripulación en sus dibujos. Desde entonces, Law estaba seguro de que, con el entrenamiento adecuado, Anelisse podría convertirse en una persona muy poderosa. Hasta antes de las pesadillas, Law se había estado preguntando por qué la Marina desperdiciaba ese potencial. Por supuesto, Koizumi Samara no tenía la misma fama que Sakazuki, quien era un hombre muy severo cuando se hablaba de "justicia". Los rumores decían que la Vicealmirante Samara era una mujer estricta, pero sumamente amable y del Vicealmirante Yuu se decía lo mismo, de él incluso se decía que había salvado a un poblado entero que fue atacado por piratas y que había adoptado a uno de los huérfanos, aunque no fuera oficialmente.
Aunque Law había escuchado muchas veces sus nombres, sólo los había visto en una ocasión: el día que su propuesta de ser nombrado Shichibukai fue aprobada. El mismo día en que Anelisse llegó al Polar Tang. Y efectivamente, la impresión que ellos le dieron concordaba con su fama, a pesar de que la mujer le parecía molesta. No era difícil imaginarlos mimando a su pequeña hija. De seguro ellos no la imaginaban como una guerrera. Era probable que tuvieran sueños mucho más pacíficos para ella.
La primera teoría que Law había desarrollado para explicar el gran talento de Anelisse fue una Akuma no Mi. Esa era la explicación con mayor sentido pues él mismo tenía esas habilidades, así que podía comprender que Anelisse desarrollara las suyas a partir de eso. Pero la chica insistía en que nunca había probado ninguna Akuma no Mi. Al principio pensaba que Anelisse mentía porque no quería dar mucha información de ella misma. Sin embargo, no tardó en descubrir que la chica no sabía mentir, y los temas de los que no quería hablar mejor los evitaba.
Su segunda teoría estaba más relacionada con el haki. Le parecía que Anelisse había desarrollado (de manera accidental por supuesto), el kenbunshoku haki. Tal vez había ocurrido mientras observaba a sus padres o a Seiichi. Su teoría nuevamente se vino abajo cuando vio el círculo de luz azul que la rodeó antes de aparecer el tornado cuando le cortó el cabello.
Un olfato potente, una capacidad de observación fuera de lo común, la capacidad para retener en su mente detalles que la mayoría de las personas ni siquiera verían y probablemente el poder de controlar el mar hacían de Anelisse una persona con un potencial de batalla increíble, pero no había una explicación razonable a eso.
Law podría apostar que los Vicealmirantes no tenían idea de qué clase de persona habían adoptado como hija. Por lo tanto, la Marina no tenía conocimiento del gran poder que estaba en sus manos.
La primera reacción de Law había sido sacar provecho de eso que la Marina había desperdiciado. Pero todos sus planes se vinieron abajo en el momento en que comparó a Anelisse con su hermana Lami. Anelisse no sólo poseía esa sonrisa que Lami guardaba sólo para él, también tenía ese aire alegre y frágil que sólo había visto en su hermana, a pesar de que físicamente no se parecían en nada. Si Lami hubiera tenido la oportunidad de vivir, él odiaría al pirata que quisiera aprovecharse de ella. Y a partir de ese pensamiento, necesitaba tener cerca a Anelisse. Esa mirada de odio que había adoptado únicamente para él, lo estaba volviendo loco. Quería que Anelisse volviera a buscarlo, que se refugiara en él, volver a ser su persona favorita en el Polar Tang.
Law necesitaba que Anelisse lo perdonara.
A pesar de todo, su orgullo no le permitía pedir una disculpa formal. Así que optó por satisfacer hasta el más mínimo capricho de la chica. Le regaló todo el papel y tinta que Bepo tenía para dibujar sus mapas y le ofreció todos sus libros personales. Anelisse de buen grado los hubiera aceptado el día que platicaron por primera vez en la cena, pero ahora se negaba a recibir algo proveniente de él. Además, Anelisse ya no pedía cosas sólo por pedir, y era mucho más cuidadosa al hacer alguna tarea. Anelisse había logrado hacer la cena junto con Hiro sin incendiar la cocina ni romper los platos.
Sus intentos de acercarse tampoco funcionaban, porque Anelisse salía de cualquier habitación en la que Law entrara. Hasta fue capaz de dormir en la habitación de Bepo y los muchachos para evitar que Law entrara a la suya.
Lo peor era que la tripulación entera había malinterpretado sus acciones, y a sus espaldas empezaron a transmitirse historias de enamorados y la obligación que tenían como nakamas de ayudarlos a reconciliarse.
Law estaba a punto de darse por vencido cuando Bepo se dirigió a él con (a su parecer), una muy mala noticia: pronto llegarían a Lantana. El submarino había perdido el rumbo y se había estropeado después de la luz que provocó la tormenta. Les había tomado bastante tiempo recuperarse, pero por fin llegarían a su objetivo. Lantana era la primera isla real en la que harían una parada en el Nuevo Mundo. Era su oportunidad para reparar lo que todavía faltaba en el Polar Tang, reunir provisiones y entregar a Anelisse a la Marina. Eso significaba que las oportunidades de Law para reconciliarse con la chica estaban a punto de acabarse. Anelisse se iría llena de odio y no volvería a verla nunca más.
Law ponía todo de su parte. Anelisse se negaba a cooperar.
Y por fin llegó el terrible día.
Estaba atardeciendo cuando el submarino llegó a Lantana. Media tripulación, incluido Law se encontraban en la cubierta para ver la nueva isla. Anelisse se había encerrado en su habitación todo el día, no había salido ni para comer y nadie la había visto. Bepo guió al submarino a una bahía inhabitada lejos del pueblo principal para evitar cualquier conflicto. La zona era rocosa, rodeada de un bosque. Según el oso, tendrían que atravesarlo para llegar al pueblo.
Law dejó que sus nakamas se maravillaran con la visión mientras él regresaba al interior del Polar Tang. Ellos parecían demasiado felices. Él comprendía que llevaban mucho tiempo sin desembarcar, pero parecía que habían olvidado que ese era el lugar donde se despedirían de Anelisse.
Creyendo que la chica no saldría de su habitación hasta el día siguiente, Law les dio permiso a sus nakamas de salir a conocer el pueblo esa noche, encargando a Penguin y Shachi que consiguieran información sobre el oficial de la Marina que custodiaba la isla. Ellos sólo accedieron después de hacerlo prometer que protegería a Anelisse y no permitiría que nada le pasara.
Casi todos se marcharon. En el submarino sólo se quedaron Bepo, Jean Bart y Law.
El capitán ya se había dado por vencido en su propósito de reconciliarse con la chica. Al día siguiente, muy temprano, iría a la base de la Marina y la entregaría a los oficiales. Ya no tenía más tiempo, y dudaba que esa noche cambiara de opinión. Para empezar, ni siquiera la había visto.
Law se ofreció a hacer la cena esa noche. Bepo y Jean Bart se quedaron con él en la cocina auxiliándolo con cosas sencillas como cortar los vegetales y vigilar que el guisado no se quemara.
Los tres trabajaban en silencio hasta que Bart habló:
-Deberías estar más contento, capitán.
Law dejó los vegetales a un lado para ver a su nakama.
-¿Por qué lo dices? –preguntó.
-¿No querías deshacerte de esa niña?
Law desvió la mirada. Era cierto que por mucho tiempo él había estado ansioso por deshacerse de Anelisse, pero ahora la situación era diferente. No quería que ella se fuera estando molesta con él. Una parte de él deseaba volver a verla en un futuro. En uno donde él ya hubiera arreglado sus pendientes. Claro que eso no lo iba a admitir nunca en voz alta.
-No digas esas cosas –intervino Bepo-. El capitán quiere a Anelisse-chan.
Law perdió el aire al escuchar a Bepo. Él no quería a Anelisse. Anelisse era una molestia. Bart tenía razón, debería sentirse más contento. Quitarse a Anelisse de encima era como quitarse una gran carga. Ella sólo causaba problemas, ella sólo lo confundía más y más.
-Ella sólo ha causado problemas desde que llegó –argumentó Bart poniendo en palabras los pensamientos del capitán.
-Es cierto que ha sido difícil para Anelisse-chan, pero se ha adaptado bastante bien a nosotros –la defendió Bepo.
Los argumentos de Bepo eran más que ciertos. Anelisse se había adaptado tanto a la tripulación, que en ocasiones parecía un miembro más de los Piratas Heart. Con su sonrisa y alegría infantil era el miembro que le daba luz al Polar Tang.
-¿Anelisse-ya te desagrada? –preguntó Law mirando a Bart.
Bart miró un momento a su capitán antes de contestar.
-No –Bart tomó una cuchara y empezó a dar vueltas a la sopa que habían estado preparando-. Yo también me he encariñado con ella. Es como un pequeño ángel.
-¿Entonces cuál es tu problema con ella? –preguntó Bepo de mal humor-. Nunca has hecho el menor esfuerzo por conversar con ella.
-No tengo ningún problema con ella –respondió Bart sin mirar a sus compañeros-. Ella sólo conoce el lado positivo de la Marina. No sabe lo que es un verdadero Tenryuubito y tampoco sabe nada de la esclavitud que la Marina ha solapado durante años. No quiero que me haga preguntas. No quiero ser yo quien le rompa esa burbuja en la que ha vivido.
-Es cierto que Anelisse-chan es demasiado inocente –aceptó Bepo.
-¿Así que has estado protegiéndola todo este tiempo? –inquirió Law.
-Todos lo hemos hecho, capitán –respondió Bart-. Hasta tú –Law lo miró sin comprender-. ¿Por qué no le dijiste que fue ella quien dañó el Polar Tang?
Law abrió los ojos sorprendido.
-¿Se lo dijiste?
-No sabía que se lo habías ocultado. El día que se encerró en la Sala de Control me preguntó si tú la odiabas por ser tan tonta como un pez. Le dije que eras demasiado frío como para mostrar tus verdaderos sentimientos, y que no la odiabas ni siquiera un poco, que la prueba estaba en que no la habías castigado a pesar de todos los problemas que había causado con ese incidente. Me di cuenta de que no sabía nada porque se sorprendió mucho al escucharlo, pero ya no podía retractarme y no me dejó en paz hasta que le di todos los detalles de lo que había ocurrido ese día.
Law regresó a las verduras. Así que Anelisse ya sabía que él no la había dejado inconsciente y que tenía algunos poderes inexplicables. ¿Era esa la razón del por qué ya no se acercaba a él? ¿Acaso estaba tan avergonzada que no quería dar la cara? ¿Tenía que buscarla para explicarle que no la culpaba de nada?
-Iré a buscar a Anelisse-chan mientras ponen la mesa –dijo Bepo en cuanto los platillos estuvieron listos para servirse.
El oso salió de la cocina con una gran sonrisa en el rostro.
Law sirvió cuatro platos y se sentó en un extremo de la mesa. Si Anelisse decidía no salir de su habitación, él mismo la iría a buscar. Tenía que hablar con ella por última vez. Tenía que explicarle lo que había pasado y averiguar lo que ella estaba sintiendo.
-Ella también va a extrañarte –murmuró Bart después de un silencio incómodo.
Law lo miró fijamente.
-No lo hará. Me odia completamente… Y yo tampoco la voy a extrañar. Tú lo dijiste hace rato, sólo causa problemas.
-Capitán –insistió Bart-. ¿No te has dado cuenta de lo que significas para ella?
Law no tuvo tiempo para preguntarle a Bart a qué se refería porque la puerta se abrió en ese momento. Bepo entró aún más contento que cuando terminaron de cocinar. Y detrás de él entró Anelisse.
La chica resplandecía. Llevaba puesto un vestido blanco sin mangas que dejaba al descubierto el tatuaje de su hombro, suelto de la parte de la falda y le llegaba un poco arriba de las rodillas. Law no sabía de dónde lo había sacado, pero el Jolly Roger de la tripulación estaba bordado en un extremo de la falda en color amarillo. También llevaba un collar sencillo en el cuello, una pulsera en la muñeca izquierda y hasta había perforado sus orejas para ponerse un par de pendientes. Su cabello lucía nuevamente tan sedoso como el día que salió de la caja.
Law la miró sorprendido, haciendo todo lo posible por no admitir que se veía bastante linda.
-¡Capitán! –lo llamó Bepo. Law apartó la mirada para prestarle atención al oso. Daba la impresión de que Bepo lo había llamado varias veces-. Anelisse-chan quiere que esta noche sea especial porque es la última que pasa con nosotros.
La voz de Bepo regresó a Law a la realidad. Recobró la compostura y compuso su característica sonrisa. Anelisse ya se había sentado en el extremo contrario de la mesa.
-Anelisse-ya –se dirigió a la chica. Anelisse lo miró con timidez-. ¿De dónde sacaste ese collar, esa pulsera y esos pendientes? –preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
-Todos los piratas tienen tesoros –respondió Anelisse con esa mirada desafiante que a Law le encantaba-. No te los voy a regresar.
-¿Y ese vestido?
-Yo lo hice.
-Ese es mi Jolly Roger.
-Ya lo sé.
-¿Por qué lo llevas en tu ropa?
-Quiero sentirme parte de la tripulación porque es la última noche que paso con ellos. Obviamente no es por ti.
Law se inclinó sobre la mesa sin dejar de sonreír.
-Creo que no has entendido lo que es un Jolly Roger –Anelisse apartó la mirada-. Si llevas mi Jolly Roger tienes que respetarme como tu capitán.
Anelisse se movió nerviosa en su asiento.
-Está bien –respondió en un murmullo apenas audible con la cabeza baja y las mejillas coloradas.
Law se enderezó en su silla sin poder creer lo que estaba escuchando. ¿Realmente existía una oportunidad de reconciliarse con la chica o estaba alucinando?
-Capitán, no seas malo con Anelisse-chan –lo reprendió Bepo.
Law miró a Bepo antes de tomar una cuchara y comenzar a comer. Bart lo imitó de inmediato. Bepo sonrió satisfecho. Anelisse levantó la mirada para observar a su alrededor.
-¿Capitán? –se dirigió a Law-. ¿Dónde están todos?
-Salieron –respondió Law.
Anelisse hizo un puchero con el que volvió a verse como una niñita.
-¿Por qué salieron si es la última noche que voy a pasar con ustedes?
-Te encerraste todo el día, Anelisse-ya. Creímos que ya no íbamos a verte.
-Quería verme bonita. Capitán, vamos a buscarlos.
-No los vamos a encontrar. Seguramente van a jugar toda la noche.
-Podían jugar aquí.
-Van a jugar con algunas mujeres, Anelisse-ya.
-¿Y por qué no jugaron conmigo?
Law casi se ahogó con el té que estaba tomando, Bepo se cayó de la silla y Bart se atragantó con un bocado. ¿De verdad Anelisse no entendía lo que le estaba diciendo? Sin poder controlarse Law dio un fuerte manotazo en la mesa y se levantó de un brinco.
-Si uno de esos sujetos se atreve a sugerirte que jueguen lo voy a matar.
Anelisse lo miró sin entender nada.
-Anelisse-chan, el capitán se refiere a otro tipo de juegos –intervino Bepo poniéndose de pie. Pero la chica parecía confundida-. Ya sabes, cuando un hombre y una mujer…
Bepo era incapaz de poner en palabras lo que quería enseñarle a Anelisse.
-Anelisse-ya…
Law estaba dispuesto a decir las cosas claramente cuando Bart lo interrumpió.
-Anelisse-chan, probablemente van a dormir con esas mujeres…
El rostro de Anelisse se puso completamente rojo.
-¿Se refieren al juego de los "besos y abrazos"?
Los tres hombres se quedaron sin habla. ¿Quién le había enseñado a llamar el juego de los "besos y abrazos" a "eso"? Law suspiró aliviado. Por lo menos ella ya había entendido de qué estaban hablando. Recobraron la compostura y volvieron a sentarse.
-¿Por qué se fueron esta noche?
-Anelisse-ya, los hombres necesitamos esos "besos y abrazos" –la chica se encogió en su silla con timidez y a Law se le ocurrió una idea divertida-. Si regresan esta noche probablemente lo hagan después de haber bebido litros y litros de alcohol. Es probable que ellos te busquen… -Anelisse negó con la cabeza y el miedo reflejado en los ojos-. Cuando terminemos de cenar, te encierras en tu habitación y no vuelvas a salir para nada.
-Capitán, ¿qué hago si ellos me buscan para jugar conmigo? Yo no quiero jugar a eso con ellos…
-Gritas. Yo voy a estar al pendiente.
Law regresó a su comida tranquilamente a pesar de la dura mirada de Bepo. Anelisse tardó en recuperarse de la impresión y sólo tomó su plato cuando Bart le indicó que ya debería estar todo frío.
El resto de la cena transcurrió en total silencio. Y cuando terminaron, Bepo fue el primero en levantarse, estiró los brazos y bostezó.
-Y todavía falta lavar los trastes –dijo con desánimo.
-Yo me encargaré de todo –anunció Law dando el último sorbo a su taza de té-. Ustedes vayan a descansar.
-¿Estás seguro, capitán? –preguntó Bart.
-Claro.
Bepo, Bart y Anelisse se dirigieron a la puerta.
-Espera, Anelisse-ya –Law detuvo a la chica.
Anelisse lo miró un segundo antes de sonreír nuevamente, corrió hasta donde estaba el capitán y lo abrazó efusivamente.
-Buenas noches, capitán.
Entonces lo soltó y se dirigió a la puerta, pero Law la detuvo antes de que llegara junto a Bepo.
-Tú tienes que ayudarme. Es una orden de tu capitán.
Anelisse lanzó una mirada de tristeza a Bepo, asintió con la cabeza y se despidió de los otros dos. Bepo volvió a mirar a Law con esa expresión acusadora que tanto lo perturbaba, dio las buenas noches y salió con Bart.
-Yo lavo y tú secas –indicó Law empezando a levantar los platos.
Anelisse lo siguió cuidadosamente. Law sonrió satisfecho al comprobar que la chica realmente había cambiado mucho. Él le pasaba los platos ya limpios y ella los recibía tranquilamente, sin esa euforia que antes los había roto.
Los dos estaban en silencio. Law la miraba furtivamente de vez en cuando por curiosidad, pero ella no levantaba la mirada para nada. No estaba seguro de que Anelisse lo hubiera perdonado. Quería hablarle, pero no sabía qué decir.
-Capitán –Anelisse fue quien tomó la iniciativa. Law la miró con sorpresa, el rostro de la muchacha nuevamente estaba coloreado-. ¿Tú no quieres jugar a los "besos y abrazos" con las mujeres de esta isla?
Law se sorprendió aún más. ¿Por qué Anelisse le hacía esa pregunta? Se tomó su tiempo para responder. Lavó las últimas dos tazas y la miró fijamente.
-¿Y tú, Anelisse-ya? ¿No quieres jugar a los "besos y abrazos"?
Anelisse se puso tan roja como un tomate y negó con la cabeza. A Law le daban gracia sus reacciones. Así que decidió jugar con ella un rato. Se recargó en el fregadero y sonrió con burla.
-Podríamos jugar juntos –dijo. A pesar de su nerviosismo, Anelisse lo miraba con esos brillantes ojos casi sin parpadear-. Sólo por ser la última noche que pasarás en el Polar Tang. Seiichi-ya no tiene por qué enterarse. ¿Jugabas a los "besos y abrazos" con Seiichi-ya muy seguido?
La mirada de la muchacha era tan profunda que Law empezó a sentirse incómodo.
-Nunca hemos jugado a eso –respondió Anelisse con un susurro.
Eso no se lo esperaba. Law había interpretado la existencia de Seiichi como el prometido de la chica. Anelisse tenía la inocencia de una niña en todos los sentidos.
-¿Y no quieres jugar conmigo? –Law hacía lo posible por mantenerse impasible. Anelisse bajó la mirada.
Law sonrió y se despegó del fregadero, había sido un día agotador y estaba listo para ir a dormir.
-Tú deberías decidirlo, eres el capitán.
Law se detuvo a medio camino al oír las palabras de Anelisse. Estaba completamente seguro de estar despierto, pero ahora todo a su alrededor le parecía parte de un sueño.
Anelisse lo miraba con la cara roja pero decidida.
Regresó junto al fregadero y se paró delante de ella. Anelisse era tan baja de estatura que tenía que agacharse para verla directamente a los ojos.
-Entonces dame un beso, Anelisse-ya.
Las palabras las soltó sin darse cuenta. Se suponía que Anelisse era algo así como Lami, ¿qué demonios hacía pidiéndole un beso? Él esperaba una cachetada bien merecida. Sin embargo, lo que Anelisse respondió lo dejó atónito.
-Cierra los ojos, capitán.
Law la miró sorprendido durante una fracción de segundo y obedeció la orden. En ese momento le era imposible no pensar en Anelisse como una mujer hermosa. Él ya había tocado esa suave piel, ahora quería probar esos labios.
Anelisse posó sus manos sobre el pecho del capitán y se acercó. Law podía sentir el suave aliento de la chica. Cada vez estaba más ansioso.
Entonces un pensamiento lo invadió. ¿Qué pasaría después? ¿Se conformaría con un simple beso? ¿Perdería los estribos y atacaría a la chica?
Sin poder moverse de su sitio, deseó que Anelisse se arrepintiera de lo que estaba a punto de hacer, porque él no lo haría, él deseaba ese beso más que nada en el mundo.
Abrió un ojo sólo por curiosidad. Anelisse se había puesto de puntillas porque no lo alcanzaba, también había cerrado los ojos, tenía las mejillas coloreadas y sus labios estaban fruncidos.
Law no podía esperar más. Volvió a cerrar los ojos y tomó la iniciativa. Se acercó más y estaba a punto de juntar sus labios con los de ella cuando Anelisse gritó, se cubrió el rostro con las manos y se dio la vuelta.
-No puedo –dijo casi en un grito- No quiero darle mi primer beso a un pirata.
Sin saber si estaba molesto por el beso interrumpido o por no ser capaz de controlar sus instintos, Law se dirigió a la puerta en grandes zancadas.
-No olvides cerrar la puerta de tu habitación con llave, Anelisse-ya.
Cerró la puerta con un fuerte golpe y corrió a su habitación.
