CAPITULO 13

EL FESTIVAL DE LANTANA

La mayoría de los muchachos ya habían terminado de desayunar cuando Law entró a la cocina. Echó un rápido vistazo a su alrededor y tomó asiento junto a Bepo. Hiro no tardó en ofrecerle una taza de café.

-Te ves cansado, capitán –dijo con una sonrisa.

Sin entender por qué la mitad de sus nakamas lo miraban con una extraña sonrisa en sus rostros, tomó la taza y le dio un sorbo.

-Anelisse-chan no ha salido de su habitación –dijo Bepo.

Law evitó la mirada de Bepo. No quería saber si le reprocharía algo o si él también tenía esa sonrisa.

-¿Lograron averiguar algo sobre el oficial de la Marina de esta isla? –preguntó para disimular los sentimientos que lo atormentaban desde la noche anterior. Hiro le pasó un plato de guisado que se limitó a mirar. No tenía apetito.

-Por supuesto –respondió Shachi-. Es el capitán Zazil. La isla empezó a ser atacada constantemente por piratas de todo tipo después de la guerra de Marineford así que lo mandaron para protegerla. No es una base oficialmente porque, en teoría, él tenía que marcharse cuando las cosas estuvieran más estables.

-Supongo que irás tú solo a entregar a Anelisse-chan, ¿verdad, capitán? –preguntó Hiro.

-Aprovecharé el título de Shichibukai –respondió Law.

-El Polar Tang se sentirá muy vacío una vez que Anelisse-chan nos abandone –murmuró Penguin.

Todos los presentes dejaron de sonreír en seguida. Bepo incluso se puso a llorar.

-Bepo, no seas exagerado –lo reprendió Shachi.

Law también empezaba a sentir ese vacío. Bajó la mirada a su plato y tomó la cuchara para empezar a comer, pero sólo jugueteó con la comida. Se sentía incapaz de probar un bocado.

-Es cierto –agregó Nino-. Después de todo, es nuestra obligación animar al capitán.

-Si yo me siento tan triste ya me imagino cómo debes sentirte tú, capitán –exclamó Bepo entre lágrimas.

-¿Quién dijo que yo estoy triste? –soltó Law-. Sigo pensando que debimos tirarla al mar. Sólo mírense. No deberían estar llorando por tonterías como estas.

La mayoría del grupo empezó a llorar junto a Bepo. Law dejó el plato a un lado, se levantó y se dirigió a la puerta. Iría por Anelisse para que se despidiera de forma más apropiada y estaba dispuesto a arrastrarla nuevamente si fuera necesario.

Sin embargo, al abrir la puerta se encontró con Anelisse recargada en la pared. La chica lo miró un segundo y se dio la vuelta.

¿Había escuchado lo que acababa de decir?

Law miró al interior de la cocina antes de cerrar la puerta.

-¿Anelisse-ya?

No sabía si debía acercarse. Si Anelisse lo había escuchado seguramente se sentía lastimada. Él la había lastimado nuevamente, justo después de hacer las paces con ella. Ahora se sentía como un tonto.

-No me refería a…

-Capitán –interrumpió Anelisse en un susurro apenas audible-. Lamento todos los problemas que he causado.

Últimamente Anelisse hacía cosas sorprendentes. Él la había estado molestando la noche anterior con ese asunto de los "besos y abrazos", le había pedido que lo besara, la había asustado y también había dicho cosas dolorosas. ¿Por qué era ella quien se disculpaba?

-Anelisse-ya…

Quería decirle muchas cosas, pero no sabía con exactitud qué.

-Gracias por cuidar de mí todo este tiempo –dijo Anelisse.

-Te van a extrañar –respondió Law. Anelisse le daba la espalda, pero él se daba cuenta de que estaba llorando. Y ese vacío que empezó a sentir en el estómago desde que se levantó aquella mañana, se hizo mucho más grande. Se acercó a ella sigilosamente y se agachó para susurrarle al oído-. Yo también.

Anelisse se dio la vuelta y lo abrazó con fuerza. Por segunda ocasión, Law no fue capaz de corresponderle, pero no apartó a la chica.

-Te quiero, Law –exclamó Anelisse entre lágrimas.

Law se quedó sin habla. Hacía mucho tiempo que nadie le decía algo como eso. Acarició el cabello de la chica mientras se preguntaba cómo serían las cosas si ella no odiara tanto a los piratas o si él no fuera uno.

-Anelisse-ya, te están esperando –indicó Law apartándola un poco-. Tienes que despedirte de ellos.

Anelisse limpió sus lágrimas y lo miró fijamente.

-¿Se nota mucho que estuve llorando?

Law acarició sus mejillas y se inclinó un poco. Aún tenía ganas de probar esos labios. Sin embargo, al recordar las palabras con las que Anelisse lo había rechazado, se separó de inmediato.

-Ellos también están llorando –dijo.

Tomó a Anelisse por los hombros y la encaminó hacia la cocina.

Los chicos corrieron a abrazarla en cuanto Anelisse cruzó la puerta. Ella hacía todo lo posible por reír y bromear con ellos. Law pudo comprobar lo fuerte que se había hecho durante los últimos días. Anelisse regresaría a su casa irreconocible.

El ambiente empezaba a sentirse menos tenso cuando Shachi exclamó:

-Tendremos que llevarte al cuartel de la Marina en poco tiempo porque la isla está festejando un festival y será difícil contactarla en cuanto comience su desfile anual.

Las risas volvieron a apagarse.

-¿Qué tipo de festival es? –quiso saber Law. Necesitaba la mayor cantidad de información posible para que Anelisse se fuera segura.

-Lantana es una isla famosa por su cultivo de flores –explicó Shachi-. Cada año hacen un festival comercial donde intercambian productos con otras islas durante cinco días. Al final presentan un desfile en el que participan todos los habitantes.

-Ayer había marinos por todas partes –corroboró Clione.

-Con tantos visitantes es normal que la Marina esté en guardia –continuó Penguin-. Una vez que comience el desfile habrá tanta gente que no creo que sea difícil pasar desapercibidos, pero ellos estarán tan ocupados que será imposible la comunicación.

-Lo mejor es llevar a Anelisse-chan antes del desfile –repitió Shachi-. Así podremos explicar con calma su situación.

-¿Tienes todas tus cosas listas, Anelisse-ya? –preguntó Law-. Es hora de partir.

Law se puso de pie nuevamente, pero Anelisse se quedó sentada en su sitio, muy quieta. El resto de la tripulación la miraba con tristeza.

-Tengo una idea, capitán –exclamó de pronto con una gran sonrisa-. ¿Por qué no vamos juntos a ver el desfile y mañana me llevan con más calma?

Los rostros de los muchachos volvieron a iluminarse. La idea de tener a Anelisse cerca una noche más también entusiasmaba a Law, pero mientras más lo pospusieran más difícil sería separarse.

-No –respondió Law-. Te llevaré ahora mismo. Ve por tus cosas.

-Capitán –se quejó Anelisse-. Sólo una noche más. No voy a causar ningún problema.

-Ve por tus cosas, Anelisse-ya.

-No. No me moveré de aquí. Si no quieres ver el desfile entonces me quedaré en el Polar Tang con todos.

-Anelisse-ya, tienes que obedecerme.

-No.

-Anelisse-ya, eras tú la que quería irse de aquí.


Una hora más tarde, Law, Anelisse y la mayor parte de la tripulación llegaron al pueblo de Lantana. Todos iban disfrazados para no llamar la atención, excepto la chica, que llevaba su llamativo vestido.

Law había correteado a Anelisse por gran parte del Polar Tang en su intento de convencerla de que lo mejor era hacer las cosas como él decía. Sin embargo, tuvo que ceder cuando Shachi sugirió usar el festival para conseguir los víveres faltantes para el viaje.

-Como hay comerciantes de muchas partes del Grand Line es la oportunidad perfecta para hacer las compras necesarias –había dicho.

Anelisse salió de debajo de la mesa (donde se había metido), y se puso a bailar con Bepo cuando Law se dio por vencido.

Así que salieron del Polar Tang y se encaminaron al pueblo. Anelisse se había quejado de lo mucho que tenían que caminar pero, una vez que vio los pintorescos puestos y la gente disfrutando del ambiente, se animó y recuperó todas sus energías perdidas. Law tuvo que sostenerla del brazo antes de que corriera hacia la multitud.

-Compraremos lo que necesitamos, veremos el desfile y regresaremos al Polar Tang –indicó Law-. No debemos llamar la atención.

-Capitán aburrido –susurró Anelisse.

Se separaron en pequeños grupos para hacer las compras, más tarde se juntarían a ver el desfile que sería al anochecer. Law se quedó con Shachi, Penguin, Bepo y Anelisse. La chica corrió a los puestos de ropa y joyería en cuanto tuvo la oportunidad.

-¡Capitán! ¡Capitán! –exclamó señalando un vestido mientras daba saltitos.

La dueña del puesto los miró con desconfianza.

-¿Necesitas eso? –preguntó Law poniéndose de mal humor. Anelisse era pequeña pero llamaba mucho la atención.

-Sí.

-¿Para qué?

-Voy a ver a un capitán de la Marina. Necesito verme linda. Además no tengo nada de ropa, ¿recuerdas?

-Cierto. Pensabas viajar al Nuevo Mundo llevando únicamente un cepillo para el cabello.

-No te burles.

-Capitán, apuesto a que Anelisse-chan se verá muy bien con ese vestido –intervino Bepo.

-Será como un regalo de despedida –agregó Penguin.

Al ver que nuevamente se ponían en su contra Law accedió a la petición de Anelisse y terminaron comprando más de un vestido, además de zapatos y un par de collares.

-Vámonos antes de que perdamos todo nuestro dinero. Yo también necesito algunas cosas.

-Seguramente son libros.

-Penguin…

-No me estaba burlando…

Durante un par de horas Anelisse se entretuvo revisando cada uno de los puestos. Law dejó de pensar que ese paseo era una pérdida de tiempo cuando se dio cuenta de la mucha información sobre las islas del Nuevo Mundo que estaban obteniendo.

Lantana era más grande de lo que parecía y había muchísimas personas. Por momentos se les dificultaba caminar entre la multitud y tenía que sostener a Anelisse para no perderla de vista.

-¿Qué les parece si tomamos un descanso? –preguntó Penguin cuando llegaron a una plaza donde encontraron un par de bancas vacías. En el centro se encontraba una fuente de piedra blanca rodeada de flores de todos los colores.

Compraron unos pastelitos para Anelisse y se sentaron junto a la fuente. Los chicos suspiraron de alivio y soltaron las bolsas con todo lo que habían comprado.

Law observó la sonrisa en el rostro de Anelisse. Le parecía difícil convencerse de que ese sería el último día que estarían juntos.

-Mientras descansan iré a la librería –indicó Law poniéndose de pie-. No se muevan de aquí.

Anelisse no tardó en soltar el plato con los pastelitos y seguir a Law.

-Yo también voy.

Law no dijo nada y dejó que la chica lo agarrara del brazo. Sólo tenían que atravesar la plaza para llegar a la librería. Law había esperado encontrar libros interesantes en los puestos ya que los comerciantes provenían de muchas partes del Nuevo Mundo, pero nada había llamado su atención. La librería del pueblo parecía pequeña y no tenía esperanzas de encontrar algo interesante, así que sólo echaría un rápido vistazo.

Anelisse caminaba tan pegada a él que le era difícil avanzar. De pronto la chica señaló una multitud cerca de la librería y lo arrastró hacia esa dirección.

La gente se encontraba rodeando a unas cuantas parejas que bailaban mientras un violinista presentaba su música. Anelisse se abrió paso en medio de la gente y jaló a Law hasta el centro de la pista, donde comenzó a moverse al ritmo de la canción.

-Baila, capitán.

-De ninguna manera.

Sintiendo su rostro enrojecer, Law retrocedió hasta perderse entre la multitud. Anelisse no tardó en ser el centro de atención. Se movía con gracia y delicadeza. Incluso las parejitas dejaron de balancearse para observarla. El violista empezó a tocar una melodía sólo para ella. Law no era capaz de quitarle los ojos de encima. Anelisse bailaba de tal forma que parecía estar flotando.

Entonces ocurrió algo que Law nunca hubiera esperado.

Alrededor de las manos de la chica apareció un pequeño chorro de agua, que parecía moverse al ritmo de sus movimientos. Law entró en pánico cuando se dio cuenta de que no era el único en haber notado el suceso, pues una niñita gritó: "Mira mamá, ella baila con el agua".

Tenía que sacar a Anelisse de ese lugar.