CAPITULO 14

LA LIBRERÍA DE LANTANA

Law tuvo que usar sus poderes. Activó su "room" y tomó control de una carreta enorme llena de flores, la movió hasta estrellarla con la fuente. La multitud volteó a ver lo que pasaba y aprovechó el momento de distracción para acercarse a la chica, tomarla de la cintura y cargarla para alejarla de ahí.

Corrió al único lugar donde podrían esconderse: la tranquila librería que estaba a unos pasos.

Law escuchó a través de los cristales de la puerta los gritos de la gente preguntándose qué había pasado y la obvia aparición de la Marina. El corazón le latía con fuerza. Esperaba que Bepo y los otros fueran lo suficientemente rápidos para alejarse del lugar antes de ser descubiertos.

Volteó a ver a la chica. Anelisse lo miraba fijamente con los ojos llenos de terror, pues no entendía qué estaba pasando. Law acababa de darse cuenta del posible peligro en el que ella se encontraba ahora. Y él era el culpable. Él había despertado esos poderes inexplicables. Con la tranquila vida que llevaba antes, Anelisse nunca hubiera tenido la necesidad de defenderse. Probablemente Seiichi no hubiera permitido que alguien la lastimara.

El miedo de lo que pudiera pasar si la Marina se enteraba de las habilidades de Anelisse empezaba a embargarlo. No sabía si la dejarían tranquila o buscarían la forma de sacar provecho. Y no podía dejar las cosas como estaban porque Anelisse no era capaz de controlar esos poderes, ni siquiera era consciente de lo que hacía. Tal vez lo mejor era esperar y entregarla directamente a sus padres.

-¿Van a quedarse ahí parados?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz en el fondo del establecimiento. Anelisse pegó un brinco y abrazó a Law con fuerza.

Law preparó su espada, pero sólo se trataba de un anciano. El hombre los miraba sentado en un sillón al lado de un mostrador con un libro en las manos y una sonrisa amistosa.

Law separó un poco a Anelisse.

-Disculpe –dijo sin poder relajarse.

-¿Van a comprar algo? –preguntó el hombre.

Law observó su alrededor. El lugar era más grande de lo que parecía por fuera. Era un poco sombrío, la única luz que había era la que entraba por las ventanas de la puerta. Las paredes estaban cubiertas de estantes llenos de libros de todos los tamaños y colores posibles, algunos viejos y otros nuevos. También había pilas enormes de libros amontonados sin ningún orden. Eso lo sorprendió gratamente. Parecía que revisar la librería le llevaría más tiempo del que había planeado.

-Tengo miedo, Law –susurró Anelisse.

-Todo está bien –respondió Law.

La agarró del hombro y se acercó al mostrador con ella. El anciano fijó su mirada en Anelisse, más específicamente en el tatuaje del hombro.

-¿Podemos echar un vistazo? –preguntó al anciano.

-Para eso son los libros –contestó sin dejar de sonreír-. Tómense su tiempo –luego se dirigió a la chica-. ¿Crees que las hadas tienen cola?

Anelisse se acercó más a Law con el desconcierto reflejado en sus ojos.

-¿Disculpe? –cuestionó Law.

El hombre quitó la mirada de Anelisse para observar al muchacho.

-Perdonen los desvaríos de este anciano.

Anelisse no parecía ser capaz de tranquilizarse. Law percibía su cuerpo temblar levemente. Sin embargo, salir en ese momento no era una opción, porque la Marina podría estar cerca. No era conveniente el encuentro con ellos en esas circunstancias.

-Escoge un libro –indicó Law.

Aún con duda, Anelisse se apartó de él para revisar los estantes. Law se dio la vuelta para empezar a examinar los libros. Era imposible encontrar algo específico en esa librería. Todos los temas estaban mezclados sin ningún tipo de orden.

Pasaron por lo menos una hora hojeando libros. Law mantenía la guardia y procuraba no perder de vista a la chica porque el anciano le lanzaba miradas curiosas de vez en cuando. La única razón por la que no había tomado la decisión de marcharse eran los libros. Había encontrado unos de medicina que parecían prometedores.

Ya tenía apartados unos ocho cuando encontró un libro viejísimo en una de las pilas. El libro tenía una pasta azul oscuro y el título estaba grabado con letras plateadas.

"El país que no existe".

Law examinó las amarillentas páginas. Era el mismo libro que él tenía. Aquel único libro que había comprado sólo por curiosidad y que no hablaba de medicina. Pero su versión era mucho más nueva. Todo ese tiempo había creído que la historia era más o menos reciente. Y ese libro le mostraba todo lo contrario. Sin embargo, no podía saber cuándo fue escrito porque el dato no estaba en ninguna parte, alguien había arrancado las primeras páginas. Tampoco traía el nombre del autor.

-¡Capitán!

Law soltó el libro, desenfundó su espada y volteó para ver a Anelisse. La chica se encontraba parada en una esquina de la librería con una pequeña caja en las manos mirándolo con miedo. El anciano seguía sentado en el sillón y los miraba con expresión curiosa.

-¿Qué ocurre? –preguntó Law tratando de mantener la calma.

-Encontré lápices de colores –respondió Anelisse.

-No grites así –la reprendió Law guardando su espada.

-¿Puedo llevarlos?

-Sí.

El anciano regresó a lo suyo con una sonrisa que Law era incapaz de descifrar. Law recogió el misterioso libro que había encontrado y lo colocó en la pila de los seleccionados.

-¿Terminaste de escoger? –preguntó Law a la chica.

Anelisse asintió con la cabeza y se acercó a él cargando tres libros. Ya estaba más tranquila y volvía a sonreír como siempre. Colocaron los libros en el mostrador para que el anciano sacara la cuenta.

-Veo que eres doctor –comentó al ver la lista de libros que Law llevaba. Él no dijo nada-. ¡Oh! También sientes interés por la historia. Me alegro.

El anciano hojeó con cierta nostalgia el libro más viejo.

-Es sólo una historia para niños –respondió Law sin darle mucha importancia.

-Hay muchas cosas ocultas en este mundo –lo contradijo el anciano.

Anelisse los miraba sin entender nada.

-¿De qué habla? –quiso saber Law.

-Señorita, ¿ya vio las pinturas que están en el estante junto a la puerta? –exclamó el anciano cambiando el tema repentinamente-. Están un poco viejas pero todavía sirven, si las quiere puede llevárselas.

-¿Puedo, capitán?

Dando saltos de alegría, Anelisse jaló a Law para que la ayudara a cargarlas. La chica examinó cada uno de los botes antes de pasárselos al muchacho y cuando regresaron al mostrador el anciano ya había guardado todos los libros en bolsas. Sin permitirle a Law seguir preguntando sobre el antiguo libro, cobró su dinero y los guió a la salida con la excusa de que estaba a punto de cerrar porque el desfile no tardaría en dar comienzo.

Law no tuvo dificultades en cargar todas las bolsas mientras Anelisse daba saltitos de alegría por aquí y por allá. Aunque seguía de mal humor por no haber conseguido las respuestas que buscaba.

No les costó trabajo encontrar al resto de la tripulación y se alegraron al comprobar que Bepo y los otros estaban a salvo.

-Con tantas cosas que llevábamos cargando pensé que no lograríamos escabullirnos –contó Penguin.

-Además, Bepo llama mucho la atención –agregó Shachi.

-Lo siento –se disculpó Bepo.

Law escogió un lugar cerca del bosque donde tenían buena vista del pueblo. Nino había preguntado a la gente por la ruta del desfile y, según su información, ese lugar era ideal para verlo y salir corriendo en caso de emergencia.

Cuando la noche llegó, Anelisse ya estaba cansada. Se había sentado junto a un árbol y cabeceaba por momentos. La música comenzó a sonar muy fuerte. La gente festejaba con canciones y aplausos. El desfile había iniciado.

Law se acercó a la chica y la ayudó a levantarse. En ese momento una multitud se colocó delante de ellos. Anelisse era tan bajita que no alcanzaba a ver nada. Sin pensarlo dos veces, se separó del grupo en un intento de llegar al frente de la fila. Law trató de llamarla, pero el ruido era demasiado fuerte. Se coló entre la multitud en busca de la chica.

Había tantas personas que incluso se le dificultaba respirar. En cuanto diera con ella, la castigaría arrastrándola de regreso al Polar Tang.

Por fin alcanzó a ver el turquesa de su cabello, que resaltaba aún en esa situación, casi había llegado al frente de la multitud. Estiró su brazo y logró agarrar su hombro y jalarla hacia él.

Apenas la tenía entre sus brazos cuando se escuchó una explosión a lo lejos.

La gente empezó a correr en todas direcciones, pues unas enormes llamas empezaron a brillar aparentemente cerca de la plaza central en la que habían estado. Algo se había incendiado.

-No te separes de mí –gritó Law aunque no estaba seguro de que Anelisse lo hubiera escuchado.

Sintió a la chica agarrarse de su brazo y trató de abrirse paso entre la multitud que corría despavorida.

Aunque quería evitar usar sus poderes, como estaban en medio de gritos, empujones y golpes, terminó usando nuevamente el "room" para salir de ahí, trasladándose a las orillas del bosque donde no se veía gente. Se recargó en un árbol para recuperar el aliento y se dio cuenta de que algo andaba mal.

Anelisse no estaba con él.