CAPITULO 15
EL CAPITÁN ZAZIL
No sabía qué estaba pasando. Anelisse acababa de ver las carrosas pasar cuando escuchó la explosión. Sintió los brazos de Law rodearla en el momento en que la gente corrió. Anelisse se sostuvo lo más fuerte que pudo del capitán, pero eso no impidió que la multitud la arrastrara hacia el lado contrario. Entonces, sin poder agarrarse por más tiempo, tropezó. Gritó con fuerza aunque sabía que sería difícil que alguien la escuchara mientras intentaba levantarse. Ya no sentía la presencia de Law y la gente seguía pasando por encima de ella. Si no lograba levantarse, moriría. El miedo crecía con cada segundo que pasaba. Tenía que sobrevivir. Aún había muchas cosas por hacer. Y Law estaría preocupado.
De pronto, sintió que alguien la tomaba de la cintura y la arrastraba fuera del tumulto hacia un callejón.
La persona que la había salvado la dejó en el suelo. Anelisse se tomó su tiempo para recuperar el aire antes de mirar a su salvador. No había mucha luz y seguían escuchándose gritos por todas partes, pero Anelisse reconoció el rostro: era el violinista de la plaza.
-Gracias –dijo en susurro. Le dolía todo el cuerpo, casi no podía moverse y se le dificultaba respirar.
El hombre la miró fijamente con una expresión que Anelisse no podía descifrar.
-¿Puedes levantarte? –preguntó.
Anelisse negó con la cabeza. El hombre se acercó a ella y se puso en cuclillas. La sostuvo del brazo y examinó el tatuaje del hombro.
-¿Qué relación tienes con Trafalgar Law? –cuestionó dirigiendo su mirada al símbolo del vestido.
Anelisse sintió miedo al ver la expresión del hombre. Ya no había rastro de amabilidad en sus ojos.
-Responde –ordenó el hombre. No había levantado la voz, pero el tono era intimidante.
-Él es mi capitán –respondió armándose de valor-. Suéltame o lo lamentarás.
El hombre soltó una fuerte carcajada.
-¿Tu capitán? –se burló-. ¿Una chica como tú es nakama de Trafalgar Law? Eso es imposible. Yo creo que eres otra cosa para él.
Anelisse reunió todas sus fuerzas para intentar levantarse, pero él aumentó la presión del agarre al grado de hacerle daño.
-Suéltame –insistió haciendo lo posible por no mostrar debilidad. No pensaba suplicarle a un tipo como aquel.
-Tú vendrás conmigo –dijo aquel hombre.
La jaló para obligarla a levantarse. Anelisse sintió dolor, pero no se quejó.
-No voy a ir contigo a ningún lado –respondió la chica tratando de soltarse.
-Haz lo que te digo si no quieres que te haga daño.
-Law te va a hacer mucho daño a ti si no me sueltas.
El hombre volvió a reír con fuerza.
-Apuesto a que sólo eres su dama de compañía –Anelisse lo miró sin comprender-. Tú debes ser sólo un entretenimiento temporal, ya verás que no tendrá ningún problema en entregarte a nosotros.
-Mentira –replicó Anelisse-. Yo no soy su dama de compañía, soy su nakama. Nunca me abandonaría con ustedes.
-Verás que cuando se lo ordenemos no tendrá otra opción.
-¡Ayuda! –gritó Anelisse con todas sus fuerzas. No entendía lo que ese sujeto estaba diciendo, pero estaba segura de que Law la rescataría-. ¡Alguien que me ayude! ¡Law!
-Deja de gritar, niña. Nadie va escucharte con este alboroto.
El hombre la agarró de la cintura y la cargó con mucha facilidad a pesar de los forcejeos de la chica, que seguía peleando. Salió del callejón en el que estaban y la llevó a las afueras del pueblo.
Anelisse dejó de luchar cuando vio el edificio blanco que se alzaba cerca de la costa.
Era la base de la Marina donde Law pensaba entregarla.
Sin embargo, al mirar la cara del hombre que la estaba arrastrando hacia allí, no pudo sentir nada de alivio. Ese hombre con aspecto de pirata no podía ser un marino.
-¿Ya te has cansado? –preguntó él con una desagradable sonrisa-.¡Al fin! Ya me habías fastidiado.
-¿Vas a llevarme a esa base de la Marina? –preguntó Anelisse.
-El capitán Zazil estará encantado de conocerte –respondió el hombre.
-¿Eres un marino? –Anelisse tenía miedo de oír la respuesta, pero no podía seguir negando lo que era tan evidente.
-Por supuesto –contestó el desconocido-. Empiezas a entenderlo, ¿cierto? Como Shichibukai, Trafalgar tendrá que obedecernos cuando le ordenemos que te entregue… A menos que quiera perder su título.
-¿Y qué quieren de mí?
-¿En realidad lo estás preguntando? –se burló él-. Eres una chica muy especial. Me di cuenta por la forma en la que Trafalgar te miraba… "Eso" es lo que le atrae de ti, ¿no?
-No entiendo de qué hablas.
-Jajaja –seguía riendo aquel hombre-. El control que tienes sobre el agua…
-No sé de qué hablas.
-No es necesario que sigas fingiendo… Yo te vi cuando bailabas… Trafalgar te sacó de ahí en cuanto pudo, pero yo ya lo había visto. El capitán Zazil hará un gran negocio contigo.
Anelisse no pudo contener las lágrimas. Nunca había pensado que llegaría el día en que sentiría tanto desprecio por un grupo de marinos y tanta ansiedad por regresar al lado de un grupo de piratas. Bepo, Shachi, Penguin y el resto de la tripulación no la habían lastimado como ese sujeto estaba haciendo. Además no entendía a qué se refería con eso del control del agua.
Aquel hombre llevó a Anelisse a la base. La chica se dejó arrastrar al interior, caminaron por un pasillo oscuro y se detuvieron delante de una puerta.
-¿Capitán Zazil? –exclamó el hombre tocando la puerta-. Soy Kisho.
-Pasa –respondió una voz desde el interior.
Kisho abrió la puerta, agarró con firmeza el brazo de Anelisse y entró con ella. La habitación parecía una sala de estar. Había un pequeño librero en el fondo y en el centro una mesita llena de bocadillos. El capitán Zazil era un hombre de cabello castaño y muy apuesto. Se encontraba recostado en un sillón, mirándose en un espejo.
-Capitán Zazil –anunció Kisho-. Traje a esta chica.
El capitán bajó el espejo para observar a Anelisse.
-Sabes que no me gustan tan jóvenes –dijo y volvió a tomar su espejo.
Anelisse sonrió aliviada.
-Entonces me voy –exclamó tratando de alejarse de ese sujeto Kisho, pero el marino la sostuvo con más fuerza.
-No vas a ir a ninguna parte –susurró-. Capitán –insistió dirigiéndose a su superior-. Obsérvela bien.
El capitán suspiró molesto y bajó su espejo nuevamente. Se levantó y caminó hacia la chica para verla de cerca. Anelisse se sonrojó ante la mirada del hombre. Tenía que admitir que no sólo era muy apuesto sino que además tenía un aroma agradable.
-Sí, tengo que admitir que es muy bonita… A pesar de esa apariencia de vagabunda –dijo el capitán. Anelisse se sonrojó aún más-. ¿Cuántos años tienes?
-Dieciocho –respondió la chica de inmediato. Luego cubrió su boca con las manos llena de vergüenza.
-Pues eres realmente muy joven –continuó el capitán Zazil-. Pero está bien, te tomaré como mujer de todas formas. Kisho llévala a que se dé un baño.
Kisho miró incrédulo a su capitán, pero Anelisse fue más rápida al contestar.
-Estás loco –exclamó Anelisse-. Sólo ordénale a este sujeto que me deje ir.
Anelisse volvió a forcejear con Kisho para soltarse.
-Te estoy dando la oportunidad de tu vida –dijo el capitán Zazil ignorando las quejas de Kisho-. ¿Sabes lo que significa salir con un capitán de la Marina?
-No me importa –respondió Anelisse-. Tú me desagradas. Law es mucho mejor que tú.
-¿Quién es Law? –preguntó Zazil.
-Se refiere a Trafalgar Law –contestó Kisho adelantándose a la chica-. Ella insiste en que es parte de su tripulación.
-¿Esta niña es pirata? –se sorprendió Zazil-. ¿Me trajiste a la mujer de un pirata? ¡Qué desagradable!
Anelisse lo miró deseando que su odio lo quemara.
-Capitán, no se trata de eso –negó Kisho-. Ella puede controlar el agua. Yo la vi. Trafalgar trató de ocultarlo, pero lo vi claramente. Además, mire el tatuaje del hombro, ella es una habitante de Earth Land.
Anelisse miró a Kisho con curiosidad. Era la primera vez que escuchaba algo como eso.
-¿Una habitante de Earth Land? –el capitán tomó a la chica del brazo y a la acercó hacia él con brusquedad-. Es verdad. Es el mismo tatuaje.
-¿Se da cuenta? –exclamó Kisho muy emocionado-. Si la entregamos a él, ganaremos una fortuna.
El capitán Zazil comenzó a reírse fuertemente. Anelisse los miraba sin comprender lo que estaba pasando. Ella no era de ese lugar Earth Land ni podía controlar el agua. ¿O sí? Entonces recordó la plática que había tenido con Jean Bart en el cuarto de control del Polar Tang. Él le había explicado que el submarino se había dañado porque ella hizo aparecer un remolino de agua. En un principio pensó que eran exageraciones o una interpretación equivocada del clima, pero comenzaba a creer en la posibilidad de que fuera cierto. Law parecía muy preocupado cuando interrumpió su baile en la plaza y la jaló hasta la librería. Además, se la pasaba haciéndole preguntas extrañas sobre poderes de Akuma no Mi y su capacidad para distinguir los diferentes olores de las personas.
Anelisse pensó en Kendra. Tal vez era algo relacionado a ella.
-¿Quién es "él"? –se atrevió a preguntarles-. ¿Y a qué se refieren con Earth Land?
Kisho la miró fijamente antes de responder.
-¿De verdad no lo sabes? Tú tienes un tatuaje que sólo tienen los habitantes de Earth Land.
-No recuerdo nada –explicó Anelisse. No confiaba en ellos, pero era necesario obtener la información para poder comprenderlos-. Fui adoptada cuando era muy pequeña.
-¡Ah! Eso lo explica todo –soltó Zazil-. Earth Land es una isla oculta por el Gobierno Mundial. Hay quien dice que no existe. Otros creen que está habitada por criaturas monstruosas y por eso el Gobierno la ha ocultado –hizo una pausa para sonreír con burla-. En la historia del Grand Line y el Nuevo Mundo se habla de viajeros provenientes de esas tierras. Se dice que tienen poderes que no provienen de ninguna Akuma no Mi y que todos llevan una marca distintiva tatuada en algún lugar de sus cuerpos… Como tú…
Zazil acarició el hombro de Anelisse con la ambición reflejada en los ojos.
-Trafalgar debe tener sus sospechas… -agregó Kisho-. Estoy seguro de que esa era la razón para aceptar a una chica como tú… Ni siquiera tú sabías de las habilidades que posees… A Trafalgar no le gustas, le convienes…
Anelisse volvió a sentir miedo. Ya no estaba segura de que Law la buscaría. Tenía que encontrar una manera de escapar.
-¿Quién es "él"? –volvió a preguntar.
-Existen algunos rumores sobre gente de Earth Land vistos en Grand Line recientemente –Zazil caminó hacia el librero del fondo y sacó una hoja de papel, mostrándosela a la chica. Anelisse observó un dibujo de la figura que llevaba tatuada en el hombro-. Dicen que ellos llevaban este tatuaje. ¿Te das cuenta de que no mentimos?
-Siguen sin decirme quién es él –insistió Anelisse. Estaba decidida a no mostrarse débil ante esas personas.
-Él es quien tiene toda la información –explicó Kisho-. Lleva algún tiempo buscando gente como tú, de Earth Land… Y ha ofrecido mucho dinero a cambio de información útil. Imagínate cuánto nos dará si te llevamos con él.
-Están locos –gritó Anelisse-. Yo voy a regresar con Law.
Aprovechando que los marinos la habían soltado, corrió hacia la puerta en un intento de escapar. Sin embargo, Kisho era mucho más rápido y volvió a agarrarla antes de llegar a su objetivo.
-No vas a salir de aquí –soltó el capitán con una enorme sonrisa. Ya no parecía tan apuesto.
-Ustedes no merecen ser marinos –dijo Anelisse-. Son seres asquerosos.
Usando todas sus fuerzas, le soltó una bofetada al capitán. Él la miró enfadado.
-No vuelvas a hacer eso –dijo volviendo a sonreír.
Entonces se acercó más a ella y le estampó una bofetada tan fuerte que Anelisse cayó al suelo. El capitán Zazil se puso en cuclillas y la sostuvo de la barbilla para obligarla a mirarlo a los ojos.
-No me obligues a hacerlo de nuevo. Ya tienes heridas por todas partes y quiero entregarte lo más ilesa posible. Estoy seguro de que él no va a tratarte mal si lo obedeces en todo. Eres bonita y pareces talentosa. Joker se va a fascinar contigo.
Los dos hombres salieron riendo de aquella habitación.
Anelisse no pudo soportarlo más. Se quedó en el suelo y comenzó a llorar muy fuerte cuando escuchó el cerrojo de la puerta. Necesitaba a Law y no estaba segura de que él fuera a buscarla.
