Rasumparare Dulce ch. 4
Terry se sentía enojado, decepcionado. Como creer en un dios al que él consideraba ausente. Un dios que jamás había estado para él cuando de pequeño había rogado por tener el amor de su madre cuando pensaba que esta era la duquesa. Su alma suspendida en el limbo observaba mientras su cuerpo se movía acercándose a Marcela azuzándola hiriéndola con los recuerdos de soledad. Algo muy curioso pasa cuando estas en el astral, las energías se ven más claramente. Los colores se perciben intensos más allá del plano físico. Terry veía su cuerpo unos metros abajo envuelto en una oscura sombra pero un hilo de plata brillante lo sujetaba a este.
-Lo veis ese es Dios manifestándose, aquí te deja claro que ese cuerpo solo os pertenece a vos y nadie más que vos podéis habitarlo y reclamarlo. Por eso debéis luchar para recuperarlo- Le decía la voz de la anciana sabia que estaba rodeada de una luz rosa tenue casi blanca.
El demonio por su parte ponía toda su atención en Marcela. La gitana luchaba con todas sus fuerzas, tratando de concentrarse en las palabras correctas. Tratando de desechar la basura de los pensamientos que los susurros del demonio Ezazel le ocasionaban. Esa era la parte más difícil de una batalla espiritual. Lograr gobernar los propios pensamientos y reunir la energía necesaria para invocar a la luz. En el bendito libre albedrío con el cual cuenta cada ser, se encuentra la oportunidad de los seres del bajo astral para hacerlos caer. Así pues la luz no puede actuar a menos que sea llamada desde el corazón con el consentimiento de quien lo hace.
-Pero si seréis necio, dejaríais de ser un Grandchester. Mirad de una buena vez.- En ese momento Terry se vio a sí mismo en los estrenos de las diferentes puestas en escena en Broadway. El Rey Lear, Romeo y Julieta, Hamlet, Antonio y Cleopatra. En cada uno de ellos veía a una mujer que cubría su rostro bañado en lágrimas y que cada vez que aparecía él, se deshacía en fervorosos aplausos cargados de orgullo maternal. La reconoció aun con la peluca, se trataba de Eleonor Baker. Al término de cada obra regresaba a su casa y al llegar a su habitación se ponía de rodillas y juntaba sus manos.
-Dios mío, te pido que escuches mis ruegos. Te pido por mi Terry, permítele tener una vida feliz, permítele tener el amor de pareja de una buena mujer que realmente lo valore, permítele tener una familia verdadera en donde reine el amor. No me importa si para que esto sea una realidad yo deba seguir como espectadora de su vida, tan solo deseo que él sea feliz. Tanto como lo fuimos su padre y yo por el breve tiempo que estuvimos juntos. Protégelo, cuídalo y guía su camino. Aléjalo de cualquier peligro al que se pueda enfrentar y hazle saber que no está solo, que aunque me rechace siempre contará conmigo ya que está en mi corazón y en mis rezos.-
Después las imágenes de su madre empezaron a invadirlo una a una, la anciana gitana le mostraba como Eleonor se ponía de rodillas todos los días repitiendo la misma oración con devoción.
Terry no podía creer lo que veía y escuchaba. Jamás pensó que esa mujer le dedicara un pensamiento, mucho menos que rogara todos los días por él y porque alcanzara la felicidad. Se sintió pequeño e indigno del amor que le profesaba. Le dolía tanto, que por un fragmento de segundo su lado cínico le hizo pensar que las visiones no eran reales.
-No dudéis más, estas visiones son tan reales como que vos estáis a mi lado mientras vuestro cuerpo es habitado por el mismo demonio que os ha perseguido a ti y a vuestra familia desde hace cuatro generaciones. Si no hacéis nada al respecto, el triunfará y se llevará vuestra alma- Le advertía con preocupación la anciana gitana, quien ya le había tomado cariño al testarudo joven.
Las imágenes de su madre realmente lo habían perturbado. Un extraño cúmulo de sentimientos se alojaban en su interior. Agradecimiento, sorpresa, vulnerabilidad, asombro, incredulidad, le costaba mucho trabajo lidiar con todo eso. Reaccionó de la única manera en la que estaba acostumbrado, a la defensiva. De repente sintió muchas ganas de mandarlo todo al maldito infierno. Sonrió sarcástico ante lo literal de sus pensamientos.
-¿Y eso qué? De alguna manera siempre he sabido que estoy condenado y si esta maldición solo afecta a los primogénitos entonces acabará de una buena vez conmigo. Tal vez debería permitirle ganar antes de que condene a alguien más a este vacío destino- decía cansado de su solitaria existencia a la que no quería bajo ninguna circunstancia arrastrar a nadie más.
-De verdad que sos un imbécil, egoísta. Os regocijáis en vuestra careta de me importa un comino. Pues escuchadme bien. Tenéis razón. Al haber sido maldecido no solo por este demonio, sino por vuestra madrastra, eres el único que no había dejado descendencia alguna. Así que la maldición debería acabar contigo. Pero el caso es, que condenaríais a Marcela a vuestro mismo destino.- La anciana lo veía con sus ojos de miel tratando de hacerlo entender lo que estaba en juego.
La cara de Terry aunque incorpórea, había abandonado su color-¿Por qué dice eso?- preguntó incrédulo ante la información recibida.
-Porque es verdad. Ella sabía que no debía tener relaciones con vos más allá del rompimiento del hechizo con la entrega de su virtud. De hacerlo corría el riesgo de truncar su destino.- La vieja gitana movía su cabeza en señal de pesadumbre.
-Y si lo sabía por qué me lo permitió- Preguntó Terry que por más que quisiera, no podía ignorar las palabras de la mujer junto a él, aunque no alcanzara a comprender lo que le estaba diciendo.
-Porque tocaste el violín, ¿Acaso no habéis reparado en su reacción cuando lo tocasteis?- Le dijo volteando a ver al joven quien extrañado levantaba su ceja a manera de interrogación.
- ¡Ba! En realidad no teníais porque saberlo siendo un payo. *Hay una leyenda gitana que cuenta la historia de una doncella muy bella que al pasear por el bosque se encontró al diablo. Éste la instó a asesinar a su familia con tal de darle a cambio un instrumento que le ayudaría a cumplir con sus deseos. Adivinaste, el instrumento en cuestión era el violín. En resumen, es la raíz por la cual los gitanos lo consideramos como un instrumento que nos hechiza con la fogosidad de sus notas. Se dice que cuando alguien toca el violín con bravía es porque está siendo presa de la pasión del violín del diablo. Siempre ha ejercido un poderoso efecto en notros los gitanos. Sobre todo a las almas más sensibles nos hace caer en un loco frenesí al sentir el fuego correr por las venas y nublar nuestra cordura. Bueno, que te digo muchacho si ya lo habéis experimentado.- dijo la anciana terminando su explicación. Terry se quedó sin palabras, de haber sido en otro momento, lo dicho por la abuela, aunado a la mirada que le dirigía, lo hubieran hecho ruborizar por sus implicaciones.
Marcela se puso de rodillas, sentía una pesadez, un cansancio que amenazaba con aplastarla. Sudaba profusamente y su cuerpo temblaba. El demonio tenía la mano puesta en la espalda de la joven mientras le susurraba al oído con su lengua viperina.
-Lo has visto, no te engañes, es la única manera de estar juntos- Decía con la seductora voz de Terry y la pericia del embaucador.
-¡Noo!- Escuchó Terry que decía la abuela reprimiendo un sollozo. Desapareció de su lado para posarse al lado de la joven pelirroja que parecía que desfallecería en cualquier momento.
-No puedes hacer nada por ella, ha tomado su decisión al igual que las Lunas antes que ella- le decía el demonio riéndose en su cara. –Ya lo vez, a través de las líneas del tiempo, sin importar las dimensiones en las que juguemos y a pesar de todos tus esfuerzos por salvar a la última de tu estirpe, yo gano- Se burlaba.
-¡Si vais a hacer algo hacedlo ya!- Escuchó el joven actor la voz de la vieja gitana en su mente tan claramente como si estuviera junto a él, pero la abuela había desaparecido.
Una gran desesperación se apoderó del joven. Se vio solo ante un problema al que no encontraba solución. Desde hacía mucho tiempo había dejado de preguntarse el porqué de las cosas prefiriendo encontrar el ¿para qué? Él no era una víctima, se rehusaba a serlo. Las imágenes de su breve pero intenso tiempo con la gitana empezaron a inundar su mente. El contacto de su piel, la extraña energía que lo recorría cada vez que la tocaba como si despertara por primera vez a la vida. Lo feliz que se sintió de poder hacer contacto con alguien, con ella. Había experimentado una conexión poderosa más allá de su entendimiento. Esto lo había hecho ir a buscarla y quedarse aun a pesar de su sentido común. Ella había rezado por él, para ayudarlo a él, ¡Por Dios le había regalado su virtud! Tenía que haber algo que pudiera hacer por ella.
Terry se llenó de determinación y empezó a avanzar hacia su cuerpo, pero un escudo invisible y denso se lo impedía. Recordó las palabras de la abuela. -Pídele a la madre, pídele con el corazón.-
-Esto no puede ser, no sé cómo hablarte. Sin embargo aquí estoy intentando contactar contigo. Sé que estás ahí, lo sé porque este hijo de puta existe y si él existe tú debes de ser real. Ayúdala, ayuda a Marcela, ella si cree en ti. Si quieres que me lleve déjalo que lo haga, pero no es justo que se la lleve por los pecados de alguien más.-
La angustia se apoderó de él al ver la escena que se vivía abajo. La joven gitana de rodillas con la cabeza agachada, apoyaba las manos en el piso, apretando el césped entre sus dedos aferrándose a este como si su vida dependiera de ello.
Grotescas sombras se dibujaban cada vez más claramente, arrastrándose. Unas grises manos despellejadas se acercaban a Marcela con el firme propósito de tomarla.
Terry pasaba sus manos por su larga cabellera con desesperación. Volteaba a todos lados como buscando algo, quería llegar a donde se encontraban pero el campo invisible era impenetrable. Lo rechazaba. Cualquiera podría pensar que cuando no tienes cuerpo podrías entrar en todo lugar, o atravesar cualquier superficie. Pues no era así, había hechizos que les negaban la entrada a algunos seres, mientras que se la permitían a otros realmente indeseables.
–Déjala de una vez, imbécil si es a mí a quien quieres ven aquí- Le dijo bajando a tierra, pero sin poder cruzar el campo que rodeaba a Marcela y a su cuerpo. Se le hizo extraño verse ahí parado sin ser dueño de los movimientos que su cuerpo hacía.
-Ah pequeño duque, tú ya eres mío. A decir verdad me decepcionas, pensé que pondrías mayor resistencia- le dijo riéndose. Terry no se reconocía a sí mismo en ese cuerpo. La piel se veía amarillenta, los movimientos eran torpes y los ojos tan negros como la oscuridad que emanaba de la profundidad de las cavernas. Él se estremeció al ver esas cuencas vacías y por primera vez comprendió a lo que se enfrentaba.
-Ahora reemplazaré la semilla por la mía, como había sido mi intención desde un principio. Tener una hija de la Luna para mí-dijo el demonio con la lujuria en su rostro. Le levantó la cara a Marcela y en un acto de lascivia pura arrastró lentamente su lengua lamiendole la piel tersa de la mejilla.
Marcela elevó la mirada hacia Terry y él vio como sus hermosos ojos grises se tornaban negros como si algo los inundara por dentro inyectándolos de negra tinta.
-Sueltala imbécil.- decía luchando ahora más desesperado con todas sus fuerzas para cruzar el campo energético que al fin veía. Lo golpeaba con sus puños descargando su frustración sintiéndose impotente, volteó su mirada al cielo tenía la sensación de que se le acababa el tiempo.
- ¿Para qué permitiste que nos conociéramos si al fin acabaría todo de esta manera?
No sé qué pensar ya no puedo seguir igual eso lo sé.-Decía pero no se refería a ese momento, sino a toda su existencia.
-Juego a las mil máscaras creyéndome cada una de mis mentiras tan solo para poderle dar sentido a mi vida. Me has hecho falta.- Admitió al fin cayendo de rodillas, derrotándose a sí mismo.- Dios mío por favor, te lo pido por ella.
¿Para qué fuimos creados si no para aprender de nuestros errores, para aceptarlos? Yo acepto haber sido un arrogante soberbio al no reconocerte en mi vida. Estoy pues ante ti Dios, ayúdame, ayúdame a ayudarla.-
Rogaba Terry con todo su corazón. Sintiendo que al mismo tiempo se le estrujaba dentro de su pecho, como si lo apretaran en un puño para exprimirle hasta la última gota de veneno acumulado. Todo su ser estaba concentrado en esa parte de él. En ese corazón que palpitaba aceleradamente ocasionando que le faltara la respiración. Sentía que moriría justo ahí, pero entonces, escuchó la voz de su madre.
- Protégelo, cuídalo y guía su camino. Aléjalo de cualquier peligro al que se pueda enfrentar y hazle saber que no está solo, que aunque me rechace siempre contará conmigo ya que está en mi corazón y en mis rezos.-
Algo pasó velozmente a su lado, proveniente de quien sabe dónde. Saetas de luz que ignorándolo se estrellaron contra el domo desintegrándolo en mil pedazos.
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Las manos al fin alcanzaron a la gitana. Desde las sombras emergieron unos rostros grises que evocaban sus peores pesadillas, extendiendo sus brazos llenos de llagas hacia ella. Las asquerosas criaturas la tumbaron de un jalón y le dieron la vuelta boca arriba. Le separaron las piernas al tiempo que la sostenían de los brazos como si de amarras se tratara provocando que su espalda se pegara a la yerba. Las putrefactas manos deslizaban la falda hacia arriba descubriendo los femeninos muslos arañando las piernas a su paso. La piel pestilente y supurante de los seres hacía contraste con la suavidad de la perfumada piel gitana que había quedado expuesta. Ezazel con una sonrisa de triunfo se posicionaba entre las piernas de la joven que se había quedado inmóvil.
Ella se rindió posando sus palmas extendidas en el pasto. Una muy tenue luz púrpura empezaba a ser transmitida desde la tierra a las manos de la joven. Era tan sutil que solo estando en el plano astral podía ser percibida. De momento parecía que la comisura derecha de los labios de la joven gitana se curvaba en una casi imperceptible sonrisa.
Marcela cerró los ojos y empezó a murmurar algo, primero en voz baja.
Oh Gran Madre, Hermosa en todos tus Nombres.
Te llamo con el Aliento de mi Cuerpo.
Te llamo con el Latido de mi Corazón.
Te llamo con el Pulso de mivida.
Te llamo con las Palabras de mi Boca
Te llamo con los Pensamientos de mi Mente.
Te llamo, Poder, Vida y Creación.
Te llamo a ti Oh Gran Madre, Reina de la Magia.
Oh Gran Diosa Suprema
A quien te llaman con Mil Nombres
Aradia, Sofía, Isis, María
Tú, que Vives
Tú, que Perdonas
Tú, que Amas con el Corazón más Grande
Tú, Diosa Madre, Reina de la Magia y del Saber
Dama de las Palabras del Poder
Tu Hija Marcela Luna te llama
Ven oh Diosa y quédate conmigo
Gaia, Isis, Aradia, Rea
Cuida de tus Hijos Magna Dea
Repetía incesante este rezo cada vez más segura. Con mayor contundencia y elevando su voz, ocasionando con esto la rabia del demonio que trataba de hacerla suya.
-Cállate puta- le gritó Ezazel dándole un golpe. Marcela sintió el ardor en toda su mejilla que se le extendía a parte de su ojo dejándola aturdida sus oídos aún le zumbaban cuando le escupió al demonio en la cara con el sabor de su propia sangre en su boca y le sonrió brevemente antes de continuar con su rezo.
-Ahora sabrás quien soy yo.- Dijo Ezazel colérico elevando su mano para propinarle otro golpe. Algo le impidió que su mano se estrellara de nuevo con el rostro de la gitana. Congelándose de momento con la mano en el aire, se enfrascó en una batalla interna.
Ella sonriendo se puso de pie con las manos extendidas hacia el cielo, repitiendo con más fuerza su rezo. Con el respaldo de los seres que la habían acompañado desde su nacimiento. Con el total poderío de su cuadro espiritual haciéndose presentes flanqueandola. Marcela se plantó abriendo el compás de sus piernas, absorbiendo a través de las plantas de sus pies la púrpura energía de la tierra que convergía con la luz del universo en el frágil cuerpo de Marcela que servía de canal.
-Yo no te pertenezco-
Escuchó el demonio en su mente la voz de Terry quien había llegado para reclamar lo que era suyo introduciéndose de nueva cuenta en su propio cuerpo.
-Este cuerpo me pertenece y por ley divina deberás abandonarlo- Le exigió el joven.
-Tú no me derrotarás- le contestó burlón el demonio.
-Teneis razón, os derrotareis a ti mismo- dijo la gitana dirigiendo la energía que pasaba a través de ella hacia el cuerpo de Terry bañándolo en luz.
-Lament Infernal- pronunció con voz de mando expulsando al demonio del cuerpo que había estado usurpando, obligándolo a tomar su astral forma grotesca.Terry cayó al suelo, aturdido reacomodándose dentro de su cuerpo.
En ese momento las mismas almas que Ezazel encadenaba se giraron hacia él y lanzando un escabroso aullido lo atravesaron, primero uno después otro después todos una y otra vez transmitiéndole el mismo calvario por el cual él los había hecho pasar a través de siglos de torturas.
-Me los devoraré a todos- les advertía siseando iracundo, pero su temor podía ser percibido por los atormentados seres como si de sabuesos se tratara. Las voces de los encadenados le contestaron "A algunos quizás, pero no podrás con todos."
Marcela alcanzo a ver algo que brillaba bajo la luz de la luna. Reconoció su amuleto tirado en el piso, lo recogió rápidamente y uniendo sus palmas empezó a decir la invocación que de su corazón salía.
-San Miguel Arcángel, defendednos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y vos, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios os ha conferido, arrojad al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.-
El aire empezó a girar fuerte y poderoso a su alrededor.
Un imponente torbellino de luz dorada se formó envolviendo al demonio y Terry quedó sorprendido al ver que los seres arrastraban a Ezazel con ellos de vuelta al infierno comandados por una enorme deidad cubierta de azul incandescente.
Marcela se sintió agotada tras la batalla librada. Terry apenas alcanzó a reaccionar para tomarla entre sus brazos antes de que callera al piso.
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El siguiente capítulo es el final!
Ya casi llegamos al término de este relato.
Espero les haya gustado.
Nos seguimos leyendo.
Elby8a ;-)
