Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. Este fic tampoco es de mi autoría, es una traducción autorizada del fic escrito por Colubrina. Traducción beteada por AliciaBlackM.


LA VARIANTE EQUIVOCADA

(The Wrong Strain)

por Colubrina

Capítulo tres: Los Libros


Draco abrió la puerta y miró a la cara roja de Ronald Weasley y por primera vez consideró que estar ligado a Granger significaba estar ligado a sus amigos. El hombre tenía una caja en sus brazos y parecía estar sin aliento. ¿Realmente él había cargado esa caja por tres pisos? ¿No se le había ocurrido preguntar al portero si había un montacarga?

—Hermione nos pidió que le trajéramos sus libros —dijo Weasley. Sonaba como si esperara que Draco se negara a dejarlo entrar y él podría usar eso como una excusa para lanzar un golpe.

Draco se hizo a un lado y lo dejó entrar. —Weasley es nuestro Rey —dijo con tan poca emoción como pudo—. Es muy amable de tu parte que traigas sus cosas.

Harry Potter entró por la puerta aún abierta cargando su propia caja. Draco esperaba que hubiera más docenas de cajas y que ellos serían lo suficientemente idiotas para llevarlas a mano. Se aseguraría de mencionar el ascensor algún otro día y ver si entendían.

—Malfoy —dijo Potter.

—Potter —respondió Draco—. Aún con vida, al parecer.

—Así me dicen —dijo Potter. Dejó la caja en el suelo y se movió inquieto de pie y Draco se preguntó si tenía previsto soltar patéticas palabras de agradecimiento por salvar a su amiga. Granger había estado verdadera y tristemente segura de que él era un monstruo que la dejaría morir en lugar de tener que hacer algo tan banal como compartir un apartamento con ella. Le hizo preguntarse qué otros horrores ellos asumieron que podría considerarlos aceptables. Antes de que Potter pudiera balbucear lo que fuera cortesía en el ignorante mundo muggle que había conocido, sin embargo, Granger lo salvó al entrar por la puerta, una caja más pequeña estaba en sus brazos.

Draco la miró con amargo disgusto. Ella estaba sudando, y, basándose en el frizz, su cabello podría haber aceptado algún desafío a ser tan gigante y rebelde como fuera posible. Si era así, parecía decidido a ganar, sin importar el costo estético. Tenía puesto en la parte superior un top muggle espantoso que se adhería a un sujetador que no ajustaba bien y todo el efecto era menos que deslumbrante. Se preguntó si pedirle a su madre que la llevara de compras sería contraproducente.

Probablemente.

Se acordó de Fleur Delacour. Al igual que todos los chicos en Hogwarts, él se masturbada con imágenes mentales de ella. Ella era la belleza personificada. La luz parecía seguirla y su sonrisa era del tipo que movía ejércitos. Él y Blaise habían fantaseado ampliamente acerca de cómo sería tener una Veela para ellos, una que guardaba sus sonrisas sólo para ellos. Y ahora que tenía una, la fantasía de la adolescencia había cobrado vida, pero era Granger y ella lucía exactamente igual a sí misma. Al menos los dientes de conejo habían desaparecido. El destino, pensó para sí mismo, el destino se ríe de los mortales lo suficientemente tontos para pedir salvación.

Al menos todo el poder en este pequeño y extraño juego le pertenecía. Ni siquiera tenía que amenazarla abiertamente; ella sabía que él tenía su vida en la palma de su mano. Supuso que eso le daba un poco de consuelo. Desde luego, le gustaba más que cuando había estado en el otro extremo de esa dinámica.

Ella parecía un poco gris mientras estaba parada allí, respirando con dificultad, y tropezó un poco mientras dejaba la caja en el piso. Draco podía sentir crecer su descontento. Incluso si ella no fuera bonita, él había pensado que se suponía debía ser inteligente. Cargar cajas de libros por las escaleras cuando ella había estado enferma, sugería que había sido más un rumor que un hecho. Puso una de sus mejores muecas y la dirigió hacia ella. —Si te matas en plena mudanza, todo el esfuerzo de haber obtenido el apartamento se habrá desperdiciado, Granger.

—No es como si hubiera sido tu esfuerzo —dijo, y se secó el sudor de la cara con una mano.

—Aún así —dijo, tratando de no apretar los dientes—, apreciaría que dejaras que tus queridos amigos lleven el resto de tus cosas, para que no tenga que admitir a mi madre que yo estaba equivocado.

—No puedes hacer eso —dijo Weasley. Intentó hacer una mueca por su cuenta, pero él era un principiante en el campo, y más parecía como si estuviera un poco estreñido.

—¿Hay más cajas? —preguntó Draco. Ante el asentimiento de Weasley, dijo—: Entonces, ¿podría sugerir que vayan por ellas?

Hermione giró para caminar cansadamente hacia la puerta, pero él puso una mano en la parte baja de la espalda. —Tú, sin embargo, tienes que sentarte y tomar un vaso de limonada.

Ella hizo esa cosa cuando se estremecía un poco ante su contacto, y él sonrió, pero antes de que ella pudiera apartarse, él quitó la mano, le entregó un vaso, y ella se dejó caer en uno de los taburetes de la cocina y tomó un sorbo al que tenía que estar agradecida. No es que ella debía decir algo. Mantenerlo informado sobre los detalles de su condición no parecía estar en la lista de Hermione, aunque supuso que no podía culparla por tener secretos sin ser hipócrita.

Por tratar de mantener secretos.

—¿Alfabético o por tema? —preguntó Draco.

Ella se quedó mirándolo. —Los libros —dijo. Merlín. ¿Siempre era así de lenta? —¿Quieres que esté ordenados por orden alfabético o por tema?

—Alfabéticamente estaría bien —dijo—, pero puedo...

Pero, él ya tenía su varita en la mano, y el problema resuelto. Draco no era la clase de tonto que cargaba cosas por las escaleras por su cuenta. El trabajo manual era de muggles. Las cajas se abrieron con un encantamiento, y los libros salieron volando por el aire y se clasificaron a sí mismos en las estanterías con otro. Él la miró, asegurándose con cuidado que ella no lo notara, y su enmarañada veela sonreía con deleite ante la imagen de sus libros ordenándose. Draco sintió un rápido arrebato de desprecio el que ella estuviera encantada con algo tan simple superpuesto al traicionero placer de que él la había hecho sonreír.

—Olvido, a veces, que siempre fuiste muy competente—dijo ella.

—Mmm. —Él no respondió a esa observación bastante insultante, pero se movió detrás de ella para poder tomar uno de sus rizos encrespados en sus dedos y jugar con él. Ella se puso rígida, pero no se alejó y él se preguntó si esto era más o menos cautivante que tocarla por encima de su ropa. Ya que ella se negó a discutir el tema de su reacción a su contacto, o incluso admitir que sucedió, desde luego, él no iba a reconocerlo. —¿Dónde está la gata?

—Lo encerré en mi habitación —dijo.

—Inteligente —dijo y giró una y otra vez su rizo. Nunca le había gustado su cabello. A lo más era normal, y, en lo peor, los rizos le recordaron desagradablemente a los de su tía. Sin embargo, lo que a su cabello le faltaba en atractivo estético, era más que compensado con la forma en que se sentó frente a él, rígida, mientras jugaba con su cabello. —¿Ya le has puesto un nombre?

La puerta se abrió de nuevo antes de que Hermione pudiera responder y Weasley se abrió paso hacia el interior. Había conseguido que cargar hasta dos cajas esta vez y las dejó con un fuerte golpe mientras miraba a la íntima escena de Draco pasando las manos por el cabello de Granger. El patético amor platónico de ella hacia él había sido de común conocimiento en Hogwarts y Draco había pensado que habían terminado juntos después de la guerra. ¿Acaso su enfermedad había arruinado esa relación, o había muerto antes de convertirse en una veela? Tal vez—el exquisito pensamiento—Weasley noblemente había dado paso a un lado cuando Draco había aceptado inesperadamente todo el asunto y ahora él tenía que estar allí y ver a un hombre, el cual odiaba, acariciar a una muy reciente exnovia.

—Lynx —dijo Granger, con sólo un poco de volumen en su voz.

Potter apareció. —Eso es todo —dijo. Se las había arreglado para flotar una docena de cajas a la vez, además de los dos que llevaba.

Draco dejó caer el rizo y volteó con un mínimo de modales. —¿Se les ofrece algo? —preguntó.

—¿Lynx, qué? —preguntó Weasley.

—Una cerveza, si tienes —dijo Potter—. Gracias.

—Hecho —dijo Draco. Un movimiento de su varita y una botella voló a la mano de Potter.

Él volvió a poner los libros como dijo Granger. —Malfoy me trajo una gata.

—¿Por qué? —preguntó Weasley. Le quitó la botella a Potter y tomó un largo trago. Todo lo que Draco podía pensar era que aquella era una buena manera de difundir enfermedades. Ambos eran repugnantes y si no se iban pronto, él lo haría.

—¿Por que qué? —preguntó Granger. —¿Por qué la nombré Lynx?

—¿Por qué te dio una gata? —dijo Weasley.

—Para hacerla feliz —dijo Draco. Weasley resopló y sintió sus labios curvarse en una sonrisa cuando Granger se revolvió ante eso. A ella no le gustaba la forma en que su ex lo desestimaba. Bien.

—Estoy cansada —dijo ella. Draco podía oír la verdad en las palabras, y la disculpa. —Sé que dije que me gustaría salir después con ustedes, pero creo que debería descansar.

—Llevar tus cosas no fue una buena elección —dijo Draco. Él todavía estaba irritado por eso. Si tenía que vivir con ella para mantenerla con vida, lo menos que podía hacer era tratar de cuidar de sí misma.

—No me di cuenta de que eras su guardián —dijo Weasley, a la defensiva en nombre de ella.

Draco lo miró con diversión. Su guardián era exactamente lo que era. Su guardián, su protector contra la muerte, su única esperanza. ¿Realmente el hombre no lo entendía?

—Ron —dijo Harry. Sonaba preocupado. ¿El hombre creía que él echaría a Granger y la dejaría morir en venganza por la indiscreción de Weasley? O simplemente le preocupaba que uno de ellos diría cosas crueles y veraces delante de la frágil mujer, quien dejó su limonada a medio tomar en el mostrador, le dio un beso cerca de su mejilla a Potter sin tocar su piel, una incómoda sonrisa a Weasley, y nuevamente desapareció en su habitación.

—Pensé que esto le iba a hacer bien —dijo Weasley después de que ella cerró la puerta—. ¿Qué está pasando?

Draco abrió su propia cerveza y observó a Weasley. —Lamento que traerla a un apartamento de lujo y aceptar vivir con ella, no esté funcionando lo suficientemente rápido para ti —dijo arrastrando las palabras—. Tal vez se necesita un contacto más íntimo para acelerar las cosas.

Weasley cerró los puños pero no volteó y Potter se apresuró en cubrir el momento con—: Nadie espera que ella sea la misma en un día, Malfoy. Estábamos preocupados y nadie parece saber cómo esta cepa funciona si la veela encuentra a su compañero tan... sólo ha sido un largo año, eso es todo.

Draco pensó en el montón de informes de veela sobrevivientes que su padre había utilizado sus contactos para sacarlos a la luz de las entrañas del Ministerio. No había tenido tiempo de leerlos aún, pero no era interesante que la extraordinaria investigadora Hermione Granger no les había seguido la pista.

—Estoy seguro —dijo. Tomó un largo trago antes de añadir—, pero me aseguraré de que ella esté bien a partir de ahora.


A/N: Muchas gracias por su increíble apoyo a esta historia. Es imposible resistirse a las olas de su entusiasmo. Varias personas sugirieron "Lynx" para la gatita ya que es el nombre de una constelación. Gracias a stefartemis, turbulenthandholding y shayalonnie, quienes dieron a este capítulo un vistazo y un pulgar hacia arriba.

N/T: No sé si habrán leído los disclaimer, pero esta historia no es de mi autoría, es de Colubrina quien amablemente me autorizó para traducirla. Me disculpo por la tardanza y también por las cacofonías en algunas frases.

02-07-2017