Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. Este fic tampoco es de mi autoría, es una traducción autorizada del fic escrito por Colubrina. Traducción beteada por AliciaBlackM.
LA VARIANTE EQUIVOCADA
(The Wrong Strain)
por Colubrina
Capítulo seis: La Idea
Draco se frotó la cabeza. Había estado en esto durante toda la tarde y, aparte del desarrollo de la fatiga ocular y una palpitación proveniente de detrás de una ceja, no había logrado nada. Siete carpetas delgadas. Siete supervivientes Veela que habían hecho lo correcto y se habían registrado como criaturas en el Ministerio de la Magia. Siete casos para estudiar.
La forma en que la enfermedad se propagó estaba bien documentada. Cada Veela había descrito al detalle cómo había sido contaminada, mientras Draco se preguntaba quién había sido la que contagió a Hermione, realmente no importaba. Al menos, pensó que no importaba. Lo que él quería—lo que su padre quería—era averiguar cómo Hermione se había vinculado a él. ¿Cómo seleccionaban estas variantes de Veela a sus parejas? No parecía haber algo en común. Dos ya habían estado casadas con los suyos. Las otras cinco habían conocido el suyo, pero con diferentes grados de intimidad que no tenían sentido. Algunas habían sido amantes. Algunas sólo habían conocido a sus compañeros casualmente antes de que la enfermedad las atrapara en sus garras. Una había tenido la mala suerte de haber estado en un edificio que los muggles habían tratado de quemar, su única conexión con su futuro compañero, es que él también había estado allí. Ellos no se habían visto antes de ese día y no habían coincidido antes de ese día hasta que ella de alguna forma se dio cuenta de que él era su salvador
Terminaron casándose y, si el expediente era verídico, fueron felices. Los nueve niños que tuvieron hacían referencia a por lo menos una entusiasta vida sexual, aunque también Draco sospechaba de una falta de habilidad con los encantos anticonceptivos. Esperaba que hubieran sido felices por lo menos. No veía cómo era posible con tantos niños, pero de todos modos les deseaba lo mejor a la pareja.
Apartó las hojas de pergamino y frunció los dedos con frustración. Nueve hijos. No había información sobre lo que había pensado o sentido, cómo la enfermedad la había afectado, o por qué se había aferrado a un casi total desconocido, pero se había sentido obligada a enumerar los nombres de todos sus hijos en lugar de cualquier cosa que pudiera haber sido útil.
«Estúpidos y buenos para nada», pensó mientras cerraba los archivos. No estaba seguro si se refería a las Veela, sus compañeros, o los trabajadores del Ministerio que habían tomado la información y la habían archivado. Ya que las criaturas no eran peligrosas, o incluso especialmente interesantes, nadie había querido ser exhaustivo. Pensó en pedirle a su padre que verificara si había más registros en otros países, pero decidió que sería una pérdida de tiempo. A los franceses no les gustaba compartir, y la MACUSA era una pesadilla absoluta. Acababan de devolver las cartas llenas de negativas justificando por cómo Gran Bretaña había apoyado a Voldemort, como si ellos no hubieran tenido su propia Revuelta de Chamanes. No se suponía que nadie supiera sobre eso.
Se apartó de la mesa y decidió acostarse. La estrecha cama puesta contra una pared se hundió un poco bajo su peso, y miró a través de la habitación a la pintura blanca sin adornos. No había colgado nada personal, no había traído en una sola cosa de casa aparte de ropa. La mesa de madera cerca de la única ventana de la habitación era el único mobiliario aparte de la cama. La habitación era grande y austera. Le gustaba de esa manera. Se sentía limpio.
Granger había salido después del desayuno. Ya se veía mejor. Apenas una semana ante su presencia y las bolsas bajo sus ojos habían pasado de oscuras cavernas a unas manchas muy débiles. Su piel no parecía tan gris, y había reunido energía para poner al menos un pequeño esfuerzo en controlar sus rizos. Ella nunca sería una belleza, pero ya no le recordaba a un paciente recién liberado de San Mungo. Y todo esto había sucedido sin tocarle nada más que la mano desde la confesión de Hermione a Blaise. Todo lo que ella necesitaba era su presencia.
Supuso que era bueno ser necesario.
«Euforia sin sentido, ¿eh?», había dicho Blaise más tarde, cuando lo había acompañado a bajar las escaleras y habían pasado por el servil y todavía-empleado portero. «El sexo debe ser algo».
Draco había resoplado y Blaise se había ido. Se preguntó a dónde había ido su pequeña ave. ¿Más libros, tal vez, o almuerzo con Potter y Weasley? Tal vez no había terminado realmente las cosas con Weasley y, ahora que tenía otra vez la energía, planeaban encontrarse para tener sexo. Si la información en sus útiles archivos era correcta, tendrían un encuentro desagradable.
Por otro lado, Granger sólo le había dado un beso a Potter sin tocar su piel, así que supuso que tenía que saberlo. Habían pasado meses, pensó. Casi un año. Tenía que haberlo descubierto a estas alturas. Así que sexo, no. Libros, entonces. La investigación era su protección contra el temor de que se quedara con él para siempre, pero ella no poseía un solo libro que no se pudiera encontrar en una tienda y no era probable que escogiera algo especialmente útil en el Callejón Diagon. La información real sólo se encontraría en volúmenes indeseables.
Se quedó con los ojos cerrados durante un rato y esperó a que el dolor de cabeza se disipara. En algún momento lo hizo, y en algún momento después de eso pudo oír la puerta abrirse y cerrarse. Granger había vuelto a su jaula. Al menos le había dado una buena.
Se levantó de la cama y salió a saludarla, cuidando de cerrar la puerta de su habitación. El frío vacío de su habitación seguramente haría que ella le hiciera preguntas, y las carpetas la harían preguntar aún más. No tenía ganas de dar explicaciones hoy.
—¿Te divertiste? —le preguntó. Ella dejó caer una bolsa sobre la mesa y entró a la cocina para poner la tetera. —Supongo que no es mucho esperar que te hayas comprado algo más atractivo que tu habitual juego de suéteres estirados en rojo y dorado.
Ella no volteó, aunque sus hombros se tensaron ante eso y él se rio.
—Eres tan obvia, Granger —dijo.
—Y tú un idiota —le espetó.
—Muy cierto —reconoció—. ¿Me sirves un poco ya que estás en ello?
Ella se mofó, pero era demasiado amable y colocó otra taza. —¿Earl Grey* está bien? —preguntó, pero ya estaba colocando las hojas en la tetera. La tentación de decirle que no picaba su cerebro, pero eso sería un antagonismo sin sentido cuando lo que tenía que hacer era avanzar con ella. Si sólo confiaba en él, incluso un poco, ella podría abrirse y decirle algo que haría que todas las piezas quepan en su lugar. Si siete carpetas demasiado delgadas eran frustrantes, vivir con la única de su clase y no hacer ningún progreso en comprenderla era aún más.
—Sabes que sólo estoy siendo una mierda, ¿verdad? —preguntó mientras se acomodaba en el sofá—.Usa lo que quieras.
—Sé que estás mucho más acostumbrada a las chicas, mujeres, que se arreglan para ti —dijo.
Ella se paró en el mostrador y esperó a que el agua hierva y no lo miró, pero Draco sabía de una grieta cuando oía una. —Algunas mujeres tienen que hacerlo —comentó.
—¿Hacer qué?
—Arreglarse. —Esperó a que ella lo descifrara en silencio y la sonrisa en su rostro cuando ella le entregó el té preparado sugirió que lo había hecho, aunque ella no preguntó más. Eso era un alivio. Pansy se habría acurrucado a su costado y dicho, "¿Lo hago?", y lo obligaría a asegurarle que, no, ella era una de esas mujeres especiales que eran hermosas e interesantes, incluso sin pasar una hora frente al espejo cada mañana. No estaba seguro de haber visto a Pansy sin maquillaje en años. Nunca la había visto así.
Granger, por supuesto, no se acurrucó. Ella tuvo cuidado de no tocarlo y luego se sentó en su propio sillón. Lynx estaba en su regazo en un instante y él sonrió al ver el cuadro que hacían ambos. Mujer en un suéter dorado desgastado con un gato naranja. Apreciaba la forma en que combinaban. —¿Qué? —preguntó ella.
—Nada —contestó—. Tengo una propuesta.
La forma en que lucía nerviosa y se aferraba con más fuerza al mango de su taza le hizo tener que deje de chirriar los dientes conscientemente. No había hecho otra cosa que hacer un esfuerzo por ella desde que había llegado a la Mansión Malfoy y aun así ella asumía automáticamente lo peor. Algún día eso lo iba a obligar a hacer algo que ambos se arrepentirían.
—Hagamos una fiesta —propuso—. Del tipo fiesta de inauguración. —Cuando ella pareció dudar, añadió—: Disiparía los rumores de una vez. Sí, eres una Veela, sí, estamos viviendo juntos, no, no estamos saliendo.
—¿La gente piensa eso? —El nivel de horror en sus ojos era un insulto más—. ¿Piensan que estamos saliendo?
—Algunas personas han sugerido que he perdido la cabeza —dijo—. Rebajarme a ti, y todo lo demás. —Miró sus manos como para transmitir el aburrimiento—. Es tedioso tener que decirle a todo el mundo que te estoy ayudando.
—¿Rebajarte? —Ella lo miró con furia y él sintió una punzada en su estómago que no podía identificar. Tal vez no podía estar arrepentido por haberla herido; ella no le gustaba especialmente—nunca lo había hecho—y nunca había sido considerado de los sentimientos de sus amigos. ¿Estaba molesto porque ella estaba tan enfadada por la idea de que la gente pensaba que estaban saliendo? Era una suposición lógica, y después de todo, él era considerado un buen partido, o lo había sido hasta que llevó a una Veela dependiente al cuarto de huéspedes. Eso, decidió él, tenía que serlo. Se sintió insultado que ella pensara que salir con él era rebajarse.
La presencia de ella en el dormitorio más pequeño era otro beneficio de ser el hombre que su condición había elegido. Se libraría de las brujas que querían dar un paseo por el lado salvaje con un ex mortífago, y también de las que estaban dispuestas a pasar por alto su pasado por los galeones de la familia Malfoy. Se libraría de las brujas en general, aparte de ésta. Estaba cansado de las brujas. Ninguna de ellas era lo suficientemente buena.
—¿Una fiesta? —preguntó—. Podemos arreglar todo eso en una noche. Si invitamos a Pansy, escribirá una de sus columnas de chismes, queramos o no, y todos lo sabrán.
—Todo el mundo lo sabrá —dijo ella suavemente.
Se preguntó si Granger se habría registrado en el Ministerio de la manera en que se suponía que debía, como la criatura que era. Haría que su padre revisara eso y, si ella no lo había hecho, que lo arreglara y modificara. —No estás avergonzada, ¿verdad? —indagó. Las palabras sonaron más gentiles de lo que esperaba. —No es como si lo que te sucedió fuera tu culpa.
—No. —Ella se enderezó. —Por supuesto que no me avergüenzo. No hay nada de qué avergonzarse. Una fiesta suena genial.
A/N - Gracias, lectores asombrosos, por su apoyo. Su energía y entusiasmo estimula la escritura, es verdad, no puedo mentir.
N/T: Está haciendo un frío de la ptm y no sé si soy yo o es este invierno tiene planeado llenarme de medicamentos. Bueno, aquí tienen otro episodio del drama-dramione como un regalo para las bellas personitas que dejaron su sexy review y que ahora son las células de my heart.
*Earl Grey: Según la sabia Wikipedia, es una mezcla de té aromatizada con aceite de bergamota. Tradicionalmente hecha con té negro, existen otras variedades hechas con té verde u oolong aromatizados con bergamota que son llamados de la misma manera. Suele tomarse solo o con un poco de leche. Por su sabor cítrico resulta refrescante y puede tomarse frío. Debido a la intensidad del sabor del Earl Grey original, se considera apropiado para tomar en cualquier momento del día, desde acompañando el tradicional desayuno inglés, entre horas, o, por supuesto a la hora del té.
