Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. Este fic tampoco es de mi autoría, es una traducción autorizada del fic escrito por Colubrina. Este capítulo no ha sido beteado.
LA VARIANTE EQUIVOCADA
(The Wrong Strain)
por Colubrina
Capítulo ocho: Las Consecuencias
Hermione yacía en su cama y miraba fijamente el techo mientras escuchaba irse a los invitados de la fiesta. El techo era alto, apropiado para este apartamento caro. Los techos eran altos, los pisos de madera, la vista era excelente, y ella se preguntaba si alguna vez sería capaz de hacer frente a cualquiera de sus invitados. O a cualquier otra persona. ¿Qué diría la columna de chismes de Pansy? Se lamentaría por siempre el haber aceptado la sugerencia de Malfoy de dar una fiesta. Tal vez podría retirarse al mundo muggle y nunca volver a comprar en el callejón Diagon. No era como si pudiera conseguir un trabajo en el mundo mágico. Nadie contrataría a una criatura, sobre todo no una propensa a derretirse de amor cada vez que rozara a su compañero de piso.
Cuando la sala de estar quedó en silencio por un tiempo, decidió que era seguro salir. Cuando se asomó cautelosamente de su habitación, el apartamento estaba casi vacío. Sólo Malfoy, Zabini e, improbablemente, Harry permanecían allí, todos sentados alrededor de la mesa. Una botella de whisky le hizo saber lo que habían estado haciendo para pasar el tiempo mientras ella se recuperaba. —¿Quieres uno? —preguntó Zabini.
—Más que nada en el mundo —respondió con honestidad.
Le sirvió un vaso y lo tomó. Habían dejado su silla vacía y se hundió en ella y miró a los tres hombres.
—Bueno —dijo Zabini—. Eso fue divertido.
Malfoy casi gruñó y Zabini levantó las manos fingiendo sumisión. Hermione no creía que realmente él lamentara lo más mínimo por el comentario. Él había disfrutado cada momento del drama de la noche. Maldición, él había sido el que le contó a Parkinson sobre el efecto que Malfoy tenía sobre ella. Ella debería estar enojada con él, pero todo lo que realmente sentía era cansancio.
Harry se encogió en su asiento. —Lo siento —dijo—.Debería haberte detenido antes de que te derrumbaras sobre él.
—No es tu culpa —habló Hermione automáticamente. Había dicho eso tantas veces desde que esto había sucedido. Se lo había dicho a Fleur, que la había presentado con su primo. Le había dicho a Ron, que sintió que de alguna manera debería haberla protegido. Incluso se lo había dicho al primo demasiado guapo con el que había tenido una cita. La cena había sido agradable. El sexo había estado bien. Había pasado un buen rato, aunque no espectacular. No había planeado una segunda cita, y probablemente ni siquiera lo hubiera vuelto a ver si no la hubiera convertido en esta cosa extraña mitad Veela. Él no sabía que portaba la infección, no sabía que podía infectarla. "No tenía los síntomas", había dicho Fleur mientras le temblaban las manos. "Es una condición específica de las Veelas. Él no sabía".
"No es culpa suya", había dicho Hermione, aunque estaba bastante segura de que lo era. Él, como la Veela regular que era, sólo necesitaba una serie de pociones para curarse. Ella trató de no amargarse al respecto y tomó un largo trago de su whisky. Era, previsiblemente, lo bueno. Mientras permaneciera con Malfoy siempre tendría lo mejor de todo.
—Juguemos algo de verdad o verdad —dijo Zabini—. Funciona así, te hago una pregunta y la contestas con honestidad. —Antes de que Hermione pudiera decir que no, él pasó el dedo por el borde de su copa y añadió—: A menos que estés asustada.
—Acabas de ver lanzarme a Malfoy como si fuera un pastel de chocolate y que me moría de hambre —dijo Hermione—. Dudo que puedas encontrar algo peor.
—¿Te gusta? —Ella se quedó boquiabierta y él sonrió como un gato satisfecho—. Cuando estás drogada* por Malfoy, te gusta eso.
—Por supuesto que no —Harry replicó.
Hermione respiró hondo y se preparó. —Sí —admitió ella. Zabini lucía triunfante. Los dedos de Malfoy se apretaron alrededor de su vaso hasta que sus nudillos se pusieron blancos, pero aparte de eso no respondió. —Mientras estoy en trance, es maravilloso. —Tomó un sorbo y tosió cuando el líquido trató de invadir sus pulmones.
—Tu turno —le dijo Zabini a Harry.
—¿Por qué la aceptaste? —preguntó Harry a Malfoy.
—Porque no soy un monstruo —dijo Malfoy—. Dejó su vaso en la mesa con un sonido fuerte y el whisky restante se deslizó por un lado. Hermione miró fijamente, no deseando encontrar sus ojos ante esta pregunta. —He conocido a varios de ellos, y elegí no ser uno —añadió lo que sonaba como un entusiasmo forzado a su voz—: Y no es una carga compartir un piso con una mujer razonablemente bonita. He sufrido peor.
—Aún así —dijo Harry—. Lo que haces es mucho más en base a lo que te dijo ella.
Malfoy soltó una severa risa. —Por favor, Potter —dijo—. Para el momento en que salió el sol, teníamos todos sus registros médicos en nuestras manos. ¿De verdad creías que sólo confiaba en ella?
—Esos son privados —dijo Hermione.
Draco la miró y se frotó el pulgar y los dedos. Ella comprendió de inmediato. Tanto dinero significaba que nada era privado. Esperaba que los detalles de las diversas cicatrices que tenía, cortesía de los mortífagos, le hubieran dado al menos un estremecimiento de culpa. Esperaba que él haya leído sobre cómo todavía tenía pesadillas de vez en cuando, gracias a su tía, y se sintiera miserable. Esperaba que Draco se sintiera terrible debido a que ella no podía soportar que le tocaran el cuello porque le recordaba al cuchillo en su garganta con una claridad paralizante.
El cuchillo y todo lo que había pasado después.
Cuando se arriesgó a mirar su cara, él la estaba mirando. Era su turno en el pequeño juego de Blaise. —¿Por qué no me dijiste que no puedes tocar a nadie más?
—No era de tu incumbencia —dijo— ¿Lo sabías de todos modos?
—Sí —dijo—. Esa simple respuesta la removió porque sabía que no había estado en sus expedientes. Odiaba que las enfermeras la tocaran, pero la mayoría de veces llevaban guantes que atenuaban el efecto lo suficiente para que ella lo ocultara. Draco había obtenido más, de alguna manera, que su historia médica de San Mungo.
—Necesitan tocarse más —dijo Blaise. Antes de que ella pudiera gritarle que si no había visto lo que eso podía hacerle, y que si él tenía la impresión de que ella quería parecer aún más indefensa, él levantó una mano para que se detuviera. —No has hecho tu investigación.
Eso era aún más chocante, pero esta vez fue Malfoy quien logró decir una palabra. —No hay mucha información disponible sobre lo que es ella.
—Ah —contestó Blaise—, pero hay mucha de la usual y hermosa variante. —Hermione tomó un largo trago de su bebida en lugar de tirar el vaso directo a su cabeza. El whisky rozó y quemó a medida que bajaba. El alcohol, ella sabía, funcionaba como un desinfectante. Lástima que no podía descontaminarla de la misma manera que podía aniquilar algunas infecciones mágicas.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Malfoy.
—A menos que la quieras colgando de tu brazo como Pansy a los dieciséis años cada vez que rocen, ella necesita desarrollar una tolerancia —dijo Blaise—. Las personas normales, cuando pasan más tiempo junto a una Veela, se ven menos afectadas. Piensa que si ustedes dos dejaran de abstenerse del contacto, ella se calmaría un poco.
Hermione miró a Malfoy sintiendo un destello de esperanza. —Eso podría funcionar —dijo. Cualquier cosa para evitar una repetición de esta noche era lo que ella quería decir.
Blaise se levantó e hizo un ademán de limpiarse las migajas inexistentes de sus pantalones. —Ahora que eso está resuelto —empezó—, me prometieron el viaje de mi vida si me comportaba en su pequeña fiesta, así que, si me disculpan, seguiré mi camino.
Se fue.
Harry, Malfoy y Hermione se miraron el uno al otro. —No me gusta esto —habló Harry—. No me gusta nada de esto.
—No tenía idea de que tus gustos fueran tan exigentes —dijo Malfoy. Harry frunció el ceño, no entendiéndole —. Ese es un pequeño lote de whisky, envejecido en un barril de roble durante más de veinticuatro años, Potter. Si eso no es de tu agrado, no estoy seguro de qué más puedo ofrecer.
Hermione tuvo que aguantar una risa que parecía casi traicionera.
—No me gusta que Hermione esté a tu merced —dijo Harry—. La boca de Draco se apretó en una línea ante eso y Hermione sintió el impulso de defenderlo. Ella se resistió. —Una vez que la tocas, ella queda indefensa, podrías decirle que haga algo, hacerle cualquier cosa, no me gusta que Zabini haya dicho que lo haga más veces.
Hermione pudo decir que Draco tuvo que forzar la condescendencia en su voz. —Sí —indicó—, toda la situación es como el sueño húmedo de un sádico, lo admito. Qué suerte para ella que personalmente no disfruto ver a la gente sufrir. No tanto.
—Te odio —dijo Harry. No confío en ti en absoluto.
—Lo sé —respondió Malfoy—. Eso es lo que hace esto tan divertido.
—¿Podemos intentarlo? —Hermione tuvo que detenerlos antes de que saquen sus varitas y regresen a su niñez —Si se excede, puedes simplemente lanzarle una maldición, ¿de acuerdo Harry?
—¿Quieres que él vea? —preguntó Malfoy—. No tenía ni idea de que fueras tan liberal, Granger.
—Vete a la mierda —Harry soltó—. No tienes que hacer esto, Hermione.
Ella se movió para sentarse al lado de Malfoy de todos modos. Ella no quería hacerlo, se mintió a sí misma, aunque sus dedos ya picaban para acariciar su piel. Esto era solo un experimento. —Si Zabini tiene razón, lo haré —dijo—. No puedo tener un ataque cada vez que lo toco por accidente.
—¿Y si se equivoca?
—Si no arriesgas, no ganas —expresó—. Valor Gryffindor, ¿no?
Malfoy sacó su varita y la extendió hacia Harry a través de la mesa. —Para que te sientas más a gusto —dijo—. El héroe está armado y no yo.
Hermione esperaba que eso la hiciera sentirse más segura, pero no lo hizo. No estaba segura si eso era porque no confiaba en él en absoluto, incluso sin una varita a su alcance, o porque sabía que él no le haría daño. —¿Listo? —le preguntó.
—En cualquier momento, Granger.
Ella puso su palma contra la suya.
*Solo imaginen que en este caso Draco es como la droga xD.
N/T: El capítulo vino más rápida de lo que creíamos (inserten ojitos de whatsapp).
