Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. Este fic tampoco es de mi autoría, es una traducción autorizada del fic escrito por Colubrina.


LA VARIANTE EQUIVOCADA

(The Wrong Strain)

por Colubrina

Capítulo catorce: La Conversación


Hermione se sentó en el sofá girando su broche de pluma hacia adelante y atrás en una mano. Lynx se había acurrucado en su regazo en el momento que había llegado a casa y comenzó a ronronear. El pelo anaranjado sería una pesadilla para quitar de la tela negra, pero no podía obligarse a apartar al pequeño gato. Gracias a Dios, supuso, por la limpieza mágica. —Malfoy —llamó ella.

Él levantó la vista del libro que había estado fingiendo leer. No habían hablado desde que volvieron del almuerzo. Ella se había quitado los zapatos, se había sentado en el sofá y meditado. Ella había pensado en Narcissa, la violencia de Malfoy, el curry. Había pensado en las burlas y los prejuicios que nunca desaparecían por completo, y sobre el broche que estaba sosteniendo ahora.

—Granger —dijo.

—¿Qué paso hoy?

Malfoy dejó el libro cuyas páginas no había volteado en al menos veinte minutos y dijo—: Almorzamos con mi madre. Estuvo más agradable que de costumbre. ¿Tu asunto ese de Veela incluye demencia? Porque realmente no estoy seguro si estoy dispuesto a recordarte que necesitas cambiar tus calcetines.

La descripción de Narcissa como "más agradable que de costumbre" la distrajo de lo que había querido decir. La mujer había sido condescendiente, presumida, había comido curry parada en un bar con una gracia total. Era tan irritantemente opaca como su hijo. —¿Cómo es menos agradable? —Hermione preguntó.

—Cuando teníamos dieciocho años se habría negado a sentarse en la misma mesa que tú —dijo Malfoy como si la respuesta fuera obvia—. Podría haberse negado a comer en un restaurante que te haya contratado para que no contamines la comida de alguna forma.

—Encantadora —murmuró Hermione.

—Esos son los Black para ti —señaló Malfoy—. Encantadores. —Miró el broche con el que aún estaba jugueteando y le preguntó—: ¿De verdad creías que era bisutería?

—Fueron cinco libras —dijo en vano. Sí, había sido muy bonito, pero pensar en cualquier otra cosa a ese precio habría sido una locura. Había estado sucio cuando lo encontró, y había usado un hechizo de limpieza para hacerlo brillar. Hermione había estado tan complacida consigo misma por encontrar lo que ella había supuesto como una buena falsificación. Pensó con aire de suficiencia que probablemente valía un par de cientos de libras, un verdadero hallazgo, y ahora había descubierto que se trataba de diamantes reales en lugar de buenas imitaciones. Ni siquiera había pensado en verificar.

—Te sienta bien —comentó Malfoy—. Deberías ponértelo más seguido.

—Creo que ahora también estoy asustada —dijo— ¿Qué pasa si lo pierdo o me lo roban?

Él levantó las cejas. —Entonces habrías perdido cinco libras. Vivirás.

—No lo haré si vas a Azkaban —expresó.

—¿Perdón?

—Si vas a Azkaban por asfixiar a ese hombre —comenzó, luego se detuvo. No era como ella había querido comenzar. ¿Por qué lo hiciste?, había querido preguntar. ¿Qué demonios te poseyó para hacer eso?

—No iré a prisión —indicó Draco. Le pasó una hoja de papel que se alejó de su mano, se dobló en un pájaro y voló a través de la habitación hacia ella. La pequeña exhibición la hizo sonreír, y casi se sintió mal por terminar con la vida de la pequeña ave mágica, pero de todos modos la extendió y leyó la hoja. Era una nota de Lucius Malfoy.

Tuve que lanzar un Obliviate a trece personas y tu madre arruinó sus zapatos al pisar algo en la miserable tienda de curry a la que tú también llevaste. Por favor, encuentra una mejor clase de restaurantes para patrocinar. ~ L.

—Oh —dijo ella.

—Oh —imitó Malfoy—. No voy a ir a Azkaban, Hermione.

Hubo una larga pausa donde ambos se miraron el uno al otro. Por último, agregó, casi a la defensiva—: Dormimos en la misma cama algunas noches. Deberíamos llamarnos por nuestros nombres.

—Bien —dijo ella—. Draco.

Se sintió extraño llamarlo así. Se sentía como si estuviera hablando de otra persona. Draco no era el matón de la escuela que se había convertido en un hombre razonablemente decente y algo enigmático. Draco no era la ilusión casi perfecta que ella idolatraba cuando estaba en su confusión. Él estaba en algún lugar entre los dos mirándola como si pareciera extraño escuchar su nombre de sus labios, ella también sintió lo mismo cuando lo dijo. —¿Es Draco o Draconius? —preguntó—. Nunca he estado segura.

—Simplemente Draco—respondió.

Hermione lo miró, él todavía con su ropa elegante, y tomó la nota de su padre y se la devolvió. Cayó a medio camino entre ellos y se quedó en el suelo, burlándose de su falta de destreza. Draco nunca había sido algo simple, ni siquiera cuando era un niño horrible. —Hermione es mi nombre completo también —explicó.

—Gracias a Merlín —dijo. —No puedo imaginarme lo horrible que sería tu nombre si esa monstruosidad fuera la versión abreviada.

—¿Por qué lo estrangulaste? —ella decidió ignorar ese comentario grosero y responder con una pregunta directa.

Draco la miró, luego hacia sus manos. —Creo que bebí demasiado —respondió. —Lamento si hizo preocuparte que termine yendo a Azkaban, pero está bien. Todo ha sido silenciado. En estos días mi madre simplemente me pone tenso y una copa o tres me ayudan. Nunca fui el chico bueno, ya sabes. Le rompí la nariz a Potter en sexto año, casi maté a varias personas.

—Pero...

—Hermione —dijo, y las palabras sonaron desesperadas—. Ya déjalo, está bien. Lo siento. No lo volveré a hacer.

Ella asintió con la cabeza lentamente, aunque iba contra cada pelo que tenía y la hacía sentir como un gato siendo acariciado del modo equivocado. ¿El hombre se encontraría bien? Lucius Malfoy no había considerado apropiado incluir eso en su pequeña nota, aunque supuso que podría haber sido más difícil cubrir un asesinato bajo una alfombra que un asalto. —Sabes —empezó, medio insegura de si quería compartir esto—, fue algo amable.

Draco Malfoy con un accio atrajo hacia él la nota de su padre y la desdobló. —¿Lo fue? —preguntó—. No tenía idea de que tuvieras tal deseo por la violencia, Gran... Hermione. Aunque dada la forma en que me golpeaste esa vez, no debería estar tan sorprendido.

Ella miró hacia abajo. Odiaba admitir esto, pero su cualidad de honestidad despiadada la mantuvo hablando. —El tenerte... cuando nos obligaron a abandonar el lugar, yo estaba... se sintió bien. Se sintió... se sintió maravilloso.

—Me alegra —dijo. Se puso de pie y dejó el libro. —Voy a cambiarme a algo más cómodo y leer en la cama por un rato, tal vez tome una siesta por la tarde. ¿Quieres venir conmigo?

—Para ayudar con la inmunidad —agregó.

—Por supuesto —dijo.

Draco no hizo ningún comentario sobre los casi andrajosos pantalones Gryffindor que Hermione estaba usando cuando se unió a ella, o en la forma en que Lynx había tomado una esquina de la cama. Él simplemente se sentó contra su cabecera y abrió el libro que no había estado leyendo antes y procedió a no leerlo nuevamente. Ella echó un vistazo al título, *Rickettsia y la Zoonosis Micótica, y decidió que tenía que ser dolorosamente aburrido y que podría afectarla. En lugar de preguntar sobre eso, se acurrucó contra su costado y dejó que la sensación de bienestar la invada. Ella se acurrucó aún más cerca y él soltó una pequeña risa que la hizo golpearlo. —No es mi culpa que no obtengas la buena parte de esto —dijo—. Lo compartiría si pudiera.

—Estoy conmovido —comentó. Él continúo tratando de abrirse paso a través del libro, pero una mano se deslizó hacia el cabello de Hermione y envolvió una y otra vez un único rizo alrededor de su dedo antes de soltarlo, solo para envolverlo nuevamente. La sensación de él jugando con su cabello la hizo suspirar de placer y ella lo rodeó con un pie.

Ella no había usado calcetines.

Tampoco él.

Su pie rozó contra su piel y ella abrió los ojos y lo miró fijamente. Él se sacudió y la miró, la culpa en sus ojos. —No pensé —comenzó Draco.

Él se detuvo, tal vez porque ella lo estaba mirando. Sus ojos grises intentaron seguirla mirando fijamente, pero los nervios que los llenaban lo hicieron difícil. —Todavía puedo pensar —dijo Hermione. Era difícil. Era tan, tan difícil. La mayor parte de su mente solo parloteaba que él era maravilloso, tan maravilloso, y que ella era tan afortunada de que él estuviera allí mismo, en su cama. El impulso de olerlo recorrió sus pensamientos, pero a través de todo eso tenía un pequeño túnel de racionalidad. Él había atacado a alguien de repente, había sido intensamente violento por ella y eso no tenía ningún sentido en absoluto. Vivir con ella para mantenerla viva podría ser el comportamiento de cualquier persona decente, incluso de una que no la quisiera personalmente. Este contacto continuo tenía un sentido pragmático. Nadie quería que ella entrara en un trance de Veela en público. Pero ponerse violento para defender su honor no encajaba nada en eso. No era algo que Draco Malfoy haría. —Draco —dijo ella—. Algo está mal.

—Oh, Salazar—dijo él—, no me digas que el curry te está haciendo daño. Si vomitas sobre mí, te juro, nunca te lo perdonaré.

—No es eso —reveló ella.

Él puso la mano en su frente. —No estás caliente —dijo. Su expresión cambió de preocupada a despectiva. —Ve a dormir. Cualquier sea el pensamiento que entró en tu cabeza vacía de Veela, Hermione, está bien. Me ocuparé de eso.

Ella se acurrucó contra él una vez más, su pie aún presionado contra el suyo. —Lo resolveré —declaró ella.

—Haz eso —dijo. Estaba bastante segura de haberlo oído murmurar—, loca —pero lo ignoró para preguntarse qué lo hacía formar parte de sus pensamientos. Ella no había llegado a ninguna conclusión más allá de que él era maravilloso, pero esa no era una explicación suficiente cuando se quedó dormida.


*Rickettsia son bacterias causantes de enfermedades infecciosas transmitidas por mordeduras, picaduras, rasguños y alimentos contaminados.

N/T: Capítulo extra de regalo :3