Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. Este fic tampoco es de mi autoría, es una traducción autorizada del fic escrito por Colubrina.
LA VARIANTE EQUIVOCADA
(The Wrong Strain)
por Colubrina
Capítulo diecinueve: El Retorno a Casa
Cuando Draco regresó de la Mansión, se veía un poco pálido y Hermione podía sentir sus cejas fruncidas por la preocupación. La preocupación simplemente aumentó cuando él dejó cinco libros en el mostrador de la cocina y se volvió para mirarla, cambiando de un pie al otro con una vulnerabilidad no característica. Draco no mostraba emociones. No así.
—¿Tuviste una buena visita? —preguntó ella. Parecía mejor ser cautelosa e intentar preguntar qué lo había dejado tan triste.
—Sí —dijo.
La murmuración de la falta de formalidad envió llamadas de advertencia y ahora ella se había incorporado, marcó la página en su libro de romance de Veela, y lo dejó. La heroína tenía, como era de esperarse, una discusión con su amante por un malentendido que incluso la más básica de las conversaciones lo habría aclarado. Parecía ridículo para ella. ¿Por qué la gente no hablaba entre ellos?
—Mi padre estaba allí —indicó Draco—.Me contó una larga historia sobre un gato que había tenido de niño.
—Raro —dijo Hermione. No había pensado en Lucius Malfoy como un amante de los gatos. —Aunque bonito, creo.
—Lo fue —dijo Draco—.Raro, quiero decir. —Soltó una risa forzada—.Raro es una buena palabra para eso.
—¿Encontraste algún libro que pueda ser útil? —preguntó. Ella estuvo de acuerdo con Draco en que el proceso de apareamiento del hombre lobo probablemente no se parecía en nada a lo que sea haya llevado su infección para ver a Malfoy como la respuesta: había decidido que era un simbionte de carácter fuerte, con una mente propia, pero la minuciosidad de la investigación exigía que esa piedra sea volteada y lo que sea que estaba debajo de ella sea examinada.
—Supongo —dijo. Miró la pila de libros e hizo una cara que no pudo descifrar. —¿Importa?
—¿Draco? —Había estado tratando de descifrar toda esta situación desde que había comenzado. Ambos lo habían intentado. Desde las aventuras de Feder Plume con las zoonosis mágicas, a romances de Veela, las conductas de apareamiento de los hombres lobo, habían hurgado en todos los rincones y grietas que habían pensado que podrían explicar cómo habían terminado juntos. Al principio, ella no había querido nada más que encontrar una manera de darle fin a todo esto, y comprenderlo había sido un primer paso lógico. Ahora, si ella fuera honesta, había sido guiada por nada más que la curiosidad. ¿Por qué terminar esto?
—Es solo que —comenzó, luego se detuvo y tragó con tanta fuerza que ella pudo ver su garganta moverse de arriba a abajo desde donde estaba sentada. —¿Importa? —preguntó, comenzando de nuevo. —Tal vez no deberíamos perder tanto tiempo tratando de determinar por qué terminaste conmigo y simplemente... probablemente ni siquiera hay una respuesta, ¿verdad? Probablemente sea algo desconocido.
Hermione dudaba que fuera desconocido. La magia nunca parecía ser así. —Odio que estés atrapado conmigo —dijo—.Sé que preferirías no estarlo.
—Podría ser peor —comentó. Un débil eco de su sonrisa arrogante habitual apareció. —Estoy ligado mágicamente a la bruja más inteligente de nuestro año, que no está nada mal. ¿Imaginas si hubiera sido Pansy? Siempre ha demandado más atención que cinco brujas, y eso es sin un virus mágico que haga que ella me necesite. Ella sería una enredadera que con tanta fuerza me exprimiría la vida.
—Podría haber sido Zabini para mí —dijo Hermione, medio burlona, medio horrorizada—, o, lo que es peor, Goyle.
Por una razón que ella no pudo entender, la sonrisa de Draco desapareció y lucía enfermo. —Zabini no habría sido tan malo —dijo.
Hermione trató de no hacer una mueca ante eso. No odiaba exactamente al arrogante imbécil, pero era incluso más irritante que un Ron enfermo, y eso era decir algo.
—No —dijo Draco—.Él se habría sentido ofendido ante la idea de ser tan descortés como para permitir que alguien muera en tu situación. Él hubiera estado bien. Es posible que te cansaras de la alta cocina, porque no creo que coma en casa, y sería un bastardo por la forma en que te vistes, pero él estaría bien. Se aseguraría de que estuvieras viva y feliz.
—Como tú —indicó ella.
La sonrisa de Draco volvió a aparecer. —Bueno, estaría bajo la responsabilidad de cualquiera de nosotros el dejar que alguien en tu posición sufra. El orgullo de los sangre pura y todo. Obligación de nobles.
—¿Y Goyle?
La sonrisa desapareció. —Él te habría mantenido viva.
—¿Como tú y Zabini?
—No. —La respuesta de Draco fue demasiado brusca y demasiado corta, y ella abrió la boca para preguntar qué quería decir, pero antes de que pudiera, él dijo, con pánico en sus ojos—: Somos amigos, ¿no? Sabes que yo no... no tomaría ventaja.
Hermione sintió que se ponía de pie. Ella no había querido ponerse de pie, pero él lucía tan confundido, y cruzó para pararse cerca de él, como si la proximidad respondiera a todas las preguntas que no sabía cómo articular. Sin embargo, cuando buscó sus ojos grises, solo cayó más profundamente en la confusión. Él estaba mordiendo una esquina de su labio inferior, dientes perfectos presionando la carne rosada, y ella no podía dejar de mirar esa boca. —Somos amigos, ¿verdad? —preguntó de nuevo él—.Sé que no lo fuimos cuando esto comenzó, ¿pero ahora lo somos?
Amigos, pensó ella, sus ojos fijos en esa boca. —Amigos —dijo ella.
Él debió de tomar esa palabra medio desamparada como confirmación porque sus hombros se hundieron en lo que tenía que ser alivio, y puso las manos en su cintura y la atrajo hacia él con cuidado de no rozar contra la piel desnuda. —Nunca dejaría que nadie te lastimara —dijo.
Ella presionó su mejilla contra su camisa e inhaló antes de decir—: Soy una bruja bastante temible, ya sabes. No necesito que vayas por allí defendiendo mi honor.
—Aún así —dijo—.Esta situación es tan... solo quería decirlo. Que no voy a permitir que nadie se aproveche de ti solo porque estás enferma.
Hermione se preguntó qué habría dicho Lucius Malfoy después de que terminara de rememorar a su gato. Tenía la sensación de que eso había provocado esto, pero sabía que Draco nunca vendría directamente a quejarse del hombre. Lo había idolatrado por mucho tiempo. Ella se conformó con decir—: Lo aprecio, —en lugar de preguntar de qué se trataba todo esto.
—Encontré algunas túnicas en el ático para que las miraras —dijo sin dejarla ir—.Mi mamá las enviará por correo. Solo elige lo que quieras, o ninguno, pero parece que te gustan las ropas viejas y hay algunas cosas bonitas en su almacén.
—¿Bonitas como los corsés de Bellatrix? —Hermione preguntó. Estaba orgullosa de sí misma por haber podido decir el nombre de la mujer sin temblar. Eso no siempre había sido cierto.
—No —dijo Draco con total condena en su voz—.Su falta de juicio se extendió hasta su ropa vulgar. No, encontré la alta costura para ti.
—¿La costura muggle?
—Arte es arte —dijo. Ella rio y él la envolvió en un abrazo que nadie podía negar que era un abrazo y no, tal vez, exactamente el tipo de abrazo que le das a un amigo. —¿No te preguntaste por qué mi madre reconoció a Chanel?
—Decidí no preguntar —dijo Hermione.
—Ella puede pensar que los muggles son inmundos, y mi abuela y bisabuela, y así sucesivamente, podrían haber estado de acuerdo, pero para obtener buena ropa desviarían un poco la vista y desarrollarían un caso temporal de igualdad.
—Bien —dijo Hermione.
Él movió sus manos por su espalda y alcanzó la parte baja de su blusa. Sus manos tocaron su piel, y ella sintió que la corriente la inundaba. Él comenzó a disculparse y soltarla, pero ella levantó las manos y las colocó a cada lado de su rostro. Él se congeló y ella pensó que podía ver lágrimas brillar al borde de sus ojos. —Confío en ti —dijo. Luego, nuevamente, —confío en ti.
—¿Puedes luchar contra la confusión? —preguntó.
—Sí —dijo ella—.Simplemente me agota.
—Entonces no —dijo—.Te tengo. —Su voz tembló un poco cuando dijo—: Puedes confiar en mí, Hermione. Simplemente... nos sentaremos en el sofá y leeré.
—Los libros de hombres lobo —dijo ella.
Él dejó escapar un sonido ahogado. —No me importa cómo funciona esto. No me importa por qué yo. No quiero saberlo. Solo quiero sentarme contigo y leer sobre Quidditch.
Ella se dejó llevar por eso. Había sido más fácil luchar contra el impulso de deslizarse en el deleite sin sentido ante su toque, pero había una sensación de alivio indescriptible en simplemente dejar que la cautivara. Una parte de su mente susurró que esto era peligroso. Él podría hacerle cualquier cosa cuando ella estuviera así y ella solo le decía que él era maravilloso, pero confiaba en él. Confiaba en él no por esta enfermedad que de alguna manera había alterado su ser en una criatura que le decía que lo hiciera, sino porque sabía que él era, en esencia, absolutamente confiable. Había servido a los mortífagos y Lord Voldemort para salvar a sus padres a pesar de que casi lo habían roto. Él haría cualquier cosa para salvarla. Él nunca, nunca la lastimaría.
Él la levantó y ella simplemente apoyó su mejilla contra su hombro y dejó que la cargara hasta que él se sentó y ella se acurrucó contra él, inundada de felicidad y placer. Cuando él acarició su cabello con un movimiento casi perezoso ella deseó poder ronronear.
—A las Harpies les está yendo bien —dijo. Su voz sonaba muy lejana. A ella no le importaba lo que él dijera. Solo le gustaba el timbre de su voz. —Tu amiga Ginny parece ser una buena adición al equipo. Deberíamos ir a verlas algún día.
Ella rodó sobre su espalda para poder mantener su cabeza en su regazo y mirar su rostro perfecto. No sabía por qué, pero tenía una lágrima corriendo por una mejilla. Ella llevó una mano para limpiarla. —Está bien, Draco —dijo—.Eres maravilloso.
—Ojalá fuera cierto —expresó. Él besó su palma, lo que envió emociones a través de todo su ser. ¿Cómo sería besarlo de verdad? ¿Cómo sería el sexo? De repente, quería saber más que nada en el mundo. Ella había tenido experiencias tan aburridas y olvidables, pero con Draco no podía ser otra cosa que maravilloso por este asombroso e increíble regalo de Veela. Sería éxtasis. —Pero puedes confiar en mí —prosiguió él—.Somos amigos y me ocuparé de ti. Pase lo que pase.
Amigos. Cierto. Compañeros de piso. Compañeros. No personas que tenían sexo. Eso era, ahora que ella consideró las posibilidades, un poco decepcionante. Más que un poco. Tal vez podría convencerlo de que los amigos eran un buen comienzo, pero podrían ser mucho más.
Ella tiró de su mano hacia abajo y se acurrucó contra él y se durmió mientras él leía sobre Buscadores y Cazadores.
N/T: :)
