Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, todo es obra de J.K Rowling. Este fic tampoco es de mi autoría, es una traducción autorizada del fic escrito por Colubrina.


LA VARIANTE EQUIVOCADA

(The Wrong Strain)

por Colubrina

Capítulo veintiuno: La Veela


Draco tomó un largo y lento trago de su cerveza y observó a su Veela. Su vestido se arremolinaba a su alrededor como el humo, y los ojos que había sombreado con pintura oscura destellaban cada vez que lo miraba. Blaise la mantuvo girando, ignorando las miradas de resentimiento que le lanzaban. Una mujer que había estado unos años por delante de él en la escuela se esforzó por apartarse del camino de Hermione como si su contacto contaminara, y Draco memorizó la cara. Se encontraría desempleada el lunes. Para el miércoles su arrendador se disculparía profusamente cuando le entregara una notificación de desalojo.

—Pensé que no la dejabas acercarse a otras personas.

Draco miró a Pansy. La había visto caminar por el lugar por el rabillo del ojo, pero aún no la había reconocido. Ella se había envuelto en corsés y tacones que probablemente pensaba que eran atractivos, y una diadema con orejas grises que estaba medio inclinada sobre su cabeza.

—¿Qué se supone que eres? —preguntó aunque lo sabía. Ella no era más que predecible.

—Soy un ratón —dijo—.Duh. ¿Ahora la estás prestando?

Draco despidió a Pansy y volvió a mirar a la pareja. Blaise le sonrió por un momento y él puso los ojos en blanco ante el atrevimiento que había cometido. Blaise podría bailar con ella toda la noche y ella seguirá siendo suya. Hermione bailaba para que él la viera, y todos lo sabían. Ni siquiera podía tocar a Blaise. Ella no quería hacerlo. Quería que él la mirara y él apenas podía apartar los ojos. Podía sentir cada pulso de sangre latiendo en las venas de Hermione mientras se movía. El verla animada y feliz como ahora, hizo que su respiración se acelerara y su boca se secara. La música se detuvo mientras la escena terminaba y el baile de ella se detuvo, pero el corazón de Draco ni siquiera disminuyó su insistente ritmo. Blaise sostuvo su mano enguantada y le hizo una reverencia y ambos lo miraron con diversión en los ojos. Draco levantó su botella hacia ellos en un brindis y sus sonrisas crecieron. Si se tratara de alguien que no sea Blaise, o tal vez el desgraciado Potter, estaría planeando un asesinato. Si se tratara de alguien que no fuera Hermione, él le estaría dando pretextos a Goyle y la llevaría a su casa.

—¿Qué eres? —preguntó Pansy, aún tratando de llamar su atención.

—Un cuervo —respondió. Hermione se acercó y extendió su mano para tomar su bebida. Él se la pasó y trató de no mirar su boca mientras ella ponía sus labios alrededor del cuello de la botella y bebía un largo trago de cerveza. Se había prometido a sí mismo que no se aprovecharía. En el momento en que él tocara su boca, ella estaría perdida. Estaría mal.

—Bien —dijo Pansy—.Siempre te has visto bien de negro.

Blaise agitó su mano para ordenar otro de sus repugnantes brebajes. Tragó la mitad y luego hizo un ruido de disgusto. —¿Quién invitó a la Veela? —preguntó.

Draco podía sentir sus pelos de punta casi instintivamente, pero sabía que el otro hombre no podía decir eso de Hermione y por eso siguió la mirada de Blaise hasta que sus ojos se posaron en un hombre rubio que se dirigía hacia ellos. Parecía que casi brillaba y se movía con una gracia etérea e imposible. Casi todas las mujeres en la sala detuvieron lo que estaban haciendo y se giraron para seguir su avance. Ellos eran un campo de girasoles frente a una estrella inalcanzable.

—¿Ah? —dijo Blaise—.No sabía eso sobre Theo.

Draco miró a su amigo, sorprendido de que estuviera aquí, aunque parecía que todos lo estaban. Incluso había visto a uno de los intercambiables hermanos Weasley. Theo, sin embargo, era tranquilo y solitario. Odiaba cosas como esta y rara vez había dejado la Mansión Nott desde la guerra. Ahora estaba de pie, bañado por la luz pulsante y balanceándose sobre las puntas de sus pies. Se inclinó hacia la Veela que pasaba, con el deseo vacío en su cara estrecha.

—Ah—dijo Draco de acuerdo. Esperaba ver el mismo anhelo vidrioso en el rostro de Hermione, y se preparó para no verla de esa manera hacia otra persona, pero ella solo estaba leyendo la etiqueta en su botella.

—¿Sabías que esto tiene chocolate? —preguntó ella—.Tal vez por eso es tan bueno.

—Hermione —arrulló Pansy—.Te acuerdas de Jean, ¿verdad?

Hermione levantó la vista y finalmente vio que se acercaba la Veela. —Jean —dijo con lo que parecía un placer genuino y despreocupado—.No sabía que estabas en Gran Bretaña. Deberías habérmelo dicho.

Jean se inclinó sobre su mano antes de decir, con una leve culpa que coloreaba sus palabras—: No estaba seguro de que quisieras verme.

—No lo sabías —dijo ella—.No fue tu culpa.

Draco entrecerró los ojos y estudió a la Veela con su brillo y su acento francés y luego se volvió hacia Pansy. Ella estaba observando la reunión con una anticipación maliciosa escrita en toda su cara, pero cuando Hermione y Jean intercambiaron las cortesías de personas lo suficientemente felices como para reunirse de nuevo a pesar de ser casi indiferentes entre sí, su alegría se desvaneció y una sonrisa sombría y forzada tomó su lugar. No habría fuegos artificiales aquí.

—No me di cuenta de que era una fiesta de disfraces —dijo Jean—.Me siento muy tonto sin siquiera una máscara.

Draco se quitó la suya y dijo—: Un regalo.

Un intercambio, pensó.

—Hermione tampoco está disfrazada —dijo Pansy mientras Jean sonreía sus gracias y se puso la máscara de plumas en la cara. Eso pareció atenuar gran parte de su encanto y se escuchó una exhalación audible cuando la mitad de la vasta habitación volvió a lo que fuera que habían estado haciendo antes de que Jean llegara. Hermione se mantuvo impasible de una manera u otra. Ella había estado más interesada en Blaise e incluso eso se habría cortado bruscamente si él hubiera rozado un dedo contra su brazo.

«Mía», pensó. «Ni siquiera una Veela llama su atención».

Se sintió triunfante hasta que recordó que estaba atrapada. Ella no lo había elegido a él.

—Soy una obscurial —dijo Hermione. Su sonrisa era más aguda que cualquier cuchillo. —La magia salvaje se convirtió en una maldición.

La música comenzó de nuevo y esta vez se hizo paso lentamente por la sala invitando a las parejas a balancearse una contra la otra. Su abuela habría llamado inmoral a lo que la gente estaba haciendo en la pista de baile. Su madre habría hecho un frío comentario acerca de que la danza no debería requerir un encantamiento anticonceptivo. Draco dejó su cerveza y le tendió la mano a Hermione. —¿Podría mi magia salvaje otorgarme este baile?

Su brazalete brilló a la luz cuando tomó su mano extendida, y los ojos de Pansy se posaron en ella. Los celos y la furia resonaron en su voz cuando ahogó—: Bonita pulsera, Hermione. ¿Un regalo de Draco?

Hermione se miró la muñeca. —Sí —dijo ella simplemente. Luego a Draco—: Y sí a ti también.

La acercó a él en la pista de baile. Ella era un haz de tinta oscura con su vestido, cortado por los diamantes que él se había negado a quitar. —¿Feliz que te hiciera dejarlo puesto? —murmuró él en su oído.

Ella se rio y el sonido fue pura felicidad. —Sí. Debería escucharte. ¿Y puedes creer que ella invitó a Jean? Pobre hombre.

Draco podía creer absolutamente que Pansy lo había hecho, pero no respondió. Sólo inhaló. Hermione usaba algún tipo de loción de rosa y el calor de su piel la hizo más fuerte de lo habitual. Sus manos estaban envueltas alrededor de él y se mecía en él y él la deseaba. La había visto bailar con Blaise. La había visto hablar con esa Veela. A pesar de todo, ella solo había tenido ojos para él y era tan hermosa y él la deseaba, él la deseaba, él la deseaba. Oh, Salazar, la deseaba. Le dolía lo mucho que quería arrancarle la falda, cómo quería presionarla contra una de las vigas de acero envueltas con luces de hadas y llevarla allí mismo, en medio de esta ridícula fiesta. Ella tenía que saberlo. No era una niña ingenua, y cuando lo miró a través de las pestañas que nunca había apreciado, supo que lo sabía. Ella sintió que él la presionaba—cómo no podría hacerlo—y no se apartó de él. Su lengua lamió su labio inferior y cuando ese labio se curvó en una sonrisa que provocaba, apretó los dedos que tenía en su espalda con tanta fuerza que tenía que doler. Ella simplemente se presionó más firmemente contra él. Draco no habría pensado que eso fuera posible, pero el espacio se doblaba mientras ella se ajustaba a cada línea de su cuerpo como si hubiera sido hecha solo para él. Solo para él. Ella movió sus caderas mientras se movía con la hipnosis de la música, que amenazó con jalarlos a la esclavitud y él no pudo soportarlo. Todo era ella, y la sangre palpitaba a través de él, y cuánto la necesitaba. Ella iba a volverlo loco y, mientras se le escapaba el pensamiento, él hundió la cara en su cuello. Ella olía aún mejor cuando se acercó. Rosa, y sudor, y ella. Cuando sus labios tocaron su piel, ella se debilitó y ese peso lo hizo volver a la realidad de una bofetada.

No podía aprovecharse.

Nada de esto era real. No para ella.

Él dio un paso atrás. —Lo siento —murmuró.

Ella se acercó de nuevo hasta que sus labios estuvieron en su oreja. —No te atrevas —dijo, y él se dio cuenta con un sobresalto de que no había rastro del trance de Veela en su voz. Ella se había abierto camino a través de su imperdonable error. Él presionó sus labios en la perfección de su cuello y ella se quedó quieta.

Sabía que eso significaba que ella estaría demasiado cansada para pararse pronto.

Imperdonable. Él era imperdonable.

—Has tenido mucho cuidado de no sobrepasarte toda la noche, mi mente está clara y te quiero. No la criatura. Yo.

Él cerró los ojos. —Hermione —comenzó, sin saber cómo expresar un rechazo que odiaba tener que hacer.

—No soy una niña —siseó ella, e incluso en la oscuridad del almacén Draco pudo ver que sus ojos eran demasiado brillantes mientras las lágrimas amenazaban con caer. —No te atrevas a tratarme como si fuera una criatura quebradiza y frágil que no es capaz de saber lo que quiere. No. Te. Atrevas.

—No está bien —dijo.

—Llévame a casa —ordenó ella. Nadie que hubiera crecido con Narcissa Malfoy podía pasar por alto que era una orden, pero dudó demasiado y la vio enojarse. Se acercó más y dijo, cada palabra como una amenaza susurrada—: Llévame a casa o lidia conmigo en modo trance completo aquí mismo.

Entonces ella le besó el cuello. Primero una vez, luego otra vez. Su cuerpo se movió en sus brazos de enojo a docilidad, pero no dejó de acariciarlo a pesar de que soltó un suspiro de absoluta felicidad mientras se dejaba caer en el estado de drogada que la dejaba completamente vulnerable.

—Bien —siseó él. No podía creer que una Gryffindor lo hubiera manipulado eficazmente. —Tú ganas, bruja. Nos vamos.


N/T: Holi boli! He visto la impresionante cantidad de comentarios que dejaron en el último capítulo, la verdad que no pensé que muchas seguirían traes este fic por sus consecutivas ausencias, but believe me, hago lo posible para encontrar un espacio y terminarlo... y también para acabar las ilustraciones que debo a dos lectoras 33 muchísimas gracias y buen inicio de semana.