CAPÍTULO EXTRA NO. 7

"La gala de la estrella del norte"

(Especial de los corazones cálidos)

La gran batalla en Equestria terminó, las fuerzas de Royal Shine fueron derrotadas junto con la monarca gracias al esfuerzo de la gran alianza, así se le llamó al ejército que peleó unido en ese día, Equestres, Rebeldes, Desertores y el ejército de la nación del frío, de todos estos, la nación del frío nunca hubiera apoyado en la batalla de no ser por la intervención de una sola pegaso, una que aceptó un trato a cambio de la ayuda de esa nación y su ejército.

-Otro día en este lugar- Dijo la pegaso Mía despertando de su sueño.

Por los últimos meses, Mía, antes sirvienta del castillo crepuscular, había estado en la nación del frío, todo parte de la promesa que hizo a cambio de la ayuda del príncipe de nieve, por su ayuda prestada en la gran batalla ella había accedido a pasar el tiempo restante hasta la gala de la estrella del norte y decidir después de eso su futuro, volver a la servidumbre del castillo o quedarse ahí y gobernar una tierra desconocida y en la que ella era una extranjera.

Se levantó de su cama como todos los pasados días, había tomado algo de tiempo acostumbrarse a las temperaturas bajas de ese sitio, por suerte, su sangre del clan Diamond le permitía tolerar ese frío mejor que los demás ponys de su reino, su habitación era en verdad bella, estaba esculpida en su totalidad de hielo azul en paredes y techo y piedra blanca en el suelo, a pesar de ese frío ella dormía bien, el príncipe había mandado traer todo lo esencial para que ella estuviese cómoda en el castillo, sábanas, una cama más reconfortante, comida fresca sin congelar, todo lo que ella deseará y más, también la ropa adecuada para ese tiempo sin perder la elegancia de ese lugar.

Se vistió con uno de los grandes abrigos que tenía en su guarda ropa y salió por el balcón para observar la gran vista que le proporcionaba ese lugar, al menos era una de las cosas que le gustaba de ahí, el esplendor del castillo no dejaba de impresionarla y la arquitectura de la ciudadela misma era una obra de arte fenomenal, poesía esculpida en piedra, el sol asomaba por el horizonte aunque rara vez calentaba ese sitio o daba más luz que no fuera el del crepúsculo para variar, donde se encontraba ella pero los reflejos de sus rayos sobre la piedra blanca y hielo azul hacían todo más esplendoroso aún y las auroras en el cielo complementaban ese majestuoso paisaje.

-Al menos este lugar tiene una gran vista- Dijo ella sonriendo mientras observaba la ciudad, luego dirigió su vista más allá de las fronteras al paso de las montañas que separaban la nación del frío del reino crepuscular, no pasaba un día que no extrañara su tierra natal y a su mejor amiga -Diana, estoy segura de que eres una gran reina, pero… ¿Yo? ¿Ser reina de este lugar…? ¿Cómo podría?, ni siquiera soy oriunda de aquí, el príncipe es muy amable y comprensivo, me ha tratado muy bien, me ha dado todo lo que he necesitado y más, es todo un caballero, digno de cualquier dama… pero…, Yo no soy una de verdad…, soy solo una sirvienta…, ¿Qué podría ofrecerle yo a alguien como él?- Se preguntó Mía y volvió a entrar a su habitación, no podía negar que sentía algo por el príncipe, aunque todavía no podía decidir si era amor o un agradecimiento profundo por todo lo que había hecho por ella, la gala de la estrella del norte se acercaba y ese sería el momento de tomar su decisión, el príncipe había prometido que respetaría cualquiera que fuese su resolución al final aunque eso no la hacía estar menos nerviosa.

-Mi lady- Se escuchó una voz fuera de la puerta.

-Adelante- Dijo ella y una sirvienta entró, una pony de pelaje celeste claro, como muchos ahí, ojos celestes y crin y cola amarillas pero de un tono muy pálido, como muchos ahí, vestía una especie de saya en el cuerpo, entró con una bandeja que traía el desayuno de la pegaso, la dejó en una mesa cercana a la puerta e hizo una reverencia –Gracias Alia- Comentó Mía y regresó dentro para probar los alimentos.

-A sus órdenes mi Lady- Respondió ella y cerró la ventana por la cual había salido la pegaso.

-Ya te he dicho que me puedes llamar Mía- Respondió ella pero Alia negó con la cabeza.

-Lo siento mi lady pero no puedo hacerlo, mi posición está muy por debajo de la de usted, yo soy solo una sirvienta y usted es la invitada del príncipe y posiblemente, la futura reina de esta nación- Dijo Alia aun con la cabeza baja, Mía tragó en seco algo del pan que comía y suspiro.

-No lo sé, la verdad, yo no me veo a mi misma como una reina o algo así…, no hace mucho yo era igual a ti… una sirvienta del castillo crepuscular, No sé qué hago aquí la verdad, Alia, solo soy… yo- Contestó ella y ladeó la cabeza.

-Sí me permite mi Lady- Habló Alia algo nerviosa –Yo creo que el príncipe le ama a usted por eso mismo, por ser usted y, bueno, la he observado, usted es de verdad única, sin ofender, tiene una gran fuerza y aun así, es amable y cortes con todos nosotros, le he visto con los niños del reino, con los ancianos, con todos, tal vez no lo vea pero los pobladores la quieren mi lady, sería una gran reina- Comentó ella con más confianza y Mía sonrió.

-Gracias Alia, eres una buena amiga- Contestó Mía terminando su desayuno, Alia recogió la bandeja.

-Solo soy una humilde servidora- Respondió ella con una reverencia aunque dando una sonrisa hacia Mía, aunque no comprendiera el por qué Mía la trataba como igual, estaba feliz de tener una amiga como ella y la pegaso también lo estaba.

CAMARA DEL REY

Ahí yaciendo en su lecho, se encontraba el viejo rey de la nación del hielo, arrugado, por su piel helada casi partiéndose, los cabellos totalmente blancos y sus ojos abiertos con esfuerzo, no había duda, la muerte lo reclamaría pronto. Junto a él su hijo y heredero, el príncipe de nieve, aquel que heredaría su trono y el reino pronto.

-Cold Blood, hijo mío, acércate- Habló con voz baja el rey sin levantarse de su lecho.

-Heme aquí padre- Respondió él caminando hasta la orilla de la cama del monarca de la nación del frío.

-Escucha mis palabras hijo, tu padre es ya anciano y la muerte vendrá pronto por mí, ante todo, no deben lamentar mi deceso, me uniré a la gran ventisca de la diosa Helia, misma donde me espera tu madre- Dijo el anciano rey para luego toser, un sirviente se acercó y le dio a beber un poco de agua medio congelada –Hijo mío he de pedir ahora que mi deseo sea cumplido, el último deseo de tu anciano padre- Comentó él y guardó silencio un momento.

-¿Cuál es tu deseo padre?- Preguntó Cold Blood tomando el casco del rey.

-Quiero, quiero presenciar un baile más, en la gala de la estrella del norte- Comentó el anciano rey lo cual tomó algo desprevenido al príncipe, la gala de la estrella del norte se había pospuesto por un tiempo dado a la salud del mismo rey pero sorpresivamente ante su propia orden, todo había vuelto a estar en curso y el baile se realizaría mañana en la noche, como estaba planeado, esa noche en la cual la estrella del norte, su astro más preciado, y según las leyendas, lugar donde la diosa Helia habitaba, aparecería y daría inicio a un nuevo año en la nación del frío.

-¿Estás seguro de eso padre?- Preguntó Cold Blood –Sé que tu deseo debe ser cumplido, pues así lo marca la ley de nuestra gran nación, pero ¿Estarás en condiciones padre?- Preguntó el príncipe preocupado por el estado de salud del rey.

-Hijo mío, he de morir pronto, el lugar dónde este no cambiará eso y es mi deseo observarte bailar con aquella dama que has elegido- Replicó él dejando a Cold Blood pensativo, cierto que él había elegido a Mía, pero no estaba segura de si ella lo había elegido a él.

-Como desees padre- Respondió él y recibió entonces la bendición del rey para luego retirarse y dejarlo descansar –Padre, cosa difícil me has pedido, pero lo intentaré, aún no me he rendido con la doncella, solo espero… poder ganarme su corazón- Pensó él y se dirigió a hablar con Mía.

La pegaso se encontraba aun en su habitación, no salía mucho a recorrer ese castillo más que en las ocasiones en las que el príncipe le invitaba, pero la otra parte del tiempo la pasaba observando ese pueblo desde su balcón en su habitación del castillo.

-Este sitio es bueno, algo frío pero, creo que tiene su encanto- Se dijo ella así misma antes de dar un suspiro. El sonido de alguien tocando de nuevo a su puerta la hizo salir de sus pensamientos –Adelante- Dijo ella creyendo que se trataba de Alia nuevamente.

-Doncella- La voz del príncipe dejó a Mía "helada" en un buen sentido.

-Príncipe- Dijo ella y volteó para hacer una reverencia ante él.

-No es necesario que lo hagas doncella, para ti yo soy un igual- Comentó él con una sonrisa hacia ella.

-¿Cómo puede decir eso su majestad?- Preguntó ella –Usted es un príncipe verdadero, sangre real, yo, solo soy una sirvienta con… una fuerza no natural- Comentó ella levantando una pieza pesada de hielo, es fuerza siempre ponía a pensar bien las cosas al príncipe de nieve, por momentos olvidaba la fuerzo que tenía ella.

-Yo te considero mi igual porque el amor que siento por ti mira más allá de títulos vacíos de la nobleza, doncella, para mí, eres más de lo que tú dices ser, a mis ojos, eres más hermosa que cualquiera de las cortesanas del reino, que cualquiera que haya visto- esas palabras hicieron sonrojarse a Mía, el príncipe siempre sabía cómo hablar para sacar de Mía a aquella hembra que le gustaba ser halagada por los demás.

-Gracias…- Dijo ella escondiendo su rubor -¿Para qué ha venido mi señor?- Preguntó ella con el mejor respeto posible.

-No me llamas tu señor, Mi padre… ha pedido que se le conceda un último deseo antes de unirse a la gran ventisca junto con mi madre- Comentó el príncipe mientras pasaba a la habitación y observaba a su alrededor.

-Oh, y ¿Cuál ha sido ese deseo?- Preguntó ella.

-Quiere vernos bailar, oh bueno, quiere verme bailar a mí y a la doncella que he escogido para que gobierne a mi lado- Respondió él sobresaltando un poco a Mía.

-Entiendo, yo no… príncipe… la verdad es que no sé si…- Antes de que ella terminase de hablar el príncipe tomó su casco sobresaltándole de nuevo.

-Por favor Mía- La llamó por su nombre al fin desde hace tiempo –No solo por mí, sino por mi padre también, será la noche de la gala de estrella del norte, tu, tu último momento en este lugar, si es que no deseas quedarte, yo lo entenderé, pero por favor, solo esto, en esa noche, baila conmigo por favor- Le pidió él a lo cual Mía no pudo negarse, algo que tenía el príncipe llamaba mucho la atención de ella.

-De acuerdo, lo haré- Dijo ella y el príncipe le soltó.

-Gracias mi doncella, yo, de verdad espero verte en la gala, te veré luego- Contestó él saliendo de su habitación, Mía, mientras tanto se quedó ahí y se miró en el espejo, no entendía lo que el príncipe veía en ella sin importar cuanto lo pensara.

-¿Por qué yo?, ¿Qué hay de especial en mí?- Se preguntaba ella y no quedaba más que solo esperara a que la gala llegara, pasó gran parte del día en su habitación, solo salió al comedor para recibir unos alimentos, los ponys del castillo la trataban bien, había unos cuantos que no aprobaban su estancia ahí, pero con la protección del príncipe y el favor de algunos cortesanos estaba segura.

-Mi lady- habló un guardia.

-¿Sí?- Preguntó ella.

-Su majestad, el rey, desea verla a solas, de inmediato- Habló el guardia y Mía asintió algo preocupada, contadas habían sido las veces en las que el rey la había llamado pero esta era la primera vez que le decían que la quería ver a solas el monarca del hielo, lo cual la ponía un poco nerviosa.

-¿Qué querrá de mí?- Pensó ella mientras caminaba.

-Adelante mi lady- Dijo el guardia abriendo la puerta de la cámara del rey y ella entró no sin antes dar un suspiro.

El viejo monarca se encontraba sentado en una de las sillas de su habitación, Mía no sabía cuántos años tendría ya el anciano rey, pero su aspecto hacía pensar que había vivido ya más de los que su cuerpo podía resistir, el monarca era atendido por unas sirvientas que le alimentaban y un par de guardias permanecían al lado de la silla resguardándole de cualquier peligro posible.

-Mi señor, la doncella del reino crepuscular está aquí, le informó uno de los guardias a los lados de su silla.

-¿Qué?- Reaccionó el monarca al fin y levantó su vista hacia la pegaso, por increíble que pareciera la vista del monarca no se había velado tanto con los años –Oh bien, bien, has llegado doncella, dejadnos- Ordenó él y las sirvientas recogieron todo antes de salir pero los guardias permanecían –Vosotros también, iros- Esa orden sorprendió a sus guardias.

-¿Majestad? Pero…- Quiso replicar uno de ellos.

-Fue una orden… iros… ahora- Repitió él y, aunque no tan seguros, los guardias se retiraron de la sala para dejar a ambos a solas –Siento la actitud de mis guardias doncella, a veces es difícil tratar con ellos- Dijo el monarca con voz baja.

-Yo lo entiendo majestad, ¿Para qué me ha mandado llamar, su alteza?- Preguntó ella con algo de nerviosismo.

-No te preocupes doncella, no has hecho ningún mal si eso es lo que piensas, tan solo quiero hacerte un par de preguntas, eso es todo- Respondió el rey para luego toser.

-¿Se encuentra bien majestad? Puedo llamar a sus sirvientes si lo desea- Comentó ella pero el rey la detuvo con un ademán.

-No, no serviría de nada, con atenciones o no, mi tiempo de partir está por llegar, esto es más importante que la salud de un viejo monarca agonizante, esto es por el futuro del reino- las palabras del rey ponían más nerviosa a Mía, podría tener toda la fuerza de una Diamond, pero estar en este lugar la hacía sentir a veces insignificante -¿Responderás a mis preguntas, joven doncella?- Preguntó el monarca.

-Cla… claro, mi señor- Dijo ella acomodando su voz para no parecer nerviosa.

-¿Qué piensas de este lugar?- Le preguntó.

-Bueno…- El rey la interrumpió.

-Sé honesta por favor, no se te hará mal por ser sincera- Le dijo el monarca antes de que contestara.

-Para ser honesta mi señor, es demasiado diferente a lo que yo he conocido toda mi vida, no digo que no me agrade, aunque no estoy acostumbrada al frío, solo que admito que extraño mi hogar a veces, pero debo decir que las luces que se ven por las noches son de verdad maravillosas, la aurora constante de aquí trae una verdadera sensación de tranquilidad, lo que quiero decir es que no me desagrada para nada este lugar- Respondió ella a lo que el monarca guardó silencio, parecía analizar la respuesta dada por la pegaso.

-Entiendo, ahora dime, ¿Qué piensas de mi hijo?- Preguntó el monarca lo que puso a la pegaso en lo extremo del nerviosismo, ¿sería esto una trampa por parte del rey para deshacerse de ella y que no se casara con el príncipe?

-Yo… bueno…- Ella respiró y soltó lo que pensaba –Es un gran pony, alguien de verdad maravilloso, no me ha negado nada de lo poco que le he pedido, es… es amable, es muy bueno, es, es, es alguien de verdad increíble, no sé en qué se fijó en mi para elegirme, la verdad, no acepto su propuesta porque no lo crea digno de mí, al contrario, creo que soy poca cosa para él… yo sé de las hijas de los dueños de las provincias, de los grandes de la nación del frío y de las otras doncellas de la corte… y yo… yo soy solo una sirvienta de otra tierra…, él es un príncipe, nuestros mundos son muy apartados y muy diferentes, aun cuando siento lo que siento por él… no sé si soy digna- Respondió ella con la cabeza cabizbaja sabía lo que había dicho, estaba admitiendo ante el rey que ella sí sentía algo por el príncipe Cold Blood pero al parecer ella no se daba el valor suficiente para pensar que lo merecía.

-¿No pelearon lado a lado en la gran batalla de este otro reino?- Preguntó el rey de pronto

-Sí majestad- Respondió Mía.

-¿No te dio algo el día que te conoció en tu tierra de origen?- Volvió a preguntar y ella asintió -¿No te envió algo él a tu tierra?, ¿No te entregó, en contra de mis órdenes, un collar?- Ella volvió a asentir ante las preguntas del monarca -¿Te dijo de qué era ese collar?- preguntó.

-Sí mi señor, dijo que era un regalo, una reliquia de la realeza que se entregaba a las doncellas en que estaba un pony de la familia real interesado en contraer matrimonio, pero que se regresaba si la pretendiente no aceptaba- Respondió ella y el rey asintió.

-¿Y te dijo que ese collar perteneció a su madre?- La pregunta y afirmación a la vez sorprendió a la pegaso, miró el collar que tenía y lo tocó impresionada de que el príncipe olvidara mencionar ese detalle.

-Él… no mencionó eso- Respondió ella aun mirando el collar.

-Ah, bien, bien, escucha bien lo que te he de decir, ese collar se lo dio mi esposa antes de morir, le dijo que solo cuando de verdad estuviese seguro de sus sentimientos por alguien más, es que debería entregarlo, sin dudas, su madre yacía en este mismo lecho de esta misma habitación, coincidentemente alrededor del mismo tiempo del año, en vísperas de la gala de la estrella del norte, cuando él solo era un pequeño, ella le dijo que a su amada lo entregara y que sobre todo, no escogiera con su vista o su mente, que escogiera con su corazón, a lo largo de su vida mi hijo conoció a cada doncella de las familias del reino pero ninguna llamaba su atención, ninguna cumplía con la idea que tenía de su madre, hasta que viajó a la tierra del crepúsculo, ahí te vio, nunca lo había visto defender de esa manera a alguien más, incluso de mí, nunca me había desafiado antes, al parecer su corazón lo dirige hacia ti eres tú y a quien él considerada más que digna, por la memoria de su madre creo que ella hace esto desde la gran ventisca, creo que ella guio su corazón hacia ti- La historia dejó sin palabras a Mía y todavía más confundida por la elección del príncipe hacia ella.

-Pero… yo soy solo una sirvienta…- Dijo ella.

-Al parecer mi hijo ve más en ti de lo que tú misma vez, conocerás la respuesta a su tiempo, ya lo verás- Respondió el rey para luego volver a toser –Puedes retirarte, y por favor, que mis asistentes traigan algo de agua, tanta plática me ha dejado más seca mi vieja y acabada garganta ja…- Contestó él y Mía se retiró de esa habitación sin dejar de pensar en lo que el anciano monarca le había contado.

En su habitación ella observó en un espejo su ser, de nuevo usando ese collar que el príncipe le había regalado, pero ahora que sabía lo que significaba y la historia que había detrás de esa joya, sentía que le pesaba más, se lo quitó y estuvo por ponerlo de vuelta en uno de los muebles de la habitación, pero, no pudo, al ver ese collar recordó como el príncipe la había tratado tan bien desde el momento en que se conocieron, quizá el único acto egoísta de su parte había sido el pedirle que estuviese en la nación del frío después de que él les brindó su ayuda en la gran batalla, pero aun así, después de todo ese tiempo el príncipe nunca le había negado nada más, podía ir y venir, y no podía mentir, en ocasiones las pláticas con el príncipe eran de verdad acogedoras y reconfortantes, disfrutaba de su compañía. Ella se colocó de nueva cuenta la joya alrededor de su cuello y decidió hacerle una visita al príncipe que de momento estaba en el salón del trono atendiendo los asuntos que su padre ya no podía por su deteriorada salud.

-Mi príncipe, alguien le busca- Dijo uno de los guardias reales al príncipe Cold Blood.

-¿De quién se trata?- Preguntó él leyendo unos papeles.

-Soy, Yo, príncipe- La voz de Mía sacó al príncipe de sus entrados pensamientos en la lectura de esos papeles de la nación y los arreglos para la gala para entonces centrar toda su atención en mía.

-Adelante mi doncella- Dijo él con una sonrisa bajando del trono y acercándose a ella –Dime mi doncella ¿Qué es lo que deseas de mí?- Le preguntó él.

-¿Podemos dar un paseo juntos, a solas?- Preguntó ella con algo de timidez y él asintió sin dudar, tenía muchas esperanzas e ilusiones sobre esa caminata.

Ambos paseaban por los pasillos del castillo, el príncipe vestido con una ropa de la tela de su nación, algo así como una flexible capa de agua congelada mientras Mía aun vestía un abrigo, aunque cada vez se iba acostumbrando más al clima de ese pueblo, permanecieron en silencio un momento pero después de varios minutos fue el príncipe quien hablo primero.

-Luces hermosa- Dijo él con una sonrisa.

-Gracias, tu, te ves bien también- Respondió ella con tono cortado y algo nerviosa.

-Así que, ¿Querías hablar de algo?- preguntó él.

-No, bueno sí, digo, te lo explicaré- Respondió ella y le contó todo sobre la plática que tuvo ella con el monarca, el príncipe se mostró sorprendido, después de todas las discusiones que había tenido con su padre acerca de elegir a una crepuscular como pareja, ahora de pronto intentaba ayudarlo.

-Bueno, sí, lo que te ha dicho mi padre es verdad, ese collar perteneció a mi madre y a su madre antes de ella, según tengo entendido, ese collar que ahora portas se remonta varias generaciones atrás- Explicó él aun procesando lo que Mía le contó.

-Este collar, ha estado en tu familia y en el linaje del reino por tanto tiempo, tantas princesas y reinas lo han portado, la nobleza de tu raza, ¿Y me lo das a mí?, Que no soy más que una sirvienta, ¿Por qué?- Preguntó ella bajando la cabeza y tomando el collar con su casco.

El príncipe entonces tomó el casco de Mía, la cual se sonrojó al sentir su toque, extrañamente es su pelaje sentía el frío pero al mismo tiempo sentía una calidez dentro de ella, él luego le levantó la barbilla y la miró a los ojos, ella sintió que se perdía en las extrañas y profundas iris del príncipe, la miraba como nadie más la había visto antes, podía ver su reflejo en sus ojos y ahí se veía claramente que para el príncipe, lo que ella fuera, no le importaba.

-Porque para mí, una "sirvienta" como tú dices ser, vale más que cualquier otra doncella del reino, ellas tiene el corazón frío y buscan solo lo mejor para sus familias, tú, aceptaste venir aquí pero no por ti, sino por tu pueblo, por otra tierra incluso, no fueron razones egoístas las que te hicieron venir aquí, fueron altruistas, no deseabas riquezas o gloria para ti, no te importó sacrificarte por tu reino y por el reino de alguien más, hiciste lo necesario para que estuviesen a salvo, nunca en mi vida vi un acto de nobleza tan grande, podrás proceder del reino crepuscular y ser una sirvienta, pero en ti hay más realeza y nobleza que en cualquier otra doncella de esta nación, y eso, es lo que te da a ti mi corazón y si por ser príncipe no puedo estar contigo, entonces renunciaré a mi título, solo por estar contigo- Respondió él con un profundo sentimiento y verdad, Mía lo veía en sus ojos y lo sentía en su corazón, él hablaba enserio, él de verdad la amaba por quien era en verdad, no importaba su origen, le importaba su corazón, ella entonces le abrazó con fuerza.

-Yo… estaré honrada de ir a la gala contigo- Dijo con una sonrisa a la cual él príncipe hizo reverencia, él regresó al salón del trono y ella a sus aposentos, llamó a las sirvientas del castillo y junto a ellas empezó a preparar todo lo necesario, ahora tenía ansias verdaderas por asistir a aquella gala.

Por fin entonces llegó el tiempo de la gala, toda la ciudad estaba decorada para la ocasión y aunque no todos entrarían al baile real, tendrían al menos la oportunidad de realizar sus propios bailes y celebrar sus costumbres a través de toda aquella ciudad esculpida en la montaña de hielo, al castillo entrarían aquellos líderes de las provincias de la nación del frío acompañados de los invitados que deseaban llevar con ellos, no eran muchos pero si los suficientes para hacer una gran y elegante fiesta, todos eran recibidos en la entrada por los guardias de alto rango del castillo que les mostraban el camino hacia el salón principal donde se daba la gran celebración, ahí serían anunciados por el vocero real para que los invitados y los miembros de la realeza sobre todo, supieran que habían arribado.

-Presentando- Anunció el vocero –A sus majestades, provenientes de la tierra de Equestria, la princesa Celestia, monarca del sol, La princesa Luna, monarca de la noche junto con su hija la princesa Star Night, su majestad la princesa Twilight Sparkle, acompañada por su hijo el príncipe Silver Shine y el capitán de la guardia real Equestre, Flash Sentry- Los presentó el vocero real.

Las autoridades de Equestria habían sido invitadas a la ceremonia, la primera de muchas esperaban, pero el clima no les permitiría estar mucho tiempo ahí, la temperatura era baja para ellos, quizá mucho.

-Mami, tengo ffffrrriooo- Comentó Star Night temblando a pesar de los abrigos que tenía encima el agua usada para su cuerpo le hacía sentir más frío de lo normal.

-Yoooo… igual…- Comentó Silver Shine temblando un poco.

-T-Tranquilos niños, estaremos aquí un momento y nos iremos- Comentó Twilight con algo de frío.

-B-Bueno, al menos podemos estar abrazados- Mencionó Flash con un poco de temblor también.

-¿Por qué vinimos en primer lugar?- Preguntó Luna en voz baja a Celestia.

-C-Cortesía brrrr- Respondió ella y fueron a presentarse ante el príncipe y el viejo rey en su trono, ambos les agradecieron por venir y les invitaron a disfrutar de la fiesta, por suerte para ellos, el príncipe había ordenado algunos alimentos menos fríos especialmente para su deguste, lo cual se agradecía mucho de su parte.

-Anunciando la llegada de su alteza real, Dianlicia Lauret Alani Star Shine, Reina del crepúsculo y su acompañante, el supremo comandante de las fuerzas crepusculares, Darío Moon- Anunció el portavoz y todos voltearon para ver entrar a la reina de la tierra crepuscular al salón principal, vestía con toda la elegancia de su tierra, pero de igual manera con un enorme abrigo para resguardarse del frío de ese lugar y junto a ella con su porte militar, Darío Moon, la primera que notó la llegada del pony fue sin duda la princesa Luna.

-Es un placer verla de nuevo majestad- Dijo la princesa Celestia que fue la primera en acercarse.

-El placer es mío princesa Celestia, Princesa Luna, princesa Star Night, Princesa Twilight, Capitán Flash- Saludó ella a los demás que le hicieron reverencia a su presencia, luego volteó hacia el pequeño Silver Shine –Hola primito, es bueno ver que sigues creciendo sano y fuerte- Mencionó ella con una sonrisa.

-Hooolaaa Diana, perdón, majestad- Corrigió Silver temblando un poco.

-No, está bien, después de todo somos familia- Respondió ella con una sonrisa y siguió para saludar al rey y mostrar sus respetos.

-Princesa Luna- un placer verla de nuevo- Saludó Darío.

-Lo mismo digo comandante- Respondió ella un poco roja.

-Espero que me haga el honor de concederme una pieza esta noche- Dijo él besando el casco de la princesa Luna.

-Será todo un placer- Respondió ella ruborizada.

-Reina Diana… un placer…- Dijo con esfuerzo el anciano rey.

-El placer es mío majestad- Contestó ella y volteó hacia varios lados.

-La doncella Mía aún no ha bajado- Mencionó el príncipe al adivinar lo que buscaba la monarca del crepúsculo.

-¿No está lista?- preguntó ella.

-No lo sé, esto es, diferente para ella, yo, no sé si quiera si venga, aunque lo haya prometido, está en su derecho de rehusarse a asistir si es lo que desea- Contestó el príncipe con un dejo de tristeza en su voz.

-Tal vez pueda ayudar, ¿sería posible hablar con ella?- Mencionó Diana.

-Como lo desee majestad- Respondió el príncipe e hizo que dos guardias guiaran a la Reina Diana hasta la habitación de la pegaso Mía, agradeció a los guardias quienes asintieron y se retiraron, ella luego tocó la puerta.

-Fuera, no estoy lista- Se escuchó una voz desde adentro.

-Entonces será mejor que te des prisa, la gala ya ha comenzado sin ti, Miaquerisia Diamond- Un silencio se apoderó por instantes antes de que fuera remplazado por el sonido de la puerta siendo abierta con gran velocidad.

-Diana!- Gritó Mía de felicidad y abrazó a su amiga.

-Es bueno verte de nuevo Mía- Respondió la monarca correspondiendo al abrazo.

-Pasa, tenemos tanto de que hablar- Dijo la pegaso emocionada.

-Lo sé, pero hay algo más que te debo comentar- Mencionó la monarca lo cual confundió al Mía un poco.

Dentro de su habitación pasaron más de media hora platicando acerca de cómo habían sido las cosas ahí para ella, Mía le platicó todo, incluyendo la petición del rey y sus sentimientos hacia el príncipe además de sus dudas sobre ser digna.

-Mía, de verdad, tienes que darte más crédito a ti misma- Comentó Diana sentada en una silla de esa habitación.

-Diana, seamos realistas, Yo… no soy como él, no soy como tú, no soy una princesa, no importa de qué me vista, nunca dejaré de ser una sirvienta- Comentó ella viéndose al espejo.

-¿Una sirvienta nada más eh?, Mía, sabes que nunca te traté de esa manera, además, eres mucho más que eso, veamos, sobreviviste a la matanza que hizo mi madre, te uniste a los rebeldes, participaste en la caída de mi madre, enfrentaste a un ejército de muertos vivientes, ayudaste a salvar dos reinos, nos conseguiste grandes aliados, ¿Una sirvienta?, Mía, eres una heroína, una de verdad, el príncipe te ama por quien eres en verdad, no le importa tu origen, Mía, vamos, es hora de bailar- Dijo ella con una gran sonrisa, Mía volteó y vio a su amiga que estaba ahí, esa mirada, Mía veía el orgullo en los ojos de la reina, orgullosa de ella, orgullosa como a una hija.

-Cierto- Contestó con una sonrisa -¿Qué tan malo puede ser?- Dijo de nuevo y se arregló por fin con ese gran vestido que se le había mandado hacer para la ocasión, sus dudas seguían ahí y las ansias de bailar habían regresado era algo confuso pero era hora de saber quién era ella en verdad.

-El baile está por comenzar mi hijo…- Dijo el rey.

-Lo sé… yo…- El príncipe detuvo su hablar al escuchar una puerta abriéndose en lo alto por parte de los guardias reales.

Su mirada entonces se posó en la figura más hermosa que había visto, Mia, ella venía bajando los escalones, vestida con un celeste vestido de finos encajes y diseño perfecto para ella, su cabello estaba arreglado en una trenza enredada en espiral hacia arriba, una bufanda elegante cubría su cuello y sus alas eran tapadas por ropa especial, como guantes para alas, su cascos delanteros brillaban algo por las zapatillas de hielo-cristal, un elemento que no causaba frío pero que solo se conservaba en bajas temperaturas y la pieza final, en su cuello, el collar que le había dado a ella, el príncipe no tenía palabras para describir la belleza que tenía ante sus ojos, ni tampoco todo el mundo en el salón que miraban la escena impresionados de lo cambiada que estaba la doncella del castillo parecía una verdadera princesa, más que eso.

-Creo que ya puedes bailar…- Comentó el viejo rey con una sonrisa.

El príncipe no respondió pues sus ojos se fijaban solo en la doncella de sus sueños, se acercó lento hacia ella que venía bajando por la escalera principal con toda elegancia y acompañada por Diana, ella movió la cabeza hacia el príncipe, Mía volteó a verlo y se sonrojó pues él no le parecía para nada desagradable. Al llegar, el príncipe hizo reverencia ante Diana y ella correspondió para luego apartarse por respeto. "Sigue tu corazón" le susurró Diana Mía antes de retirarse.

-Me… ¿Me permite esta pieza?- Dijo el príncipe de nieve extendiendo su casco hacia Mía que se sonrojó aún más, dudó un momento pero…

-Estaría encantada- Respondió ella y tomó el casco del príncipe que la guio hasta el centro de la pista de baile ante la mirada de todos ahí, todos expectantes de lo que pasaría a continuación.

La música comenzó, la luz de la estrella del norte estaba en su punto, atravesaba por un agujero específico en una parte del techo del salón principal, la luz rebotaba en un espejo de la pared de hielo y luego en el techo iluminando de un celeste extraordinario y alucinante todo el lugar, Mía, Diana, Twilight y los demás invitados estaban impresionados por tal belleza, este mundo tenía de verdad sus maravillas.

La melodía seguía y ellos empezaron a bailar uno junto al otro, sus cascos siempre juntos, daban vueltas lentas, él la giraba lentamente a su alrededor mientras mía solo se dejaba llevar, se tomaron de los cascos y danzaron con elegancia de un lado para otro, un verdadero baile de cuento de hadas, Mía sentía que en los cascos del príncipe nada más importaba, estaba segura, desde hace mucho tiempo que no se sentía así y ahora, ahora en ese momento, lo estaba, en ese momento y lugar, a pesar de estar rodeados por varios ponys, eran solo ellos dos y nadie más.

-Esto es para ellos- Dijo la voz de un pony desde el punto de los músicos y entonó una melodía para ellos.

CONTIGO

(Letra Original)

Aquí yo estoy, contigo mi amor

Las notas al tocar, nos guiaran

En cada paso, contigo yo iré

Aquí contigo yo estoy.

Mi vida hoy, es solo para ti

Nada importa más, contigo aquí

A cada instante, en ti pienso mi amor

Y hoy yo sé que es verdad, que yo contigo aquí estaré

Aquí contigo, mi sueño se cumplió

Yo ahora creo, en el real amor

Y nuestro mundo al fin hoy se creó

Aquí, juntos, Tu y Yo

Nada, nada más importaba en ese momento, el baile era mágico la melodía los había puesto en un trance, los había llevado a un mundo solo para ellos, un mundo que existía en sus ojos, a su alrededor las demás parejas empezaron a bailar también, conmovidos por el amor que nacía en ese momento ya que, aunque los dos bailarines no se dieran cuenta, el corazón del príncipe brillaba y el collar de la pegaso igual, el brillo del amor.

-Twilight, ¿Me concederías esta pieza?- Preguntó Flash extendiendo el casco a Twilight.

-Por supuesto, Silver hijo, espera aquí- Dijo ella y tomada del casco de Flash fueron a la pista.

-Princesa Luna, ¿Me permite?- Preguntó Darío ofreciéndole su casco a la monarca de la luna.

-Bueno, ¿Celestia podrías vigilar a Star?- Preguntó ella su hermana.

-Por supuesto hermana- Respondió Celestia con una sonrisa al ver a su hermana feliz.

-Tía, ¿A dónde va mi mamá?- Preguntó Star Night al ver a su madre ir con Darío.

-¿Fueron a bailar como mis papás?- Preguntó Silver Shine.

-Claro, es un baile, ¿Lo ven?, hoy los caballeros le ofrecen a las doncellas un baile con esta música y esa luz- Comentó Celestia explicando a ambos pequeños.

-Caballeros y doncellas, mmm- Dijo Silver y miró a Star Night -¿Me permite esta pieza doncella?- Dijo el pequeño Silver con inocencia pero a la vez con cortesía.

-Oh vaya- Comentó Celestia sorprendida del gesto del pequeño unicornio plateado hacia la pequeña Star Night –Jeje, Star, Silver se está comportando como un caballero, ¿Qué se dice?- Habló ella entre pequeñas risas.

-Oh cierto, sería un placer noble caballero- Contestó la princesita de la noche con una reverencia y tomó el casco de Silver para bailar un poco con él, Celestia casi lloraba al ver tal escena llena de ternura e inocencia por parte de ambos pequeños.

-Oh… ya es hora- Se dijo a sí mismo el rey y sonrió débilmente, volteó la mirada hacia su hijo que bailaba con la doncella y suspiró orgullosos -Guardia, llevadme a mis aposentos, deseo descansar- Ordenó él y lo ayudaron a bajar del trono.

-¿Aviso a su majestad el príncipe que se retira?- Preguntó el guardia real y el rey los señaló.

-Mire soldado, es pura felicidad, no, no deseo romper su momento, déjalo tener su mundo, además, la hora de retirarme, llegó…- Contestó él dando una leve risa lo que confundió al guardia que lo escoltó hasta su habitación.

-¿Algo más mi señor?- Preguntó el guardia.

-Si preguntan por mí, dile a mi hijo que… su padre duerme en paz- Contestó el rey cerrando sus ojos y el guardia asintió, sin saber que el monarca nunca más los volvería abrir en ese mundo –Mi hijo, me alegra haber visto tu felicidad- Sonrió, si su hijo era feliz, él también lo era, el rey entonces dio su último suspiro y luego, dejó de respirar.

SALON DE BAILE

-Mía…- Dijo el príncipe.

-Cold Blood- Respondió ella mirándole a los ojos y ambos se besaron, su momento culminó como debe ser, un beso del verdadero amor, Diana lloraba orgullosa por mía pero igual de dolor ante la escena, Colen de verdad estaría orgulloso de Mía, Colen…

-Te amo- Dijeron ambos mientras la música terminaba y recibían los aplausos de todos ahí, el príncipe, había conseguido el amor de su doncella y eso era todo lo que ellos ansiaban tanto.

FIN

DE PARTE DE SU AMIGO D ELA NOCHE, BIG SILVER NOTE, LES DESEO UNA FELIZ NAVIDAD, HANUKA O VISPERA DE LOS CORAZONES CALIDOS, GRACIAS A TODOS POR OTRO AÑO MAS QUE LLEN MIS FICS Y NOS VEMOS MUY PRONTO, FELICES FIESTAS A TODOS