Capítulo III


Se deslizó por el hielo tranquilamente, realizando pasos aleatorios, con el único fin de relajarse y disfrutar.

Luego de las primeras semanas se había dado cuenta que era imposible abandonar el hielo, pese a todos los recuerdos que este traía consigo. El patinaje era una parte esencial de su vida, y dudaba que algún día pudiera alejarse.

Sonrió.

Aunque claramente, dada su idea de mantener un bajo perfil, no podía patinar a plena luz del día, o donde lo vieran muchas personas. Y ahí había descubierto que ser un medallista de oro traía sus ventajas, sobre todo cuando se trataba de persuadir a gente, y pedir favores.

Miró la hora en su reloj de muñeca y chasqueó la lengua. Nuevamente se había distraído, y ya era sobre medianoche.

Había llegado a un acuerdo con el dueño de la pista de hielo, y esta le era facilitada durante las noches, con la condición de cerrar luego de irse, y de no dejar entrar a nadie más. Yuuri sinceramente dudaba que alguien más aparte de él quisiera patinar de noche, pero de todos modos había estado de acuerdo.

Solía aprovechar cuando le tocaba trabajar en el bar durante el día y no hasta la hora del cierre, aunque aquellas otras veces también solían ser aprovechadas.

Patinar había vuelto a ser algo grato y, de cierta manera, era su terapia; era lo que había hecho que no se volviera loco y no regresara a Rusia pidiendo perdón. En el hielo había encontrado la fortaleza suficiente para decirse que había tomado la decisión correcta, y que no echaría pie atrás.

Detuvo sus movimientos, mientras decidía que ya había sido suficiente y lo mejor era volver a casa. Salió del hielo y tomó su bolso para dirigirse a las duchas. Había estado más de dos horas patinando sin descanso, así que estaba completamente sudado, y odiaba quedarse así por más del tiempo necesario.

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Un sonido se escuchaba a lo lejos, y aumentaba a medida que se iba acercando a la pista. Era el roce de unas cuchillas contra el hielo.

Yuuri frunció el ceño. Se suponía que no quedaba nadie más, y si era un intruso, tendría que pedirle que se retirara.

Pero cuando llegó al borde la pista, se quedó completamente anonadado ante los movimientos que eran realizados. Aquella persona estaba patinando su programa del año 2016, aquel programa que le había dado el oro en el Grand Prix de Barcelona, que lo había hecho tan dichoso en su momento.

Yuri on Ice le recordaba inmediatamente a Viktor, pues cada una de las notas, y cada uno de los movimientos habían sido destinados a él, para mostrar su amor ante el mundo, amor que incluso él, en aquel momento no había alcanzado a dimensionar cuan vasto podía llegar a ser.

Pese a que no había música, Yuuri podía escuchar perfectamente cada nota en su cabeza, rememorando cada sentimiento que lo había embargado. Había patinado aquel tema durante una temporada entera, la mejor que podía haber tenido, aunque las dos siguientes hubiesen sido más productivas en cuanto a medallas.

La rutina se acercaba a su inminente final, al momento en que él había realizado el quad flip de Viktor. Yuuri suponía que aquel patinador desconocido haría un toe-loop cuádruple, tal cual estaba originalmente pensado antes de que él cambiara el orden de los saltos en la copa de China. Pero aquel patinador no lo hizo, sino que intentó realizar un quad Axel, que, pese a haber sido fallido, había logrado que Yuuri soltara una exclamación de sorpresa.

El sujeto, al verse descubierto, detuvo sus movimientos, y comenzó a deslizarse rápidamente a la salida de la pista.

Yuuri fue rápido, y se movió antes de que el otro pudiera salir.

Cuando estuvo frente a aquel patinador desconocido, se dio cuenta que era apenas un niño; un adolescente de no más de quince años, que lo miraba con unos ojos verdes que contrastaban con su tostada piel y sus greñas oscuras y desordenadas. La mirada del niño se había mantenido desafiante hasta que se había dado cuenta de quién era él, momento en que su expresión mutó a una de sorpresa.

―Yuuri Katsuki.

Pues bien, pensó Yuuri, un niño había sido capaz de reconocerlo.

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Parles català? ―cuestionó minutos después, mientras estaban sentados en una de las gradas y el niño se quitaba los patines.

El muchacho negó con la cabeza.

―No soy de Barcelona ―contestó en cambio―. Estoy de vacaciones acá con mi hermana mayor. Ella se domina mejor con el idioma. ¿Sabes hablar español? ―Fue el momento de Yuuri de negar―. Pues tendrá que ser en inglés.

Yuuri asintió, mientras ambos se levantaban y comenzaban a caminar hacia la salida del lugar.

―¿Y por qué entras sin permiso?

El adolescente apretó los labios, mientras el frio los recibía.

―No es suficiente el tiempo que tengo para practicar durante el día. Nunca puedo tener la pista para mí solo, y no cuento con una trayectoria como la tuya para pedir acceso privado. ―Yuuri enrojeció un poco ante aquello―. Así que lo que me queda es meterme a escondidas.

―Ese salto… ¿Intentabas hacer un Axel cuádruple?

El adolescente asintió, mientras metía sus manos en el bolsillo de su abrigo.

―Aún no me sale. A veces logro girar lo necesario, pero el aterrizaje me suele fallar. Si lo realizo en una competencia, podría jugarme en contra si me penalizan por la caída.

En el rostro de Yuuri apareció una expresión de sorpresa.

―No sabía que competías.

El adolescente esbozó una sonrisa.

―Claro que no. Dudo mucho que te acuerdes de mi cara, pese a que nos topamos de frente hace unos meses.

La sorpresa aumentó, y el muchacho solo sonrió.

―En el junior grand Prix. Fue mi primera competencia, y aunque no gané, quedé en una buena posición. Tú estabas observando, ¿recuerdas?

Yuuri tuvo la delicadeza de parecer avergonzado.

―No recuerdo mucho de ese momento. No estaba centrado en lo que estaba viendo.

El adolescente sonrió y se encogió de hombros, aunque podía darse cuenta de que aquello de cierta forma lo había lastimado.

―Claro que no, si días después anunciaste tu retiro frente al mundo. ―Hizo una pausa―. Este año quería entrar en las competencias senior, para competir contra ti, pero… ―se rascó la nuca―, con el anuncio de tu retiro perdí la motivación. Y acá en España no tengo tanto tiempo para poder entrenar a gusto, así que me rendí por este año.

Yuuri asintió, comprendiendo por fin que aquel muchacho lo veía como un modelo a seguir, tal cual él había observado a Viktor durante muchos años. Un sentimiento de agradecimiento y vergüenza lo embargó.

Luego de eso se mantuvieron en silencio, hasta que llegó la hora de que sus caminos se separaran. Yuuri, que se había mantenido pensativo durante ese tiempo, llamó al muchacho cuando este se estaba despidiendo de forma silenciosa.

―¿Cuál es tu nombre?

―Jorge. Jorge Arriagada.

Ahora recordaba, pensó Yuuri. Puede que no se acordara de su cara, pero sí su nombre se le hacía familiar. Aquel muchacho había sido el primer latinoamericano en obtener una medalla en un grand Prix, aunque este fuera en la categoría junior.

Dudó un momento, antes de comenzar a hablar.

―Suelo visitar la pista unos días a la semana. Si decides seguir yendo, no me opondré, ni le diré a alguien sobre aquello.

Después de haber sido de forma indirecta culpable de su falta de motivación, no podía dejarlo sin un lugar para practicar, supuso.

Jorge sonrió, sus ojos verdes resplandecientes.

Bacán.

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Notas de autora:

Espero que les haya gustado el cap. De Jorge se irá sabiendo más a lo largo de los caps, al igual que de Javier. En este fic tiene quince años, y está en plena adolescencia media.

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