Capítulo V
Natalya lo miraba con una sonrisa y él también sonrió, nervioso. ¿Estaría Viktor junto a ella? ¿Sabría ya Viktor donde encontrarlo? Yuuri lo creía poco probable, pero el temor estaba ahí, y también las ganas de salir corriendo.
―Mira que encontrarte acá en Barcelona. ―Natalya al parecer aún no se daba cuenta de que Yuuri era el que servía tragos―. ¿Y dónde está Vitya? ¿Fue al baño o algo así?
Escuchar el nombre de su ex pareja hizo que Yuuri sintiera una desagradable sensación en el pecho, junto a las ganas de salir corriendo, aunque también la tranquilidad de saber que Natalya no sabía sobre la ruptura.
Y no supo cómo, pero Javier pudo darse cuenta de aquello.
―Vaya, Yuuri, no sabía que conocías a una mujer tan guapa. ―Javier nunca sabría lo agradecido que estaba Yuuri por aquella interrupción.
Natalya dirigió a Javier una mirada de apreciación, y Yuuri pudo darse cuenta de que le gustaba lo que veía.
―Natalya ―se apresuró a hablar él―, él es Javier Subercaseaux. Javier, ella es Natalya…
―Selezneva ―completó ella, mirando a Yuuri de reojo, y él entendió el mensaje.
―Encantado, Natalya.
Natalya asintió, y volvió a encarar a Yuuri, con la duda pintada en la cara, y nuevamente, el japonés se sintió tenso.
―Naty, me voy al hotel, ¿te vienes? ―cuestionó una mujer con marcado español.
―Vos adelantate. Yo me quedo un rato más.
Luego de haber despachado a la otra mujer, Natalya volvió a mirar a Yuuri.
―Una rusa que habla español rioplatense, ¿eh? Interesante ―Javier comentó aquello cuando Selezneva se disponía a hablar.
La mujer miró a Javier con cierta sorpresa.
―Sos chileno.
―Más chileno que los porotos.
―Parece que es verdad que es re fácil encontrar a un chileno en cualquier lado.
Javier rio.
―Salimos hasta en la sopa.
―Jo sé parlar una mica de català, no de castellà. ―Y vaya que era molesto cuando hablaban en un idioma que él no entendía.
Natalya lo miró con una ceja alzada, y él ya sabía lo que se le venía.
―Te recuerdo que intenté enseñarles español a ti y a Vitya, pero ni caso me hicieron. ―Y eso también era una forma de decirle "y te dejas de joder".
―Yuuri, vull una copa de vi xilè.
Y Yuuri sabía que Javier lo había dicho en catalán solo para molestarlo. Quiso decirle que se lo sirviera él, pero luego recordó que era el cantinero, así que no tuvo otra opción.
Al momento de llenar la copa vacía de Javier, vio cómo Natalya observaba en silencio su acción. La mujer miró la copa un momento, y luego miró a Yuuri para parpadear dos veces, en un gesto que él conocía demasiado bien.
―Yuuri, ¿por qué estás trabajando acá? ―Fue dicho en ruso, de modo que solo él pudiera entender. La siguiente pregunta hizo que el corazón de Yuuri se estrujara un poquito―. ¿Dónde está Viktor?
―Viktor está en Rusia. Vine solo. ―Y aquello daba a entender mucho más.
Natalya disimuló su sorpresa, y solo asintió. Sin embargo, cuando iba a pedir más detalles, Yuuri le tomó la mano, y le pidió silenciosamente que lo hablaran en otro momento.
―¿A qué hora sales? ―preguntó la mujer en cambio, agregando, cuando Yuuri le respondió, que lo esperaría a la salida.
Cuando Natalya se marchó, ambos hombres se quedaron el silencio, hasta que, cinco minutos después, Javier hizo su pregunta.
―¿Viktor es…?
―Sí.
Javier alzó las cejas, mientras se bebía el resto de la copa.
―Buena suerte, compadre.
.
Natalya lo esperaba a la salida tal y como prometió. Al verlo, solo esbozó una sonrisa, y eso le bastó a Yuuri para saber que ella ya estaba al tanto de todo lo que había ocurrido.
Fue ella la que se acercó, y lo envolvió entre sus brazos cariñosamente. Y él, luego de dos meses de negación, se dio cuenta que aquello era lo único que necesitaba. Así que solo se aferró al abrazo, y su cuerpo comenzó a temblar por los sollozos que intentaba contener.
―Ya, cariño ―dijo ella mientras acariciaba sus cabellos―, déjalo salir. Llora todo lo que quieras.
Y Yuuri así lo hizo. Lloró hasta que sintió que sus ojos se quedarían secos si continuaba, y hasta que se sintió más ligero, como si todo el peso que había cargado desde esos meses hubiera desaparecido mágicamente; pero él sabía que nada había desaparecido, solo que el compartirlo con alguien hacía su carga más llevadera.
Una hora más tarde, ambos caminaban por las calles de Barcelona, Natalya aferrándose a su brazo, siguiendo ambos los pasos del otro, sin saber muy bien a dónde se dirigían.
―¿Sabes? ―comenzó a hablar ella―, cuando te vi en el bar de verdad pensé que habían podido solucionar todo, que Vitya le había pedido al fin el divorcio a la perra esa y que estaban celebrando.
Yuuri dejó salir una carcajada amarga.
―Ya no estoy tan seguro de si Viktor quería o no divorciarse.
Natalya frunció el ceño.
―Él quería divorciarse. Estoy segura de ello, Yuuri.
Yuuri apretó la mandíbula.
―Aun así, Tasha, no era algo que yo pudiera aguantar por más tiempo. ―Tal vez habría podido si todo no se hubiese torcido tanto al final.
La mujer suspiró.
―Admiro lo que pudiste aguantar; yo no habría podido. Ni siquiera soporté estar en el mismo país que ustedes; no estaba dispuesta a participar de ese circo.
Yuuri no quiso agregar más, y tan solo se mantuvo caminando al lado de ella. Ese día había salido temprano del bar, y, por consiguiente, le tocaba practica en la pista de patinaje, así que sus pies lo dirigieron inconscientemente a ese lugar.
―Por cierto ―mencionó ella cuando faltaban unas cuadras para llegar―, ¿dónde conociste a ese chileno?
―Es un cliente del bar.
―Es bastante… chileno.
Yuuri elevó una ceja.
―Y eso significa que…
Natalya se quedó en silencio un momento, mientras caminaban a la par. Luego negó con la cabeza, y miró a Yuuri con su sonrisa característica.
―Ten cuidado, ¿eh?
Yuuri parpadeó, perplejo por el cambio en la conversación.
―¿Qué?
―No conozcas a nadie. Recuerda que dije que si no te casabas con Vitya te tenías que casar conmigo. ―Y luego soltó la carcajada.
Yuuri suspiró, mientras se pasaba una mano por la cara, sin saber si sentirse divertido o fastidiado.
―¿De verdad estamos teniendo esta conversación?
Ella solo rio para seguir avanzando. Y Yuuri la siguió.
Era posible que siguiera sintiéndose vacío, pero ahí, en ese momento, al lado de aquella querida amiga, sentía que quizás podría olvidar todo por esa noche.
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Notas de autora:
¿Merece un review?
Si sienten curiosidad sobre Natalya, por favor dirigirse a "Del error al desastre" capítulo VI, "¡Feliz día, papá!" o a "Cómo destrozar a un pavo real, por Katsuki Yuuri" aproximadamente entre los capítulos IV y VII.
Si quieren conocer más sobre Javier, pueden dirigirse al fic "Del error al desastre", donde es un personaje regular.
