Capítulo VI
Cuando llegaron a la pista de patinaje, ya había alguien ocupándola. Una canción sonaba por unos parlantes, y Jorge se movía al ritmo de la música.
—Tiene buen gusto el muchacho —comentó Natalya, lo que indicaba, claramente, que conocía la canción.
Yuuri asintió.
―Y también talento ―añadió él cuando el muchacho clavó un toe-loop cuádruple.
Durante las oportunidades en que había coincidido en la pista de hielo, Yuuri se había dado cuenta de que el muchacho tenía un gran potencial. Y había algo más importante aún: amaba el patinaje; de la misma manera en que él lo hacía.
No pasó mucho tiempo para que el adolescente se diera cuenta de que estaba siendo observado, así que, luego de detener la canción, se acercó rápidamente hacia donde ellos se encontraban.
―No llegabas nunca, así que entré por mi cuenta ―se justificó ni bien llegó.
Y claro, ese era un claro mensaje de que había llegado tarde, y de que Jorge, claramente, no dejaría de entrenar en su ausencia.
Yuuri no tuvo de otra que asentir. Luego miró a Natalya para presentarlos adecuadamente, pero la mujer ya estaba mirando al niño fijamente, demasiado, haciendo que este luciera nervioso al ser foco de semejante escrutinio.
―¿Natasha…? ―llamó, aunque siendo sincero, ya esperaba que su amiga lo ignorara completamente.
―¿Te conozco? Me pareces vagamente familiar.
Jorge clavó sus ojos verdes en ella, intentando hacer memoria, aunque finalmente negó con la cabeza.
―Creo que te recordaría si te hubiese visto. Definitivamente.
Y Yuuri no tuvo de otra que elevar una ceja, sorprendido por el tono coqueto que había ocupado el adolescente. Aquel muchacho tenía quince años a lo sumo. Era alto para su edad (prácticamente de la misma altura que Yuuri), y ya podía ostentar de una voz adulta, pero aún se notaban vestigios de una infancia que había sido abandonada hace poco.
Natalya, al contrario de él, solo había reído.
―Me caes bien. ¿Cuál es tu nombre?
El adolescente iba a contestar, pero Yuuri lo interrumpió.
―Jorge, vuelve a tu entrenamiento.
El niño le dirigió una mirada de molestia, la cual cambió a ver el semblante serio que dejaba mostrar Katsuki. Jorge alternó la mirada entre ambos adultos, pensando seguramente de que estaban juntos, y se encogió de hombros, decidiendo continuar con lo que estaba haciendo antes de que ellos llegaran.
Yuuri miró a Natalya exigiendo una explicación, pero esta estaba demasiado pensativa para notarlo.
―¿Qué fue eso?
La mujer salió de su ensimismamiento. Sus ojos azules conectaron con la mirada chocolate de Yuuri, y no hizo otra cosa más que encogerse de hombros, al tiempo que volvía a mirar a la pista, donde el niño había comenzado nuevamente la rutina que había sido interrumpida.
―Me recordó a alguien ―contestó ella luego de un rato.
Por toda respuesta, Yuuri elevó sus cejas, exigiendo una explicación más detallada.
―A un chico que conocí en el bar, cuando tú recién llegaste a Rusia. Dudo mucho que te acuerdes de algo como eso. Salí un par de veces con él antes de que desapareciera. ―Y eso al parecer aún le dolía.
Pero Yuuri se acordaba. O al menos recordaba el berrinche que había hecho Viktor en aquel momento. Y por eso mismo, porque el recuerdo estaba demasiado ligado a su ex pareja, que decidió que de pronto el tema ya no le interesaba tanto como antes.
Aunque no pudo evitar hacer un último comentario.
―Era un tipo que cantó una canción subido en una de las mesas del bar, ¿cierto? ―Eso sí que lo recordaba.
Natalya sonrió.
―La misma que él está patinando ―agregó ella.
Yuuri asintió, pensando en que no era muy normal que Natalya soliera acordarse mucho de sus citas, pero a la vez no quiso seguir inmiscuyéndose en aquello. Aunque también recordaba algo más: aquel sujeto era chileno, al igual que Javier. Y en ese momento pudo comprender por qué Natalya parecía tan aprensiva sobre su amigo del bar. Aquel chileno que conoció en Rusia le había roto el corazón.
―¿Dónde fue que lo conociste? ―aquella pregunta lo trajo de vuelta al presente.
―Lo descubrí metiéndose a hurtadillas a la pista.
―¿Cuál es su apellido?
―Natalya… ―soltó él en tono de advertencia. No iba a permitir que acosara al pobre niño solo porque este le recordaba a una persona de su pasado.
Natalya rio, ignorando su advertencia.
―Es chileno también, ¿verdad?
Yuuri asintió, rindiéndose. Prefirió seguir viendo a Jorge practicar, corrigiéndolo cuando creía que debía hacerlo.
A su lado, Natalya volvió a reír.
―¿Ahora lo estás entrenando?
Yuuri no supo cómo responder, aunque finalmente lo negó.
Jorge ya le había hecho la misma pregunta en una oportunidad anterior, pero Yuuri no estaba preparado para entrar de nuevo en aquel mundo, y preocuparse por alguien más aparte de él le parecía imposible en ese momento.
―Solo lo estoy ayudando por el periodo que está acá en Barcelona. Pronto regresará a su país para el comienzo de su año escolar.
Natalya sonrió con cariño.
―Es una lástima. Estoy segura de que serías un gran entrenador. ―Se mantuvo pensativa por un momento―. De hecho, pareces su entrenador. Y él te obedece como si lo fueras.
Yuuri carraspeó, aunque por un momento sintió su voluntad doblegarse.
―No me convencerás con artimañas.
Su rostro sonrojado y su ceño adorablemente fruncido hicieron que Natalya sonriera aún más, con su sonrisa tan característica.
―Es una verdadera lástima, Yuuri ―pronunció mientras alargaba la primera sílaba de su nombre―. Chile es bastante agradable en esta época del año.
―Natasha…
Pero ella continuó, sin ponerle atención.
―Me parece mejor que quedarse en una ciudad que tantos recuerdos te trae de tu ex pareja, y a los cuales te sigues aferrando.
Ahí estaba. Natalya le había dado el tiro de gracia.
Y como si su corazón no se hubiera roto en mil pedazos, la mujer continuó viendo la presentación de Jorge, tarareando la canción, demostrando el buen dominio que tenía del español.
Luego de un rato, Yuuri se atrevió a hablar nuevamente, sintiendo que su garganta estaba siendo apretada fuertemente.
―Varias veces me he preguntado si hice lo correcto, Natalya. Todo este tiempo he pensado en que hubiera sucedido si me hubiera quedado en Rusia en vez de huir como un cobarde.
Pero Natalya no le respondió. Fue luego, cuando Jorge ya no estaba y era el propio Yuuri el que estaba ocupando la pista, que Natalya volvió a tocar el tema.
―Tienes que estar seguro de tus decisiones, Yuuri. ―Hizo una pausa, y luego continuó―. Si decidiste marcharte del lado de Viktor, continúa con aquella decisión hasta el final. Puede que no haya sido lo correcto, pero debes ser fiel a ti mismo.
Y de cierta manera, eso era lo que él necesitaba escuchar.
.
Notas de autora:
Espero que les haya gustado el capítulo. Un abrazo.
