Capitulo IX


Yuuri conducía el auto en aquella ocasión. Habían decidido que sería así dado el estado anímico de Natalya. Mientras, ella se mantenía con la mirada ausente, fija en algún punto de la carretera.

Y Yuuri no entendía nada.

Aún le costaba comprender lo que había pasado, y claramente, no se podía imaginar qué en concreto había provocado tamaña reacción.

Había sido todo bastante rápido.

Luego de que Javier y su pareja hubieran salido con la pequeña, Natalya había llegado.

¿Qué haces vos acá? ―La forma en la que lo había preguntado no había sido amable, y no se parecía en nada a su actitud habitual.

La pareja de Javier solo había fruncido el ceño con extrañeza y había preguntado algo también en español.

Ese fue el momento en que Natalya había soltado lo que a todas luces parecía ser una maldición bastante fuerte, y luego había comenzado a hablar en un apresurado ruso, al parecer demasiado enojada como para hablar en otra que no fuera su lengua natal.

¿No me recuerdas? ―había soltado con el ceño fruncido―. La videollamada hace dos años.

Por los ojos de la mujer había pasado el entendimiento.

Oh, veo que ahora sabes a qué me refiero. En ese entonces me dijiste que eras la pareja de Lucas ―dirigió una corta mirada hacia Javier―, pero parece que lo suyo no duró.

Espera, eso no es… ―se intentó explicar la otra mujer en ruso también, pero una tercera voz se hizo presente.

―¿Lucas? ―Luego agregó algo en español―. Sarina, ¿ustedes ya se conocían? ―preguntó esta vez en inglés.

Natalya le dirigió una corta mirada a la mujer que parecía llamarse Sarina y luego regresó su atención a Javier.

―Nos conocimos hace unos años. Contesté una llamada que ella le hizo a Lucas. Creo que lo conoces, ¿no?

Yuuri observó cómo Javier parecía desviar la mirada hacia su pareja antes de asentir.

―Sí. Hizo un intercambio a Rusia hace unos años. ¿Eras su novia de allá? Nunca nos habló de ti… ―Luego desvió la mirada a su pareja a su pareja y le habló en español.

Cualquier cosa que Javier hubiese dicho no parecía haberle hecho mucha gracia a ninguna de las dos mujeres. Yuuri vio el momento exacto en que la espalda de Natalya se tensaba y cómo la otra mujer le enviaba una filosa mirada a su novio.

―Solo compartimos unas salidas ―cortó Natalya antes de que Javier agregara algo más―. Me recordaron a él por ser chilenos. ―Luego desvió la mirada a Yuuri―. Bueno, nosotros mejor nos vamos, ¿no?

Luego de eso y de despedirse rápidamente de los chilenos, ambos se dirigieron al auto de Natalya y ahí estaban ahora, mientras esperaban que el semáforo se pusiera en verde.

―¿Qué fue…?

―Conduce y no preguntes, Yuuri ―lo cortó Natalya mientras mantenía fija la mirada en la ventana del auto.

Yuuri apretó la boca y luego suspiró. El resto del viaje pasó en silencio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Por orden de Natalya condujo hasta su propio departamento y sse bajó en cuanto estuvieron afuera del edificio. Mientras estaba a un lado de la acera esperando que Natalya se cambiara al asiento del conductor, no pudo evitar hacer una última pregunta. Golpeó el vidrio y esperó a que ella lo bajara.

Se inclinó un poco y sonrió al verla entrecerrar los ojos.

―¿Qué quieres ahora?

―¿Lucas era el tipo de esa vez en el bar de Ivan? ¿El que se subió a la barra a cantar? ―Hizo la pregunta sin anestesia, sin dar tiempo a que ella lo callara.

La forma en que lo dijo, casi sin respirar, hizo que Natalya inevitablemente riera.

―No te rindes, ¿eh? ―Luego suspiró para luego asentir―. Sí, era él.

Yuuri asintió y se volvió a quedar en silencio. La primera ve que aquel sujeto había salido a colación, parecía ser alguien a quien Natalya recordaba, pero que no había sido demasiado significativo más allá de un poco de orgullo herido. Sin embargo, ahora aquella actitud y la confrontación con la pareja de Javier parecían decirle algo distinto; aquel Lucas había significado algo para Natalya, pese a que lo suyo no había sido muy duradero.

―¿Y, qué ocurrió?

―Si vas a hacer que te cuente toda la historia, lo mínimo que me merezco es un café, ¿sabes?

Yuuri sonrió mientras asentía. Hicieron el camino tranquilamente, mientras Natalya soltaba un «Yuuri realmente es una mala persona por hacerme recordar cosas feas» en un tono que le estrujó un poquito el corazón, porque la hacía demasiado parecida a Viktor.

Hizo a un lado esos pensamientos para abrir la puerta de su departamento y dejar pasar a la mujer, que no perdió el tiempo en instalarse en uno de los sillones mientras Yuuri iba a por ese café prometido.

―Solo y con dos de azúcar, ¿verdad? ―cuestionó al volver.

Natalya se sobresaltó ante aquellas palabras y asintió, mientras recibía la taza.

Yuuri tomó asiento a su lado, mientras sorbía del té que se había preparado.

―Entonces, ¿qué ocurrió? ―cuestionó, porque sabía que ella no comenzaría a hablar por cuenta propia.

Natalya bebió un poco de café antes de comenzar a hablar.

―Realmente me gustaba, ¿sabes? Era completamente diferente a los chicos que solía conocer. Ni siquiera sabía quién era yo realmente, y eso me gustaba, porque era a mí a quien veía, no a la famosa Natalya Selezneva, solo a Natasha. ―Se limpió una lágrima que caía por su mejilla―. Le gustaba patinar y el sexo con él era increíble. ―Rio con fuerza al ver la cara de Yuuri, que claramente decía que no quería saber esos detalles. Suspiró para volver a su seriedad anterior―. Entonces, el día de nuestra última cita, recibió una llamada mientras se encontraba patinando. Me pidió que la atendiera, así que eso hice―. Tomó aire, como si ahí viniera lo doloroso―. Era esta chica, Sarina, preguntándome por qué estaba contestando el móvil de su novio. Me dijo que eran novios desde hace años, pero que estaban en una relación en ese momento. ―Negó con la cabeza―. Me sentí demasiado mal, como el segundo plato, así que terminé todo ese mismo día. Me inventé cualquier cosa para salvar mi orgullo y me fui de ahí, lo dejé solo en aquella pista.

Yuuri asintió, mientras dejaba su té en la mesa de centro y abrazaba a Natalya por los hombros.

―Pero fue lo mejor, ¿no? Mereces a alguien que te vea solo a ti, Natasha. ―Todos lo merecían, pensó con desdicha.

Natasha negó con la cabeza.

―No debí haber huido de esa forma. Debí haberle hablado de la llamada, de frente, como suelo ser yo a menudo. ¿Por qué me tuve que ir como una adolescente herida? ―Bebió un sorbo de su café―. Lo busqué luego de eso, pero no pude dar con él. Recuerdo que sus padres lo habían ido a visitar, así que supongo que se fue con ellos a Chile.

Yuuri tomó un mechón que caía sobre su rostro y lo acomodó detrás de la oreja de la mujer.

―Insisto: ¿de qué hubiese servido?

Natalya rio sin pizca de humor.

―¿Acaso no escuchaste lo que dijo Javier? ―Suspiró cuando pareció caer en cuenta de algo―. Claro que no, si lo dijo en español…

―¿Qué cosa?

―Esa chica, Sarina, no era la novia de Lucas. ―Miró a Yuuri mientras le temblaba el labio―. Era su hermana.

Ese fue el momento exacto en que Yuuri acabó con toda distancia y abrazó a Natalya con fuerza. Aquello lo cambiaba todo.

.

En otro lugar, una mujer dejaba cuidadosamente a una bebé en la cuna. El hombre a su lado se encargaba de arropar a la niña y darle un beso en la frente. Luego, ambos salieron de la habitación.

La chica suspiro mientras se apoyaba en la pared. El hombre se puso a su lado.

―Bastante interesante esa conversación, ¿eh, Sarina? ―murmuró el hombre―. Aunque creo que lo más impactante fue cuando dije que eras la hermana de Lucas ―añadió mirando a la mujer de reojo―. La cara de esa chica se puso blanca y sentí que me querías arrancar la cabeza.

Sarina suspiró.

―Puede que haya hablado de más hace dos años.

―¿La infalible táctica para espantarle las pololas a tu hermano?

La mujer asintió.

―Aunque es posible que esa chica no se lo mereciera.

Javier se encogió de hombros.

―Entonces ¿por qué lo hiciste? ―Esperó una respuesta que nunca llegó. Luego de una pausa considerable, algo pareció rondar por su mente―. ¿Fue ese día?

Sarina pareció soltar todo el aire de golpe.

―Sí ―murmuró mientras se inclinaba hacia Javier y apoyaba la cabeza en su brazo.

Javier imitó su suspiró y la estrechó contra él.

―Ay, mujer, me imagino la reprimenda que te daría Max en estos momentos.

―¿No lo harás tú?

Javier se encogió de hombros.

―Sabes que mi brújula moral siempre ha estado un poco averiada.

Sarina suspiró mientras soltaba una pequeña risa.

―Nunca pensé que diría esto, pero creo que hasta lo prefiero.


Notas de autora:

¡Feliz cumpleaños, fetito! Aún es tu cumple en algunos países del globo xD.

Espero que el capítulo les haya gustado. Un abrazo.

Perdón si hay algún dedazo por ahí, pero es que ya me caigo del sueño.