Este capitulo viene a continuación de "Primer beso | Parte 1 |"
Primer beso | Parte 2 |
Bakugou no podía parar de pensar en los días pasados ¿acaso era él el único que lo recordaba? Tanto el dúo de idiotas que siempre los acompañaban, como el mismo Kirishima, no tocaban el tema. Como si nunca hubiera sucedido.
Y mierda, si pasó. Cada vez que observa al pelirrojo acercarse tiene el impulso de llevarse las manos a los labios, que obviamente niega, al pensar como los del otro se apoyaba en los propios. Lo peor es que lo estaba distrayendo, cuando en los entrenamientos le tocaba ir contra Kirishima el recuerdo volvía a su mente y se distraía, recibiendo un ataque del aludido que practicaba tan campante.
Y aunque intentara una y otra vez quitarse ese recuerdo de su mente, no lo lograba. Tal vez hablarlo ayudaría, sacar los problemas ante alguien más y que éste le de soluciones. Pero ni Kaminari ni Sero le parecían lo suficiente inteligentes para dar respuestas, ya que no eran inteligentes en los absoluto y terminarían viendo el problema como una forma de burlarse de él. Deku tampoco, las cosas estaban mejor entre ellos, pero no llegaban a tener ese tipo de amistad. Además el idiota era un manojo de nervios y ni bien nombrara la palabra "beso", empezaría a titubear y sonrojarse. Una pérdida de tiempo. Podría llamar a Camie, pero si los otros dos eran idiotas ella era una idiota a décima potencia. Tendría que conseguirse nuevas amistades, carajo, se preguntaba como llegó a armar ese grupo.
Bajó hasta la sala principal donde había un par hablando en la cocina y solamente Jirou sentada en el sillón, escuchando música. Ella era una buena opción, de hecho era excelente. No agudizaría su voz con chillidos por hablar de esos temas como lo harían Ashido y Hagakure, ni se sonrojaría y sacaría al aire sus propios sentimientos por Deku como haría Uraraka. Tanto ella como las dos restantes eran una buena opción, pero por alguna razón se sentía cómodo desde el principio del año en tener charlas casuales con ella. Aquellas mierdas de "hoy va a llover", pero se sentía lo suficiente relajado para no enojarse cuando le soltaba cosas obvias. Se sentó junto a la joven pensando en cómo comenzar el tema, ella levantó la vista cuando se acercaba para nuevamente bajarla de nuevo a su celular.
—Hey —dijo él
—Hey —respondió sin prestarle mayor atención.
—Tú —al ver que el chico quería conversar, levanto la vista. Pero sin quitar el intento de auricular que salía de su cuerpo de su celular— ¿Algunas vez has besado?
La chica abrió los ojos tan grande como le fuera posible, mientras su rostro se iba tiñendo de un rojo que le hacía juego a su cara de sorpresa. Miró a ambos lados para verificar que estuvieran solos, luego al chico para ver si se trataba de algún tipo de broma. Al ver que tenía una expresión más seria de lo habitual y un tanto incómoda, alejo sus extensiones del celular y cambio su posición para estar frente a él — ¿Tiene que ver con el juego de la otra vez? —dijo casi en un susurro y él se alegro de haberse acercado.
—Sí —respondió con la misma débil voz que la chica— no me lo puedo sacar de la cabeza —vio como la chica apoyaba el brazo en el sofá y levantaba una ceja— no te hagas ideas.
—No, no me las hago —comenzó— debe ser raro que de la nada tu amigo salté a besarte —Bakugo afirmó con la cabeza, dándole a entender que había tocado el punto— ¿ahora te trata diferente?
—No —sin contenerse lo dijo en voz más alta de la que tenía planeada, se giró a ver en la cocina donde tanto Satou como Yaoyorozu se habían girado— ¿Qué MIRAN? —tanto el grandote del azúcar como la delegada se giraron a seguir con lo que estaban, no sin antes que Momo le dirigiera una discreta sonrisa. Sin duda a la chica le gustaba que el problemático de la clase se uniera más a sus compañeros.
—Si no quieres llamar la atención, no grites —dijo un tanto molesta por el fuerte ruido cerca de sus oídos sensibles. Bakugou le dio razón y se disculpo de mala gana.
—¿Podemos seguir?
—Eso depende de ti —el chico reviso con la mirada de que siguieran solos y continúo.
—No. Me trata exactamente igual, como si nada hubiera pasado —Ahí encontraba un problema Jirou, no tanto en que Kirishima se comportara como si nada hubiera pasado, que sin duda le extrañaba. Sino que a Bakugou le afectara que Kirishima no haya cambiado su trato hacia él. Si estuviera en su posición y una amiga la besara por un juego, digamos Momo por la igual cercanía, ella lo olvidaría y no sacaría el tema de nuevo. Porque es una amiga, y no la ve más que eso aunque la hubiera besado. ¿A Bakugou no le tendría que haber pasado eso? Ahora dudaba el tipo de conversación que quería tener el chico y cómo afrontarla sin que decidiera irse de la nada del sillón.
Por otro lado, estaba Kirishima. Que esa noche sin duda había actuado raro frente a su amigo, tal vez sea mejor desviarse por esa ruta, aunque se estuviera convirtiendo en algún tipo de Cupido sin proponérselo.
—Sabes —comenzó la chica tras meditarlo— esa noche la botella también me había emparejado con Kirishima, aunque yo seguía diciendo que no estaba jugando —dijo lo último como una queja— y Kirishima me beso en la mejilla. Creo que le paso lo mismo con otra chica, Ashido si recuerdo bien. A quien beso en la coronilla.
Ahora la cara de Bakugou era de real sorpresa, lo único que logró soltarle luego de la persecución es que era parte de un juego. Que se veía obligado a besarlo, pero ahora podía ver que no era cierto. La pregunta era porque lo había besado en los labios y porque había puesto esa maldita expresión antes de hacerlo. Esta vez, sin evitarlo, llevo una de sus manos a sus labios. Jirou soltó una pequeña risa sin que el chico lo notara.
—De hecho, Kirishima no hacía más que intentar escapar del juego —la cara de ensoñación que tenía Bakugou era sin duda digna de ver— pero ni bien la botella te señalo, pareciera que el juego hubo cobrado interés.
Jirou no vio necesario soltar otra palabra, igual por la mirada perdida que tenía su compañero dudaba que la hubiera escuchado. En cuanto al chico, no vio que el tiempo transcurría hasta que vio una taza de té frente a sus narices. Lo que lo hizo despabilarlo y apurarse en sacar la mano que recorría sus labios.
Frente suyo estaba Yaoyorozu, ofreciéndole la taza de té con una mirada preocupada y Satou, apoyando unas galletas recién hechas en una mesa que se encontraba frente a los sillones, mientras se sentaba en uno de ellos.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó Momo cuando él agarraba la taza.
—Si —dijo para tomar el contenido de un solo sorbo, se paró de donde se encontraba sentado dejando la taza vacía en la mesa y aprovecho para tomar dos galletas para el camino. No era necesario decirle nada a Jirou, sabía que no hablaría. Pero él si necesitaba hacerlo, y no dejar las cosas sin cerrarse.
Se dirigió hacia su piso, mientras masticaba esa gloriosa galleta pensando en lo que diría. O lo que haría. Lo que haría más que nada, una escena no paraba de repetirse en su mente a cada instante y esta no era la de Kirishima apoyando sus labios sobre los suyos durante unos segundos, aunque si tenía la culpa de esas imaginaciones. Sino que era sus labios devorando los del pelirrojo con sonrisa de idiota por un buen rato.
Y eso podía estar seguro que nunca se había convertido en algo que le interesara, que ya estaba demasiado ocupado en convertirse en el numero uno para concentrase en cursilerías, pero esas imágenes no escapan de su mente. Y ahora, tras la conversación que había tenido con Jirou, solo retomaban más fuerza.
Pasó de largo la puerta de su habitación y terminando los últimos pedazos de galletas que le quedaban, golpeó la puerta de Kirishima. Tras esperar unos instantes, salió el susodicho con la misma cara alegre de siempre. Se encontraba sudado y con un pañuelo en la frente, sus manos estaban equipadas con guantes de boxeo. Seguramente estaba practicando golpes.
—¿Qué sucede Blasty? —dijo Kirishima mientras se limpiaba el sudor de la frente con los guantes, sin lograr mucho.
—¿Por qué me besaste? —soltó el cenizo sin más, ganándose un fuerte sonrojo de su amigo, mientras que tragaba con fuerza. Luego le hizo lugar para que pasara y no se llevaran una sorpresa en el pasillo.
—Ya te dije, era un juego y... —Bakugou lo interrumpió.
—Estuve hablando con uno de los participantes de dichoso juego y no era obligatorio besar en los labios—Kirshima se veía al descubierto y se notaba más que incómodo por eso— ¿Por qué lo hiciste?
El pelirrojo le desvió la vista y se dirigió hacia su cama, donde se comenzó a sacar los guantes y los dejaba arriba de esta.
—No sé —finalmente soltó mientras Bakugou se quedaba apoyado en la puerta—porque quise, supongo —tenía el rostro dirigido al suelo, así que Bakugou no podía notar la expresión que estaba poniendo.
—Porque quisiste, eh...
—Cuando la botella te señalo no pude ni considerar besarte en la mejilla, pensé que estaría perdiendo una oportunidad.
—¿Qué oportunidad? —Kirishima levantó la vista, preguntándole si realmente era necesaria la respuesta— ¿Qué oportunidad? —sí lo era.
—De besarte —le dirigía una vista más fija de lo que hubiera esperado— me volví loco por probar tus labios.
Bakugou dando una pequeña sonrisa de triunfo, se acercó hacia la cama contraria. Se agachó frente al otro para estar a su misma altura y tomó su rostro entre sus manos.
—¿Sigues estando loco? —dijo, mientras Kirishima se mordía los labios.
—Mas que nunca —a la respuesta Bakugou no lo dejo esperando y volvió a unir sus labios como aquel día, las chispas volvieron a saltar. Al sentir los labios ajenos durante más tiempo pudieron notar como aquella suavidad no aparecía solamente en sus sueños.
Bakugou abría los ojos para notar como Kirishima hacia lo mismo y encontrar aquella mirada que le permitía ir más allá, sabiendo que complicaría su amistad. Se separó del beso y le susurró a Kirishima que abriera la boca, éste no tardo en conceder.
Bakugou se interno más a fondo en la boca ajena y antes de fluirse en una amena charla con la lengua contraria, se encontró con aquellos dientes filosos que lo devolvieron a la realidad. Se apresuró en separarse del beso mientras llevaba su mano a su propia boca, se había lastimado la lengua y labios.
Kirishima se apresuró en pararse para disculparse y encontrar algo para limpiar sus heridas que sin intención había causado. Bakugou negó y lo atrajo hacia si nuevamente, él era alguien que podía lograr lo que estuviera en su mente y las ganas de besar al otro no se irían solamente con un par de rasguños. Volvió a besar a Kirishima buscando otros ángulos, otras aperturas, llevándose otras cuantas más lastimaduras en el proceso mientras iba buscando el camino correcto para controlar aquella caprichosa boca.
Con el tiempo, porque no lograron el control aquella oportunidad, fueron ganando experiencia y comenzaron a notar los que les gustaba al otro. Los besos dejaron tener pequeñas heridas por parte del rubio ni pasaban por situaciones incómodas por intentar hacer algo visto en tv que sentía para el orto en la vida real y por último y más importante, dejaron de ser un mar de convirtieron en algo delicioso donde cada uno de los dos buscaba al otro para practicar aquella danza que deseaban que nunca termine.
