esto es una adaptación de laurann Dohner - Zorn Warriors (Ral's)
Disfruten!
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Capítulo 1
Kagome miró hacia abajo. Había aprendido a no levantar la mirada. La mejilla izquierda todavía le dolía por los golpes que había recibido.
Ella sabía que la ayuda nunca llegaría. Todavía se encontraba en un profundo estado de shock, por lo que con el pasar de las horas se le hacía más difícil. Su vida había terminado, cambiada para siempre, estaba segura que la muerte vendría a saludarla muy pronto. Esto no podía estar sucediendo. ¿Cuántas veces le había pasado por la cabeza ese pensamiento desde el día en que había sido secuestrada?
Su mirada se desvió por todo el suelo de la cueva.
Alguien había barrido cuidadosamente la suciedad y los escombros hasta dejarlo casi limpio. Había luces en el techo por lo que la habitación estaba bien iluminada.
Oyó pisadas acercándose y el miedo se apodero de ella. ¿Y ahora qué? La idea surgió un momento antes de que uno de los hombres que la había llevado a la habitación entrara en la sala.
— Inútil — dijo en voz baja.
Ella levantó la mirada. Ese hombre no era humano. El shock de saber que no era humano no se había desvanecido todavía. Días atrás, si le hubieran dicho que existían otras razas se habría reído y le habría dicho que de que película lo había sacado. Ya no
era gracioso. Su mirada recorrió al hombre de piel azulada. Sus ojos eran amarillos. Era como una serpiente y su voz era tenue de una manera espeluznante, enviando escalofríos por su columna.
— ¿Me has oído, terrícola? Eres inútil.
Ella asintió, no hablaría. Sabía que si lo miraba mucho tiempo o si hablaba, recibiría un nuevo golpe en la cara. Ellos eran Anzons. Eso fue lo que le dijeron cuando la atraparon en los bosques cerca de su casa.
Los días que había pasado cautiva se sentían una eternidad para ella.
Escucho otra serie de pasos. Levantó la vista. Las hembras de su especie tenían los mismos ojos misteriosos de color amarillo y el tono azulado de la piel. Tenían pechos y parecía que solo les crecía el cabello en una franja de la parte superior de la cabeza
a la parte inferior de su cuello, su estructura corporal no era tan distinta. Todos ellos eran delgados y largos.
— Se ha confirmado — susurró la mujer. — Ella no es capaz de reproducirse con nuestros hombres. Los humanos no son la respuesta que buscamos.
— Podríamos darles algún alivio a nuestros machos con ella. No es horrible a la vista y su forma es bastante similar a la nuestra.
La mujer susurró en voz alta. — El examen físico que le hice mientras estaba inconsciente dice lo contrario. Ella moriría.
— Es inútil de todos modos.-
La mujer frunció el ceño. — ¿Dónde está tu compasión, Yoz? Sería una tortura para ella. La cáscara dura en la punta de tu sexo la desgarraría por dentro. Se desangraría y el dolor sería — La mujer se estremeció. — No se lo desearía incluso a un enemigo. No estamos en guerra con su mundo.
— Va a morir de todas formas y siento curiosidad. — Yoz — susurró la mujer. — No lo permitiré. Tengo otro propósito para ella.
— Necesitamos un trabajador?
— No. Pensé que podíamos premiar a uno de los mineros con ella. Es probable que no sean compatibles para reproducirse, pero sexualmente no sería perjudicial entregarla a uno de ellos.
Yoz siseó. — Vhal, eso es asqueroso. Eso es crueldad. Son tan horribles.
— Pero ellos no la mataran y tienen el pelo como el de ella.
El hombre soltó un bufido. Kagome sintió sus ojos en ella. — Ella tiene poco pelo en el cuerpo. Ellos tienen más pelo. También son mucho más grandes. La textura de su piel se ve igual, aunque...
— Ya he hablado de esto con Mon y estuvo de acuerdo. Está hecho. Llévala a las minas ahora. Mon le espera
El miedo golpeó a Kagome profundamente. Sacudió su cabeza y fijó los ojos en la mujer. — ¿Qué está pasando? Por favor, dígame algo. Por favor.
El hombre silbó furiosamente a Kagome. La mujer- Vhal- la agarró del brazo y sacudió la cabeza. Su cara estaba llena de compasión cuando la entregó al hombre.
Vhal caminó delante, Kagome parpadeó un par de veces, una lengua como de lagarto atravesó sus delgados labios azules. Ella miró a Kagome.
— Fuiste capturada en tu planeta cuando pasamos por él. Nuestros machos superan en número a nuestras hembras dieciocho a uno. Por lo que estamos frente a una eventual extinción si no encontramos una
raza de hembras para reproducirse con nuestros machos. Nuestros cuerpos femeninos sólo soportan una o dos fecundaciones en nuestras vidas. Ponemos los huevos y luego los jóvenes salen del cascarón. Sólo tenemos entre tres a seis niños por cada fecundación.
Te hicimos pruebas y no eres compatible con nuestra especie
Kagome se quedó atónita. — ¿Puedo ir a casa por favor?
— Lo siento pero no. Estamos en un gran.— Ella frunció el ceño. — Se diría que es un asteroide. Enviamos a nuestras naves a planetas habitables. Somos muy cuidadosos con nuestro combustible.
Nuestra misión es muy importante y tenemos que completarla antes de que se nos permita regresar a nuestro planeta. Si no encontramos hembras
reproductoras compatibles eventualmente moriremos a causa de la vejez buscándolas. Es imperativo salvar a nuestra raza. Hay otras estaciones como esta por ahí en
busca de hembras. Si las encontramos necesitaremos todo nuestro combustible para llevarlas a nuestro planeta.
Los ojos chocolates de Kagome se llenaron de lágrimas. —Así que nunca volveré a ver mi hogar otra vez?—
—Lo siento.— La voz de La mujer sonaba triste.
—Tenemos mineros, que explotan este asteroide, nos dan combustible y más espacios para vivir. Serás otorgada a uno de ellos por ese duro trabajo. Son Zorn. Otra raza de gente que poseemos. —
Poseen? Ella no dejo pasar el término. El horror inundo a Kagome
—¿Qué será de mí?—
La mujer parpadeó. —Tratan bien a las pocas mujeres que tienen. Ellos no comparten a sus mujeres por lo que serás otorgada solo a uno de ellos. El implante en tu oído te permitirá comunicarte con el macho al que serás otorgada.
Nuestro comandante siente placer por los deportes por lo que el ganador te conseguirá. Les ofrece recompensas. Tú eres el premio.
Ella miró a la mujer. —Por favor... no.
La mujer asintió con la cabeza. —Es mejor que lo que Yoz tenía pensado para ti en el almacén. Una unión sexual con uno de los de mi especie te mataría dolorosamente. —La mujer se volvió.
—Llévala, Yoz—.
Kagome quería pelear, pero sabía que sería inútil. El hombre media seis pies de alto (1,80 cm) y era condenadamente fuerte, a pesar de ser tan delgado.
Agarró la cadena que ataba su muñeca y los grilletes que la unían a la pared se abrieron por medio de alguna fuerza extraterrestre. Se alejó, sin esperar a ver si Kagome lo seguía o no. Ella se puso de pie rápidamente para no ser arrastrada. El hombre tenía las piernas largas. Su torso no era tan largo, pero sus piernas eran mucho más largas que las humanas.
Yoz la llevó a través de pasillos de piedra. Kagome se quedó sin aliento al ver una gran ventana de lo que parecía ser vidrio grueso. Miró más allá de la ventana, literalmente hacia el espacio exterior. Vio un mar negro repleto de estrellas. Yoz le dio un tirón a la cadena que la hizo tropezar hacia delante. El dolor se disparó por su brazo.
—Hermoso—, susurró. —Pero míralo después. Lo verás lo suficiente como para hartarte rápidamente. Estoy cansado de verlo.
La llevó a lo que parecía ser un ascensor. Se trataba más de un tubo redondo. No había paredes sujetas a la plataforma. Yoz se apoderó de la parte de atrás de su cuello y la aferró. De pronto la plataforma cayó bajo sus pies a una velocidad alarmante.
El miedo se apoderó de Kagome. Veía como la piedra que los rodeaba pasaba rápidamente. Estaba segura de que si tocaba una de las paredes de roca se lastimaría la piel, la plataforma los condujo a las entrañas del asteroide. El hombre no soltó su cuello hasta que la plataforma redujo la velocidad para hacer una parada.
Vio más pasillos de piedra.
Yoz caminó fuera de la plataforma. —Ven rápido. Me llaman. —El hombre se tocó la oreja. —Estoy cerca de allí, Mon.—
Kagome tragó. No vio ningún tipo de dispositivo en la oreja del hombre, sólo su piel. Una vez más se toco su oreja, lo había hecho muchas veces desde que se despertó luego de ser raptada. Estaba tan asombrada por lo que la rodeaba que en un primer momento no se había fijado en que los labios de los extraterrestres no se movían correctamente para formar las palabras que ella escuchaba en su oído. Sólo por un oído. Ella había sido informada que le habían implantado algo para que pudiera entender su lengua. Yoz también debía de tener
algún tipo de dispositivo de comunicación de doble vía en su oído.
Vio una gran puerta y Yoz se detuvo para poner su mano en ella. Los Anzons sólo tenían cuatro dedos ya que no poseían pulgares. La puerta se abrió y una corriente de aire frío los golpeo a ambos. Kagome se estremeció.
Yoz empezó a caminar. —Date prisa o la puerta te aplastará—, dijo entre dientes.
Ella corrió hasta alcanzarlo. Oyó un gemido y volvió la cabeza hacia atrás. La puerta se cerró completamente con un golpe muy fuerte. Ella se estremeció. Los pasillos eran más amplios aquí, oyó algo que envió de nuevo un escalofrió por su espalda.
Sonaba como gruñidos.
—Ya ha comenzado—, susurró Yoz. La emoción lo hacía hablar más rápido.
Doblaron en una esquina y el techo desapareció. El corredor terminaba en una gran caverna. Vio a más gente de la especie de Yoz de pie allí. Estaban mirando abajo en el suelo de la caverna. Yoz empujo a un macho para abrirse paso. Kagome no tuvo más remedio que seguirlo por la cadena en su muñeca. Ella vio a los extraterrestres azules mirándola, pasó enfrente de al menos veinte de ellos. Estos extraterrestres llevaban ropa negra que parecían escudos, también vio las armas atadas a la cintura.
Yoz se acercó a un extraterrestre muy alto. Que llevaba el uniforme negro con armas alrededor de su cintura. Este volvió la cabeza y miró a Kagome con un par de fríos ojos amarillos. Su fría mirada le recorrió el cuerpo, luego se dirigió a Yoz.
—Desnúdala y encadénala a la plataforma—.
Yoz vaciló. —Completamente?—
—Está usando algo debajo de su ropa?—
—Hay pequeñas cubiertas sobre sus pechos y sexo—.
—Déjaselos. No quiero un motín—.
Yoz asintió con la cabeza y tiró a Kagome en una plataforma. No tenía rieles. Sólo una larga franja de suelo y luego una plataforma redonda abierta, tenía dos barras que subían del suelo. Yoz la coloco en el centro de la plataforma.
—No te muevas y sostente.—
Ella tenía miedo. —Sostenerme?—
—No te muevas. Si te caes te mueres—.
Trató de mirar por encima de la plataforma de abajo. Yoz la agarro por la garganta y la obligó a colocarse de nuevo en el centro de la plataforma.
—Haz lo que te dicen.—
Se quedo quieta e irguió la cabeza. Yoz le soltó la garganta, tomó la cuerda y tiró de ella hacia arriba para que sus brazos se elevaran. Le amarro la muñeca a una de las barras. Ella se volvió y sus ojos lo siguieron. Él levantó la mano y uno de los extraterrestres le lanzó otra correa. Yoz la atrapó y se la amarró a la otra muñeca, para luego atársela a la otra barra. Tenía los brazos por encima de la cabeza. No era incomodo, pero sólo se podía mover unos centímetros.
Yoz se puso delante de ella para mirar sus ojos asustados. —Siento lastima por ti—.
Se quedó sin aliento cuando él le agarro la camisa y la desgarro por la mitad –él era fuerte. Ella era incapaz de detenerlo, así que este le arranco el material de su cuerpo. Se agachó para meter sus dedos dentro de la cintura de la falda. Sus uñas afiladas tiraron de la banda de la falda de adentro hacia afuera. Esta se desgarró por lo que kagome quedó únicamente en sujetador y bragas. Yoz la miró con lástima. Sacudiendo la cabeza, se alejó de ella.
kagome volvió la cabeza para seguir al extraterrestre.
Yoz regresó con sus compañeros extraterrestres. La plataforma se elevó y de repente cayó rápidamente. Se quedó sin aliento al sentir la caída, luchando contra el grito que quería salir. La plataforma se desaceleró con una sacudida que le revolvió el estómago.
Probablemente había caído unos cincuenta metros en tan sólo unos segundos.
No podía dejar de mirar alrededor. Vio a un grupo de unos ochenta hombres. Definitivamente eran hombres. Estaba teniendo el primer encuentro con lo
que debería de ser la raza Zorn. Se veían enormes.
Tenían el cabello normal. Se acordó del comentario de los extraterrestres. Los hombres tenían el pelo largo y espeso, les caía por la espalda hasta la cintura. Tenían torsos velludos. Podía comprobarlo porque ninguno de ellos vestía camisetas. Tenían la piel profundamente bronceada, y músculos enormes.
Ella miró a uno que se encontraba delante del resto. Lo miró a la cara. Parecía casi humano. La diferencia era que su nariz era más plana y más ancha que la de un humano. Tenía pómulos altos y labios gruesos. Los labios se abrieron y vio los dientes
afilados. El terror la golpeó. Casi parecía como si alguien hubiera combinado a un humano y a un animal.
Sus ojos se clavaron en los dientes afilados antes de mirar a otro hombre que se le estaba acercando.
La luz atrapada en sus ojos – un dorado brillante. Un color que nunca había visto antes era tan dorado casi brillaba. Aterrorizada, kagome comenzó a respirar más rápido. Dejó que los sonidos a su alrededor penetraran en su terror. Los hombres fueron gruñendo como animales viciosos. Cerró los ojos. Luchó contra las ataduras en sus muñecas, pero no
pudo liberarse de las correas, continuo con los brazospor encima de la cabeza.
—El ganador se la lleva—, susurró una voz profunda desde arriba. —Quiero que la lucha sea de cuatro en cuatro. Limpien la zona y escojan a los combatientes. —
Kagome obligó a sus ojos a permanecen abiertos. No quería mirar, pero tenía que hacerlo. El gruñido se había detenido. Vio a los hombres moviéndose en las sombras. No podía ver nada más allá de la zona bien iluminada delante de ella. Respiro hondo para tratar de calmarse. Estos hombres-animales iban a luchar por ella.
Parecían salvajes. Se la comería el ganador? Sería la cena? No sabía que sería peor, la idea de que estaban luchando por ella para comérsela o para tener relaciones sexuales. Cuatro hombres salieron de las sombras. Ella los miró fijamente. Pero ellos miraron hacia arriba.
—Comiencen—, exigió la voz masculina desde arriba.
Los hombres se dividieron en parejas para atacarse unos a otros. Usaron puños y patadas. Oyó los golpes de carne contra carne, gruñidos roncos. Dos hombres cayeron. Los otros dos se volvieron uno contra otro. Uno de los hombres hizo un movimiento en redondo que arrojó al otro hombre fuera de la zona iluminada. No regresó. El último hombre caminó al
costado de la zona de combate. Esperó, cruzando los brazos sobre el pecho.
Cuatro hombres más salieron. Empezó de nuevo.
Kagome se estremeció ante la brutalidad de la batalla.
Estos hombres no estaban jugando. La sangre salpicó en el suelo. Oyó como se le quebraba el brazo a un hombre. Era así de crudo. El hombre gritó mientras se sostenía el brazo. Alguien vino de las sombras para llevárselo. El hombre que había ganado ese combate espero a los otros dos para terminar. Cuando uno continuo los dos se atacaron entre ellos.
kagome cerró los ojos. No quería ver más. Los sonidos de la lucha continuaron. Era un sonido brutal.
Finalmente el silencio llenó sus oídos. Abrió los ojos de la curiosidad. Los hombres grandes y musculosos estaban esperando en la banca. Algunos de ellos estaban manchados de sangre. Algunos de los hombres miraron a los demás y se alejaron en la oscuridad para retirarse de la lucha. Kagome contó al resto de los hombres que estaban allí esperando para pelear.
—Comiencen—, ordenó la voz de lo alto.
Los dieciséis terminaron en la zona de combate. Luchaban en grupos. Rugidos y gruñidos estallaban mientras peleaban. Los heridos fueron arrastrados hacia las sombras. El combate se redujo a tres hombres. Dos de ellos trabajaron en equipo para atacar al más grande.
Kagome estudió al hombre solitario que era atacado por los otros dos. Él era condenadamente grande. Era más grande que sus rivales por unos cuantos centímetros, tanto de altura como de brazos y hombros.
Luchó con asombrosa rapidez mientras esquivaba los puños y los pies. Le dio un puñetazo a uno de los hombres en la cara. kagome oyó cuando algo se rompía.
El hombre golpeado regresó tambaleándose, y colapso en el suelo. Vio sangre en la cara del hombre caído.
Este gimió y rodó a un lado con las manos en la cara. No se levantó.
Sus ojos viajaron hacia los dos últimos hombres en combate. El más grande lanzó una patada para golpear al otro en el pecho. El hombre se quedó sin aliento y se aferró a sus costillas. Se dejó caer de rodillas mientras la sangre goteaba de su boca. Miró hacia abajo antes de caer boca abajo. El hombre solitario se quedó gruñendo. Echó la cabeza hacia atrás rugiendo en la caverna. Kagome deseaba poder taparse los oídos para poder acallar ese ruido aterrador. El rugido del hombre se fue deteniendo a medida que se daba la vuelta para mirar hacia los extraterrestres azules.
—Ella es tuya, Sesshomaru—, susurró el extraterrestre por encima de ella.
—Libérenla para él.—
Kagome sintió terror cuando el hombre llamado Sesshomaruse dirigió hacia la plataforma. Oyó que alguien se movía
cerca de ella. Desde la oscuridad, uno de los hombres azules con un uniforme negro apareció detrás de ella. Le agarró la muñeca, liberándola de un tirón, para luego dirigirse hacia la otra y liberarla también.
La sangre corrió de nuevo por sus brazos cuando los bajó a sus costados. Tenía la sensación de que miles de alfileres le pinchaban. Abrió la boca cuando el hombre azul la tomó de los brazos con firmeza. La empujó hacia adelante hasta que se encontró mirando al ganador unos centímetros por debajo de su mirada. El tenía que medir como seis pies y medio de alto en contra de sus cinco pies con tres.
Ella lo reconoció al instante por sus ojos. Los ojos dorados parecía que brillaban. Respiraba con dificultad. Vio los dientes afilados asomándose a través de sus labios carnosos, su nariz aplastada. Un gruñido suave escapó de su garganta. Sus manos eran grandes y calientes cuando la agarró por las caderas. Él la tomó de la plataforma, volteándola hacia la oscuridad de la
caverna. Gruñó.
Las rodillas de kagome empezaron a ceder. Se habría estrellado contra el suelo de piedra, si las grandes manos del hombre no la hubieran aferrado lo suficientemente fuerte para sostenerla. Él le dio la vuelta y la miró.
—Mía—, gruñó.
kagome abrió la boca pero no le salió nada. El hombre la levantó por lo que estuvieron cara a cara.
Automáticamente se puso las manos en los pechos para que la parte superior de su cuerpo no chocara contra su torso. Sus manos estaban pálidas en comparación con las de él. Tocó sus duros músculos y lo miró a los ojos. Tenía unas pestañas largas y gruesas que hacían juego con su
espesa melena de color plateado. Su piel estaba más caliente que la de ella por mucho.
—Mía—, le gruñó.
kagome quedó sin aliento cuando la lanzó encima de su hombro. Un brazo musculoso atrapo sus piernas contra su torso, mientras que una mano firme la agarró por el culo, sosteniéndola en su lugar. Salió de la plataforma y se dirigió a la oscuridad con ella. kagome no podía ver nada. Cerró los ojos y luchó contra el terror que sentía.
Qué haría con ella?
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Espero que les alla gustado
sayonaraa!
