8 de agosto del 2005
Carol se arregló los cabellos rojizos que caían en bucle por su rostro, antes de aplicarse un poco de pintalabios rojo en sus finos labios. Escuchó atentamente la ausencia de ruido procedente en la habitación de al lado, para asegurarse que sus progenitores estaban durmiendo.
De reojo, dirigió la mirada hacia el reloj digital que estaba en la mesita de noche, eran las 23:46.
Aún quedaban algunos minutos, pero ella ya estaba preparada para salir. Volvió a mirarse al espejo, acomodándose la camisa lila con algo de escote, dejando entrever la lencería de color negra que llevaba puesta, y la falda vaquera.
La brisa veraniega de la noche entró por la ventana, al mismo tiempo que escuchó el rugido de una moto a lo lejos. Ella sonrió, y se dirigió hacia la ventana para ver la silueta de su novio en la oscuridad, quien le esperaba a la vuelta de la esquina. Con cuidado de no hacer ningún tipo de ruido, salió de la habitación, bajó las escaleras y salió de casa.
A paso rápido caminó por las desiertas calles del vecindario, acercándose al chico de pelo rubio y ojos verdosos que tanto adoraba. Él seguía subido en la moto, esperando a que ella hiciera lo mismo.
-Hey, -le saludó ese adolescente de aspecto duro, y con un chaleco de cuero con unas alas a su espalda.
Carol sonrió, al mismo tiempo que le dio un rápido beso en la mejilla donde el casco de moto le permitía, antes de subir a la parte trasera. Cuando se aseguró que ella estaba bien sujeta a él, puso en movimiento el ciclomotor y la aceleró para perderse a las afueras de Atlanta.
Ella se inclinó hacia él, dejando que su cuerpo quedara pegada a su espalda, sin embargo, el estremecimiento por parte de él le hizo apartarse rápidamente. Carol supo enseguida a que se debía, sintiendo la rabia y la tristeza, a partes iguales, en su garganta. Ella se separó de él lo suficiente para evitar presionar su cuerpo a su malherida espalda, aunque sus manos se aferraban a sus caderas.
-Lo siento, –susurró la joven contra su nuca.
Carol sabía que había escuchado sus palabras, a pesar de que no obtuvo respuesta por su parte. Él aceleró aún más, hasta llegar al destino dónde cada viernes y algunos sábados por la noche se encontraban.
Se trataba de una cabaña abandonada en medio del bosque que él había hallado hacia años. Estaba muy apartado de la ciudad, y era difícil de encontrar. Era una pequeña cabaña de madera con un pequeño porche en la parte delantera con un balancín, que seguramente habría pertenecido a algún hombre mayor. Pero el mal estado de ésta, y el no disponer de agua caliente o de calefacción hacían de aquel lugar un sitio poco apropiado para vivir.
Sin embargo, para él era un lugar sagrado. Cada vez que su padre se ponía violento con él, acudía a este lugar y pasaba horas e incluso días recluido en él. A excepción de Carol, nadie de su entorno conocía la existencia de este lugar.
Nada más entrar, Carol vio las cajas de unas pizzas, señal que volvía a residir de nuevo allí. Además había algunas gasas llenas de sangre esparcidas por el suelo, probablemente se había curado sus propias heridas.
Con cuidado avanzó por la pequeña estancia hacia el colchón que él había colocado en el interior de la cabaña, para poder pasar algunas noches, justo en el momento que el joven utilizó su mechero para encender las velas que había repartidas por todo el lugar. Con un poco más de luz, la joven se sentó al borde del colchón, esperando a que él le hiciera compañía.
-Daryl, -le llamó para que se sentara a su lado, ya que había empezado a recoger todos los desperfectos del lugar, –deja eso, ven aquí.
El joven dirigió una mirada tímida hacia ella, ya que él estaba evitando mirar su rostro. Y entonces lo vio. El ojo derecho estaba amoratado, seguramente aquello había sucedido aquel día o el día anterior, pero era reciente.
-¡Oh, dios Daryl! –masculló ella con tristeza, al ver su rostro angelical a la luz de las velas. Sus ojos verdosos transmitían tristeza e ira.
Ella tuvo la intención de tocarle para examinarle, pero como era habitual en él apartó su rostro de su mano. Carol estaba acostumbrada a que cuando Willy Dixon se ensañaba con él, Daryl solía estar esquivo, callado y distante con ella.
-Daryl…
-No, esto no tiene que ver contigo. No vas a poder hacer nada. –dijo apartando su mano de nuevo.
-No voy a hacerte daño. –le susurró con suavidad. - ¿Lo sabes, verdad? Solo quiero besarte.
Con cuidado por si iba a recibir un rechazo por su parte, ella volvió a levantar la mano hacia su rostro, acariciándole la mejilla, rozando la peca que tenía en la parte izquierda. Se acercó y besó con suavidad la comisura de los labios. Él se quedó impasible, pero cerró los ojos ante el toque, disfrutándolo y ella sonrió.
Normalmente, en el instituto cuando acudía a las clases era el chico duro, impasible, siempre metido en percances, pero cuando estaba con ella era dulce, tranquilo y sobre todo, se mostraba vulnerable. Era otra persona. Incluso su tono de voz cambiaba con ella.
Era por esta razón que la gente de su entorno no aprobaba su relación. Sus padres consideraban que él era una mala influencia para ella. Las constantes peleas de Daryl con otros jóvenes, algún que otro delito por robar o consumir alcohol, o dejar la escuela dos años antes de terminar los estudios. Todo esto era lo que sus padres veían en Daryl.
Ella consideraba que Daryl no era así, obviamente tenía problemas en algunos aspectos, como la ira desmedida, pero ella sabía que era una consecuencia de todo lo que su padre le hacía y la vida que le había tocado vivir. Carol había intentado sin éxito que sus padres conociesen más a Daryl, pero ellos no querían que su hija mantuviera una relación con él. Desobedeciendo sus órdenes, llevaban casi un año manteniendo una relación con Daryl en secreto. En menos de un mes cumplirían su primer año de pareja.
Fue él quien se adelantó besándole, arrastrando sus labios junto a los suyos.
Estar junto a ella era lo único que le hacía olvidar todo. Carol era la única persona que no le juzgaba por lo que aparentaba. Daryl reconoció los esfuerzos que Carol hizo para mantenerse a su lado, cuando pasó situaciones muy complicadas en el instituto o en su casa.
Nunca olvidará cuando Andrew Dawson se dedicó a decir por los pasillos del instituto mentiras sobre Daryl: el supuesto acoso sexual a su hermana Dren, el robo de dinero a sus compañeros o que la madre de Daryl era una prostituta… Mentiras que al parecer sus compañeros prefirieron creer. Nadie estuvo a su lado, exceptuando Carol.
Y desde ese entonces, Carol era una persona tremendamente importante para él.
Aquello le hizo abandonar la escuela, creía que estaba perdiendo el tiempo en vez de dedicarlo a estar en el taller, ya que era lo único que le motivaba. Gracias a su hermano consiguió un puesto de trabajo temporal en un taller mecánico, arreglando motos.
-Déjame verte. –Él se resistió. –Por favor… -le suplicó la joven, queriendo inspeccionarle para asegurarse de cuán profundas eran las heridas.
Carol vio la mirada dura, a pesar de que confiaba en él, cuando se mostraba así era difícil para ella manejarlo. Era un adolescente con demasiada ira y rabia acumulada. Pero finalmente, él dejó caer su chaleco y la camisa verdosa que llevaba abajo, dejando la espalda al descubierto, con una gran cicatriz roja y en carne viva en la parte inferior de la espalda. Nada más verlo, Carol sintió ganas de llorar, al imaginarse lo que debía haber sufrido.
Daryl no le quiso contar que él se encontraba durmiendo cuando de pronto sintió un golpe fuerte en la espalda, debido a que su padre acababa de llegar a casa ebrio, y no encontró el mando de la televisión, y creyó que su hijo lo habría escondido y fue a buscarle para darle su merecido.
Debido a la cantidad de veces que le había curado heridas, Carol ya sabía lo que debía hacer. Vertió alcohol en ellas, mientras él se estremeció, pero se mantuvo firme dejando que ella le curara la espalda.
Cuando acabó, ella le besó en el hombro subiendo por el cuello, y de repente, él tiró de ella con fuerza contra su cuerpo, envolviendo sus brazos a su alrededor, abrazándole fuertemente. Ese cambio sorprendió a Carol, pero ella se aferró a sus hombros dejando caer su rostro contra su mejilla mientras él se escondía en su cuello, totalmente abrumado.
Carol podía oír la respiración de él, mientras su piel temblorosa revelaba la batalla emocional que sentía. La necesidad de mostrar sus sentimientos más profundos, pero a la misma vez la vergüenza quedaba al descubierto. ´
Ese lugar los ocultaba del resto del mundo. Escondidos, manteniendo una relación en secreto, que les estaba causando una gran alegría y a la vez un dolor tremendo. No era fácil luchar contra todos los obstáculos que les imponían.
Estaban abrumados por todo; la noche, la intimidad, la cercanía y sobre todo, por la inminente separación cuando Carol se fuera a estudiar a la universidad de Georgia, que estaba a una hora de distancia.
Daryl le dio un suave beso en el cuello que le hizo estremecerse. Carol oyó su respiración, mientras él seguía abrazándole más fuerte, casi con miedo de perderla, mientras sus corazones golpeaban juntos.
Daryl se separó de ella levemente, lo suficiente para poder mirar los ojos de Carol, que estaban igual de abrumados por la intensidad del momento. La cara de Daryl se arrugó con profundo afecto, mientras seguía mirando sus ojos, antes de llevar su cara hacia la suya y finalmente besar sus labios. Carol suspiró en voz baja contra ellos saboreando el sabor amargo de éstos. Esta vez no era un beso salvaje o frenético como la mayoría de veces que se encontraban en ese mismo lugar. Era suave y amoroso, tanto que sus corazones dolían.
El joven tuvo que frenar un instante, separando su boca de la de ella, aun con sus frentes juntas. ¿Qué me estás haciendo? Pensó Daryl internamente, debido a la cantidad de sentimientos que le acechaban.
Ella vio en su rostro abrumado la batalla de sentimientos, estaba acostumbrada a leer sus emociones en su rostro. Deslizó sus manos por sus mejillas, antes de besarle de nuevo.
-te quiero, –la cara de Daryl se llenó de emoción mientras miraba hacia ella, tratando de buscar palabras que no logró encontrar. No era la primera vez que ella le mostraba su afecto o sus sentimientos, lo hacía casi a menudo, pero este momento de intensidad, fue diferente.
El corazón de él latía fuertemente, mientras intentaba poner en orden sus sentimientos y pensamientos.
-Hazme el amor, Daryl. –susurró en voz baja, mientras el rostro de Daryl fue eclipsado por un tremendo afecto.
Habían mantenido relaciones sexuales anteriormente y ambos habían tenido su primera vez juntos, pero también había sido un gran paso que ambos habían luchado conjuntamente; el miedo de la primera vez, sumado a las inseguridades de los cuerpos hizo de una experiencia difícil de sobrellevar. Sin embargo, lo consiguieron. Hubo muchas más ocasiones donde ambos aprendieron y conocieron el cuerpo del otro. A lo largo de los meses habían aprendido a disfrutar del sexo.
Sin embargo, nunca le había hecho esa petición tan directa.
-Nena… -susurró con voz quebrada.
Daryl suspiró suavemente extendiendo su mano hacia sus cabellos rizados notando como el ambiente empezaba a cambiar en la cabaña, y debido a la intensidad emocional que había en ese instante, parecía que les costaba respirar.
Carol levantó la cabeza para encontrar de nuevo su boca, el sabor más adictivo del mundo. Se fusionaron en un beso húmedo, y sus lenguas se pusieron en contacto y empezaron a gemir suavemente. En ese instante, Daryl empezó a sentir que sus pantalones le apretaban sintiendo el deseo más fuerte que nunca.
Él se inclinó sobre el cuerpo de ella, y la guió para llevar su espalda hacia el colchón, donde tantas veces habían hecho el amor. Se colocó encima mientras le miraba, presionando sus palmas contra el colchón, y sus ojos se encontraron, y ella pudo ver en ellos una tremenda adoración y afecto. Tanto que vio la vulnerabilidad en ellos y en su rostro.
Puede que Daryl no fuera de palabras, pero cuando él le miraba así, sin todas esas barreras con su mirada sincera, ella podía leer las emociones y el amor que le procesaba. Se inclinó y la besó de nuevo, con ternura. El joven cruzó los brazos alrededor de la espalda de Carol, y tiró suavemente hacia arriba llevándose consigo la camisa lila, dejando el sujetador transparente a la vista. Sus pezones se veían a través de la tela fina de la prenda interior. Ella ya no tenía vergüenza enfrente de él, y dejó que él observara sus senos. Sus ojos viajaron hasta sus pantalones y vio como había crecido el bulto en su entrepierna.
Daryl atacó su falda quitándosela de su cuerpo, pasándola por sus piernas delgadas hasta que no quedó nada más que la ropa interior. Se fijó en las bragas que tapaba su entrepierna, y al igual que la parte superior, trasparentaba completamente su pubis. Carol sonrió ante su rostro: la boca entreabierta observándole, como si fuera la primera vez que lo hace. Ella se inclinó hacia delante y desabrochó sus pantalones, para quitarlo. Pero las manos de él en sus pechos le distrajeron, cuando jugueteó con sus pezones a través del a tela. Sin embargo, él llevó sus manos a su espalda intentando desabrochar el sujetador.
-Mierda, -masculló cuando no lo consiguió y Carol se rio por su reacción.
Finalmente lo desató, quitándoselo de su cuerpo. Y entonces, tiró de ella en un abrazo para que sus cuerpos se rozaran. Él comenzó a besarla de nuevo, envolviendo sus brazos a su alrededor, los dos gimiendo por sus roces, y dejando que sus lenguas se exploraran el uno al otro como si fuera la primera vez.
Las manos de Daryl encontraron sus pechos y los ahuecó. Se separó de ella para poder observarlos mejor, y empezó a jugar con sus pezones arrugados. Eran perfectos, justo la medida para sus manos.
Daryl empezaba a tener un deseo incontrolable, y tuvo que parar. Separó sus manos de sus senos y cerró los ojos controlándose. En un pasado habían tenido problemas con eso. Tocar ciertas partes del cuerpo de Carol era demasiado para un joven de 17 años. Las primeras veces, él había sentido mucha vergüenza cuando nada más tocar sus pechos, él prácticamente había llegado al orgasmo. Sin embargo, Carol había sido mucho más comprensiva de lo que esperaba.
Ahora ya podía controlarse. Así que tras unos segundos, él siguió con lo que estaba haciendo. Carol gimió suavemente mientras él jugaba con ellos con suavidad pero con lujuria, antes de que él se los llevara a su boca. Y durante un tiempo, él se dedicó a chupar sus pechos saboreando su dulce piel como si no hubiera un mañana.
Carol gemía mientras acariciaba sus cabellos, al mismo tiempo que él le dedicaba esas atenciones.
Pero aquello ya empezaba a ser demasiado para ambos, y Carol necesitaba más. Daryl gimió contra sus pezones justo cuando deslizó su mano contra sus pantalones y sus calzoncillos, dejando su pene al aire libre. Ella solía ser paciente, pero ese día estaba perdiendo la paciencia a pasos agigantados. Le dio un apretón firme, saboreando el contacto contra su mano. Se sentía poderosa y vulnerable al mismo tiempo.
Carol apretó varias veces el miembro de Daryl, y sus gemidos aumentaron, cuando finalmente se separó de sus pechos, para deslizar la mirada a las bragas. Rápidamente, tiro de la tela húmeda dejándola desnuda.
Y entonces, llevó sus dedos hacia su entrada explorándola notando lo mojada que estaba. Acarició sus pliegues notando la humedad en sus dedos, antes de que los adentrara en su interior con suavidad. Empezó a moverlos, haciendo que la joven gimiera de placer.
Cuando el placer era demasiado intenso, al borde la explosión, Daryl se trasladó por encima del cuerpo de Carol, tumbándose encima de ella, con cuidado. Sus rostros juntos y besándose con avidez. Daryl le envolvió con sus brazos a su alrededor con un fuerte abrazo mientras le besaba la boca y el cuello.
Finalmente, se inclinó hacia sus pantalones que contenían un paquete de condones. La joven observó cómo nervioso se lo puso en sí mismo. Daryl volvió a posicionarse de nuevo encima de Carol, con sus manos ahuecando ambas mejillas colocando su boca contra la suya.
Daryl se posicionó y con suavidad, entró en ella hasta el fondo. Los dos gimieron al sentirse unidos de esa forma. Daryl empezó a moverse lentamente entrando y saliendo, mientras sus ojos se cerraron, debido a esa sensación poderosa, él comenzó a moverse dentro de ella, sintiendo el calor y el amor.
No supo por qué, pero ese día era totalmente diferente, sus sensaciones estaban agudizadas, y sentía demasiados sentimientos mientras él seguía adentrándose en ella un poco más fuerte.
Ella gimió cuando él aceleró sus embistes, siendo consciente de que él estaba demasiado fuera de sí como para durar mucho más tiempo. Se estrelló contra ella, duro y profundo, una mezcla de amor y lujuria irresistible que ambos sentían.
Normalmente, a ella le tomaría más tiempo para alcanzar un orgasmo, y en ocasiones no llegaba a conseguirlo, pero en esta ocasión la intensidad era tal que sabía que no tardaría demasiado en llegar.
Él bajó la intensidad de sus embistes para seguir a un ritmo constante, profundo y amoroso cuando sus ojos se fusionaron. Daryl encontró sus manos y los estrechó, apretándolos cariñosamente. Le miró a los ojos mientras le hacia el amor: como si el tiempo se hubiera detenido.
Cada vez que él se adentraba en el fondo de su ser, mientras sus manos estaban fusionadas, y los ojos verdosos mirando profundamente los suyos azul cielo, ambos se dieron cuenta de que habían llegado a la conexión más profunda que habían sentido jamás.
Finalmente, ella se dejó llevar, gimió fuertemente, llegando al orgasmo en los fuertes brazos de Daryl, estremeciéndose de placer. Daryl observó el rostro de su novia descomponerse de placer, a la misma vez que sintió que su interior le apretó fuertemente. Esto hizo que Daryl se deshiciera en el preservativo
Daryl le abrazó por la espalda, acunándola y dándole suaves besos en su cabello rojizo. Carol llevó sus manos a los brazos de él, y le obligó a abrazarle, sintiendo su aliento caliente contra su nuca, mientras ambos reposaron, y los dedos de él acariciaban suavemente su piel. Ambos estaban demasiado abrumados para hablar.
Se quedaron dormidos, pero en mitad de la noche, entre sueños Carol sintió un beso suave de Daryl en su cuello, mientras seguía abrazándole fuertemente. Entonces sus labios temblaron contra su piel, y su voz quedo amortiguada por su carne.
-Te quiero, Carol.
El corazón de Carol se paralizó, escuchando ese hermoso sonido de su voz pronunciando su nombre por primera vez, y confesándole su amor.
Paralizada miró la pantalla del móvil leyendo una y otra vez el mensaje. Era un mensaje sencillo, pero que para ella tenía un significado especial. El destinatario de dicho mensaje solo podía ser él, Daryl. Pero, ¿cómo había descubierto su número? Cuando se habían encontrado dos años atrás, ninguno de los dos tenía el teléfono o la residencia del otro. Así que, era prácticamente improbable que le hubiese encontrado.
En pocos minutos, un sinfín de sentimientos contradictorios se apoderaron de ella. Respiró hondamente sintiendo la culpabilidad en cada uno de los poros de su cuerpo. Siempre se había sentido culpable de la forma en que sucedió todo, en como tuvo que dejar de acudir a sus encuentros de la noche a la mañana sin darle una explicación.
Sabía que le había lastimado, e incluso, ella había estado sufriendo por la forma en que sucedió todo. A pesar de que Carol era consciente de que su relación no tenía futuro, a ella le lastimaba.
Ahora él había encontrado la forma para ponerse en contacto con ella y no sabía qué hacer.
¿Debía ir al encuentro con Daryl? Honestamente, su corazón le decía que fuese, quería saber que era de su vida; pero ella sabía que iba a lo que iba a pasar si volvía a estar en esa habitación con él. Probablemente le pediría explicaciones sobre lo sucedido, pero tarde o temprano acabaría sucediendo.
Su instinto le decía que no fuera, que solo iba a complicar más las cosas, que ya de por sí ya estaban muy complicadas, pero su corazón anhelaba verle, abrazarle, besarle y hacer el amor con él.
Por otra parte, ella se sentía estúpida al pensar y sentir eso de alguien al que no había visto en dos años. A veces ella creía que aún estaba enamorada de él, sobre todo de ese joven de 17 años quien se mostraba tan vulnerable con ella, y que había vuelto a reencontrarse en esa habitación de ese hotel.
Su amiga Andrea, la única persona que conocía su historia con Daryl, siempre le decía que ella estaba enamorada de un recuerdo, de su primer amor, pero que eso no era del todo real. Ella siempre le recordaba todo el daño que le había hecho en su adolescencia. Pero Carol le defendía.
Daryl le había pedido perdón entre lágrimas por lo sucedido en su adolescencia, pero Andrea no le creía. Sin embargo, ella le había perdonado y años atrás fue ella quien le lastimó de forma similar.
Carol sabía que era absurdo creer que todo iba a ser como antes y sobre todo, ella sabía que era probable que Daryl no sintiera nada por ella a estas alturas de su vida.
¿Entonces qué era lo que quería Daryl con ese encuentro?
Sin saber qué hacer, Carol volvió al baño donde su hija seguía tan alegre jugando con el agua y mojando todo el piso, ajena a la batalla emocional de su madre.
Sophia se quejó cuando supo que su hora de juego había terminado. Sin embargo, se resignó cuando tras vestirla se vio sentada en la sillita para comer.
Carol le preparó un plato de verduras con pollo, cortado en porciones pequeñas para que ella pudiera comérselo bien sin atragantarse. Y aprovechó este instante para agarrar el teléfono y marcar un número. Se lo puso en la oreja al mismo tiempo que observó cómo Sophia agarró un trozo de pollo con sus finos dedos y lo llevó a su pequeña boca. Su madre le sonrió orgullosa, mientras la pequeña soltó un grito.
En ese momento, la voz al otro lado del teléfono, le sacó de su ensoñamiento.
-¡Hola, Carol! –la mujer sonrió al escuchar la voz alegre de su amiga.
-¡Hola! ¿Qué tal todo? –Preguntó Carol. Ella se puso el teléfono contra su hombro y se sentó en la mesa de la cocina enfrente de Sophia.
-Saturada con muchas demandas de divorcio. Parece que el amor no triunfa. –Carol se rió ante sus palabras.
-¿Cómo anda todo por ahí? ¿Estáis mejor Ed y tú? –La voz de Andrea mostró seriedad ante la pregunta.
-No, vamos cada vez a peor. Es absurdo mantener un matrimonio como el nuestro. No hay nada entre nosotros. –Respondió Carol, justo cuando recogió del suelo la botella de plástico que Sophia acababa de tirar.
-¿Ni por Sophia?
-A Ed le da igual Sophia, –confesó Carol amargamente-. Exceptuando el día que nació, creo que no le ha prestado atención nunca.
-Pues divórciate, Carol.
-No puedo.
-Encontrarás otro trabajo, te ayudaré a encontrarlo. –Le aseguró Andrea sabiendo que una de las preocupaciones de Carol era el tener un medio de subsistencia tras una posible separación con Ed.
-No es eso… -le dijo Carol, aunque era evidente que también le preocupaba.
-¿Vuelve a estar enfermo? –preguntó Andrea. Carol cerró los ojos, asintiendo.
-Sí, y es muy probable que no salga de está en esta ocasión. ¿Qué clase de mujer sería si me divorciara de él justo cuando está en las últimas? –Sophia escuchaba atentamente las palabras de su madre, mientras masticaba el trozo de pollo.
-Nunca has sido feliz con él, Carol, estás viviendo una vida que no quieres. Que este enfermo no significa que debas estar a su lado. Sobre todo cuando él no es precisamente amable contigo.
-Lo sé… Y para complicarlo todo, hoy he recibido un mensaje de Daryl.
-¿Qué? Pensé que no le habías vuelto a ver.
-No sabía nada de él, pero de alguna forma, él tiene mi número ahora.
-¿Qué es lo que quiere?
-Encontremos de nuevo, en el hotel.
-No me digas que te estas planteando volver a verle. Carol, estás loca… tienes una hija ahora. –Carol suspiró mientras su mirada se centró en la pequeña, quien le sonrió.
-Lo sé…
-Y además sabemos lo que es para el sexo. Quizá te llame porque está necesitado y en vez de gastárselo en prostitutas te llama a ti que le sale gratis. –La mujer negó con la cabeza ante las palabras de Andrea. Desde que Daryl le dejó, su amiga no tenía mucho aprecio por él.
-Andrea… Él no es así.
-Es un tío, y necesita lo mismo que todos. Te va utilizar.
-Yo también le utilice, no fue una cosa suya.
-¿Es lo que verdaderamente quieres, Carol? Si de verdad quieres estar con él divórciate de Ed y haz lo que quieras con Daryl. Pero no juegues a dos bandas otra vez.
-Sabes que no es tan fácil, Andrea. –El silencio al otro lado del teléfono le hizo temer una respuesta negativa de su amiga.
-Cielo, sé que siempre has tenido debilidad por Daryl. Lo sé. E incluso le perdonaste lo que te hizo, pero debes pensar en si ahora es un buen momento para volver a las andadas, volver a ser amantes. Ambas sabemos que sufres llevando una relación a escondidas. Si tus padres se enteran de esto... -Carol no quería ni pensar en sus padres si supieran que ella había tenido contacto con Daryl otra vez.
-Sé que tienes razón, pero..., pero -repitió confusa- no sé qué hacer...
-Cariño, ya sabes que yo siempre te voy a apoyar, aunque vuelvas a caer en las redes de Daryl. –Carol sonrió-. Pero lo último que quiero es verte sufrir, y si vuelve a hacerlo, le voy a pegar una patada en los huevos que no va a poder utilizarlos nunca más.
Carol no pudo evitar reírse por las palabras de Andrea, aunque ella confiaba en Daryl totalmente y no creía que le hiciera daño. Sophia empezó a tararear palabras sin sentido, creando una melodía divertida, mientras comía los últimos trozos de comida.
-No creo que vaya a hacerme daño esta vez, la última vez le lastimé yo.
-Se lo tiene merecido.
-¡Andrea! –Le regañó.
-Está bien, -dijo resignándose-. Intuyo que vas a ir, cuídate, ¿vale? No hagas ninguna locura. Y si me necesitas llámame.
-Gracias, Andrea. Te quiero.
-Y yo a ti, pelirroja.
Cuando miró a su hija, aún estaba en su batalla particular con la cena, ya que se le caían los trozos de comida por la mesita, y seguía comiendo con lentitud. Sophia la miró y le sonrió, llamándole con un grito. Se sentó a su lado, y le ayudó hasta acabar la última porción de comida.
Carol llevó a la pequeña a la habitación de juegos, sentándose junto a ella mientras Sophia se dispuso a dibujar. Aprovechó el momento para volver a llamar.
-¿Tara? Hola soy Carol, espero que no te moleste, sé que es muy tarde, pero me preguntaba si podías quedarte con Sophia esta noche. Volveré sobre las dos de la madrugada.
La joven a quien conocía por unos vecinos, respondió amablemente y aseguró que podía hacerse cargo de ella. Le pidió perdón por la poca anticipación y le agradeció una vez más. Tara llegó a casa sobre las 22:30, y le aseguró que no tardaría en venir.
Sophia se alegró de ver a Tara con la que parecía que había congeniado muy bien. Carol las observó mientras la pequeña le saludó con su pequeña manita antes de desaparecer para irse en dirección al hotel. Agradecía que Tara no preguntara a que se debía esta escapada inusual. Confiaba en Tara precisamente porque la gran mayoría de tiempo era discreta.
Además, al ser viernes, Ed seguía saliendo con sus amigos hasta bien entrada la madrugada, su enfermedad no había impedido que él siguiese con sus juergas nocturnas. Así que si volvía antes de las dos y media o tres, sería como si no hubiese ocurrido nada.
Como en los viejos tiempos.
Entrar en el hotel casi dos años después, le causó cierta melancolía. A pesar de los remordimientos de lo que sucedía allí, ella echaba de menos esa sensación de libertad que sentía cada vez que entraba en la habitación. Además extrañaba a Daryl. Sabía que le traería consecuencias negativas. No sabía que iba a suceder, pero había muchos temas de los que hablar. Pero intuía que acabaría pasando algo más que una simple conversación o discusión.
En recepción, una mujer de pelo corto castaño le atendió con una sonrisa. Ella le sonrió también antes de preguntar por la habitación 221. Tras mirar unos papeles, volvió a mirarle.
-¿Carol, verdad? -preguntó la recepcionista. Ella asintió sintiendo la culpabilidad en su garganta. Ella asintió, y entonces la mujer le dio la tarjeta electrónica para abrir la puerta de la habitación.
Tras esto, subió en el ascensor, hasta la primera planta, un recorrido que había hecho durante muchas veces mucho tiempo atrás.
Caminó por el largo pasillo, hasta llegar a la 221, y con la tarjeta en mano, se quedó paralizada frente a la puerta de color caoba.
¿Qué estás haciendo Carol? Se preguntó a sí misma internamente.
Ahora que tenía una hija, esto era lo más irresponsable que había hecho nunca. Y entonces, el peso de la responsabilidad cayó como un balde de agua fría encima de ella. Acababa de dejar a Sophia con una niñera para verse con su exnovio con el que probablemente tendría sexo.
¿Qué clase de madre hacia eso? ¿Qué clase de mujer hacia esto a su marido enfermo?
Y en ese momento, supo que no podía hacerlo otra vez. Aunque era consciente que Carol le debía algunas explicaciones a Daryl, no debía ser en este lugar. Se debían una conversación pero no así. Aunque por otra parte, ella tenía la sensación que lo mejor era cerrar ese capítulo de su vida que durante tantos años había estado abierto.
Ellos vivieron un amor hermoso en la adolescencia, pero hacía años que se había acabado. Y no podía pretender volver a vivirlo. Debía aceptarlo, su relación con Daryl debía acabar para siempre.
Él siempre será su primer amor, a quien amaría con locura a pesar de las circunstancias, con quien había tenido experiencias maravillosas, y sobre todo había descubierto el amor verdadero. Algo que probablemente muchas personas no podían decir, pero ella sí.
Sin embargo, no podían estar juntos, sus vidas habían tomado diferentes caminos casi imposibles de unirse. Ella estaba casada y a pesar de que no era feliz, para bien o para mal estaba casada con Ed.
Quizá su amor, por muy grande que fuera, no podían vivirlo y estaban destinados a estar separados. Además, aunque pudieran estar juntos, ella quería una relación formal y nunca iban a poder tenerla. Sus padres no iban a aceptar jamás a Daryl. Su relación no funcionó cuando eran jóvenes y era probable que ahora tampoco.
Además estaba Sophia…
Se dirigió de nuevo al ascensor, volviendo a la recepción, donde dejó la llave electrónica en el mueble, sin importar que la mujer de pelo castaño le mirara con confusión. Y salió del hotel para volver a su coche.
Las lágrimas inundaron sus ojos cuando se sentó en el asiento del conductor, dejó caer la cabeza hacia atrás dejándose llevar por un llanto doloroso, al darse cuenta de que era el final. Era el momento de seguir con su vida y olvidar completamente a Daryl otra vez.
Hola Carylers,
Lo primero que quiero hacer es daros las gracias por el gran recibimiento de este nuevo fic, me ha animado muchísimo, espero que este segundo capítulo os guste igual que el primero.
Como veis hay otro smut, pero en esta ocasión centrado en la época de ellos de jóvenes. Pero no os acostumbréis, no todo los capítulos tendrán smut… Ah, también es muy probable que todos los capítulos tengan un flashback contando momentos de la pareja del pasado.
Muchos comentarios han señalado que tenéis dudas y deciros que todos se irán desvelando poco a poco en el momento oportuno.
Este capítulo está centrado en los adolescentes Carol y Daryl, quienes viven su amor a escondidas de los padres de ella y prácticamente de todo el mundo. Como veis, existe un paralelismo entre estos jóvenes con la relación que tuvieron de amantes. Sus relaciones se han llevado siempre en secreto y es de alguna forma lo que ellos están acostumbrados.
Sobre que ocurrió cuando eran jóvenes, se desvelara más adelante, solo quería que vierais un poco su relación de esa época, una relación tremendamente emocional y sobre todo muy profunda. ¿Qué les llevo a que esta hermosa relación se rompiera? Lo desvelaré en los siguientes capítulos.
Respecto al final, bueno, me vais a odiar por esto. Lo sé, voy a recibir odio, pero ella ahora tiene responsabilidades que antes no tenía, siente mucha culpabilidad y sabe que no está haciendo bien, de alguna forma está intentando convencerse de que ese amor no va a funcionar nunca.
Otra cosa que quiero aclarar es que en este fic, no hay maltratos físicos de Ed a Carol, pero si los habrá psicológicos, y la relación es muy mala entre ellos. Os aseguró que le odiareis igualmente…
Una vez más agradecer vuestros comentarios y votos. Tenía mis dudas sobre este fic, sobre todo porque el primer capítulo era un poco ambiguo respecto a la trama. Pero espero que os siga gustando.
Mil gracias, nos leemos muy pronto.
San.
