10 de agosto del 2005

Merle acababa de conseguirle otro empleo en otro taller mecánico. Había perdido la cuenta en cuántos había estado. Por una razón o por otra, siempre acababa siendo despedido: su impuntualidad, su mal humor, su agresividad con los clientes, etc… Por suerte, su hermano tenía contactos y siempre le conseguía puestos de trabajo. En esta ocasión apenas llevaba un par de semanas en ese taller y ya empezaba estar harto del estúpido de su jefe.

-Daryl, maldita sea, haz el favor de arreglar la moto de una puta vez. El señor William la quiere para esta tarde. Y yo tengo una maldita comida familiar con mi mujer y mi hija, –dijo con desprecio-. Me tengo que ir antes.

Daryl observó a su jefe con su habitual mal humor, dirigiéndose a la parte trasera para adentrarse en su despacho.

-Estúpido, -se dijo para sí mismo.

Daryl volvió a centrar la vista en el cadenado de la motocicleta, intentando arreglarla como su hermano le había enseñado. En todos los talleres en los que había estado, tanto sus jefes como sus compañeros, se habían sorprendido de que a su edad supiera todos esos conocimientos de mecánica. Y además, era bueno en lo que hacía.

Estaba tan concentrado en su trabajo, que no se percató que un Range Rover aparcó enfrente del taller, y un hombre trajeado se bajó de él, dirigiéndose a Daryl, quien estaba arrodillado manipulando la moto con atención. Cuando sintió la presencia de alguien, levantó la mirada hacia esa persona. Y entonces, le vio, reconociéndole enseguida.

Era el padre de Carol.

El adolescente se puso en pie para enfrentarle, pues intuía que su presencia no era cordial. Unos meses atrás se habían conocido, pero tras saber que ellos no le aceptaban, Daryl no le tenía en muy alta estima.

-Hola Daryl. – saludó John, admirando la moto que estaba a su derecha.

-¿Qué quieres? –contesta el joven sin ni siquiera mirarle, volviendo a centrarse en la motocicleta.

-Quería hablar contigo sobre mi hija.

-No tengo nada de qué hablar. Hace mucho que no la veo-. Mintió, ya que a sus ojos, ellos dos no tenían ningún tipo de relación.

-No me mientas, sabemos que os seguís viendo. –El rostro de Daryl palideció, pero siguió a lo suyo-. Carol dice que quiere ir a la universidad de Georgia para estudiar magisterio. –Hizo una pausa, antes de seguir hablando-. Ambos sabemos que Carol es brillante, podría hacer la carrera que quisiera en cualquier universidad de este país, e incluso en alguna más prestigiosa… -Daryl frunció el ceño intentando adivinar por donde iba la conversación-. Solo te pido que la dejes marchar.

-¿Qué mierda me estás queriendo decir?

-Solo te estoy diciendo, que Carol va ir a la universidad de Georgia para estar más cerca de ti. Va hacer magisterio porque es la única carrera que puede hacer cerca de donde tú estés. Pero no te das cuenta que le estás impidiendo cumplir su sueño. Estudiar farmacia.

Daryl miró intensamente a los ojos del padre de Carol, los cuales había heredado la joven. Sin embargo, sus ojos eran fríos, nada que ver con la calidez y el amor que le transmitía cada vez ahondaba en ellos.

Daryl no podía creer las palabras de John. No conocía en absoluto a Carol. Ella no soñaba con estar encerrada en una empresa farmacéutica, ella quería ser profesora, adoraba estar con niños. Era su auténtico sueño. Daryl sabía por Carol, que sus padres eran los que querían que estudiara química, para que se acabara convirtiendo como ellos en un gran empresario farmacéutico. Pero ella odiaba todo ese mundo.

-No… no le estoy impidiendo cumplir su sueño. No conoces una mierda cual es el sueño de Carol. –A pesar de las palabras duras del joven, John se mantuvo firme y sin mostrar sentimiento sobre lo que le acababa de decir.

-Si de verdad la quisieras, la dejarías marchar… Su madre y yo no queremos que acabe siendo un sin nadie como tú… Y estoy seguro que tú tampoco. –El rostro del joven fue enfureciéndose cada vez más.

-Vete a la mierda. –Masculló enfadado.

-No pienso dejar que arruines la vida de mi hija.

El hombre se alejó volviendo al coche. Daryl sintió como la rabia florecía en él. Una vez más le estaba haciendo sentir un auténtico inútil que no servía para nada. Él a veces lo pensaba sobre sí mismo, pero que otras personas como el padre de su novia lo pensara, le dejaba con muy mala autoestima.

¿Qué mierda sabia el padre de Carol sobre él? No le conocía. No sabía absolutamente nada de él.

Se intentó tranquilizar, pero solo pudo hacerlo fumándose un cigarrillo. Aquello consiguió calmar sus nervios un poco, aunque no del todo. Tirando la colilla al suelo, volvió a centrar su atención en la moto. Subió el volumen de la radio, y siguió trabajando. Cuando ya estaba inmerso en el trabajo, sintió la presencia de alguien a su lado.

Al levantar el rostro, se encontró con la sonrisa de Carol en su angelical cara, ajena a lo sucedido minutos atrás.

-¡Hola, Pookie! –le saludó la joven con diversión.

El joven frunció el ceño con confusión pues no eran habituales sus visitas al taller. Se puso en pie, mientras se limpiaba las manos llenas de grasa con el pañuelo lila.

-¿Qué haces aquí? –pregunta un poco más arisco de lo normal. Carol se muerde el labio ante el frio recibimiento.

-He venido a verte. He salido con Andrea, y ella tenía que estar en casa pronto, así que le he dicho que me dejara en tu taller… –Daryl asintió ante su explicación. -¿Estás bien? –preguntó.

-Sí, sí… -Respondió con indecisión.

-¿Estás seguro?

-¡Te he dicho que sí! –Dijo con un tono más elevado de lo normal. La joven frunció el ceño sorprendida, dolida pero sobre todo, enfadada. Estaba totalmente emocionada con la posibilidad de encontrarse con él. Sin embargo, él no lo parecía tanto.

-Está bien… creo que no ha sido una buena idea, voy a casa. –Anunció la joven, con enfado. Se giró sobre sí misma y entonces, su mano rodeó su brazo.

-Hey, lo siento. Perdóname… Estoy un poco nervioso, mi jefe… -se justificó-. Si esperas diez minutos, podemos almorzar juntos, es mi hora del almuerzo. –Ante sus palabras, ella sonrió, asintiendo.

Carol esperó en la puerta del taller a que pasaran esos minutos, mientras con su teléfono móvil, llamó a su madre para decirle que irá con Andrea a comer fuera. Diez minutos más tarde, el joven salió del taller acercándose a ella dándole un suave beso en los labios en modo de disculpa por su anterior arrebato.

Se montaron en la moto de Daryl, para dirigirse al McDonald's. Pidieron un par de Cheeseburger, patatas fritas y unas bebidas. Daryl pagó y se sentaron en un banco a las afueras del establecimiento.

El joven le dio un gran bocado en su hamburguesa, y un poco de kétchup resbaló por la comisura de los labios. Carol le miró y sonrió divertida.

-¿Qué pasa? –preguntó el joven masticando.

Su novio le miró confuso por su diversión, antes de que ella se adelantara, y lamiera su comisura de los labios con sensualidad, rozándolos pero sin llegar a besarlos. Daryl se quedó paralizado mientras sentía el deseo recorrer sus venas. Esa mujer le volvía loco.

Cuando ella se separó una sonrisa pícara se mostraba en sus labios, pues ella era consciente de lo que acababa de hacer. Y entonces, como si nada siguió comiendo dejándole confundido. Carol se echó a reír por su rostro.

A pesar de que lo único que quería en ese instante era hacerle el amor a Carol, sabía que no era el mejor momento. Desvió la mirada hacia su hamburguesa para intentar disminuir su deseo, llevándose a la boca el último bocado, pero el ambiente había cambiado. Cuando volvió a mirarle, vio en sus hermosos ojos mucho deseo también.

-Lo del otro día fue impresionante, Daryl. –Confesó la joven con una sonrisa tímida pero sensual.

Daryl maldijo entre dientes, ¿es que no se daba cuenta que le volvía loco?

-Lo sé –le dio la razón.

Las imágenes de ese día aparecieron en su mente. Ella levantó la mano, acariciándole el rostro. Él cerró los ojos, y entonces le besó. Un beso salvaje, rememorando los recuerdos de la última vez que estuvieron juntos. Carol se separó dejando caer la frente contra la suya.

-Daryl… te quiero. –Abrió los ojos para observarle, el ambiente había cambiado de nuevo. Él sonrió ante sus palabras, y le besó de nuevo con suavidad y ternura.

Carol se separó de él con una sonrisa tonta en los labios, antes de coger una patata frita y untarlo con el kétchup para llevárselo a su boca. Cuando levantó la mirada, Daryl la observaba fijamente con el rostro serio. Carol entrecerró los ojos queriendo saber que estaba pasando por su cabeza. Pero entonces él habló.

-Eh, nena, –Carol levantó el rostro, esperando a que hablara-, sobre la universidad, ¿estás segura que quieres ir a la Georgia?

Carol asintió, llevándose otra patata frita a la boca, comiéndola de un solo bocado.

-Por supuesto, mi sueño es ser profesora. Y además, estaremos muy cerca, podemos vernos casi todas las semanas. –Ella le besó en la mejilla-. Estoy muy ilusionada por empezar. Mis padres están empeñados en que cambie la solicitud a otras universidades, pero bah… yo quiero estudiar aquí.

Y entonces sus palabras, le recordaron a las que el padre de Carol le había dicho. ¿Y si de verdad estaba quedándose allí por él? ¿Y si estaba arruinando su vida? Él sabía que Carol tenía un futuro brillante por delante, ¿le estaría arruinando su futuro por estar con él?

Carol vio otra vez el rostro serio de su novio, aquel día estaba muy extraño.

-¿Estás bien, Daryl? He dicho algo que te hay…

-No, no, solo me tengo que ir a trabajar.

-Ah, vale… -Mostrando decepción.

-¿Te llevo a casa?

´-No, iré andando. Estoy cerca. –Vio que el joven dudaba pero finalmente aceptó-. ¿Me vendrás a buscar el viernes? –El joven asintió-. ¿A la misma hora…?

-En el mismo lugar… -acabó la frase por ella. Carol sonrió, se acercó a él enmarcando su rostro besándole suavemente. Él respondió pero no tan efusivamente como en otras ocasiones.

Tras separarse, Daryl se encaminó hacia su motocicleta, montándose en ella, la arrancó y desapareció al doblar la esquina. Carol lo observó sintiendo que algo no estaba bien. Con un nudo en el estómago, la joven caminó unos pocos metros hasta llegar a su casa.


Los talleres EP's eran los más conocidos de la zona, con cinco talleres distribuidos por toda la ciudad. Daryl llevaba casi cuatro años trabajando en uno de los talleres que se encontraba en la periferia de la ciudad de Atlanta. Sorprendentemente, no había sido despedido como las anteriores veces. Era totalmente un logro. Sin embargo, éste ya no tenía los beneficios que solía tener. Así que, decidieron cerrarlo.

A pesar de que algunos trabajadores habían sido despedidos, otros, -como en el caso de Daryl-, habían sido redistribuidos a los otros talleres de la empresa. En esta ocasión, Daryl sería trasladado al taller central, donde trabajaba el jefe de la cadena de talleres.

El primer día en el nuevo taller, Daryl llegó bastante puntual. Solo sobrepasaban cinco minutos de la hora de entrada. Aquel día iba a conocer al jefe, del cual no tenía muy buenas referencias. Según le habían comentado otros compañeros de su otro taller, su jefe era una persona arisca y nada afable. Se trataba de un tipo bastante extraño. Aunque él estaba acostumbrado a tipos así. Tampoco le sorprendía.

También le habían comentado que sus malos negocios estaban destrozando la empresa. Y además, estaba cada vez peor de su enfermedad. Había rumores de que no iba a durar mucho más de dos años.

Sin embargo, a pesar de que padecía cirrosis debido a la gran cantidad de alcohol que consumía, seguía consumiendo casi a menudo. A Daryl le daba exactamente igual, cuáles eran los hábitos de su jefe, solo quería seguir trabajando y tener dinero para poder gastárselo en lo que quisiera.

Él no sabe nada más de él exceptuando que se llama Ed Peletier.

Se adentró en el taller, y al igual que en todos en los que ha estado trabajando, está sucio y huele a grasa. Con el casco en la mano, busca a algún compañero que le indicara que debía hacer. Pero una moto classified llama su atención. Es una preciosidad, le encantan este tipo de motos. Se acerca para examinarla bien. En ese instante un hombre de mediana edad, con algunas canas en la barba de tres días y el mono azul de mecánico llaman su atención.

-Hey, tú. ¿Debes ser Dixon, verdad? El nuevo –Daryl entrecierra los ojos ante la voz de su nuevo compañero. Él asiente ante sus palabras-. Soy Jack, el jefe te está esperando en la oficina. –El hombre le señala hacia la derecha, donde una pequeña puerta le da acceso a un despacho.

-Cojonudo –se lamenta Daryl, lo último que quiere es tener una soporífera conversación con el jefe.

Nada más entrar, ve al hombre fumando sentado en su silla, esperándole.

-Siéntate –le dice Ed. Daryl le hace caso, sentándose enfrente de él. He tenido muchas referencias respecto a ti. Últimamente hay incremento de… - hace una pausa, mientras tose fuertemente-, perdón… motocicletas de alto standing en la zona. Parece que tú sabes bastante.

-Eso parece…

Tras una conversación sobre horarios y normas de ese taller, Ed deja que se vaya. Daryl lo único que quiere es salir de allí, y ponerse a trabajar. No se le da bien hablar ni mantener una conversación. Le gusta estar con las motos, trabajar en ellas y arreglarlas. En especial la classified kt600 que ha visto afuera, en la zona de arreglo, y que está esperando a ser arreglada.

Daryl se giró sobre sí mismo, para salir a trabajar, sin embargo algo llama su atención. Una foto medio escondida en uno de los estantes que están llenos de suciedad. Su corazón empieza a bombardear fuertemente al ver la foto. Clavó la mirada en ella otra vez asegurándose de nuevo.

Se trata de una foto de boda. De Ed y su mujer. Y conocía a esa mujer. Era Carol. Su Carol.

Es ella, sus ojos la delatan. Esos ojos hermosos que destacan en toda la foto, podría reconocerla con solo mirarla.

No puede creerlo, Carol está casada con Ed. Y entonces todo le cuadró. Ahora entendía muchas cosas, porque ella acudió a su antiguo taller, ya que era propiedad de su marido y era el que más cerca estaba de su trabajo de camarera. O por qué no le quiso decir la identidad del susodicho, pues sabía que él le hubiera reconocido.

-Daryl… -la voz ronca de Ed le sacó de su ensoñamiento, éste parecía confuso por el hecho de que se hubiera detenido en mitad de su oficina. -Vete a trabajar –masculló con un tono desagradable.

Ese descubrimiento fue un shock para Daryl. Intentó trabajar, queriendo olvidar que el hombre que estaba sentado a escasos metros de él era el marido de la única mujer a la que había amado. Sin embargo, su mente no paraba de pensar en lo que acababa de ver.

La foto de la boda de Ed y Carol se había quedado grabada en su mente, a pesar de que no la había visto en toda su totalidad. Se encontraba escondida entre los estantes, como si no fuera importante para él.

Pero sobre todo, él no pudo evitar fijarse en Carol. Quizá para otras personas, solo verían una entrañable y bonita foto del día en que se casaron. Pero él conocía a Carol, y aunque no le hubiera visto durante años, él sabía leer mejor que nadie sus emociones en sus ojos. Y ella no era feliz en esa foto.

Había mucha tristeza en ellos, tanto que no podía quitarse esa mirada de su mente. Una mirada similar a cuando se encontraban en el hotel.

Se adentró en el baño y se puso por encima de la ropa el mono azul de trabajo, mientras su mente seguía recordando esos ojos azules tristes. La rabia le inundó, tenía ganas de adentrarse en esa oficina de nuevo y pegarle una paliza a ese imbécil. No sabía lo que sucedía entre ambos, pero sabía que el tipo no era de confianza.

Daryl suspiró, calmándose. Y en ese momento, supo que era su oportunidad de volver a ponerse en contacto con ella. Como si no ocurriera nada, Daryl se puso a trabajar. Simplemente esperaría el momento adecuado.

Pasó una media hora, cuando Ed decidió que era el momento de salir para ir al bar de enfrente. Daryl siguió cambiando el motor de la moto, absorto en su propio mundo hasta que Jack dijo que aprovechaba la ausencia del jefe para fumar y tomarse un descanso. Le dijo si quería acompañarle, pero éste declinó la propuesta diciéndole que se quedaría trabajando. En cuanto se vio solo, aprovechó para adentrarse de nuevo en la oficina del jefe.

A pesar de que no podía estar demasiado tiempo en el interior, lo primero que hizo fue dirigirse a la foto, para cerciorarse de que era ella y no se estaba equivocando de persona. Suspiró ampliamente cuando no tuvo dudas de que era ella. E incluso viéndola más de cerca, pudo comprobar que su instinto no le fallaba.

Estaba triste.

El teléfono fijo empezó a sonar y Daryl se sobresaltó. Se dirigió hacia éste, y en la pantalla pudo visualizar la persona que estaba al otro lado de la línea.

"Carol"

Daryl tuvo el impulso de responder a la llamada, sin embargo, pensó que era demasiado extraño. Así que simplemente, descolgó y volvió a colgar el teléfono para que éste dejara de sonar.

Daryl dirigió la mirada hacia su compañero, viendo como éste aún seguía fuera, así que con rapidez, buscó en la agenda del teléfono fijo el número de Carol, y guardó dicho número en su celular.

Tras esto, salió de la oficina y continuó trabajando.

Daryl salió de trabajar a las 6 de la tarde, pero aquel día no dejaba de pensar en Carol en todo momento. No sabía qué hacer. Su impulso le decía que le llamara para hablar con ella. Quería llamarle y escuchar su voz, pero después pensó que era demasiado violento. Y de pronto tuvo una idea. Dejó pasar los días, hasta el viernes siguiente, y entonces, le envió un mensaje que solo ella podría entender.

"A la misma hora en el mismo lugar?"


-¿A qué puta le toca hoy? –Gritó Merle desde el sofá con una cerveza en la mano. Daryl le dirigió una mirada llena de enojo, mientras pasaba por enfrente del televisor para agarrar el casco de moto–. ¿La pelirroja? –Dijo con rintintin, llevándose la lata a los labios sonrientes por sus palabras.

-Que mierda te importa, Merle. –Gruñó con enfado. Merle sonrió aún más amplio ante su enfado.

-Dale recuerdos a tu puta. –masculló justo antes de que su hermano traspasará la puerta.

Con enfado, Daryl se sentó a horcajadas en la motocicleta. Odiaba cuando Merle se dedicaba a molestarle sobre sus habituales salidas nocturnas. En especial cuando insinuaba que se iba a encontrar con alguna pelirroja. A pesar de que Merle desconocía su posible reencuentro con Carol, desde hacía bastante tiempo, él nombraba a la mujer cada vez que tenía la oportunidad. No sabía a qué se debía esa insinuación, pero conociéndole solo era otra forma de irritar a Daryl.

Daryl siempre había sido muy reservado con respecto a su vida privada, y sobre todo, en sus relaciones personales. Sólo recordaba una conversación con Merle respecto a Carol cuando eran adolescentes, y no fue de gran ayuda. Desde ese entonces nunca le había dado detalles sobre su vida sexual y privada.

No obstante, en los últimos años en los que Daryl se reencontraba con Carol, Merle dedujo que tenía escarceos sexuales con alguna mujer, ya que cada viernes se arreglaba y no volvía hasta bien entrada la madrugada. Él había deducido que se trataba de prostitutas. Y Daryl queriendo preservar la intimidad de Carol, dejó que él creyera que eran fulanas.

Durante esos dos años que Carol no había acudido a la cita, Daryl seguía yendo al hotel con bastante frecuencia. No tenía una razón lógica para acudir a la habitación. Simplemente iba allí, con la absurda esperanza de que ella se presentara a la cita, a pesar de que sabía que no lo haría. Era tan absurdo y se sentía como un completo imbécil. Finalmente acababa pidiendo alcohol, y terminaba la noche completamente borracho. Algunos días, él iba a en busca de alguna mujer de compañía.

Sin embargo, siempre ocurría lo mismo, alquilaban otra habitación del mismo hotel, pues no quería mezclar recuerdos de otras mujeres en esa habitación, e intentaba mantener relaciones sexuales con ellas. Pero nunca era lo mismo. No tenía confianza, no era cómodo, era totalmente frio. Finalmente, tras un momento tenso, les pagaba el servicio, por simplemente haber compartido un par de besos y se volvía a quedar solo.

Con ninguna mujer había llegado a tener confianza como lo había hecho con Carol. De hecho, con ninguna persona en el mundo había llegado a tal nivel de intimidad como con ella.

Cuando Carol dejó de acudir a la cita, en un primer momento, pensó que su ausencia se debía a que le había sucedido algo malo. Pero a medida que pasaron los viernes, la preocupación fue sustituida por la sensación de abandono, ya que tenía la sensación que no acudía por propia voluntad. Se sentía traicionado y dolido por el hecho de que la única persona a la que había querido, y había confiado sus secretos más profundos le abandonara de esa forma.

Y cuando la rabia se apoderaba de él tan profundamente, dejaba ahogar la pena en el alcohol.

Después recordaba que él había hecho algo similar en su adolescencia, pero aun así eso no restauraba el dolor emocional que sentía por su abandono. No tenía derecho a sentirse abandonado, pero era así como se sentía.

Sin embargo, el destino quiso que estuviera trabajando con el marido de Carol. Esperaba que aquella noche acudiera a la cita, quería hablar con ella, saber qué era lo que había pasado y el porqué de su abandono. Necesitaba respuestas.

Se sentía nervioso y a la vez esperanzado de verla, pero también sabía que iba a descargar toda la furia acumulada durante esos dos años. Sin embargo, tenía la sensación de que no iba acudir a la cita y en su interior sabía que va a volver a tener una decepción.

Tras pedir la llave de la habitación, la cual tenía reservada todos los viernes, informó a recepción que una mujer llamada Carol llegaría sobre las doce. Subió por el ascensor, hasta la habitación 221. Encendió la luz de ésta, encontrándola vacía. Se adentró a pasos lentos. Los recuerdos de sus reencuentros emergen en su mente.

Rememoró la vez en que hicieron el amor contra la puerta, o la vez que le dio la vuelta contra la pared de la habitación y la penetró agarrándole las manos contra la espalda. O cuando ella llegó a su encuentro llorosa y simplemente pasaron la noche abrazados y besándose. O cuando lo hicieron en la ducha, donde le practico una felación, o aquella vez que se cayeron de la cama mientras ella le montaba… Esa habitación tenía muchos recuerdos asociados a ella.

Incluso creía oler su aroma cada vez que entraba en esa habitación. Muchos de estos recuerdos eran relacionados con el sexo, pero él sabía que había más.

La conexión sexual siempre había sido fuerte, pero la conexión emocional lo era aún más. Aun recordaba los abrazos compartidos cada vez que llegaba con lágrimas en los ojos. Él le abrazaba mientras ella temblaba hasta que se calmaba entre sus brazos.

Pero sobre todo, nunca olvidaría el día en que Carol le sostuvo tras la muerte de su padre. Ella encontró a Daryl tremendamente abatido sentado contra la pared de la habitación. Se agachó hasta ponerse a su altura y le acunó dejando que llorara contra su pecho. A pesar de que odiaba a su padre, él no podía evitar dejarse llevar por el dolor. Daryl no comprendía porque le dolía su muerte, quien prácticamente le había destrozado su vida. Pero Carol como siempre no le juzgó, solo le abrazó, y le permitió mostrar sus sentimientos, que había retenido desde que había fallecido su padre tres días atrás.

Él sabía que su relación nunca seria sexo, por eso cada vez que ella describía su relación como únicamente sexual, le lastimaba profundamente. No iba a negar que la deseaba, que amaba tener sexo con ella, pero había mucho más que eso. Le encantaba la intimidad que compartían, e incluso sentirse vulnerable con ella.

Los momentos más felices de su vida habían sido cuando habían estado juntos. Pero sobre todo, porque con ella podía ser él completamente, no tenía que esconderse.

A pesar de la decepción por haberle abandonado y el dolor que esto le había causado, él sabía qua aún la quería. La amaba. De hecho, era la única persona en toda su vida que había amado tanto. Era algo incomprensible sobre todo, tras el dolor que le había causado su 'abandono'.

Necesitaba su abrazo, sus besos, sus palabras o sus conversaciones. Solo quería verla. Hablar con ella, e incluso que le llamara Pookie.

Sabía que aunque apareciera esa noche, la confianza no se restauraría en un día. A pesar de que ella le perdonó, él era aún más desconfiado de ella. Necesitaría una buena explicación para entender porque se fue.

Cuando el reloj marcó las 12, Daryl sintió la impaciencia en su cuerpo. Quería verla, mientras sentimientos contradictorios se apoderaron de él por la sola posibilidad de volver a encontrarse.

A las 12:06 le pareció escuchar que unos pasos se paraban su puerta, pero cuando él fue abrirla, no había nadie. Su deseo de verla le estaba jugando una mala pasada. Los minutos pasaban, mientras la decepción se calaba en cada uno de los poros de su piel. Pidió la botella de whisky al servicio de habitación, que llegó en cuestión de minutos. Y entonces, mientras se tomaba su segunda copa, supo que ella no iba a venir, que se había acabado.

Cerró los ojos, mientras la rabia y la decepción, mezclado con el dolor y la desilusión se adueñaron de él.

-Mierda, joder –lanzó la botella de whisky a la pared y ésta se rompió en mil pedazos, al igual que su corazón roto. El sonido del cristal rompiéndose inundó la habitación.

Era tan doloroso aceptarlo. Se ha acabado. Lanzó otro baso contra la pared, rompiéndolo también, ya pagaría los costes al hotel. Las lágrimas llenas de furia inundaron sus pequeños ojos, lanzando una patada contra el mini bar.

Se dejó caer contra la pared de la habitación totalmente llevado por la decepción y la rabia. Quizá era el momento de aceptarlo, se había acabado. Todo había acabado.

Cuando la rabia y el nivel de alcohol disminuyeron, reflexionó un poco más calmado. Necesitaba una explicación, solo quería una para saber que había pasado. Saber si estaba bien. Solo quería eso.

Y si ella no quería saber nada de él, quería saberlo. Si era lo que quería, entonces Daryl se alejaría de ella para siempre.

Pero primero la encontraría.


¡Hola Carylers!

Aquí les traigo un nuevo capítulo, centrado en Daryl. Se desvela el cómo consiguió el número de teléfono y porque Carol nunca le contó quien era su marido, ya que si se lo hubiera dicho él la hubiera encontrado fácilmente. Ahora, se encuentran trabajando juntos y Daryl va hacer todo lo posible por reencontrarse con ella.

Como veis, los padres de Carol no han sido muy amables con Daryl, no les gusta para su hija y serán un problema para su relación. Solo recordar que el Daryl adolescente es tremendamente inestable, y que las palabras de John le afectan enormemente, muy a pesar de que sabe que no tiene razón y que no conoce en absoluto a Carol.

Sé que puede parecer absurdo que Daryl vuelva a la habitación solo, pero de alguna forma, ese lugar le aporta y le recuerda a lo feliz que ha sido con ella. Daryl no ha superado a Carol y es por eso que se refugia en la habitación.

Sé que os he revelado poca información hasta ahora, pero poco a poco iré desvelando todo, paciencia.

Me gustaría saber cual es vuestra opinión del fic y del capítulo, sobre todo para saber si continuar o no. :)

Antes de acabar, quería comentaros que tenía previsto publicarlo el jueves, tras llegar de trabajar. Sin embargo, tras el atentado ocurrido en Barcelona, -mi ciudad-, no tuve ni ganas ni fuerzas para publicar. Quiero dar mi más sentido pésame a todas las familias y amigos de las victimas. #Notenimpor #Notenemosmiedo

Pd: Para los que siguen mi otro fanfic, puede parecer que me estoy centrando más en este fic, pero prometo seguir el otro en breve.

Mil gracias. Nos leemos pronto.

San.