Sophia estaba emocionada desde que Carol había pronunciado la palabra parque. Durante todo el camino, la pequeña no dejó de balbucear animadamente desde la parte trasera del coche. Aunque ya sabía algunas palabras, como papá, mamá, juguetes, parque, abuelos o algunas partes de su cuerpo... todavía no era capaz de construir una frase de más de dos palabras. Pero empezaba a relacionar algunos sonidos con algunos objetos y palabras.

Sophia tarareó las canciones de la radio mientras Carol se reía por sus reacciones y le hablaba mientras ella le respondía con su particular lenguaje.

-Pa-pá, -preguntó la pequeña.

-No, cielo, papá no vendrá con nosotras. –Carol miró a través del retrovisor a su hija, quien perdió la mirada a través de la ventana, antes de seguir tarareando al ritmo de la música.

Ed nunca venía con ellas cuando iban al parque o a pasear. A pesar de ser domingo por la tarde, y que él no tenía nada más que hacer que estar con la familia, Ed siempre hacia otras cosas: ver la televisión, salir con amigos al bar… Cualquier cosa que no implicara estar con la familia. Lo cierto, es que, prácticamente era como una madre soltera en ese sentido. Ed nunca se ocupaba de su hija. Sophia buscaba su afecto, pero él prácticamente la obviaba. Carol sabía que cuando su hija fuera más consciente, esto le iba a lastimar.

Carol empezó a preguntarle si le emocionaba ir al parque, y sí le gustaba montarse en los columpios y jugar con la arena. Sophia soltaba sonidos en respuesta, mientras Carol sonreía por sus reacciones.

Al llegar, Carol la agarró en brazos, pero Sophia quería estar en el suelo e ir a jugar.

-Espera, cielo. –Le dijo.

-Colduempio, -balbuceó la pequeña.

-¿Quieres ir al columpio? –preguntó Carol.

-¡Zi! –Gritó fuertemente.

Carol la montó en el columpio, sujetándola bien y entonces dejó que se balanceara en él. Ella se reía divertida cada vez que su madre le daba con fuerza al asiento, para que volviera a balancearse.

La pequeña pareció cansarse rápidamente, y en su idioma le pidió la mochila de juguetes para jugar con la arena. Carol la agarró para llevarla al otro lado del parque, donde la pequeña pudiera jugar tranquilamente mientras ella se sentaba en uno de los bancos no muy lejos de ella. Al dejarla en el suelo, Sophia caminó unos pasos rápidos, pero se tropezó consigo misma y se cayó de culo, sin llegar a hacerse daño.

-¡Uy, arriba pequeñaja, ponte en pie! –Le animó Carol, con una sonrisa, sabiendo que no se había hecho daño.

Sophia se puso en pie en dirección a su madre para que le diera su mochila donde guardaba todos los juguetes de la arena. Un cubo, una pala, un rastrillo… Con sus pequeños deditos, ella agarró su mochila y sin ningún miramiento los tiró en la arena sentándose al lado de estos y empezó a jugar. Tiró arena en el cubo y volvió a tirarla al suelo. Vació y volvió a llenarlo, mientras llamaba la atención de su madre en ocasiones. Carol le hablaba, mientras ella seguía jugando con la arena.

Su teléfono vibró justo cuando mantuvo una breve conversación con Andrea sobre donde se encontraba, ya que estaba en Atlanta y quería verla.

La mujer sonrío mirando a su pequeña, intentando olvidar absolutamente todo lo que estaba sucediendo aquellos días. Desde que había recibido el mensaje de Daryl y había ido al hotel, ella se encontraba nerviosa y distraída. Se había prometido a si misma que se olvidaría de él, pero no era tan fácil.

Volvió a dirigir una mirada hacia Sophia que seguía entretenida con la arena. Sacó el móvil, e instintivamente buscó el mensaje de Daryl, leyéndolo una y otra vez.

"A la misma hora en el mismo lugar"

Sí, era absurdo, pero no podía dejar de pensar en ese mensaje y lo que implicaba. ¿Cómo había descubierto su número? ¿Qué era lo que quería? ¿Sexo? ¿Y si le ocurría algo?

Se distrajo por un momento, mirando como una mujer de unos 25 años y un bebé de una edad parecida a Sophia se acercaban a ella, atraídos por el juguete de su hija. Pero tras convencer a la bebe, se fueron hacia otro lugar.

Carol volvió a mirar el móvil donde el mensaje seguía ahí, justo cuando sintió la presencia de otra persona que se acercaba a ellas. Era Andrea. La mujer se levantó del banco para saludarla, antes de ver como su amiga se agachaba para saludar a Sophia, quien le recibió con un beso en la mejilla.

-Está enorme y preciosa –le comentó a su amiga, quien sonreía orgullosa-. ¡Hola! –Saludó, dándole un abrazo fuerte a su amiga.

-¿Qué haces aquí?

-He venido a visitar a mis padres, y de paso, hacerte una visita. Para vigilar que no estés haciendo ninguna locura. –Carol viró los ojos al cielo ante su comentario.

-Tranquila, estoy bien. –Le comentó mientras se sentaron en el banco de nuevo.

-¿Seguro?

-No, pero tengo que estarlo.

-¿Sigues pensando en Daryl?

- Quiero quitármelo de la cabeza pero no puedo. Sé que lo mejor es olvidarle, seguir con mi vida. Pero…

-No se comportó bien contigo, Carol.

-Yo no me porté bien con él tampoco, Andrea. Yo… le dejé plantado.

-¡Estas casada! Tenías una vida… él no tuvo motivos.

Carol negó con la cabeza, siempre igual. Nadie era capaz de entender a Daryl, pero ella le entendía, a pesar del daño que le había hecho. Le entendía. Su relación no había sido fácil, pues desde el primer momento las diferencias sociales habían sido su peor enemigo. Eran dos personas de dos mundos opuestos y las personas de su entorno no estaban dispuestas a aceptar. Sí, era ese típico amor que sale en las películas y que nadie cree que suceda. Pero el suyo fue real. Muy real.

Daryl había vivido en la miseria con problemas de drogas y estupefacientes, y con padres abusivos. Sin embargo, Carol procedía de una familia donde sus padres eran diplomados en el mundo de farmacéutica y que contaban con suficiente dinero para vivir. Además, eran tremendamente conservadores, y consideraban que relacionarse con personas marginadas o con problemas con drogas no era propio de personas como ellos.

Lo irónico de todo, es que habían aceptado a Ed, un chico procedente de una familia también adinerada, pero con graves problemas con el alcohol. Parecía que ese era un problema menor si tenías dinero.

Sin embargo, ella pensaba que podría contar con su amiga Andrea, pues en un principio había aceptado la relación de Carol y Daryl, pero tras lo sucedido hace años, ella nunca le pudo perdonar el daño tremendo que le había causado a su amiga.

-¿Carol porque le defiendes?

-Ojalá fuera tan sencillo, como dices. Pero no lo es. Yo sé que nuestra relación no tiene futuro. Pero…

-Sientes algo por él….

-Sabes que tengo asuntos pendientes con él. No es algo que pueda ignorar.

Andrea suspiró cansada, ante la situación en la que estaba abocada su amiga, que era casi como una hermana.

-¿Cómo esta Ed?

-Tan gilipollas como siempre… Ignorándonos a mí y a Sophia. -Dijo Carol-, además de enfermo…

-Hija mía, parece que tienes un imán para atraer a los peores tíos. Daryl es tonto, pero Ed es aún más imbécil.

-Lo sé, lo que me preocupa es Sophia. Cuando crezca y vea como es Ed con ella… se me parte el corazón.

-Cielo, te lo he dicho muchas veces, sepárate de él. Hace tiempo que tendrías que haberlo hecho.

-Lo sé pero está enfermo, Andrea, no puedo dejarle ahora. Además, mis padres le adoran, pondrían el grito en el cielo si lo supieran. Y como voy a mantener a Sophia, ¿volviendo a vender hamburguesas? Si fuera igual de valiente que tú, lo haría, pero ya me conoces, soy una maldita cobarde.

-No digas eso…

-Es la verdad. Si me hubiera enfrentado a Ed o a mis padres, mi vida hubiera sido diferente. Pero me aterroriza enfrentarme a ellos. –Las lágrimas inundaron sus ojos, mientras su amiga agarró su mano con fuerza dándole su apoyo. -Y para complicarlo todo, aparece Daryl. –Soltó con amargura.

Andrea suspiró preocupada por su amiga, sabiendo que había pasado épocas muy complicadas por las presiones que había recibido por parte de Ed o de sus padres. De hecho, Andrea era la única que era consciente hasta qué punto estas presiones le habían afectado, pues Carol había sufrido etapas de depresión. Andrea había notado una mejoría después de la llegada de Sophia, pero aun así le preocupaba enormemente en la nueva situación en la que se encontraba.

El hecho de que Daryl apareciera de nuevo, no sabía hasta qué punto podía ser bueno o no para su estado anímico.

-Carol, no quiero volver a verte tan mal como antes, –le dijo con firmeza su amiga.

-No te preocupes, Andrea. Tengo a Sophia ahora, nada hará que vuelva a caer en eso.


Desde que salió del hotel la noche anterior, no había dejado de pensar en Carol y en cómo encontrarla. A pesar de que era consciente de que encontraría más información de ella en su trabajo, él no podía esperar más.

El sábado por la mañana se fue a un locutorio y empezó a buscarla por internet, convencido de que debía haber alguna información sobre ella. Daryl odiaba los ordenadores, tenía una relación de odio con ellos. Los encontraba demasiado complicados, así que, prefería no verse involucrado con ellos. Pero hoy haría una excepción.

Encendió la computadora, abriendo el explorador de google, tecleando el nombre de Carol Peletier. Primero miró en la sección de imágenes, encontrando imágenes de Ed. Se había olvidado que su jefe era un tipo conocido en Atlanta por ser uno de los empresarios exitosos de la zona. Rebuscó más entre las fotos y encontró un par de entrevistas de su superior. Fue la única referencia que encontró de Carol, ya que le citaron como esposa del susodicho.

Pero no había nada más de ella.

De hecho, no era la primera vez que la buscaba. Cuando Carol dejó de acudir a las citas, Daryl se había preocupado mucho por su ausencia, sobre todo porque temía qué le hubiese ocurrido algo. Quizá su marido se habría enterado de su relación, o algo grave le había pasado. Pero por aquel entonces, él no disponía de datos suficientes para encontrarla, como era el apellido de casada y su matrimonio con Ed. De forma que esa búsqueda fracaso estrepitosamente. Por aquel entonces tuvo que dejar pasar el tiempo, sin saber nada sobre ella mientras todos los pensamientos fatalistas le invadían durante esos dos años, mezclados con la sensación de que le habían abandonado. Sin embargo ahora, sabía por dónde empezar a buscar.

Cuando el lunes llegó al trabajo, tenía un objetivo en mente: encontrar a Carol.

Llevaba todo el fin de semana dándole vueltas al asunto. Por una parte, no sabía si estaba haciendo bien, porque quería respetar la decisión que había tomado. Por muy doloroso que fuera. Pero por otra parte, necesitaba saber si se encontraba bien, y sobre todo, necesitaba saber el motivo por el cual había desaparecido de esa forma.

Daryl bufó cuando vio que tenía cinco motos para arreglar, cuando su mente estaba en otros asuntos. Sin embargo, se puso a trabajar intentando despejar la mente. Observó cómo Ed se mantenía en su despacho, fumando y hablando por teléfono. Cerró los ojos cuando se lo imaginó con Carol y sintió una repentina sensación de celos.

Daryl negó con la cabeza intentando olvidar esos pensamientos, tenía que olvidarse de ellos. Una vez más, Ed se fue al bar de enfrente y su único compañero aprovechó para fumar. Entonces entró en el despacho, buscó en la agenda, ordenador, entre los cajones alguna carta donde indicaran la dirección en la que vivían, pero no encontró nada. Así que, la única opción que le quedaba era seguir a Ed a la salida del trabajo.

¿Te has vuelto loco? ¿Qué piensas hacer entonces?

Su mente no paraba le repetirle esas frases, pues era consciente de que se trataba de una auténtica locura, pero era la única forma que le proporcionaría lo que buscaba. Para evitar ser reconocido, Daryl iba a tomar las medidas necesarias para hacerlo. Sin embargo, su plan no pudo llevarlo a cabo hasta el miércoles de esa semana, pues el martes Ed estaba lo suficientemente enfermo como para no acudir a trabajar.

Olvídate de Carol, le decía su voz interior, mientras esperaba a la salida de un bar en el que Ed acababa de entrar tras salir de trabajar. Parecía que éste tenía mucha más vida más allá de Carol.

-Joder, suerte que estás bastante enfermo… -ironizó sobre el estado de salud de su jefe, cuando lo vio salir del lugar tambaleándose hacia su coche.

Tuvo que esconderse cuando paso por su lado hacia un club de streptease. Y entonces paso algunas horas, entendiendo un poco más porque Carol se sentía tan mal en un matrimonio como ese.

¿Por qué no le deja entonces? Se preguntó a sí mismo.

Tras esto, le siguió hasta su supuesta casa con cuidado de que él no se diera cuenta de que le seguían. Aunque intuía que estaba tan borracho que ni se percató. Le siguió durante veinte minutos por la carretera hasta las afueras de la ciudad, en una zona residencial bastante elegante y cara, hasta llegar a una casa de dos plantas, con un porche y una hamaca a las afueras.

Daryl ya tenía la información que necesitaba, ya sabía dónde vivía Carol.


No sabía muy bien lo que iba a hacer, ni siquiera había planeado nada. Solo improvisaría según las circunstancias. Nada más salir de trabajar, Daryl se fue a casa de Carol. El coche de Ed como él había previsto no estaba, pero había un Jeep Cherockee que estaba aparcado a la entrada. El de Carol.

Aparcó lejos, pero al mismo tiempo lo suficiente para poder observar si entraba o salía alguien. Se bajó de la moto, mientras sentía como su corazón bombeaba con fuerza, decidiendo que iba a hacer. ¿Debía presentarse en la casa?

Era lo que llevaba tiempo esperando.

Sin pensar demasiado, Daryl empezó a caminar en dirección a la lujosa casa, justo cuando vio como un coche venía hacia él, antes de adentrarse en el recinto de la casa de Carol. Al ver esto, Daryl retrocedió hacia la moto, poniéndose el casco, pero observando todo lo que sucedía. El Range Rover se detuvo en la puerta de la casa, y se bajaron de él un matrimonio muy bien arreglados: que no eran ni Carol ni Ed.

Daryl supo en seguida quienes eran. Se trataba de los padres de Carol.

Desde su posición, vio como ellos esperaron pacientemente a que la puerta se abriera. Y entonces la vio. La reconoció al instante, su pelo pelirrojo en bucle cayendo por su rostro. Su vestido grisáceo de lunares repasaba toda su figura, aunque no dejaba mucha carne a la vista, lo cierto es que le quedaba muy bien. Carol mostró una suave sonrisa al ver a sus padres, pero él notó que no era del todo sincera.

Carol abrazó a su madre, dejando su rostro apoyado contra su hombro y entonces, él vio cómo su mirada se perdió por la carretera en su dirección. Sus ojos se entrecerraron primero, para después abrirlos ampliamente. Le había descubierto.

Rápidamente, Daryl encendió la moto y la arrancó dando una pirueta yéndose en dirección contraria, mientras Carol y sus progenitores se giraron al escuchar el estruendo.

Aceleró cada vez más mientras se maldecía una y otra vez por lo que acababa de suceder. ¡Menudo imbécil! Ahora seguro que no quería saber nada de él. Era un maldito acosador.


No dejaba de pensar en Carol, desde que sus ojos se habían puesto en él, en su motocicleta aparcada al otro lado de la acera. Estaba seguro que le había reconocido. Sus padres estaban allí, ¿y si le había metido en problemas por su enorme estupidez? Conocía a sus padres y la relación que Carol tenía con ellos. A pesar de los años, Carol le había asegurado que no era nada buena.

¿Debería volver a su casa y volver a intentarlo?

Se sentía como un auténtico acosador. Tras meditarlo mucho, se encaminó hacia el hotel, le esperaba otra noche de viernes en soledad, maldiciéndose por todo lo que estaba haciendo mal.

Era un completo imbécil.

¿Es que no se había dado cuenta que si no quería verle era por algo? Levantó el teléfono de recepción pidiendo un whisky que esperaba que le quitara todo este malestar que tenía en su interior. Quizá conseguía emborracharse lo suficiente para ir a buscar a otra mujer, una prostituta e intentar tener sexo con ella.

Pero otra vez, Carol volvía a su mente, como si no la quisiera olvidar. ¿Debía olvidarse de ella? ¿Qué estás haciendo Daryl? Déjala vivir su vida en paz. Pero una parte de él le decía que no era feliz con Ed. Era infeliz, eso le dolía eternamente.

De repente tuvo una idea, que de pronto fue descartada de lo absurdo que sonaba. Hacerse amigo de Ed, sonsacarle quien es su mujer y entrar en su vida. Pero él odia las relaciones sociales, no tiene amigos, porque nunca se ha llevado bien con los demás, en especial con tipos como Ed. Pretender ser amigo de él no le saldrá bien.

Se estaba volviendo loco. Joder, no entiende como ha llegado a esa situación. Se dejó caer contra el colchón decidiendo que hacer. Los sonidos en la puerta le hicieron saber que ya tomaría la decisión cuando tuviera un par de copas en el estómago. Arrastró los pies hasta la puerta, abriéndola de golpe.

Y entonces, su boca se abrió de la sorpresa al verla al otro lado de la puerta, igual de hermosa que siempre.

La había encontrado.


19 de septiembre de 2014

Ataviada con el uniforme de camarera de la hamburguesería, se adentró en el taller mecánico que era propiedad de su marido y que casualmente estaba a pocos metros de donde trabajaba. El olor característico se impregnó en su nariz, nada más adentrarse en el taller. De hecho, ella estaba acostumbrada a ese olor, pues toda la ropa de Ed, tiene ese aroma. Aferrándose a su bolso, la mujer buscó a alguien que le pudiera indicar el estado de su auto.

Perdone… –Dijo en voz alta, llamando la atención de un hombre que se hallaba bajo un Dakota, arreglando un desperfecto del coche. El hombre alto, de ojos marrones y aspecto duro vestido con un mono azul, se acercó a ella con cara de pocos amigos por haber sido interrumpido en su trabajo, mientras se limpiaba las manos llenas de grasa.

¿En qué puedo ayudarle señora?

Sí, eh, ayer trajeron mi coche para arreglar tras una avería. Me gustaría saber si ya está reparado. –Preguntó esperanzada. El mecánico le miró dubitativo.

Ehm, déjeme comprobarlo. ¿Qué marca es?

Es un jeep Cherockee.

El hombre miró los coches que estaban por arreglar y viendo que ese en particular aun le quedaba bastante.

-Lo siento, señora, no lo tendremos hasta de aquí una semana.

-¿Una semana? Por favor, lo necesito para antes. –Masculló desesperada.

No disponer de un coche propio le traía muy malas consecuencias para ella, pues implicaba tener que utilizar el transporte público para ir a trabajar lo que conllevaba llegar a su casa a una hora muy tardía. Y esto le traía reprimenda con Ed por llegar tarde, tal y como había sucedido la noche anterior.

-No podemos tenerlo antes. Lo siento.

Carol cerró los ojos resignándose, debía salir del trabajo mucho antes de su hora, para poder llegar mucho antes que él.

-Está bien, –Dice con pesadez dispuesta a irse a trabajar.

Sabía que podía utilizar el nombre de su marido para acelerar el que le arreglen el coche, pero realmente no le apetece que ese hombre llame a Ed y después tenga alguna discusión con Ed, por si ha ligado con el mecánico.

Se gira sobre si misma buscando una solución mental al problema al que estaba avocada durante esa semana. La mujer absorta en sus pensamientos sale del taller, justo en el momento en que un joven se cruza con ella a paso rápido.

El instinto defensivo le hace levantar el rostro para ver a esa persona con la que se esta cruzando y entonces, siente que su corazón se para en seco al reconocer sus ojos, su rostro angelical y su pelo rubio. Detiene sus pasos en seco, mientras las miradas de ambos se reconocen entre sí, buscando una respuesta. Los nervios se apoderan de ella, recordando los sentimientos que él solía transmitirle; pero de pronto, también recuerda el dolor de su último encuentro.

Él parece igual de sorprendido que ella, tanto que sus ojos pequeños se han abierto extensamente al reconocerle. Sus cabellos rizados y pelirrojos caen al lado de la cara, pero esos hermosos ojos azules son los mismos. Sin embargo, ya no están tan brillantes como antes, ya no tienen ese toque de felicidad como hace años. Ahora están tristes.

-¡Daryl! –Se escucha desde el interior del taller-. Por fin te has dignado aparecer, ¿no sabes qué hora es? Abrimos a las 8, no a las 9 de la mañana. Ponte a trabajar de una puta vez o te vas a la puta calle.

Daryl dirige una mirada a su superior enfadado por la distracción, pero cuando vuelve a girar el rostro para buscarla, e incluso hablar con ella, ya no está. Mira a todas partes buscándola y la ve a lo lejos, caminando a paso rápido hacia el restaurante de comida rápida que está a unos cien metros del taller.

-Ponte el puñetero mono y a trabajar. –Vuelve a insistir Dave -. Es la última vez que te lo dijo.

El rubio gruñó enfadado antes de adentrarse en el taller, bastante impactado con el encuentro que acababa de tener.


Hola Carylers,

Perdonen que este capítulo sea un poco más corto. Tengo la sensación que puede que no les aportara gran cosa a la historia, sé que están deseando el reencuentro, que como ven sucederá en el siguiente capítulo.

En este capítulo quería mostrar las dudas de Carol y conocer un poco su vida antes su reencuentro. Y respecto a Daryl, está haciendo todo lo posible para reencontrarse con ella, pero al mismo tiempo quiere respectarla. Lo he querido plantear como el 7x10 que él quiere respectar su decisión, pero a la misma vez, necesita saber cómo esta y una respuesta del porque se fue. Por eso todas esas dudas y ese razonamiento interno.

Estaré encantada de saber cuál es vuestra opinión al respecto y sobre todo, espero que no os decepcione este capítulo, creo que esperaban mas.

Por ultimo decir, que tardaré un poco más en publicar. Me iré de vacaciones en los próximos días, y además mi portátil lo llevare arreglar mañana.

Mil gracias por leer y comentar.

Nos leemos muy pronto,

San.