El corazón de Carol latía fuertemente ante la mirada sorpresiva de Daryl. Mordisqueó sus finos labios con nerviosismo, al mismo tiempo que la sequedad de su garganta le impedía que las palabras salieran de ésta.

Llevaba desde aquella tarde pensando como seria ese encuentro, e incluso había pensado las frases exactas que iba a decirle nada más abrir la puerta. Sin embargo, todas ellas quedaron en el olvido al ver a ese hombre, que una vez más, rompía todos sus esquemas.

Aquella tarde, al verle a las afueras de su casa, -acechándole-, ella había tomado la decisión de ir en su encuentro para acabar definitivamente con esto. Llevaban dos años sin verse y ahora ella no podía permitirse volver a tener una relación en secreto con él. Carol había sufrido mucho durante su idilio con Daryl a espaldas de su marido. Y aún había sido peor cuando había decidido dejar de ser su amante.

Tras la corta e incómoda visita de sus padres, Carol llamó a Tara para preguntarle si podía cuidar de Sophia aquella noche. La joven quien estaba estudiando para entrar en el cuerpo de policías, aceptó. Tara llegó a casa de los Peletier a las 22:30, y entonces Carol se montó en el coche para recorrer la distancia hacía el motel. Ni siquiera sabía si era una buena idea. Sólo debía acabar con esto. No podía seguir recibiendo mensajes, o aun peor, con la incertidumbre de que él la estuviese siguiendo y aparecer en cualquier momento.

Pero una vez más, nada más verle sus intenciones quedaron en el olvido.

Carol le dedicó una media sonrisa, al mismo tiempo que sentía las mariposas en su estómago, mezclado con un toque de dolor. No pudo evitar ver las ojeras bajo sus ojos, y su desmejoramiento a comparación a la última vez que le vio. Sus cabellos rubios empezaban a esconder sus hermosos ojos, y su perilla seguía adornando su angelical rostro.

Daryl permanecía de pie, aun sosteniendo la puerta, totalmente sorprendido de verla al otro lado del umbral. Le dedicó una mirada rápida, desde su cuerpo que seguía luciendo el vestido grisáceo de lunares hasta su hermoso rostro mientras sus cabellos rizados y pelirrojos caían al lado de su cara.

-Hey-, dijo Daryl rompiendo el silencio y la tensión que se había creado.

Dio un paso al lado con la esperanza de que ella se adentrara en aquella habitación que tantos recuerdos albergaba.

Carol le observó decidiendo internamente si entrar o no. Solo tenía que decir una frase y marcharse, no debía dejarse embaucar por él, no esta vez. No debían volver a verse y eso implicaba no entrar en aquella habitación. La mujer levantó la barbilla indecisa, meditando qué hacer, miró a ambos lados del largo pasillo del motel, y después observó al hombre que le miraba conteniendo el aliento por su posible rechazo. Finalmente, con un suspiro, cedió a su petición y se adentró en ella.

Pasó por su lado sintiendo el magnetismo de su presencia, evitando mirarle a los ojos, sabiendo que si lo hacía, sería más difícil decirle que no quería verle nunca más. Dio una mirada rápida a la habitación que tan bien conocía. No tenía nada especial, de hecho era una de las peores en las que había estado, pero en ella habitaba tantos recuerdos de ellos dos, que era imposible no sentirse abrumada por los sentimientos.

-No te… esperaba-, dijo el hombre con su tono suave y con un ligero tartamudeo, que le ocurría a veces cuando estaba nervioso. Carol apartó la mirada de la habitación y entonces le miró, cayendo en las redes de sus intensos ojos azules.

-No tenía intención de venir… -confesó amargamente, -hasta que te he visto a la puerta de mi casa. -La boca de Daryl se abrió y se volvió a cerrar intentando buscar una respuesta coherente a sus palabras. -¿Qué estás haciendo Daryl? ¿Ahora te dedicas a seguirme?

-Yo… -Empezó a decir Daryl ante la mirada de ella, entre enfadada y confusa. Él sabía que estaba haciendo mal en seguirla. –Lo siento. Solo necesitaba saber que estabas bien. Desapareciste sin dejar rastro. –Masculló Daryl con cierto toque de ira.

Carol bajó la cabeza avergonzada. Oh si, se había olvidado de ese detalle. Daryl no podía volver a su casa, si sus padres le hubieran reconocido, le hubiera causado muchos problemas, y bastante tenía con Ed y la familia de éste. Literalmente había entrado en pánico al reconocer la moto de su exnovio. Y de pronto, las frases que había estado ensayando durante su trayecto, fueron soltadas sin control por su boca.

-No vuelvas a venir a mi casa, ni me envíes mensajes… Lo nuestro se acabó. –El ceño de Daryl se frunció debido a la ira y el dolor.

-¿Qué? ¿En serio te atreves a venir hasta aquí e irte sin decirme porque mierda desapareciste sin decir nada?

-¿Y qué más da lo que pasara? Ya sabias que lo nuestro nunca iba a ser posible. –Dijo con dureza la mujer.

Igual que un puñetazo en el estómago, sus palabras fueron igual de dolorosas por el rechazo de la única persona a la que había amado. Sumidos en un poderoso y tenso silencio, las miradas llenas de dolor les consumieron por un instante. Carol sintió el dolor apoderarse de ella. Suspiró fuertemente justo cuando quiso añadir algo que rebajara la tensión entre ellos, pero unos rítmicos golpes en la puerta le interrumpieron.

Daryl le dirigió una mirada, antes de adelantarse hacia esta para ver a la camarera con una botella de vodka y un par de vasos. Daryl los agarró dándole las gracias, y cerró la puerta tras de sí, se dirigió hacia el escritorio donde vertió el líquido en ambos vasos.

-¿Quieres…? –preguntó el hombre sin mirarle.

-No, yo no…-dijo la mujer en un susurro, mientras permanecía allí de pie, ahogada en el dolor de estar viviendo esa situación. Carol solo podía ver la espalda de su ex novio, viendo cómo el dolor se mostraba en su expresión corporal.

-Tu marido es un auténtico capullo. –Soltó Daryl de pronto, antes de beber de un trago el alcohol, el cual le recorrió su garganta quemándole.

Dejó el vaso en el mueble de madera con un sonoro ruido antes de mirar de reojo a la mujer quien le miraba sorprendida. Él sonrió con suficiencia.

-Oh, venga ya, sabias que era mi jefe desde la primera vez que nos vimos. Trabajo para el cabrón de tu marido. Lo sabías. –Se giró y le miró, esta vez viendo las lágrimas amontonados en sus hermosos ojos.

¡Mierda! Maldijo para sí mismo al verla llorar. Odiaba verla así. El hombre suspiró lleno de arrepentimiento por haber sido algo duro con ella.

Carol se mordió el labio, llena de dolor y temerosa, de que él se hubiera enterado de todo. Carol no quería que Daryl se enterara de algunos aspectos de su vida. Y una de ellas, era Ed. Desde que lo vio en los talleres de Ed, ella sabía que cabía la posibilidad de que Daryl se enterara de quien era su marido.

-Tienes razón. Lo sabía. –Confirmó la mujer, finalmente. -Y entonces sabrás que está muy enfermo.

-¿Por eso sigues con él? Por qué está enfermo. –La mirada sorprendida y dura de Carol recayó sobre él al verse cuestionada. Y entonces Daryl pudo ver en su mirada como se forjaban las barreras entre ellos.

-Las razones de que siga casada con Ed no son de tu incumbencia, Daryl. –Su tono fue duro y distante. Sorprendido por su dureza, Daryl asintió ante sus palabras, dolido. Por otra parte, siempre había respetado el hecho de que no quisiera contarle nada de su vida, a pesar de que esto le lastimaba.

Daryl volvió hacia el escritorio y volvió a llenarse el vaso de alcohol, bebiéndoselo a continuación, ante la mirada de Carol.

-Al menos podrías contarme porque no volviste más.- Dijo el hombre, girándose para mirarle de nuevo.

Carol le miró con un nudo en la garganta. No podía contarle todo lo sucedido tras su último encuentro. A pesar de que ella quería ser sincera con él, tenia derecho a saber todo, no podía hacerlo. Si él supiera lo que pasó durante esos días, no sabía cuál podría ser su reacción.

-No podía seguir con lo nuestro.

-¿De un día para otro? ¿Sin decirme nada? –Su dolor se vio reflejado en sus ojos, confuso.

-No podía, Daryl. Era demasiado para mí. Vivir esa doble vida.

Daryl le miró intentando averiguar si era verdad lo que le estaba contando. Vio en su mirada que había mucha verdad en ellas, pero también vio que había más que no le estaba contando.

-¿Sigues viniendo aquí? –Preguntó la mujer con un nudo en la garganta.

No debería haberle preguntado eso, porque sabía que al conocer su respuesta iba a ser mucho peor para tomar su decisión. Pero necesitaba saberlo. Él simplemente asintió, antes de dar un par de pasos hacia ella, quedándose a apenas unos centímetros de ella. Su proximidad le hizo acelerar la respiración.

-Todos los viernes a la misma hora.

-¿Por qué? –Preguntó Carol con lágrimas en los ojos.

-¿Después de todos estos años me preguntas porque? –Le preguntó el hombre mientras la mujer cerró los ojos por estas palabras.

-No, Daryl… Por favor. Perdimos nuestra oportunidad hace doce años, Daryl. No va funcionar. –Contestó entre lágrimas.

A pesar de que no le había acusado directamente, él se sintió aludido ante sus palabras.

-Sé que tuve la culpa de lo que pasó hace años, pero te puedo asegurar que no hay nada de lo que me haya arrepentido como eso… Es la peor decisión que he tomado en toda mi vida.

-Me hiciste mucho daño, Daryl –El hombre negó con la cabeza, intuyendo que ella no había superado ese momento de su relación. -No puedo arriesgarme a dejar toda mi vida para que… después vuelvas a dejarme. No podría soportarlo.

Daryl sintió el peso de la culpabilidad en él, consciente del daño que le había causado en su adolescencia. Pero en ese momento, sus palabras le dolieron al saber que no confiaba en él.

-No volveré hacerlo. Te lo prometo. Por favor, solo… dame una oportunidad. Quizá… quizá p-podemos empezar de nuevo. Podemos hacerlo… –Sugirió Daryl. La mujer negó con la cabeza-. Intentarlo… otra vez…

-Daryl… -Se lamentó la mujer-. No puedo… No puedo dejar a mi marido para seguir teniendo sexo contigo. No podemos volver atrás.

Daryl negó con la cabeza, al mismo tiempo que levantó sus manos y enmarcó su rostro con cuidado. Con un tono lleno de ternura le respondió.

-No es solo sexo, lo sabes. Los dos sabemos lo que hay entre nosotros.

Carol sabía que tenía razón, era consciente que entre ellos dos había más que una relación sexual. Había afecto y cariño; y también había amor. Mucho amor. Lo sabía, pero también sabía que habían pasado muchos años desde su relación y a su vez, habían pasado algunas situaciones desagradables entre ellos, que no eran fáciles de superar.

Carol daría lo que fuera por volver a la adolescencia, para poder vivir su amor con él, pero no podía ser. Ahora eran mayores, no podía dejarse llevar por el recuerdo de un amor del pasado. Sabía que no iba a ser posible.

-Han pasado muchos años, no tenemos 17 años. Tengo un marido, una vida, una familia…

Carol sintió la punzada de pánico en su estómago al pensar en Sophia. A pesar de que ella sabía que estaría mejor lejos de Ed, ella no podía separarse de él. Sobre todo por una razón: si lo hacía perdería completamente la custodia de su hija, debido al acuerdo matrimonial que Ed le había obligado a firmar. Y no iba a permitir que él le separara de Sophia.

Antes de casarse, el empresario le había hecho firmar varios acuerdos para resguardar su fortuna y a su vez, se había asegurado que debido a ésta, los posibles descendientes de la pareja quedarían bajo la familia de él en caso de separación o divorcio.

Durante muchos años, ese acuerdo no había tenido demasiada importancia para ella, no le importaba quedarse sin la fortuna de Ed, pero tras el nacimiento de Sophia se había convertido en un quebradero de cabeza. Había intentado rebatir esa cláusula, pero Andrea ya le había afirmado que sería bastante complicado, ya que ella había aceptado y firmado esa cláusula en un inicio.

Ajeno a la batalla interna de la mujer, Daryl echó la cabeza para atrás cansado y dolido por el rechazo de sus palabras. Abatido, caminó por la habitación y se sentó al filo de la cama, tapándose el rostro.

Carol cerró los ojos, sintiendo el dolor más fuerte. Abrió los ojos, observando a ese hombre totalmente destruido por la situación. No sabía que decir, ni que hacer. Su corazón le pedía abrazarle, consolarle, pero eso solo complicaría la situación.

-¿No podemos ser amigos?-, pidió el hombre.

La mujer abrió la boca para decir algo, pero no salió nada de ella, al mismo tiempo las lágrimas se precipitaron por sus mejillas.

-Me encantaría Daryl… no hay nada que me gustaría más pero…-, Carol negó con la cabeza-, sabes que sería imposible.

Daryl asintió, sabiendo que era verdad, su relación era tan intensa y tan fuerte que tarde o temprano, volverían a traspasar esa línea.

-Mierda. –Se lamentó el hombre.

Carol se acercó a él, arrodillándose para quedarse a su altura. Al sentir su presencia, Daryl levantó la mirada para verla llorosa y llena de dolor, al igual que él. Ella enmarcó su rostro y él cerró los ojos dejándose embriagar por la suave caricia. Giró un poco más y él besó suavemente su pequeña mano.

Invadida por un profundo sentimiento de amor, se adelantó dejando reposar su frente contra la suya.

-es el final, ¿no? –Susurró Daryl lloroso. Carol asintió con angustia y dolor.

-Lo siento-, se lamentó la mujer. –Lo siento. –Repitió queriendo consolar tanto su dolor como el de él.

Carol juntó sus labios contra los suyos, con firmeza, pero con ternura. Él correspondió de inmediato, sintiendo como las gotas saladas de ambos se entremezclaban con sus labios.

-Cuídate mucho, Pookie. –Susurró la mujer al separarse. –Sé feliz, por favor.


25 de septiembre de 2014

Tras el inesperado reencuentro con Daryl, Carol había intentado evitar pasar por enfrente de los talleres EP's en el cual trabajaba por temor a encontrárselo. A pesar de que una parte de ella quería respuestas sobre lo sucedido años atrás, le había hecho recordar todo el dolor que su abandono le había causado. No quería volver a rememorar los dolorosos recuerdos de él.

El jueves a media noche, a Carol le quedaba una hora para acabar su turno. Estaba cansada y lo único que quería era ir a casa para dormir. Por suerte, ese día estaba siendo tranquilo, a excepción de un par de camioneros que acababan de llegar para hospedarse en el motel de al lado.

Carol tomó nota de las consumiciones de ambos hombres que la miraban con pretensión. Odiaba cuando le tocaba el turno de noche, pues solían acudir camioneros que se hallaban solos y buscaban saciar sus apetitos carnales. Ella obvió deliberadamente sus insinuaciones sobre una prometedora noche de espectacular sexo con ellos, refugiándose en la cocina para pedirle a José que cocinara esas hamburguesas.

Desde la cocina, escuchó el tintineó de la puerta y maldijo en silencio, pues solo quería acabar el turno e irse. Se acercó a la puerta asomándose por la ventana redonda de la cocina para echar una mirada al cliente, y entonces lo vio.

Sentado en la barra, con una chupa de cuero, estaba Daryl esperando a ser atendido. Carol cerró los ojos, maldiciéndose a sí misma. No quería enfrentarle ni quería hablar con él. Giró el rostro hacia José, quien canturreaba alguna canción en español, al mismo tiempo que cocinaba la hamburguesa de vacuno para los camioneros.

-¿Qué pasó cielo? No vas a ir a atender. –Le dijo el hombre con acento latino. Carol le miró el ceño fruncido y preocupado.

-Sí, voy. –Le dedicó una suave sonrisa y adueñándose de la fuerza que no poseía, traspasó la puerta hacia el restaurante.

-¿Qué va a querer? -preguntó con indiferencia como si se tratara de un cliente más.

Daryl levantó la mirada para observarla, y volver a conectar sus ojos azules con los suyos, antes de anunciar su consumición. Sin embargo por cómo reaccionó, Carol supo que su presencia en el lugar no era casual.

-Cerveza. – Ella asintió y se giró para volver con una cerveza en la mano, dejándosela en la barra.

-¿Cómo me has encontrado?

-Tu uniforme. –Ella asintió, con desdén.

-¿Qué haces aquí?

-Quiero hablar contigo. Necesito explicarte qué pasó. –Carol le observó sorprendida por sus palabras y lo que esto implicaba.

Él tenía la mirada fija en las gotas frías que resbalaban por el cristal verdoso de la botella de cerveza mientras mostraba su rostro vulnerable.

Carol pensó en sus palabras sin saber qué hacer. Una parte de ella necesitaba una explicación de lo sucedido diez años atrás. Y quizá, su respuesta le ayudaría a olvidarle por fin y continuar con su vida. Él le había lastimado enormemente en el pasado y era consciente que aún no había superado esa etapa de su vida.

Carol le miró clavando la mirada en él, quien le miraba con esperanza de que le diera la oportunidad de explicar lo sucedido.

-Por favor… -le suplicó el hombre, otra vez.

Carol abrió la boca para hablar, pero el griterío del camionero al otro lado del restaurante le distrajo.

-Tú, pelirroja, ¿Cuándo nos vas a traer las hamburguesas? –gritó uno de los camioneros.

Ella apartó la vista del rubio un momento, y cuando la volvió a centrar en él, éste miraba fijamente la cerveza antes de llevársela a la boca.

-Perdona… -se disculpó antes adentrándose en la cocina.

Nada más salir con dos platos de hamburguesas con patatas fritas en la mano, escuchó la puerta del restaurante cerrarse. Giró el rostro para observar a Daryl, y él ya no estaba. Dejando un billete de 5$ sobre la barra al lado de la botella de cerveza.


El camino de vuelta a casa fue tremendamente agotador. No podía dejar de pensar en Daryl, en las lágrimas de éste cuando ella había dado por finalizada su relación para siempre. No entendía como a pesar de los años, le podía lastimar tanto poner punto y final a una relación que le había lastimado tanto. Las lágrimas le dificultaban ver la oscura carretera de vuelta a casa.

Minutos más tarde, aparcó su Jeep Cherockee a las afueras de su casa. Puso el freno de mano y apagó el motor, apoyando su cabeza contra el asiento. Desde su posición observó la luz encendida del salón señal que Tara estaría estudiando para ser policía local, como le había comentado antes de marcharse. Tras limpiarse el resto del agua salada de su rostro, salió del vehículo y se adentró en su casa. Como había adivinado Tara seguía estudiando en el comedor.

Nada más sentir la puerta, la joven levantó su rostro cansado hacia Carol. Le dedicó una suave sonrisa y se levantó recogiendo sus pertenencias.

-Hey, ¿cómo ha ido todo? –preguntó la mujer.

-Bien, no se ha despertado en ningún momento. -Carol asintió.

-Genial. Muchas gracias Tara, prometo no volver a llamarte para hacer de canguro a horas tan tardías. –Aseguró la mujer con una media sonrisa. Tara guardó uno de los libros en su maleta mientras le miro.

-No me importa, Carol, así me gano un poco de dinero. –Carol volvió a dedicarle una sonrisa - ¿Te encuentras bien? –Preguntó de golpe la joven, al ver los ojos rojos de la mujer.

-Sí, sí está todo bien. –Carol volvió a fingir una sonrisa, al mismo tiempo que llevó su mano al fondo de su bolso, agarrando su monedero y abriéndolo, para darle un billete de 50$. Vio la sorpresa en el rostro de la joven pues normalmente le daba 20 por hora y ahora ni siquiera había estado una hora con la pequeña.

Tras un abrazo, Tara se fue de la casa. Carol aprovechó para sentarse en el sofá para descansar. El sonido del móvil le distrajo, levantó ligeramente el rostro hacia el dispositivo que estaba tirado en el sofá. Desde su posición vio que se trataba de un mensaje de Ed. Sin levantar la cabeza, miró hacia el dispositivo y tocó la pantalla para abrir el mensaje.

Ed: Pasaré la noche en casa de David.

Carol sintió cierto alivio ante el mensaje de su marido. Eso significaba que no tenía que fingir que estaba bien, o hacerse la dormida para evitar que él quisiera hacer el amor con ella.

Carol: Ok.

Escribió en el teclado y lo envió, dejando el celular en la mesita. El escucha de bebes estaba allí, encendido indicando que la pequeña seguía dormida. Se levantó del sofá y empezó a subir las escaleras dirigiéndose hacia la habitación de la pequeña.

Con cuidado de no despertarla, se adentró en la estancia. Escuchó el rítmico sonido de la respiración de la pequeña quien dormía profundamente. Se sentó en el suelo al lado de la cuna, metió uno de sus brazos por las barandas de esta y empezó a acariciar su rostro con suavidad repasando la piel sedosa de sus mejillas.

-Mi amor, lo siento… -susurró Carol. –Lo siento tanto. –Volvió a repetir–. Espero que algún… día puedas perdonarme...


Hola Carylers,

Como ven he vuelto con un nuevo capítulo, no sé si estarán contentas de leerme, sobre todo tratándose de un capítulo tremendamente triste y doloroso, pero es necesario este momento para avanzar en la historia.

Sé que dije que no escribiría por un tiempo, pero hace unos días me puse a escribir y tuve mucha inspiración. Así que espero que les guste.

Y una vez más agradecer a todos la paciencia y los ánimos. Gracias .

Nos leemos.

San.