26 de septiembre del 2014
Carol caminó a paso rápido la distancia entre su trabajo y el taller. Solo tenía un descanso de 5 minutos antes de seguir laburando. El atardecer se cernía sobre ella, mientras la brisa chocaba contra sus mejillas. Nada más llegar al taller propiedad de su marido se quedó fuera, escuchando como alguien le explicaba a un cliente el estado de su moto. Carol echó una mirada hacia al interior mientras se mantuvo a las afueras de éste, sin dejar de observar.
Vio a Daryl hablando con un cliente, y en un momento determinado él levantó la vista, reconociéndola. Impaciente, Carol esperó a las afueras del local, intentando no adentrarse en él.
Minutos más tarde, tras salir un hombre canoso con una moto, Daryl salió a su encuentro.
-¿Qué demonios haces aquí? –Dice hoscamente.
-Yo… yo… -empieza a tartamudear nerviosa. Levanta la mirada, mientras él le observa indeciso e incluso enfadado. Carol bufa nerviosa. –Ayer me dijiste que querías explicarme que pasó. Necesito saberlo. –Le dice en tono de súplica-. Nunca me creí todo lo que me dijiste.
Daryl miró indeciso hacia todos los lados, antes de que finalmente asintiera y habló.
-¿A qué hora terminas? –Preguntó el rubio.
-A las 12.
-Te espero en el bar SkyLounder. Al lado del motel. –La mujer asintió al reconocer el bar.
-Debo irme o me despedirán… -Señaló la mujer, le hizo una mueca con el rostro y se giró. Daryl la observó alejarse de él para volver a su puesto de trabajo.
Horas más tarde, Carol salía del restaurante con los nervios a flor de piel. Por fin iba a saber qué ocurrió para que Daryl le dijera que no le quería y que estaba con otras chicas. Nunca creyó en esa parte de su versión.
Lo vio a través del cristal del local, sentado en el interior del nombrado bar, con una cerveza en la mano y su teléfono móvil en la otra. Se adentró en él, que estaba casi desierto a excepción de Daryl y una pareja al otro lado del local. Se acercó a pasos lentos hacía el interior, hasta llegar a su mesa.
-Hola, -saludó Carol cuando Daryl levantó la vista del celular hacia ella. Él le hizo una seña, justo cuando una joven camarera se acercó a ellos para saber cuál iba a ser su consumición.
-Cerveza. –Pidió la mujer, y entonces se sentó en la silla enfrente del hombre.
Daryl parecía nervioso e inquieto, casi sin saber cómo afrontar la situación.
-Daryl… -empezó a decir Carol, mirando a los ojos a su exnovio.
-No quería hacerte daño.
-Lo hiciste.
-Lo sé. –Dijo Daryl justo cuando vio a la camarera acercarse para dejarle el vaso lleno de cerveza. Esperó a que ésta desapareciera de su vista para seguir hablando. –Fui un auténtico idiota. Yo…
-¿Es verdad que estabas con otras? –le interrumpió. Daryl abrió la boca un par de veces antes de contestar.
-Nope, solo… fue una excusa para que fuera… más fácil la ruptura.
-¿Por qué? No puedo entenderlo… estábamos bien. –Daryl le miró viendo el dolor en sus ojos. –Daryl…
El hombre le miró decidiendo si era buena idea contarle toda la verdad.
-No podías quedarte en Atlanta solo por mí, necesitabas salir de aquí. Hacer tu vida. Te merecías algo mejor.
-Ya, claro. –Dijo la mujer con ironía. –No te creo. No me mientas, Daryl. Sé que eso no es la verdad. Siempre he sabido que había algo detrás. Al principio pensé que realmente no me querías, -la voz de Carol se quebró-, que simplemente jugaste conmigo. Estuve años pensando en que me utilizaste. Pero algo en mi interior siempre he sabido que… que no era verdad. Yo… no sé qué te pasó. Pero sé que algo te obligó a dejarme.
El joven bufó ante las palabras de su exnovia, había olvidado lo intuitiva que era.
-Daryl, ¿qué es lo que no me estás contando? –Le preguntó de nuevo, al verle como dudaba.
-Tu padre. –Contestó finalmente.
-¿Mi padre? ¿Qué pasa con él?
-Él me obligó a dejarte.
Su respuesta le dejó paralizada, aunque por otra parte no le sorprendía. No puede evitar sentir como las lágrimas resbalan por sus mejillas, dejando salir el dolor que llevaba reteniendo desde hace bastante tiempo.
-Sí, eso suena muy a mi padre. –Dice la mujer limpiándose las lágrimas.
-Al principio no iba hacerle caso… me daba igual que fuera arruinar mi vida diciendo todas esas mentiras sobre mí. Me importaban una mierda, todas esas acusaciones de violación. No eran verdad. –Dijo Daryl mostrando rabia.
Carol le escuchaba atentamente, y sintiendo la rabia en su interior por lo que su padre estaba dispuesto a hacer. Sabía a qué se refería. Durante el instituto, Andrew Dawson había dicho a todo el mundo que Daryl Dixon había acosado sexualmente a su hermana Dren. Un hecho que después Dren negó.
Su padre pretendía volver a difundir ese rumor sobre él. Carol sabía que a él le daba igual, todas esas cosas que hablaran sobre él, pero era consciente que el daño hubiera sido muy difícil de superar. Carol no podía creer todo lo que estaba escuchando.
-Pero aparte de eso, tu padre tenía razón en una cosa: yo te estaba reteniendo aquí, y merecías tener algo mejor. Y no podías arruinarla por estar aquí, conmigo.
-¿Te estas quedando conmigo? ¿Es que no yo no tengo opinión? Era mi decisión el quedarme en la universidad de Atlanta. Si iba a arruinar mi vida, como mi padre decía, debía ser mi decisión. Ni mi padre, ni mi madre, ni tú teníais derecho a decidir por mí.
Las palabras indignadas de ella le hicieron reflexionar, se tapó el rostro con sus manos arrepentido por sus acciones del pasado, por no haber hablado con Carol de esto, antes de desaparecer de su vida.
-Tienes razón, yo solo…
-Lo sé, querías lo mejor para mí, pero el error más grande que cometisteis… es creer que lo mejor para mí, era estar lejos de ti, Daryl.
Daryl suspiró al darse cuenta que se había dejado llevar por su propia inseguridad, y por creer en las palabras de John, que le consideraba una persona non grata para estar con su hija.
-Lo siento.
Carol le observó, siendo consciente que una vez más, su padre había dominado su vida, incluso en la relación que más le había importado en toda su vida. Siempre pensó que la relación de Daryl y ella escapaba de la mano de su padre, pero no. Él era el culpable de todo esto, se había aprovechado de la inseguridad del adolescente Daryl para hacerle creer que no merecía mantener una relación con alguien como Carol.
Había puesto fin a su relación porque creía que ella iba a tener una vida 'mejor', sin darse cuenta que a ella no le importaba nada más que estar con Daryl.
Sabía que la inseguridad y la falta de confianza en sí mismo había sido uno de los mayores problemas de Daryl en su adolescencia: su padre y hermano abusivo, los compañeros de instituto que le habían maltratado sistemáticamente; sintiéndose la oveja negra de todos los lugares.
-Mi padre siempre ha querido dominar mi vida. –Explicó la mujer haciendo que el hombre levantara la mirada atento a sus palabras-, nunca quiso que estudiara educación infantil. Quería que fuera química farmacéutica, para poder entrar en su empresa. Se decepcionó mucho cuando supo que posiblemente iría a la universidad de Georgia y no a la de California donde él estudio química. -La mujer hizo una pausa, para darle un trago a su cerveza para seguir contándole como había sido su vida en su ausencia-. Al día siguiente de que me dejaras, me enteré que habían enviado una solicitud para entrar en dicha universidad… y que además había sido admitida.
Daryl suspiró, al suponer cual era el desenlace de sus palabras.
-¿Fuiste?
-Sí. Acabé haciendo lo que ellos querían, me fui a California, y empecé a estudiar farmacéutica, –dijo con pesadez. –Nunca la acabé, al año de estar allí conocí a mi marido. Y a los pocos meses me casé con él, y desde entonces estoy trabajando en diferentes bares como camarera. Nunca me perdonaron que dejara la carrera.
-¿Estás casada? –Le preguntó Daryl, sorprendido por ese detalle.
-Si. Mis padres están encantados con él, no se quejaron mucho al saber que era un hijo de un gran empresario. –Dijo con ironía.
Daryl bebió un poco de su cerveza sin saber cómo se sentía respecto a ese dato que acababa de revelarle. Por una parte le parecía absurdo sentirse celoso cuando llevaba tantos años sin saber nada de ella, y más cuando fue él quien dejó la relación.
Carol vio el cambio en su rostro, algo que parecía no haberle sentado del todo bien.
-Oh. Dime que al menos eres feliz con él. –Le preguntó Daryl esperanzado.
Era lo único que necesitaba saber, solo si sabía que era feliz, habría merecido la pena todo el dolor y sufrimiento que ambos habían pasado. Carol se mordió el labio mientras lloraba antes de negar con la cabeza.
-No soy feliz, Daryl. Esta vida no es la que yo quería vivir. Estoy atrapada en una vida que no quiero… -Carol cerró los ojos, abrumada. –Pero ahora ya no hay vuelta atrás.
El rubio iba a preguntarle a que se refería, pero en ese instante la camarera se acercaba a ellos, haciéndoles saber que debían marcharse pues era la hora de cerrar. Con un sentimiento indescriptible, ambos caminan hacia las afueras del bar. Se dirigen hacia la moto y su jeep Cherockee que están a varios metros de distancia entre sí. Es el momento de despedirse. Ambos lo saben.
-No me has hablado de ti, -le dice la mujer con una media sonrisa.
-No hay mucho que contar sobre mí. La misma mierda de siempre.
Ella asiente aturdida por todos los sentimientos que le están asaltando. No sabe porque lo hace, pero para su sorpresa, se adelanta y le rodea con sus brazos, abrazándole. Él corresponde de inmediato, escondiendo su rostro contra su pelo. Cierra los ojos disfrutando de ese contacto. Durante años ha estado enfadada con él, incluso le ha llegado a odiar, sobre todo en los momentos más oscuros de su vida, pero ahora mientras le abraza fuertemente y tras saber todo, ella no puede esconder ese sentimiento que aún tiene por él.
-Lo siento. –Susurra de nuevo contra su oído. Carol puede percibir arrepentimiento en su voz.
Y entonces sin poder evitarlo, se lanza contra sus labios. Él parece sorprendido, pero responde de inmediato. Daryl lleva su lengua contra la suya embriagándose del sabor amargo de la cerveza y el tabaco. El beso dura una eternidad como si fueran de nuevo dos adolescentes besándose entre la penumbra de la noche.
Carol se separa de él, dejando caer su frente contra la suya, cerrando los ojos respirando pesadamente. Sabe que no debe hacerlo, que tiene marido. Un estúpido marido, a quien ha jurado su fidelidad. Pero las mariposas en su estómago, el escalofrío en su cuello cuando él pasa sus labios por la delicada piel de esa zona, su pecho doliéndole profundamente de amor. Todo eso le hace olvidar a Ed y la promesa de fidelidad.
No necesitan palabras para saber qué es lo que necesitan. A pesar de los años, ambos siguen hablando sin palabras. Sin soltarse de la mano, se dirigen al motel que se encuentra a su lado, dejando que su amor y su deseo les hagan olvidar sus tristes vidas por unas horas, rememorando el amor de juventud que ambos no han logrado olvidar.
13 meses después…
Su cuerpo se tensó cuando la visualizó al otro lado de la puerta de la habitación. Su vestido azulado se ceñía a sus curvas de su cuerpo, más concretamente a su pecho. El escote pronunciado dejaba poco a la imaginación. Su vista cayó directamente hacia él, hacia el espacio que dejaba intuir los globos perfectos. Inconscientemente, se lamió los labios imaginándose los pezones duros contra la tela. Su mirada subió a su rostro delicado. Sin embargo, sus ojos azules que tanto le enamoran tienen un aire pícaro, y su traviesa sonrisa le hizo sentirse más excitado.
Llevó su mano hacia sus cabellos pelirrojos deslizándolos entre ellos en una suave caricia. Ella dio algunos pequeños pasos hacia él, abriendo sus brazos, rodeándole con ellos pegando su cuerpo al suyo. Se apretó contra él fuertemente, tan fuerte que Daryl podía sentir su piel suave contra la suya, como sí no hubiera ningún tipo de tela impidiendo su contacto.
Sintió una suave caricia en su cuello, un suave cosquilleo que hizo que se le pusieran el vello de punta. Sus labios chuparon su cuello suavemente y sintió como la respiración se le cortó en ese preciso instante, cuando la lengua tocó ese punto débil. Su suave aliento le hizo volver a estremecerse, mientras las pequeñas manos de Carol se trasladaban hacia su nuca acariciándole.
Los pequeños toques de su lengua eran cada vez más intensos, haciendo que las ganas de rozar su piel fuera un deseo casi insoportable. Llevó sus manos hacia su trasero bajo su vestido, en contacto directo con las mejillas redondas de éste, dándole un apretón. Las caderas de Daryl se movieron hacia adelante chocándolas contra las de ella. Carol está jugando maliciosamente contra su cuello haciendo que la respiración se le cortara en más de una ocasión. Y no puede evitar gemir mientras sigue besando y lamiendo su lado izquierdo de su cuello. Sus manos de repente están en la parte delantera de sus pantalones, apretándole su dureza, envolviendo sus dedos en él.
Estaba duro, muy duro. Su mano volvió a darle un apretón suave, pero lo suficiente fuerte para hacerle gemir. Serpentean contra sus vaqueros hasta dejar libre su miembro y sus dedos vuelven a rodearle sintiendo el calor de sus manos contra su piel desnuda. Instintivamente empuja con fuerza contra su mano, mientras ella desliza su mano arriba y abajo, haciendo que su erección sea más y más dura con cada movimiento.
-Te quiero, amor.
Le susurró contra su cuello, pero por algún motivo, le parece extraño. No parece la voz de Carol. No dice Pookie. Gime más fuerte cuando su mano empieza a bombear con golpes más rápidos. Inclina su cabeza contra la de ella muy cerca de la suya y sus ojos se abren. A través de la oscuridad ve los cabellos rubios, su cuerpo estirado de lado, con su mano envuelta en su erección acariciándole con suavidad, con su rostro escondido en su cuello.
Y entonces las nubes de la mente de Daryl se aclaran rápidamente, dándose cuenta de que está en la cama junto con Sheila. Ni rastro de Carol.
- Lo siento, amor, por despertarte, –susurró Sheila con una sonrisa tímida, mientras su mano siguió moviéndose contra él,– no te he oído llegar a casa. Y al verte aquí… te necesitaba, –confesó con timidez.
Daryl parpadeó por un momento, intentando aclarar sus pensamientos y sentimientos, pero su mano sigue acariciándole y sus besos en el cuello hacen que siga estando dolorosamente duro tras su sueño. En el que, Carol le estaba tocando hasta hacerle gemir.
Daryl le mira confundido, pero antes de que pueda decidir qué hacer, Sheila, está encima de él, buscando sus labios. Daryl se deja llevar intentando buscar el alivio a su sueño. Envuelve su rostro con sus grandes manos mientras profundiza en el beso. Pero de pronto se da cuenta de que no es lo que él buscaba. No es el sabor de Carol. No es el sabor que él quiere. Daryl se aleja de su beso y Sheila, lejos de entender lo que está pasando, baja sus besos a su cuello.
Daryl cierra los ojos en un intento de volver a su sueño, queriendo desesperadamente que sea Carol quien le está excitando. Los besos en su cuello han ido descendiendo por todo su cuerpo, hasta sentir la calidez de su boca contra su miembro. Daryl cierra los ojos y gime imaginándose que es Carol en vez de Sheila, quien está lamiendo y chupando la punta de su pene. Sus gemidos son cada vez más fuertes cuando se imagina a Carol sus labios contra su pene, lamiéndole, sus mejillas sonrojadas. Daryl no puede evitar levantar las caderas en un golpe excitado.
-Cariño, tranquilo, no quiero que termines aun… –le susurra la voz tan diferente a la que él quiere.
Pero él no quiere escucharle, simplemente baja sus manos hacia su pelo, empujándole hacia su miembro hasta que esta al fondo de su garganta y cierra los ojos, volviendo a imaginar a Carol. Mueve sus caderas contra su boca y de repente, ya no puede más. Explota contra su garganta, gime fuerte imaginando que es Carol la que esta ahí recibiendo todo lo que tiene que darle.
Aun con los ojos cerrados respirando fuertemente mientras se olvida de todo lo demás, siente como Sheila se levanta yéndose al baño y entonces se da cuenta de lo que ha pasado. Abrió los ojos mirando hacia el baño cuya silueta se veía desde la habitación. Se llevó las manos a los ojos sintiendo la culpabilidad de inmediato.
Sabía que practicar el sexo oral no era una de las prácticas sexuales preferidas de Sheila y mucho menos que eyaculara en su boca. Daryl, sabiendo su malestar respecto a esta práctica, siempre había sido muy cuidadoso en ese sentido. Menos esa noche, era la primera vez que ocurría algo así. Había sido todo tan extraño que no había controlado sus instintos y se había dejado llevar completamente.
Soltó una maldición y se acercó al baño a pasos lentos, apoyándose contra el marco de la puerta.
-Lo siento – La mirada marrón intensa se reflejó a través del espejo, mientras se lavaba los dientes y sus miradas se cruzaron.
Ella se cepilló los dientes una vez más antes de dirigirla de nuevo hacia él, una mirada que expresaba algo extraño. Eso no era propio de él, aunque era un tipo bastante peculiar y reservado, siempre le había respetado en todos los aspectos, en especial en el tema sexual.
-Está bien, no pasa nada. –Murmuró arrastrando las palabras con cierto recelo, antes de girarse y le dedicar una media sonrisa, indicándole que estaba perdonado.
Ella se acercó a él y le dio un suave beso. La boca de Daryl se elevó, antes de que ella pasase por su lado, para ir a dormir.
– ¿Vienes? –le preguntó al ver que se quedaba en el baño.
-Tengo que mear… - señaló el baño y Sheila, entornó la mirada antes de girase.
- Buenas noches.
Cerró la puerta tras de sí, para mojarse la cara con agua fría, con la esperanza de borrar cualquier deje de culpabilidad que hubiera en su cuerpo, antes de volver a mirarse al espejo. Minutos más tarde, cuando accede a la habitación de Sheila, comprueba que está profundamente dormida. Con el máximo cuidado de no despertarla, se viste y se va del apartamento de Sheila.
El apartamento de Sheila se encontraba en plena ciudad de Atlanta, apenas algunos metros de su trabajo. Son las 4 de la madrugada y Daryl permanece sentado en un banco fumando un cigarro.
No comprende porque Carol ha vuelto a su memoria de esa forma tan repentina. Hacía mucho tiempo que no soñaba con Carol, pero esto había sido tan real, que incluso le había dado la sensación que podía oler su perfume.
Hacía más de un año que no había tenido ningún contacto con ella, y a pesar de que seguía trabajando para Ed, éste prácticamente no acudía a trabajar debido a su enfermedad. Durante los primeros meses de su separación, le había resultado tremendamente difícil olvidarla, pero lo había logrado. O eso creía.
Al inicio había intentado olvidarla teniendo encuentros sexuales con algunas chicas desconocidas que encontraba en cualquier bar o pub, pero pronto se dio cuenta que él no era así, y que además éstos no le satisfacía. Nunca se sentía lo suficientemente cómodo.
Sin embargo, casi cuatro meses después, una noche en la cual solo necesitaba desahogar las penas a través del alcohol y no había tenido ninguna intención de encontrar nada sexual, se topó con Sheila. Había algo diferente en ella, algo que le hizo sentirse cómodo con su compañía. Solía sentirse muy incómodo con la presencia de gente, en especial de mujeres, pero tras varias noches coincidiendo en el mismo bar, donde ella trabajaba para pagarse sus clases de canto, consiguió tener la suficiente valentía para besarle y acabar la noche en su apartamento.
Desde ese entonces, durante los meses siguientes, los encuentros fueron sucediéndose cada vez con más frecuencia. Había encontrado cierta comodidad en esa relación, Sheila era cálida, tímida, atenta, pero con un toque juguetona en la intimidad. Además, ella respetaba su espacio personal.
A pesar de todo, pronto se vieron compartiendo pequeños momentos como cenas y comidas. Sin esperarlo, Daryl empezaba a tener una relación seria con esa mujer. Era probablemente la primera vez desde su relación con Carol que mantenía una relación seria con otra mujer.
Sheila le había confesado en más de una ocasión que estaba enamorada de él. Sin embargo, aunque en el fondo de su corazón sabía que no le correspondía de la misma forma, él se había convencido a si mismo que le quería y que le amaba.
Daryl fumó su tercer cigarrillo, mientras analizaba el sueño que acababa de tener con Carol mientras mantenía relaciones con Sheila. No sabía porque acababa de recordar a Carol después de tanto tiempo sin verla, justo cuando parecía que le había olvidado para siempre.
Después de que decidieran no volver a tener nada más y dieran por finalizada su relación, él había creído que iba a pasar el resto de su vida solo, pues no creía encontrar la comodidad y la complicidad como la que tenía con Carol. Y ahora que acaba de encontrar cierta estabilidad e incluso parecía que había superado lo de Carol, aparecía de nuevo en sus sueños. Nunca pensó que pudiera tener otra relación, pero lo había hecho.
Daryl negó con la cabeza, sintiéndose como un auténtico imbécil. Era solo un sueño, que no tenía por qué significar nada. Debía volver a olvidar ese sueño, obviar lo que subconsciente y seguir con su vida.
Simplemente debía continuar la vida sin Carol.
No sabe porque motivo, pero desde que tuvo ese sueño erótico con Carol, Daryl no puede evitar recordarle bastante a menudo. No le ha dicho nada a Sheila, pues nunca le ha contado nada sobre Carol, y además sabe que no sería conveniente compartir estos detalles con ella.
Ha pasado una semana desde entonces, y Daryl intenta hacer vida normal, pero últimamente todo le recuerda a Carol, como el jeep Cherockee que está aparcado en la puerta del Smith Oled Bar donde aquella noche Sheila va a cantar. Daryl obvia deliberadamente ese sentimiento familiar que siente en su interior cuando piensa en ella. Y sin pensar demasiado en eso, entra en el bar. Está todo preparado para que la banda de Sheila empiece a tocar y ella cante.
No suele ir a los conciertos de Sheila, pero en esta ocasión no puede evitarlo, debido a la culpabilidad. Pasea entre la gente hacia la barra dónde pide que le sirvan un whisky doble. Un camarero joven le tiende el vaso con el alcohol en su interior. De un trago se bebe todo el líquido, mientras empieza a sonar los primeros acordes. Está acostumbrado a escuchar a Sheila y no le sorprende cuando escucha la armoniosa voz de ella a través de los altavoces del bar.
Él se gira y mira hacia adelante, coincidiendo con la mirada de Sheila a través de los huecos de la gente que está allí para disfrutar de su actuación. Ella le reconoce, pues ve la sorpresa en su rostro por verlo allí.
Media hora más tarde, Daryl ha perdido la cuenta de cuantas canciones han cantado, pero necesita salir a las afueras para fumar un pitillo.
Se escabulle entre las personas hasta las afueras del local respirando el aire contaminado de las afueras. Avanza unos pasos por la acera, mientras se enciende el cigarrillo entre sus labios. Suelta el humo de nuevo mientras se acomoda contra el vehículo azul 1973 Ford F-250 propiedad de su hermano, con el que se ha desplazado hasta el bar.
Daryl parece pensativo mientras escucha la música procedente de los distintos bares y pubs que hay por la zona. Enfrente de donde ha aparcado, hay un club de mujeres de compañía, y se mantiene curioso mirando todos los hombres que entran y salen del lugar.
Siempre le ha parecido bastante impersonal ese tipo de lugares. A pesar de que su hermano suele regentar esos lugares, él siempre se ha sentido incómodo. Ve como hombres de todo tipo entrar y salir de él.
Vuelve a echar el humo entre sus labios, al mismo tiempo que la puerta vuelve abrirse y tambaleándose sale un hombre que parece no encontrarse demasiado bien. Nada más traspasar la puerta cae de rodillas, y ahí mismo vomita en mitad de la acera.
-Menuda cogorza lleva… -murmura Daryl para sí mismo, sin moverse del lugar, mientras observa al hombre que intenta ponerse en pie.
Y entonces gracias a la luz amarillenta de la farola que está a su derecha puede ver su rostro. Se trata de Ed Peletier. Su jefe y el marido de Carol. Negando con la cabeza, Daryl no puede creer que coincida con él en esos días en los que Carol vuelve a estar en su mente.
Daryl permanece sentado sin saber muy bien que hacer. Hace más de un mes que él no aparece por el taller dejándole casi todo el trabajo a Ron, el nuevo encargado del taller.
Ni siquiera le sorprende pues sabe el problema que tiene con el alcohol. Está tan borracho que ni siquiera se ha dado cuenta de que él está allí, observándole atentamente. Daryl lo observa tambalearse, poniéndose en pie mientras se mete las manos en los bolsillos en busca de algo, pero solo tiene monedas. Se acerca como puede al Jeep Cherockee que está a tres coches de donde se encuentra él.
-Hijo deputa… donde están mis puñeteras llaves. –Gritó el hombre enfadado contra el mundo por no encontrarlas.
Daryl no sabe cómo puede mantenerse en pie sin caerse hasta la otra parte de la acera donde se encuentra el poste del teléfono. Ve como marca números de teléfono al azar, y finalmente, tras probar cinco veces parece dar con el correcto.
-¡Carol! –Grita contra el teléfono en un evidente de su estado de embriaguez. Daryl no puede evitar sentir un cosquilleo ante las palabras de su jefe. –He perdido las llaves de tu coche… No puedo volver a casa. Venme a buscar. –El tono con que le habla a Carol le hace hervir la sangre. Siente como su tono se aprieta mientras escucha las órdenes de él-. ¡Me importa una mierda! ¡Despiértala y venme a buscar al puto bar Smith joder!
Daryl frunce el ceño enfadado ante lo que está escuchando. Este tremendamente enfadado, quiere ir allí y pegarle una soberana paliza a su jefe, pero sabe que no puede hacerlo. Se debate entre adentrarse de nuevo en el local o quedarse allí. Pero sabe lo que va a ocurrir. Carol aparecerá en breve para venir a recogerle y llevárselo a casa.
Vigila de cerca a Ed mientras se sienta en la acera y empieza a quedarse dormido, cayéndose contra el lado derecho dándose un soberano golpe contra la cabeza. No puede evitar reírse con cierto toque de maldad.
Pasan más de 20 minutos cuando escucha el sonido de un coche, más concretamente un Land Rover, pararse en doble fila. Con el corazón a mil Daryl gira la cabeza observando como una mujer de cabellos pelirrojos, recogidos en una cola alta sale del vehículo dirigiéndose hacia dónde está Ed.
Para impedir ser visto, Daryl se mueve ligeramente escondiéndose entre el hueco de su coche y el de al lado.
-Ed, despierta. –Escucha la voz cansada de Carol despertando a su marido.
Desde su posición puede ver como ella se las ingenia para levantarlo y llevarlo al asiento del copiloto.
-Has tardado una eternidad, para la próxima vez si te digo que vengas, vienes y punto.
-Sophia estaba durmiendo, no pod… - Confuso, Daryl frunció el ceño. ¿Quién era Sophia? Pero la pregunta dejó de carecer sentido cuando Ed empezó a gritar.
-¡Me importa una mierda! –Le grita. Daryl cierra los ojos con ganas de salir de entre los dos coches y pegarle una soberana paliza.
Y en ese momento, el llanto de una niña le sorprendió.
-Maldita sea, dile a tu hija que se calle. –Se quejó Ed mientras entraba en el coche. Carol cerró la puerta del copiloto y abrió la puerta trasera, mientras el llanto de un niño seguía escuchándose.
Tras unos segundos, Carol volvió a salir del coche con una niña de dos años en brazos, quien lloraba desconsoladamente, mientras ella le intentaba calmar.
-Ya está, mi amor-, susurró Carol besando el rostro de la pequeña. Giró la cara para ver como Ed se había dormido en el coche y suspiró medio aliviado. Solo debía calmar a la pequeña para que esta no despertara a Ed mientras volvían a casa.
-¿Tienes sueño? –Preguntó su madre, mientras maldecía a su marido por haberle hecho despertar a la pequeña para irle a buscar. Sobre todo sabiendo los problemas que tenía su hija para poder dormir.
-¡Zi! –Masculló la pequeña mientras se frotaba los ojos azules, antes de dejar caer su rostro contra su cuello.
-Ya vamos para casa. –Dijo la mujer mientras se movía con la pequeña en los brazos, caminando ligeramente meciéndola levemente para calmarla.
-Vamos a casa. –Repitió Sophia a las palabras de su madre, mientras Sophia se dormía poco a poco contra el hombro Carol.
Desde su posición, Daryl vio como la mujer dejó a la pequeña en el asiento de nuevo, antes de acomodarse en asiento del conductor y arrancar. Sorprendido por lo que acaba de ver, Daryl avanzó entre ambos coches hasta la carretera observando el Land Rover pasar por su lado.
Carol notó la presencia de alguien a su derecha y frenó levemente por si esa persona iba a cruzar, para no atropellarle. Al mirar hacia ese individuo parado entre ambos coches aparcados, su corazón se le paró al reconocerlo.
Su rostro parecía sorprendido y sus miradas se cruzaron entre sí al reconocerse. Carol aceleró dejando atrás a Daryl quien seguía observando el coche mientras procesaba lo que acababa de ver.
Carol tea una hija.
Hola Carylers,
Aquí os traigo el nuevo capítulo.
Este capítulo está centrado en la vida de Daryl tras la separación definitiva con Carol. Él ha conseguido rehacer su vida con una mujer llamada Sheila. No he querido poner a nadie de la serie y he preferido que sea alguien completamente desconocida. Así no hay prejuicios sobre ella.
A pesar de que ha rehecho su vida, su inconsciente no olvida a Carol y parece tener recuerdos y sueños con ella.
¿Qué os ha parecido Sheila? ¿Y su relación? ¿Os la esperabais?
Me gustaría que fuerais sinceras con esta parte, porque me temo que no os agradará mucho. Sé que quizá no entra demasiado en el personaje, pero me gustaba la idea de que él pudiera 'avanzar' tras su relación frustrada con ella.
Por otra parte, en el flashback se descubre por qué Daryl dejó a Carol.
Por último, Daryl ve a Ed y Carol. Quiero aclarar que aunque Daryl podría haberse ido de allí, él no puede evitar quedarse a ver la escena porque su curiosidad le hace quedarse para verla de nuevo y saber cómo esta. Y sobre todo, en modo de protección contra Ed. Y al fin descubre que Carol tiene una hija.
Me gustará saber vuestra opinión, tengo mis dudas sobre este fic. No estoy segura si os agrada como se van desarrollando la historia así que toda sugerencia, comentario, etc… siempre es bienvenido.
Mil gracias a todos los que han escrito y leído.
Nos leemos.
San.
